<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056</id><updated>2011-12-06T10:07:37.223-08:00</updated><category term='filosofía'/><category term='psi'/><category term='Leibniz'/><category term='editoriales'/><category term='Unamuno'/><title type='text'>Opinatio: Filosofia (... y otras cosas)</title><subtitle type='html'>Temas de Filosofía, Literatura, Religión y Ensayos del web-magazine Opinatio.com</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Carolus Brigantinus Barbatus</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_2Bnn2Z_Alyc/SrteNDxYmSI/AAAAAAAAHI8/IkxF789EWJc/S220/Briga1993.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>11</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-3449313924648541577</id><published>2009-01-22T12:23:00.000-08:00</published><updated>2009-01-22T12:46:44.777-08:00</updated><title type='text'>Ironía hedonista sobre la brevedad de la vida</title><content type='html'>El presente fragmento pertenece a la comedia perdida Los tarentinos del poeta cómico griego Alexis de Turios (siglo IV a.C.). Según él, la vida es un viaje desde el más allá para asistir a una fiesta.&lt;br /&gt; Nadie que tenga sentido nos odiaría con razón, a nosotros que ninguna injusticia cometemos contra ninguno de los que nos rodean. ¿Acaso no sabes que esto que se llama vivir es un nombre eufemístico, en son de chanza, del destino del hombre? En efecto, si alguien dice que yo interpreto bien o mal, no podría indicártelo. Y, por tanto, reflexionando así, he llegado a comprender que todas las cosas de los hombres son completamente insensatas, y que nosotros, mientras vivimos, nos encontramos contínuamente de viaje, como si para una fiesta se nos hubiese dejado ir, desde la muerte y las tinieblas, a pasar el tiempo en esta luz que en este momento vemos.  Y el que se ríe mucho, bebe, trata de conseguir a Afrodita, durante este tiempo en el que se le deja partir, y se encuentra en una comida a escote celebrando una fiesta, regresa a casa muy gratamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-3449313924648541577?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/3449313924648541577/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=3449313924648541577' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/3449313924648541577'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/3449313924648541577'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2009/01/irona-hedonista-sobre-la-brevedad-de-la.html' title='Ironía hedonista sobre la brevedad de la vida'/><author><name>antonio navarrete</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00532768348938667676</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-4883949429434690217</id><published>2009-01-17T09:19:00.000-08:00</published><updated>2009-01-22T12:41:40.743-08:00</updated><title type='text'>Los griegos y la educación en valores (II)</title><content type='html'>Antonio R. Navarrete Orcera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta segunda entrega atendemos a los seis grupos de valores que nos restaban. Hemos tratado de ajustarnos lo máximo posible a los apartados establecidos dentro de cada grupo, pero a veces hemos tenido que introducir nuevos epígrafes o cambiar los existentes para ajustarnos a los conceptos fundamentales del pensamiento griego.  En total hemos recogido 37 epígrafes, que suman 950 sentencias; su aportación al conjunto es desigual, siendo los que más contenido tienen ‘amistad’ (157), ‘vida familiar’ (50), ‘amor’ (48), ‘sabiduría’ (47), ‘sentido de la vida’ (46), ‘palabra’ (45), ‘bondad’ (43), ‘riqueza’ (41), ‘educación’ (32), ‘prudencia’ (30), ‘poder’ (29), ‘trabajo’ (27), ‘alegría/pena’ (26), ‘belleza’ (24) o ‘justicia’ (24). En cuanto a los autores, la selección ha sido de 58, siendo su participación igualmente desigual; con 10 o más sentencias están Plutarco (112), Menandro (95), Aristóteles (72), Sófocles (68), Eurípides (63), Isócrates (59), Diógenes Laercio (49), Demócrito (46), Jenofonte (33), Platón (32), Teognis (30), Luciano (24), Esopo (24), Homero (23), Píndaro (20), Hesíodo (16), Hipócrates (15), Esquilo (13), Heródoto (12), Demóstenes (12), Alexis (11), Epicteto (10). Damos al final una abreviatura de autores, presentados por épocas, más que por orden alfabético, para encuadrarlos mejor cronológicamente.&lt;br /&gt; Esperamos que para los jóvenes, y para el público en general, sea esta selección un estímulo para pasar a la lectura de las obras completas, aprovechando la existencia actualmente en español de traducciones fidedignas de los clásicos grecolatinos, como las de la Biblioteca Clásica Gredos. Seguro que de la lectura pausada de los textos griegos se podrían obtener muchas más ideas. Es lo que decía Goethe de que “todos los pensamientos inteligentes ya se han pensado; es necesario sólo intentar pensarlos de nuevo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV.  VALORES SOCIALES&lt;br /&gt;15. Patria:&lt;br /&gt;- No hay nada más dulce que la tierra de uno y de sus padres (Hom., Od. IX 34).&lt;br /&gt;- Cada pueblo tiene sus costumbres, pero cada hombre elogia sus propias tradiciones (Pínd., fr. 215).&lt;br /&gt;- Toda tierra es accesible para el hombre sabio, pues la patria del alma buena es todo el universo (Demócr., fr. 771).&lt;br /&gt;- Quien con los asuntos de la casa es persona intachable también se mostrará justo en la ciudad (Sóf., Antíg. 663).&lt;br /&gt;- Seguir las costumbres del lugar es oportuno (Sóf., fr. 937).&lt;br /&gt;- Cada uno debe estar allí donde es útil (Euríp., Reso 626).&lt;br /&gt;- Patria es todo país donde se vive bien (Aristóf., Pluto)&lt;br /&gt;- La tierra entera es la tumba de hombres ilustres (Tucíd., Guerra Pelop. II 43).&lt;br /&gt;- Todos los pueblos consideran honrosas las cosas que le agradan y justas las que les convienen (Tucíd., Guerra Pelop. V 105).&lt;br /&gt;- El alma de una ciudad no es otra cosa que su constitución (Isócr., Areop. 14).&lt;br /&gt;- Las semillas de las plantas y las vidas de los hombres se asimilan a su tierra de origen (Plut., Moralia 172e).&lt;br /&gt;- Donde está lo privado perece lo común (Plut., Moralia 644c).&lt;br /&gt;- Es bello visitar, en la navegación, muchas ciudades, pero es útil habitar en la mejor (Ps-Plut., Sob. Educ).&lt;br /&gt;-  Teniendo la astucia del pulpo, adáptate a aquellos a cuyo país llegues (Aten., 317a).&lt;br /&gt;- Mi ciudad y mi patria es el mundo y mis amigos los dioses, las divinidades y todos los que, en cualquier lugar, son virtuosos. Hay que honrar también la ciudad donde hemos nacido porque es ley divina (Pericles en Jul., Disc. IV 246).&lt;br /&gt;- Una ciudad no consiste en edificios sino en hombres (Apiano, Hist. Rom. GC II 50).&lt;br /&gt;- A un ateniense que le objetaba el que era escita, respondió: “A mí me deshonra mi patria; pero tú eres el deshonor de la tuya”  (Anacarsis el escita en Dióg. Laerc., Vidas I 8, 4).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16. Poder:&lt;br /&gt;- En asuntos importantes es difícil agradar a todos (Sol., fr. 5).&lt;br /&gt;- El mando corresponde, por naturaleza, a quien es el mejor (Leuc. O Demócr., fr. 721).&lt;br /&gt;- Es preferible la pobreza en una democracia a la llamada libertad que otorga un gobernante autoritario, como es la libertad a la esclavitud (Leuc. o Demócr., fr. 722).&lt;br /&gt;- Bella es en todos los casos la igualdad; exceso y defecto no me lo parecen (Demócr., fr. 751).&lt;br /&gt;- Criticar el poder le gusta al pueblo (Esq., Supl. 486).&lt;br /&gt;- La voz de un pueblo puede mucho (Esq., Prom. Enc. 938).&lt;br /&gt;- No existe un mal mayor que la anarquía (Sóf., Antíg. 671).&lt;br /&gt;- No existe ciudad que sea de un solo hombre (Sóf., Antíg. 737).&lt;br /&gt;- Para gobernante de la ciudad vale un hombre cualquiera, con tal de que tenga inteligencia (Euríp., Ifig. Ául. 372).&lt;br /&gt;- Es de esperar que de los mejores hombres partan las mejores resoluciones (Heród., Hist. 3, 81). &lt;br /&gt;- La naturaleza humana siempre ha consistido en imperar sobre el débil y defenderse del opresor (Tucíd., Guerra Pelop. IV 61).&lt;br /&gt;- El verdadero gobernante no está en realidad para atender a su propio bien, sino al del gobernado (Plat., Rep. I 347d).&lt;br /&gt;- El fin de la democracia es la libertad (Arist., Ret I 8, 1366a5).&lt;br /&gt;- Si alcanzas un cargo de poder, no utilices para el gobierno a un malvado, porque te echarán la culpa de lo que aquél haga mal (Isócr.,  A Dem. 37).&lt;br /&gt;- Vete de los cargos públicos no más rico, sino con más prestigio (Isócr., A Dem. 37).&lt;br /&gt;- El poder no permanece siempre en los mismos (Isócr., Paneg. 22).&lt;br /&gt;- Nadie es capaz de dirigir correctamente caballos, perros, hombres ni cosa alguna si no disfruta con aquello que debe ser objeto de su cuidado (Isócr., Nic. 15).&lt;br /&gt;- Ten en más estima a quienes consideran digno recibir regalos de ti, y no a los que te los traigan (Isócr., Nic. 22).&lt;br /&gt;- Considera fieles no a los que aplaudan todo lo que digas o hagas, sino a quienes censuren tus errores (Isócr., Nic. 28).&lt;br /&gt;- Castiga con penas idénticas a los calumniadores y a los delincuentes (Isócr., Nic. 29).&lt;br /&gt;- Lo más propio de un rey es esto: no ser esclavo de ningún placer (Isócr., Nic. 29).&lt;br /&gt;- Lo más terrible de todo sería que en una ciudad democrática no alcanzásemos todos los mismos derechos (Isócr., Loqu. 20).&lt;br /&gt;- La mejor democracia es aquella en la que todos temen a la ley como a un tirano (Plut., Moralia 154d).&lt;br /&gt;- Es mejor que tener dinero dominar a quienes lo tienen (Plut., Moralia 194f).&lt;br /&gt;- Es preciso tener menos orgullo o más poder (Plut., Moralia 232e).&lt;br /&gt;- Mandar, no obedecer, es de la competencia del gobernante, de la misma forma que no es de la competencia de un maestro obedecer a sus alumnos (E. Aríst., Contra Platón III 124).&lt;br /&gt;- La vida más excelente y sensata es la de los hombres de a pie (Luc., Menipo 21).&lt;br /&gt;- Manda cuando hubieres ya aprendido a obedecer (Solón en Dióg. Laerc., Vidas II 12).&lt;br /&gt;- El gobierno de uno solo que mira en todo hacia lo conveniente para la comunidad es democrático (Filóstr., Vida de Apolonio V 35).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17.  Concordia:&lt;br /&gt;- Una empresa es mejor si es de más de uno (Hom., Il. XII 412).&lt;br /&gt;- El valor nace de la unión de los hombres (Hom., Il. XIII 237).&lt;br /&gt;- No es bueno rechazar un regalo (Hom., Od. XVIII 287).&lt;br /&gt;- La guerra civil es mala para todos, pues tanto los vencedores como los vencidos experimentan el mismo daño (Leuc. O Demócr., fr. 731).&lt;br /&gt;- En el pez compartido no hay espinas (Demócr., fr. 995).&lt;br /&gt;- Las guerras, por su gusto, no se llevan a ningún malvado, sino siempre a los mejores (Sóf., Filoct. 436).&lt;br /&gt;- Todo el que destaca se hace odioso (Euríp., Ión 595).&lt;br /&gt;- Nadie es tan necio que prefiera la guerra a la paz: en ésta los hijos entierran a sus padres, y en aquélla los padres a sus hijos (Heród., Hist. I 87).&lt;br /&gt;- No quebrantan una paz los que se defienden, sino los que atacan los primeros (Tucíd., Gerra Pelop. I 123).&lt;br /&gt;- Sin concordia no hay ciudad bien gobernada ni casa bien administrada ( Jenof., Memor. IV 4).&lt;br /&gt;- Qué gran bien es la concordia y qué mal la lucha de partidos (Isócr., Cal. 44).&lt;br /&gt;- Es mejor alejar males futuros que castigar los ya cometidos (Isócr., Loqu. 12).&lt;br /&gt;- No hay nada más incómodo que el que a uno le haya tocado en suerte un vecino malvado y mezquino (Demóst., Contra Calicles 1).&lt;br /&gt;- Si es vergonzoso, como lo es, besarse, amarse y abrazarse delante de otros, ¿cuánto más vergonzoso no será reñir y discutir unos con otros, estando otras personas presentes? (Plut., Moralia139e).&lt;br /&gt;- No hay cosa más vana e inútil que el amor de la fama (Teofrasto en Dióg. Laerc., Vidas V 2, 3). &lt;br /&gt;- Tan superior en fuerza es la concordia como fácil de vencer es la discordia (Esop., La pelea de los hijos del labrador 53).&lt;br /&gt;- Camina solo o con otro, pero no con otros dos (Menand., Sent. 494).&lt;br /&gt;-  El hombre es por naturaleza un animal comunitario y social (Jul., Disc., IX 201c).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18.  Ley:&lt;br /&gt;- El que paga su culpa recibe un bien (Plat., Gorg. 477a).&lt;br /&gt;- Cometer injusticia y no pagar la pena es, por naturaleza, el mayor y el primero de todos los males (Plat., Gorg. 479d).&lt;br /&gt;- No hay ninguna diferencia entre no haber ley o no usar de ella (Arist., Ret. I 15, 1375b20).&lt;br /&gt;- Los más criminales de todos y los que merecen castigo mayor son quienes se atreven a acusar a otros de los mismos delitos que ellos cometen (Isócr., Camb. 14).&lt;br /&gt;- Toda ley es una invención y un regalo de los dioses, una decisión de hombres sensatos, una corrección de los errores voluntarios e involuntarios, un contrato general de la ciudad (Demóst., Contr. Aristócr. I 16, 4-5).&lt;br /&gt;- Dos son los motivos por los que se establecen las leyes, para que nadie haga nada que no sea justo y para que los que transgreden estas normas, al ser castigados, hagan mejores a los demás (Demóst., Contr. Aristócr. I 17, 5).&lt;br /&gt;- Es propio de la democracia estar debajo de las leyes (Demóst., Contr. Aristócr. II 10, 4).&lt;br /&gt;- La fuerza es patrimonio de pocos, las leyes, en cambio, de todos (Demóst., Contra Midias 45, 3).&lt;br /&gt;- No es válida una ley que ha sido aprobada mediante coacción (Apiano, Hist. Rom. GC I 30).&lt;br /&gt;- Castiga no sólo a los que hayan delinquido, sino también a los que quieran delinquir (Periandro en Dióg. Laerc., Vidas I 7, 3).&lt;br /&gt;- Las leyes, como las telarañas; pues éstas enredan lo leve y de poca fuerza, pero lo mayor las rompe y se escapa (Solón en Dióg. Laerc., Vidas II 11).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19.  Palabra:&lt;br /&gt;- Odioso es aquél que en su mente una cosa oculta u otra dice (Hom., Il IX 313).&lt;br /&gt;- Según la palabra que digas, tal oirás (Hom., Il. XX 250).&lt;br /&gt;- Ningún hombre deja de ser criticado sobre la tierra (Teogn., El. I 799).&lt;br /&gt;- Si dices lo que quieres, oirás lo que no quieres (Alc., fr. 47).&lt;br /&gt;- A menudo la palabra tiene mayor poder de persuasión que el oro (Leuc. o Demócr., fr. 698).&lt;br /&gt;- La palabra es la sombra de la acción (Leuc. o Demócr., fr. 699).&lt;br /&gt;- Debe decirse la verdad en lugar de hablar demasiado (Leuc. o Demócr., fr. 704).&lt;br /&gt;-  Mucho perjudican a los insensatos quienes los elogian (Demócr., fr. 780).&lt;br /&gt;- Lengua audaz al débil no le cuadra (Esq., Supl. 204).&lt;br /&gt;- Las palabras duras, aunque están cargadas de razón, muerden (Sóf., Áyax 1118).&lt;br /&gt;- Nadie quiere un mensajero de malas noticias (Sóf., Antíg. 277).&lt;br /&gt;- A un breve parlamento muchas sabias ideas le corresponden (Sóf, fr. 102).&lt;br /&gt;- El hombre aquel que disfruta hablando sin cesar, no se da cuenta de que él mismo es pesado para sus compañeros (Sóf., fr. 103).&lt;br /&gt;- El que no haya pasado por mis sufrimientos, que no aconseje (Sóf., fr. 900).&lt;br /&gt;- Es propio de un esclavo no decir lo que piensa (Euríp., Fen. 392).&lt;br /&gt;- Guarda mejor las palabras que las riquezas que te son confiadas en depósito (Isócr., Dem. 22).&lt;br /&gt;- Lo que veis en otros lo ignoráis cuando os ocurre a vosotros mismos (Isócr., Paz 114).&lt;br /&gt;- Todos los hombres tienen más gratitud a los que les aplauden que a quienes le aconsejan (Isócr., Carta IX 6 y Carta II).&lt;br /&gt;- Tan difícil resulta ensalzar a quienes sobrepasan en valor a los demás como a quienes nada bueno han hecho (Isócr., Paneg. 82).&lt;br /&gt;- Todo lo que vayas a decir, recapacítalo primero en tu interior; porque a muchos la lengua se adelanta al pensamiento (Isócr., Dem. 41).&lt;br /&gt;- Habla sólo en dos circunstancias: de aquello de lo que sepas mucho o de lo que te veas obligado a hablar (Isócr., Dem. 41).&lt;br /&gt;- Quienes no son capaces de hacer nada bueno consiguen con sus palabras cuanto quieren (Isócr., Carta II 15).&lt;br /&gt;- Con las mismas letras se componen una tragedia y una comedia (Arist., Acerca de la Gen. Y Corr. I 2, 315b15).&lt;br /&gt;- Una virtud de la expresión es la claridad (Arist., Ret. III 2, 1404b2).&lt;br /&gt;- La elocución demasiado brillante oculta los caracteres y los pensamientos (Arist., Poét. 1460b4-5).&lt;br /&gt;- Las palabras son imágenes del espíritu de cada uno (Dion. Hal., Hist. Ant. Roma I 1, 3).&lt;br /&gt;- Dos son los bienes en la naturaleza humana superiores a todo: la razón y la palabra (Plut., Moralia 5e). &lt;br /&gt;- Cuando dos hablan, si uno de ellos se encoleriza, es más sabio el que no se opone a los razonamientos (Plut., Moralia 10a).&lt;br /&gt;- Lo que se calla es fácil decirlo, pero retirar lo dicho es imposible (Plut., Moralia 10f).&lt;br /&gt;- Ni de un baño ni de un discurso se saca utilidad, si no limpian (Plut., Moralia 42b).&lt;br /&gt;- El que se hable bien o mal depende de nosotros mismos (Plut., Moralia 177d).&lt;br /&gt;- La gente se enoja con los que se elogian a sí mismos (Plut., Moralia 630d).&lt;br /&gt;-  Con el estómago lleno el consejo y los proyectos son mejores (Plut., Moralia 714a).&lt;br /&gt;- Los que gastan pocas palabras no han menester muchas leyes (Plut.,  Licurgo 20).&lt;br /&gt;- Quien calla otorga (E. Aríst., Contra Platón I 17).&lt;br /&gt;- Quien sabe lo que hay que decir, también sabe lo que hay que callar (E. Aríst., Contra Platón II 9, 384).&lt;br /&gt;- La retórica es para el alma lo que la medicina para el cuerpo (E. Aríst., Contra Platón V 249).&lt;br /&gt;- La palabra es la maestra del silencio (Filóstr., Vida de Apolonio VI 11).&lt;br /&gt;- Cumple lo que hayas prometido (Periandro en Dióg. Laerc., Vidas I 7, 3).&lt;br /&gt;- Tenemos dos orejas y una boca para oir mucho y hablar poco (Zenón en Dióg. Laerc., Vidas VII 1, 19).&lt;br /&gt;- Es mejor tropezar con los pies y caer, que no con la boca (Zenón en Dióg. Laerc., Vidas VII 1, 21).&lt;br /&gt;- Los que son objeto de críticas se muestran mucho más sabios al despreciarlas (Apiano, Hist. Rom. XII 28).&lt;br /&gt;- Los hechos tienen más poder de persuasión que las palabras (Jul., Disc. I 38a).&lt;br /&gt;- La lengua es causa de muchos males (Menand., Sent. 305).&lt;br /&gt;- La palabra es el médico del sufrimiento del alma (Menand., Sent. 587).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20.  Vino y banquetes:&lt;br /&gt;- Es perjudicial beber mucho vino; pero si uno lo bebe sabiendo hacerlo, no es perjudicial sino bueno (Teogn., El. I 211).&lt;br /&gt;- En el fuego reconocen el oro y la plata los entendidos; y el carácter del hombre es el vino el que lo hace ostensible (Teogn., El. I 499).&lt;br /&gt;- El vino es el espejo del alma (Alc., V 333).&lt;br /&gt;- Beber a la fuerza es un mal semejante a tener sed (Sóf., fr. 735).&lt;br /&gt;- El embriagarse liberador es del sufrimiento (Sóf., fr. 758).&lt;br /&gt;- El vino hace charlatanes a todos los que lo beben en cantidad (Alexis, fr. 285).&lt;br /&gt;- En el vino la verdad (Teócr., Id. XXIX).&lt;br /&gt;- Nada precisa por naturaleza y ley tanto como la convivencia en torno a la mesa (Plut., Moralia 643f).&lt;br /&gt;- La naturaleza de los ancianos tiene en sí misma los síntomas de la embriaguez (Plut., Moralia 650d-e).&lt;br /&gt;- Suprimir de la cena la comunidad del vino es un mal, pero menor que suprimir la de la conversación (Plut., Moralia 679a).&lt;br /&gt;- Las barberías son banquetes sin vino (Plut., Moralia 679a).&lt;br /&gt;- La música emborracha más que cualquier vino a los que se sacian de ella como sea y sin medida (Plut., Moralia 704d).&lt;br /&gt;- La cepa lleva tres racimos: el primero de gusto, el segundo de embriaguez y el tercero de digusto (Anacarsis en Dióg. Laerc., Vidas I 8, 3).&lt;br /&gt;- Aconsejaba (Platón) a los embriagados “se mirasen al espejo, y así se abstendrían de vicio tan feo (Dióg. Laerc., Vidas III 1, 20).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI.  VALORES ESTÉTICOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21.  Belleza:&lt;br /&gt;- El que es excelente, será bello también (Alc., fr. 364).&lt;br /&gt;- La fuerza y el aspecto hermoso son los bienes de la juventud; la sabiduría es el brillo de la vejez (Demócr., fr. 826).&lt;br /&gt;- La belleza física es animal en ausencia de inteligencia (Demócr., fr. 937).&lt;br /&gt;- No hay que menospreciar la belleza porque prestamente se marchite, porque así como el niño tiene su peculiar belleza, la tienen también el mancebo, el varón y el viejo (Jenof., Banqu. IV).&lt;br /&gt;- La belleza del cuerpo es algo de escasa importancia (Plat., Banq. 210b).&lt;br /&gt;- La belleza es el placer procurado por la vista y el oído (Plat., Hip. May. 298a).&lt;br /&gt;- Los jóvenes más bellos son los que actúan en el pentatlón (Arist., Ret I 5, 1361b10).&lt;br /&gt;- El deseo de lo hermoso nos es innato y tiene una fuerza mucho mayor que la reflexión (Isócr., Elog. Hel. 55).&lt;br /&gt;- La casa mejor es la que no necesita nada de lo superfluo ni le falta nada de lo necesario (Plut., Moralia 155d).&lt;br /&gt;- El otoño de los bellos es también bello (Plut., Moralia 177b).&lt;br /&gt;- El cabello es el menos caro de los ornamentos (Plut., Moralia 189f).&lt;br /&gt;- Lo femenino crece, madura y llega a su perfección antes que lo masculino (Plut., Moralia 288c).&lt;br /&gt;- Eros enseña a uno a ser poeta, aunque antes careciese de Musa (Plut., Moralia 622c).&lt;br /&gt;- El cabello a los parecidos le hace más hermosos, y a los feos mucho más espantosos (Plut., Licurgo 22).&lt;br /&gt;- De nada sirve una cosa bella en extremo a quien la habita, ni su oro ni su marfil, de no existir quien la admire (Luc., Nigrino 23).&lt;br /&gt;- Aladas son las palabras y se marchan volando tan pronto salen de los labios, mientras que el goce de los objetos contemplados está siempre presente, permanece y se apodera totalmente del espectador (Luc., Acerca de la casa 20).&lt;br /&gt;- Es la belleza lo más respetable y lo más divino que existe (Luc., Caridemo 15).&lt;br /&gt;- La razón es en el alma lo que la belleza en el cuerpo (E. Aríst., Contra Platón II 9, 407).&lt;br /&gt;- El que los varones lleven pendientes es vergonzoso entre nosotros, pero entre algunos bárbaros como los propios sirios es signo de belleza (Sext. Emp., Esbozos III 203).&lt;br /&gt;- No el hermosear el exterior es cosa loable, sino adornar el espíritu con las ciencias (Tales de Mileto en Dióg. Laerc., Vidas I 12).&lt;br /&gt;- Aristipo condenaba el que “los hombres miren y remiren tanto las alhajas que compran, y examinen tan poco sus vidas” (Dióg. Laerc., Vidas II 8, 9).&lt;br /&gt;-  Para la recomendación es la hermosura más poderasa que las cartas (Aristóteles en Dióg. Laerc., Vidas V 1, 9).&lt;br /&gt;- La voz es la flor de la belleza (Zenón en Dióg. Laerc., Vidas VII 1, 19).&lt;br /&gt;- La belleza sin ayuda de la nobleza y de las demás cualidades, creo que no es capaz de convencer ni siquiera a un particular, por apasionado que sea, a alumbrar la lámpara matrimonial (Jul., Disc. II 5d).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VII. VALORES DE DESARROLLO&lt;br /&gt;22.  Educación:&lt;br /&gt;- Transmitir las enseñanzas cuando bien se saben, es más fácil (Pínd., Olímp. VIII 59).&lt;br /&gt;- Somos discípulos de los animales en las cosas más importantes (Leuc. o Demócr., fr. 718).&lt;br /&gt;- Ls niños a quienes se les permite no esforzarse no aprenderán la escritura, ni las artes, ni la gimnasia, ni aquello en que reside en mayor grado la virtud: el honor (Demócr., fr. 766.&lt;br /&gt;- La educación es un adorno para quienes son afortunados, y un refugio para los desdichados (Demócr., fr 767).&lt;br /&gt;- Eres joven: preciso es que muchas cosas aprendas, que mucho escuches, que se te enseñe largo y tendido (Sóf., fr. 694).&lt;br /&gt;- El valor natural puede ser aumentado por la educación y por el ejercicio  (Jenof., Memor. III 9).&lt;br /&gt;- Realmente las palabras no pueden educar, pero sí máximas, siempre que sean buenas (Jenof., Caza XIII 5).&lt;br /&gt;- El sueño y el cansancio son los enemigos de la enseñanza (Plat., Rep. 537b).&lt;br /&gt;- Cada cual se divierte con los de su edad (Plat., Fedr. 240c).&lt;br /&gt;- No es posible una buena imitación, si no se da buen ejemplo (Arist., Económ. I 6, 1345ª9).&lt;br /&gt;- Nadie se avergüenza ante los niños o ante los animales (Arist., Ret. II 6, 1384b24).&lt;br /&gt;- Sé cortés en tu manera de ser y afable en tu conversación (Isócr., A Dem.20).&lt;br /&gt;- La educación y el estudio es lo que más puede beneficiar a nuestra naturaleza (Isócr., Nic. 13).&lt;br /&gt;- Quienes son consejeros y maestros tienen que defender a sus discípulos igual que a sí mismos (Isócr., Camb. 104).&lt;br /&gt;- Es necesario que los jóvenes reciban un tipo de educación que influya en el futuro de la ciudad (Isócr., Camb. 174).&lt;br /&gt;- La juventud no tiene las mismas palabras ni las mismas obras que la vejez (Demóst., Contr. Aristog. I 88).&lt;br /&gt;- Así como los sellos se imprimen en ceras blandas, del mismo modo las enseñanzas se imprimen en las almas de los que aún son niños (Plut., Moralia 3e).&lt;br /&gt;- Si habitas con un cojo, aprenderás a cojear (Plut., Moralia 4a).&lt;br /&gt;- La fuente y raíz de una conducta intachable es casualmente una buena educación (Plut., Moralia 4b).&lt;br /&gt;- Me causan mayor alegría los jóvenes que enrojecen que los que palidecen (Plut., Moralia 198e). &lt;br /&gt;- Quiero ser discípulo de aquellos de quienes también me gustaría ser hijo (Plut., Moralia 208b). &lt;br /&gt;- Es labor de una persona bien educada el bromear con buen tono y encanto (Plut., Moralia 634f).&lt;br /&gt;- Verdadero instrumento de la educación es el uso de los libros (Ps-Plut., Sob. Educ.).&lt;br /&gt;- Preguntado (Aristóteles) de qué modo aprovechan los estudiantes, respondió: “Siguiendo a los ágiles, y no esperando a los perezosos” (Dióg. Laerc., Vidas V 1, 10).&lt;br /&gt;- Los jóvenes deben reverenciar en su casa a los padres, en la calle a todos y en la soledad a sí mismos (Demetrio de Falero en Dióg. Laerc., Vidas V 5, 4).&lt;br /&gt;- Preguntado (Antístenes) qué disciplina es la más necesaria, dijo: “Desaprender el mal” (Dióg. Laerc., Vidas VI 1, 4).&lt;br /&gt;- Viendo (Diógenes) a un joven a quien le salían los colores al rostro, le dijo: “Ten ánimo, que ése es el color de la virtud” (Dióg. Laerc., Vidas VI 2, 24).&lt;br /&gt;- En todos es muy indecoroso el fasto, pero singularmente en los jóvenes (Zenón en Dióg. Laerc., Vidas VII 1, 19).&lt;br /&gt;- Hay que hacer caso a la razón y enseñar a los hombres no con golpes, ni con injurias, ni con malos tratos corporales (Jul., Cartas IV 438b).&lt;br /&gt;- No hay que reprender a los niños perezosos cuando son sus padres quienes así los educan (Esop., Los dos perros 92).&lt;br /&gt;- La más hermosa posesión para los mortales es la educación (Menand., Sent. 384).&lt;br /&gt;- Es el salario el que enseña a leer y a escribir, no el maestro (Menand., Sent. 462).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VIII. VALORES  ÉTICOS&lt;br /&gt;23.Bondad:&lt;br /&gt;- Las mentes de los buenos son flexibles (Hom., Il. XV 203).&lt;br /&gt;- No prosperan las malas acciones; el lento alcanza al veloz (Hom., Od.VIII 329).&lt;br /&gt;- El hombre que prepara males para otro, los prepara también para sí mismo (Hes., Trab. 265).&lt;br /&gt;- A quien da cualquiera da, y a quien no da nadie da (Hes., Trab. 355).&lt;br /&gt;- De los buenos aprenderás cosas buenas; pero si te juntas con los malos, estropearás incluso tu buen natural (Teogn., El. I 35).&lt;br /&gt;- Ninguna gratitud obtiene el que hace bien a la gente vil: es como sembrar en las aguas de la mar espumosa (Teogn., El. I 105).&lt;br /&gt;- Es más fácil convertir a un hombre bueno en malo que a uno malo en bueno (Teogn., El. I 577).&lt;br /&gt;- Se debe ser bueno, o imitar al que lo es (Demócr., fr. 757).&lt;br /&gt;- Arrepentirse de las malas acciones es la salvación de la vida (Demócr., fr. 758).&lt;br /&gt;- Favores pequeños en un momento oportuno son enormes para quien los recibe (Demócr., fr. 926).&lt;br /&gt;- Son más quienes se vuelven buenos por el ejercicio que quienes lo son buenos por naturaleza (Demócr., fr. 1079).&lt;br /&gt;- Prefiero fracasar obrando rectamente que vencer con malas artes (Sóf., Filoct. 95).&lt;br /&gt;- Un favor otro favor engendra (Sóf., Áyax 522).&lt;br /&gt;- Estos son los hábitos de un hombre de bien: ceder siempre a los mejores sentimientos (Euríp., Ifig. Ául. 502)&lt;br /&gt;- No estamos acostumbrados a dar: sólo nos gusta recibir (Aristóf., Asamb.).&lt;br /&gt;- Aprender a no hacer daño a nadie entiendo que es un noble ejercicio en la vida (Menand., El citarista fr. 4 EST. Égl. III 9, 19).&lt;br /&gt;- Todos los que procuran el bien de las ciudades y de los amigos son los más cuidadosos de sus propios asuntos ( Jenof., De la caza XII 10).&lt;br /&gt;- Todo es bueno, mientras el mal no se le añade (Plat., Prot. 346c).&lt;br /&gt;- Se debe cuidar, sobre todo, no de parecer bueno, sino de serlo, en privado y en público (Plat., Gorg. 527b).&lt;br /&gt;- Todo lo bueno es útil (Plat., Menón 87d).&lt;br /&gt;- El bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden (Arist., Ét. Nicóm. I 1, 1094a).&lt;br /&gt;- Procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para ciudades (Arist., Ét. Nicóm. I 2, 1094b8).&lt;br /&gt;- Los hombres sólo son buenos de una manera, malos de muchas (Arist., Ét. Nicóm. II 6, 1106b35).&lt;br /&gt;- En lo que más se distingue el hombre bueno es en ver la verdad en todas las cosas (Arist., Ét. Nicóm. III 4, 1113a31).&lt;br /&gt;- Nadie quiere algo sino cuando cree que es bueno (Arist., Ret. I 10, 1369a4).&lt;br /&gt;- La maldad sólo necesita un pretexto (Arist., Ret. I 12, 1373a4).&lt;br /&gt;- Nadie escoge lo bueno en absoluto, sino lo que es bueno para él (Arist., Ret. I 15, 1375b19).&lt;br /&gt;- Las cosas que tememos para nosotros, esas son las que nos producen compasión cuando le suceden a otros (Arist., Ret. II 8, 1386a29).&lt;br /&gt;- Tan adecuado es entristecerse y senir compasión por los que sufren un mal sin merecerlo, como indignarse contra los que son inmerecidamente felices ( Arist., Ret. II 9, 1386b11).&lt;br /&gt;- Los jóvenes son bondadosos a causa de que todavía no han visto muchas maldades (Arist., Ret. II 12, 1389a17).&lt;br /&gt;- Conviene desconfiar de los malos tanto como confiar en los buenos (Isócr., Dem. 22).&lt;br /&gt;- Si haces bien a los malvados te ocurrirá lo mismo que a los que dan de comer a perros ajenos (Isócr., Dem. 29).&lt;br /&gt;- Quien ha recibido un favor debe recordarlo durante toda su vida; quien lo hecho debe, por el contrario, olvidarse de él inmediatamente (Demóst., Sob. Cor. 269).&lt;br /&gt;- Todo malvado es débil por sí mismo (Demóst., Contr. Aristog. I 7).&lt;br /&gt;- Los hombres malos viven para comer y beber, los buenos comen y beben para vivir (Plut., Moralia 21d-e).&lt;br /&gt;- No sólo hay que parecerlo, también serlo (Plut., Moralia 188c).&lt;br /&gt;- La naturaleza de todo ser es la misma, perseguir el bien, rehuir el mal (Epict., Plát. IV 5, 30).&lt;br /&gt;- ¿De qué sirve una noble cuna, si no la acompaña una naturaleza íntegra y humanitaria (Herodia., Hist. V 1, 5).&lt;br /&gt;- Los hombres buenos son imágenes de los dioses (Diógenes el Cínico en Dióg. Laerc., Vidas VI 2, 23).&lt;br /&gt;- No en lo grande está lo bueno, sino en lo bueno lo grande (Zenón en Dióg. Laerc., Vidas VII 1, 18).&lt;br /&gt;- Recibir cualquier bien es inferior absolutamente a darlo (Jul., Disc II 4c).&lt;br /&gt;- Es propio de un hombre bueno y magnánimo “escuchar injurias, pero no decirlas” (Jul., Cartas III 80).&lt;br /&gt;- Si se da gusto a la maldad de los hombres, aun se les incita a hacer más daño (Esp., El hombre al que le mordió un perro 64).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24.Prudencia:&lt;br /&gt;- La confianza y la desconfianza pierden a los hombres (Hes., Trab. 372).&lt;br /&gt;- No comuniques por entero tus proyectos a todos tus amigos (Teogn., El. I 73).&lt;br /&gt;- Jamás pronuncies una palabra jactanciosa, porque nadie sabe lo que al hombre le traerán la noche y el día (Teogn., El. I 159).&lt;br /&gt;- Medita dos o tres veces lo que se te venga al pensamiento; porque un hombre impulsivo va acompañado del infortunio (Teogn., El. I 633).&lt;br /&gt;- La prudencia aumenta el deleite y hace mayor el placer (Demócr., fr. 800).&lt;br /&gt;- Sensato es quien no se preocupa por lo que no tiene, y se alegra por lo que tiene (Demócr., fr. 1068).&lt;br /&gt;- El ser sensato es el don más precioso de los dioses (Esq., Ag. 927-8).&lt;br /&gt;- La mejor de las posesiones es la prudencia (Sóf., Antíg. 1050).&lt;br /&gt;- Entre los hombres la irreflexión es, con mucho, el mayor de los males humanos (Sóf., Antíg. 1243).&lt;br /&gt;- Muchas precauciones aseguran muchos éxitos (Euríp., Ifig. Táur. 758).&lt;br /&gt;- No hay nada más útil a los hombres que una prudente desconfianza (Euríp., Hel. 1616).&lt;br /&gt;- No te muestres irritado por pequeñeces (Epic., fr. 365).&lt;br /&gt;- Nadie medita nada como es debido en medio de la cólera (Epic., fr. 367).&lt;br /&gt;- Un ejercicio del alma es para los seres humanos la reflexión (Hipócr., Epidemias V 5).&lt;br /&gt;- La prudencia aconseja no emprender una guerra cuando solo existen diferencias pequeñas (Jenof., Hel. VI 3).&lt;br /&gt;- Sin la sensatez, ninguna otra virtud tiene utilidad alguna (Jenof., Cirop III 1, 16).&lt;br /&gt;- Cuanto más sensato seas, tanto más feliz considérate (Plat., Cárm. 176a).&lt;br /&gt;- No estés serio en un momento alegre, ni te rías en una situación seria; porque la inoportunidad es lo peor de todo (Isócr., Dem. 15).&lt;br /&gt;- Considera que ninguna cosa humana es segura; porque así ni te alegrarás en exceso si tienes suerte, ni estarás demasiado dolido en la desgracia (Isócr., A Dem. 41).&lt;br /&gt;- Quien tropieza una vez se vuelve precavido (Menand., El escudo I 28). &lt;br /&gt;- Los necios destruyen las amistades y, en cambio, los prudentes pueden usar convenientemente incluso las enemistades (Plut., Moralia 87b).&lt;br /&gt;- Nada hay más digno y más hermoso que mantener la calma ante un enemigo que nos injuria (Plut., Moralia 90d).&lt;br /&gt;- Prudente es el que es capaz de soportar sabiamente lo adverso y lo favorable de las cosas que le suceden en la vida (Plut., Moralia 102e).&lt;br /&gt;-  Los que se toman en serio asuntos ridículos son ridículos en los asuntos serios (Plut., Moralia 199a).&lt;br /&gt;- No hay que ir delante de los acontecimientos sino seguirlos (Epict., P &lt;br /&gt;- lát III 10, 18).&lt;br /&gt;- En cada uno de nuestros actos damos sin cesar abundantes pasos en falso (Luc., No debe creerse... 1).&lt;br /&gt;- El muro más fuerte es la prudencia, ni puede ser demolido ni entregado (Antístenes en Dióg. Laerc., Vidas VI 1, 7).&lt;br /&gt;- Con nadie seas imprudente (Pitágoras en Dióg. Laerc., Vidas VIII 1, 4).&lt;br /&gt;- A los hombres sensatos las desgracias de sus vecinos los hacen más prudentes (Esop., La cigarra y la zorra 241).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25.Moderación:&lt;br /&gt;- La medida en todo es lo mejor (Hes., Trab. 694).&lt;br /&gt;- No te afanes por nada en exceso: la moderación es lo mejor (Teogn., El. I 335).&lt;br /&gt;- Muchas ventajas tiene el término medio: quiero ser en mi ciudad uno de tantos (Foc., fr. 12).&lt;br /&gt;- Propio de un niño y no de un hombre es desear con desmesura (Demócr., fr. 750).&lt;br /&gt;- Dios ha concedido la victoria siempre al término medio (Esq., Eum. 529).&lt;br /&gt;- La moderación se encuentra más en el defecto que en el exceso (Isócr., Nic. 33).&lt;br /&gt;- Odio tener las cosas que exceden de lo necesario; pues en lo que pasa la medida no hay placer sino despilfarro (Alexis, fr. 256).&lt;br /&gt;-  El tender siempre en todo al justo medio es artístico y de buen gusto (Plut., Moralia 7b).&lt;br /&gt;- No comer hasta hartarse, no trabajar hasta desfallecer y usar de los placeres con moderación es lo más saludable (Plut., Moralia 129f). &lt;br /&gt;- La medida es lo mejor de todas las cosas (Cleóbulo en Dióg. Laerc., Vidas I 5, 4).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;26.Libertad:&lt;br /&gt;- Excepto Zeus, nadie en el mundo es libre (Esq., Prom. Enc. 50).&lt;br /&gt;- Si el cuerpo es esclavo, al menos la mente es libre (Sóf., fr. 940).&lt;br /&gt;- Llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro (Arist., Met. I 2, 982b26).&lt;br /&gt;- Sólo el hombre libre es feliz (Luc., Vida de Demonacte 19).&lt;br /&gt;- La libertad no produce satisfacción en la misma medida que la esclavitud aflige (Herodia., Hist. II 3, 8).&lt;br /&gt;- Libre es quien vive como quiere (Epict., Plát IV 1, 1).&lt;br /&gt;- No codiciar ni temer, eso es libertad (Epict., Plát. IV 1, 24).&lt;br /&gt;- Nadie es libre que no se domine a sí mismo (Epict., fr. 35).&lt;br /&gt;- Preguntado (Diógenes) qué es lo mejor en los hombres, respondió: “La libertad de expresión” (Dióg. Laerc., Vidas VI 2, 37).&lt;br /&gt;- Muchas personas prefieren vivir con sencillez a tener una vida lujosa en casa ajena (Esop., Zeus y la tortuga 106).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;27.Virtud:&lt;br /&gt;- La virtud dura siempre, mientras que los bienes de la fortuna los posee ora uno, ora otro (Teogn., El. I 315).&lt;br /&gt;- Ningún tesoro dejarás a tus hijos mejor que la honradez (Teogn., El I 409).&lt;br /&gt;- A pocos hombres le son dadas la virtud y la belleza (Teogn., El. I 933).&lt;br /&gt;- Búscate un medio de vida y, cuando lo tengas, busca ya entonces la virtud (Foc., fr. 9).&lt;br /&gt;- Sólo la posesión de la virtud es segura (Sóf., fr. 201d).&lt;br /&gt;- El que sabe vencer el egoismo, la codicia y las demás enfermedades del alma, es necesariamente más grande que el más hábil militar (Jenof., Carta).&lt;br /&gt;- No sale de las riquezas la virtud para los hombres, sino de la virtud, las riquezas y todos los otros bienes, tanto los privados como los públicos (Plat., Apol. 30b).&lt;br /&gt;- Las partes de la virtud son la justicia, la valentía, la moderación, la magnificencia, la magnanimidad, la liberalidad, la calma, la sensatez y la sabiduría (Arist., Ret. I 9, 1366b).&lt;br /&gt;- Toda forma de virtud nace de la razón y de la enseñanza (Plut., Moralia 32e).&lt;br /&gt;- Preguntado (Sócrates) una vez qué cosa es virtud en un joven, respondió: “El que no se excede en nada” (Dióg. Laerc., Vidas II 5, 13).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;28.Justicia:&lt;br /&gt;- Ningún hombre debe ser nunca injusto (Hom., Od. XVIII 141).&lt;br /&gt;- No sentencia impartas hasta que de las dos partes el discurso hayas oído (Hes., fr. 338).&lt;br /&gt;- Lo más hermoso es la justicia, lo más preciado la salud (Teogn., fr. 255).&lt;br /&gt;- En la justicia están reunidas todas las virtudes (Foc., fr. 10).&lt;br /&gt;- Normal es que quien hace también padezca (Pínd., Nem IV 31).&lt;br /&gt;- Quien comete injusticia es más desgraciado que quien la padece (Demócr., fr. 759).&lt;br /&gt;- El que sea causante de algo conviene también que lo sufra (Sóf., fr. 223b).&lt;br /&gt;- Sólo el tiempo muestra al hombre justo, mientras que podrías conocer al perverso en un solo día (Sóf., Ed. Rey 615).&lt;br /&gt;- En verdad dios reparte justicia cuando llega el momento (Eur., El. 1169).&lt;br /&gt;- Necio es el amor propio, no cures mal con mal (Heród., Hist. III 53).&lt;br /&gt;- Es muy difícil y digno de gran alabanza mantenerse justo toda la vida, cuando se tiene plena libertad de ser injusto (Plat., Gorg. 526a).&lt;br /&gt;- No es el mismo castigo privar de un ojo a u  tuerto que al que tiene dos (Arist., Ret. I 7, 1365b17).&lt;br /&gt;- Es propio de la equidad ser indulgente con las cosas humanas (Arist., Ret. I 13, 1374b13).&lt;br /&gt;- No se siente ira contra lo que es justo (Arist., Ret. II 3, 1380b17).&lt;br /&gt;- En la mayoría de las ocasiones los hombres cometen injusticia en cuanto pueden (Arist., Ret. II 5, 1382b9).&lt;br /&gt;- De que los parricidas o asesinos alcancen su castigo, ningún hombre honesto siente pesar (Arist., Ret. II 9, 1386b30).&lt;br /&gt;- Un hombre justo no es el que no comete injusticia, sino quien, aunque pueda cometerla, no quiere hacerlo (Menand., Sent. 37-38).&lt;br /&gt;- Prefiere ser justo antes que bueno (Menand., Sent. 174).&lt;br /&gt;- El colmo de la injusticia es parecer justo sin serlo (Plut., Moralia 50e).&lt;br /&gt;- ¡Siempre así; quien tal haga que tal pague! (Homero en Plut., Tiberio 21).&lt;br /&gt;- A los que injurian hay que pagarles con igual moneda ( Epict., Plát IV 1, 167).&lt;br /&gt;- (Aristóteles) llamaba a la justicia “virtud del alma que distribuye las cosas según el mérito de cada uno” (Dióg. Laerc., Vidas V 1, 10).&lt;br /&gt;- En más se ha de tener un justo que un pariente (Antístenes en Dióg. Laerc., Vidas VI 1, 7).&lt;br /&gt;- Nada hay tan hermano de la sabiduría como la justicia (Jul., Disc. V 270).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;29.Fortaleza:&lt;br /&gt;- La fuerza es la más alta muralla que al hombre protege (Pínd., Peanes II, fr. 58, 39).&lt;br /&gt;- El morir por evitar la pobreza, el amor o algo, no es propio del valiente, sino, más bien, del cobarde  (Arist., Ét. Nicóm. III 7, 1116a16).&lt;br /&gt;- A los hombres que más se honra es a los justos y a los valientes (Arist., Ret. I 9, 1366b5).&lt;br /&gt;- Es en razón de su superioridad por lo que se enfurecen los hombres (Arist., Ret. II 2, 1379a7).&lt;br /&gt;- La mayor parte de las veces ciertos hombres no sueltan su cólera sobre los culpables, sino sobre los que están más a mano (Demóst., Contra Filipo II 34).&lt;br /&gt;- Dios es la esperanza para el valor, pero no el pretexto para la cobardía (Plut., Moralia 169c).&lt;br /&gt;- En nada necesitaríamos la valentía si todos fueramos justos (Plut., Moralia 190f).&lt;br /&gt;- Es mejor ser hombre de mucho valor que tener cosas de mucho valor (Plut., Moralia 230e).&lt;br /&gt;- Los cobardes temen incluso lo que les salva y los irascibles se enfadan incluso con los seres más queridos (Plut., Moralia 682c).&lt;br /&gt;- Aprende a sufrir con fortaleza los reveses de la fortuna (Cleóbulo en Dióg. Laerc., Vidas I 6, 3).&lt;br /&gt;- El mosquito tiene tanta fuerza como para dar miedo incluso a un elefante (Esop., El león, Prometeo y el elefante, 259).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IX. VALORES TRASCENDENTES   &lt;br /&gt;30.Dios:&lt;br /&gt;- Todos los hombres necesitan a los dioses (Hom., Od. III 48).&lt;br /&gt;- Los dioses no revelaron desde un comienzo todas las cosas a los mortales, sino que éstos, buscando, con el tiempo descubren lo mejor (Jenófan., 516 (21 B 18) [Estob., Ecl. I 8, 2].&lt;br /&gt;- Si el hombre espera que podrá ocultar a los dioses una sola de sus acciones, se equivoca (Pínd., Olímp. I 64).&lt;br /&gt;- ¡Lo que redunda en un bien y procede de la divinidad hay que aceptarlo! (Sóf., Ed. Col. 1695).&lt;br /&gt;- Nada escapa a la divinidad; esto debes tú saberlo: la divinidad es nuestra vigilante, y nada hay de lo que no sea capaz (Epic., fr. 383).&lt;br /&gt;- Lo divino consiste en no necesitar de nada (Jenof., Memor. I, VI).&lt;br /&gt;- Cierto que invocar a los dioses es bueno; pero conviene invocar a los dioses y ayudarse a sí mismo (Hipócr., Sobre la dieta 87).&lt;br /&gt;- Los dioses no son autores ni de los bienes ni de los males que nos ocurren (Isócr., Fil. 150).&lt;br /&gt;- A quien los dioses aman, muere joven (Menand., El doble engaño, fr. 4, Est., Égl. IV 52b, 27).&lt;br /&gt;- No hay que invocar enseguida a los dioses por cuestiones sin importancia e inofensivas, sino por necesidades más apremiantes (Esop., La pulga y el atleta 231).&lt;br /&gt;-  Un hombre es dios de otro hombre (Prov., Epítome de Zenobio I 90).&lt;br /&gt;- Los padres son para los hombres sensatos los dioses más importantes (Menand., Sent. 331).&lt;br /&gt;- Pues yo considero un dios lo que me alimenta (Menand., Sent. 761).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;31.Destino:&lt;br /&gt;- Ningún varón existe que su propio destino haya esquivado, lo mismo da cobarde que valiente  (Hom., Il. VI 488).&lt;br /&gt;- La Fortuna y el Destino dan al hombre todas las cosas (Arquíl., fr. 3).&lt;br /&gt;- De nada sirven las lágrimas ni pueden cambiar el destino (Epigramas funerarios 116).&lt;br /&gt;- No hay forma de huir del destino (Pínd., Pít. XII 30).&lt;br /&gt;- A los que no ponen manos a la obra, la suerte no le es aliada (Sóf., fr. 407).&lt;br /&gt;- Es propio de un hombre sabio sobrellevar con rectitud las vicisitudes de la suerte (Alexis, fr. 254).&lt;br /&gt;- Conviene no sentirse orgulloso por lo que a la fortuna se debe, sino por lo que uno hace (Arist., Ret I 9, 1368a5).&lt;br /&gt;- El tener excesiva buena suerte corre el riesgo de hacer cargantes algunas veces a las personas (Demóst., Contr. Mid. 205).&lt;br /&gt;- La vida es una deuda impuesta por el destino (Plut., Moralia 106f).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;32.Sentido de la vida:&lt;br /&gt;- Cual la generación de las hojas, asimismo es también la de los varones (Hom., Il. VI 146).&lt;br /&gt;- Nada cría la tierra más endeble que el hombre, de cuantos seres respiran y caminan por ella (Hom., Od. XVIII 130).&lt;br /&gt;- Alégrate con las cosas alegres y no te irrites demasiado con las desgracias: date cuenta de las alternativas a que está sujeto el hombre (Arquíl., fr. 211, 6-7).&lt;br /&gt;- Envejezco aprendiendo siempre muchas cosas (Sol., fr. 22, 7).&lt;br /&gt;- De todas las cosas lo mejor para el hombre es no haber nacido (Teogn., El. I 425).&lt;br /&gt;- ¡Sé tal cual tú has aprendido a ser! (Pínd., Pít II 72).&lt;br /&gt;- El hombre es el sueño de una sombra (Pínd., Pít. VIII 95).&lt;br /&gt;- Lo más hermoso es ser hombre noble y envidiado por muchos mortales (Baquíl., Epin. X).&lt;br /&gt;- El viejo fue joven, pero es imposible saber si el joven alcanzará la vejez (Demócr., fr. 827).&lt;br /&gt;- Los hombres piensan cosas nuevas cada día (Demócr., fr. 995).&lt;br /&gt;- Vivir mal no es vivir mal; es morir durante mucho tiempo (Demócr., fr. 997).&lt;br /&gt;- La vida sin alegrías es un largo camino sin albergues (Demócr., fr. 1067).&lt;br /&gt;- Muchas cosas asombrosas existen y, con todo, nada más asombroso que el hombre (Sóf., Antíg. 684).&lt;br /&gt;- Cuantos vivimos nada somos sino fantasmas o sombra vana (Sóf., Áyax 126).&lt;br /&gt;- La vida más grata está en la inconsciencia hasta que llegas a conocer las alegrías y las penas (Sóf., Áyax 555).&lt;br /&gt;- La naturaleza humana no se complace siempre con las mismas cosas (Sóf., Traq. 440).&lt;br /&gt;- El no existir es mejor que vivir malamente (Sóf., fr. 488).&lt;br /&gt;- Una sola vida, no dos, tenemos para vivir (Euríp., Alc. 712).&lt;br /&gt;- Entrometerse en muchas cosas no reporta seguridad a la vida (Euríp., Hip 785).&lt;br /&gt;- Nuestra vida es lucha. Unos hombres tienen éxito más pronto, otros más tarde y otros en el momento (Euríp., Supl. 550).&lt;br /&gt;- Has de alegrarte y sufrir, ya que has nacido mortal (Euríp., Ifig, Ául. 32).&lt;br /&gt;- En cualquier parte es más agradable vivir que morir para los sensatos (Euríp., Or. 1509).&lt;br /&gt;- La experiencia es para los mortales la maestra de todas las cosas (Euríp., Andr. 684).&lt;br /&gt;- Vivas mucho tiempo o poco, piensa del mismo modo (Epic., fr. 359).&lt;br /&gt;- Una vida piadosa es el mejor viático para los mortales (Epic., fr. 381).&lt;br /&gt;- Considera ante todo que las cosas humanas son una rueda, que al rodar no deja que unos mismos sean siempre afortunados (Heród., Hist. I 207).&lt;br /&gt;- Me llené de compasión al considerar cuán breve es toda vida humana, ya que de tanta muchedumbre ni uno solo quedará al cabo de cien años (Heród., Hist. VII 46).&lt;br /&gt;- El vivir mucho o poco no debe preocupar al que, en verdad, es hombre, ni debe éste tener excesivo apego a la vida (Plat., Gorg. 512e).&lt;br /&gt;- Así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos (Arist., Polít. I 2, 1253a).&lt;br /&gt;- Luchar contra la naturaleza que uno tiene no es fácil (Demóst., Excepción contra Panténeto 56).&lt;br /&gt;- Sólo el hombre ha sido abandonado por la naturaleza desnudo, sin armas, descalzo y sin ropas (Plut., Moralia 98d).&lt;br /&gt;- La vida mejor no es la más larga, sino la más activa (Plut., Moralia 111a).&lt;br /&gt;- Tenemos nuestra vida como un préstamo que se ha de devolver a los dioses (Plut., Moralia 116b).&lt;br /&gt;- Si conocieras la belleza de la vida, te apartarías del deseo de lo ajeno (Plut., Moralia 225c).&lt;br /&gt;- Hombre, si eres alguien, pasea también solo, y contigo mismo habla y no te arropes en el coro (Epict., Plát. III 14, 2).&lt;br /&gt;- El tiempo de la vida es muy breve e insignificante con respecto a la eternidad (Luc., El Alción 3).&lt;br /&gt;- A quien le va bien, la vida entera le resulta corta, mas a quien mal, una sola noche le resulta una eternidad (Luc., Epigramas 12).&lt;br /&gt;- Los hombres están en una cárcel durante ese tiempo que se llama vida, pues el alma, atada a un cuerpo perecedero, es mucho lo que soporta, pues es esclava de todo cuanto se relaciona asiduamente con el hombre (Filóstr., Vida de Apolonio VII 26).&lt;br /&gt;- Vive sin que nadie se dé cuenta, pero si no puedes, muere sin que nadie se dé cuenta (Filóstr., Vida de Apolonio VIII 28).&lt;br /&gt;- (Diógenes) encendía de día un candil y decía: “Voy buscando un hombre” (Dióg. Laerc., Vidas VI 2, 15).&lt;br /&gt;- Acuérdate de que tienes un alma inmortal (Jul., Disc. VII 234c).&lt;br /&gt;- No todos han nacido para lo mismo (Esop., El burro 91).&lt;br /&gt;- Es necesario que el que es hombre piense y sienta como hombre (Menand., Sent. 1).&lt;br /&gt;- Vivimos no como queremos sino como podemos (Menand., Sent. 273).&lt;br /&gt;- Vive pasando la vida de acuerdo con tu edad (Menand., Sent. 285).&lt;br /&gt;- Ojalá no me suceda lo que deseo, sino lo que me conviene (Menand., Sent. 481).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;33.Esperanza:&lt;br /&gt;- No da Zeus cumplimiento a todos los proyectos de los hombres (Hom., Il. XVIII 328).&lt;br /&gt;- Ninguna cosa está fuera de la esperanza ni se puede jurar imposible (Arquíl., fr. 206, 1).&lt;br /&gt;- A ningún hombre se le cumplen todas las cosas que desea (Teogn., El. I 139).&lt;br /&gt;- La esperanza roba la prudencia a los hombres (Baquíl., Epin. IX).&lt;br /&gt;- Hay esperanzas mientras se vive; los que ya no pueden esperar son los muertos (Teócr., Id. IV).&lt;br /&gt;- Únicamente aquellos que han aprendido a desear lo que deben viven como quieren (Plut., Moralia 37e).&lt;br /&gt;- Quienes se acostumbran a renunciar a lo que tienen, desean menos lo que no tienen (Plut., Moralia 279e).&lt;br /&gt;- La esperanza es lo que más conforta en la vida (Plut., Moralia 668e).&lt;br /&gt;- La vida de los hombres está despóticamente gobernada por dos importantísimos factores: la esperanza y el miedo (Luc., Alejandro 8).&lt;br /&gt;- Preguntado (Aristóteles) qué cosa es la esperanza, dijo: “Es un sueño de un hombre despierto” (Dióg. Laerc., Vidas V 1, 8). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;34.Muerte:&lt;br /&gt;- Que no venga mi muerte sin acompañamiento de lágrimas (Sol., fr. 22, 5-6).&lt;br /&gt;- Insensatos y tontos son los hombres que lloran a los que mueren y no a la flor de la juventud que se marchita (Teogn., El. I 1069).&lt;br /&gt;- Ley para todos los hombres es morir (Epigramas funerarios 90).&lt;br /&gt;- Lo doloroso no es morir, pues es destino de todos, sino hacerlo antes de tiempo (Epigramas funerarios 210).&lt;br /&gt;- A los muertos les traicionan también sus amigos (Pínd., fr. 160).&lt;br /&gt;- A los hombres que mueren les aguardan cosas que no se esperan ni se imaginan (Herácl., 600 (22 B 27) [Clem., Strom. IV 144]).&lt;br /&gt;- El sueño y la muerte son afecciones propias del cuerpo, no del alma (Leuc., fr. 505).&lt;br /&gt;- Los hombres que huyen de la muerte la persiguen (Demócr., fr. 1040).&lt;br /&gt;- Morir libera de dolorosas penas (Esq., Supl. 801).&lt;br /&gt;- Quien no haciendo caso del comedimiento desea vivir más de lo que le corresponde, es evidente que tras una locura anda (Sóf., Ed. Col. 1212).&lt;br /&gt;- De vivir nadie como el anciano siente deseo (Sóf., fr. 66).&lt;br /&gt;- Si fuera posible llorando remediar los males y al muerto con lágrimas resucitar, el oro sería riqueza inferior al llanto (Sóf., fr. 557).&lt;br /&gt;- La muerte es el médico último de las enfermedades (Sóf., fr. 698).&lt;br /&gt;- Sólo poseemos nuestro cuerpo para habitarlo en vida; luego la que lo alimentó tiene que llevárselo (Euríp., Supl. 531).&lt;br /&gt;- ¿Y quién sabe si el vivir es estar muerto y el estar muerto se considera después vivir? (Euríp., fr. 638 Nauck).&lt;br /&gt;- Temer la muerte no es otra cosa que querer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe (Plat., Apol. 29a).&lt;br /&gt;- Afirman que el alma del hombre es inmortal y que a veces termina de vivir, lo que llaman morir, a veces vuelve a renacer, pero no perece jamás (Plat., Menón 81b).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;X. VALORES TEMPORALES&lt;br /&gt;35.Tiempo:&lt;br /&gt;- Planea de noche tus decisiones (Foc., fr. 8).&lt;br /&gt;- El tiempo todo lo borra y al olvido lo conduce (Sóf., fr. 954).&lt;br /&gt;- Todo lo machita el tiempo poderoso (Sóf., Áyax 715).&lt;br /&gt;- El Tiempo es divinidad que todo lo arregla (Sóf., Elec. 179).&lt;br /&gt;- La vejez y el paso del tiempo todo lo enseñan (Sóf., fr. 664).&lt;br /&gt;- Todo lo lleva a la luz el tiempo descubriéndolo (Sóf., fr. 918).&lt;br /&gt;- Es necesaria la edad para variar de opinión y dejar lo imposible (Euríp., Heracl. 706).&lt;br /&gt;- Si investigas alguna cosa profunda, debes pensar durante la noche (Epic., fr. 360).&lt;br /&gt;- El tiempo y la experiencia enseñan a los hombres lo que no está bien (Antíf., Sobre el asesinato de Herodes 14).&lt;br /&gt;- Las ocasiones son fugaces (Hipócr., Predicciones II 21).&lt;br /&gt;- Es preferible apresurarse en la partida que durante el viaje mismo (Jenof., Memor. III 13).&lt;br /&gt;- La vejez por sí sola no aporta sentido común (Plat., Laqu. 188b).&lt;br /&gt;- El tiempo de nuestra vida es, sin duda, breve. Por tanto debemos tratarlo con miramiento (Plut., Moralia 118b).&lt;br /&gt;- No es espartano el gastar el tiempo en tonterías (Plut., Moralia 234d).&lt;br /&gt;- No hay mejor consejero que el tiempo (Menand., Sent. 714).&lt;br /&gt;- Conoce la ocasión (Pítaco en Dióg. Laerc., Vidas I 4, 4).&lt;br /&gt;- Emprende con lentitud lo que pienses ejecutar; pero una vez emprendido, sé constante en ello (Biante en Dióg. Laerc., Vidas I 5, 5).&lt;br /&gt;- El tiempo es el gasto o empleo más precioso (Teofrasto en Dióg. Laerc., Vidas V 2, 2).&lt;br /&gt;- El tiempo resuelve las dificultades (Esop., La zorra a la que se hinchó el vientre 24).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;36.Futuro:&lt;br /&gt;- Jamás hasta el momento halló mortal alguno señal fiable de la acción futura por un dios enviada: cegada está la percepción de lo venidero (Pínd., Olímp. XII 8).&lt;br /&gt;- Ningún adivino existe de las cosas que están dispuestas para los mortales (Sóf., Antíg. 1160).&lt;br /&gt;- ¡Qué terrible es tener clarividencia cuando no aprovecha al que la tiene! (Sóf., Ed. Rey 316).&lt;br /&gt;- Quien tiene la amistad de los dioses posee en su hogar el mejor oráculo (Euríp., Hel. 749).&lt;br /&gt;- El mejor profeta es quien conjetura bien (Euríp., fr. 973 Nauck).&lt;br /&gt;- Si recuerdas lo pasado, mejor resolverás el futuro (Isócr., Nic. 35).&lt;br /&gt;- Absurdo comportamiento el del hombre aficionado a los adivinos (Luc., Caronte 11).&lt;br /&gt;- No escribas con la mirada puesta sólo en el presente, para que te alaben y te honren los contemporáneos; aspira más bien a la eternidad (Luc., Cómo debe... 61).&lt;br /&gt;- Los que durante el tiempo de abundancia no se preocupan del futuro, caen en la mayor miseria cuando las circunstancias cambian (Esop., La hormiga y el escarabajo 112).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;37. Cambio:&lt;br /&gt;- Periódicamente lo que ha sucedido se repite, y nada es absolutamente nuevo (Pitágoras 310 [DK 14 8a; Dicearco, fr. 33W].&lt;br /&gt;- Cuando la fatiga experimenta un cambio, las fatigas son dulces (Sóf., fr. 374).&lt;br /&gt;- En los cambios surgen principalmente las enfermedades humanas (Heród., Hist 2, 77).&lt;br /&gt;- El cambio poco a poco hace que todas las naturalezas puedan soportar los cambios ( Jenof., Cirop. VI 2, 29).&lt;br /&gt;- Los cambios de estación, especialmente, producen enfermedades (Hipócr., Afor. III 1).&lt;br /&gt;- Cualquier cambio repentino y desmesurado, sea en el sentido que sea,es muy perjudicial (Hipócr., Sobre la dieta 46).&lt;br /&gt;- Los cambios en todos los aspectos son los que despiertan la inteligencia del hombre y no le permiten estar inactivo (Hipócr., Sobre los aires 16).&lt;br /&gt;- Los que cambian su estado físico cambian su pensamiento (Empédocles en Arist., Met. IV 5, 1009b18).&lt;br /&gt;- No es posible entrar dos veces en el mismo río (Heráclito en Arist., Met. IV 5, 1010a14).&lt;br /&gt;- Todo está siempre en movimiento y nace o perece (Arist., Parva Naturalia III 465b17).&lt;br /&gt;- Los que cambian de ocupación no hacen con exactitud ni una sola cosa, mientras que los que sin interrupción se mantienen en las mismas actividades, terminan cada una de ellas extraordinariamente bien (Isócr., Bus. 16).&lt;br /&gt;- El paso de la edad genera mayores cambios en cada uno de nosotros que en las ciudades colectivamente (Plut., Moralia 558b).&lt;br /&gt;- El cambio de dieta es capaz de engendrar unas enfermedades y hacer desaparecer otras (Plut., Moralia 734c).&lt;br /&gt;- Para escapar de mala manera, más vale quedarte como estabas (Luc., Lucio o el asno 18).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio Ramón Navarrete Orcera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abreviatura de autores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ép. arcaica (VIII-VI a.C.) &lt;br /&gt;Hom. = Homero&lt;br /&gt;Hes. = Hesíodo&lt;br /&gt;Arquíl. = Arquíloco&lt;br /&gt;Sem. = Semónides&lt;br /&gt;Hip. = Hiponacte&lt;br /&gt;Sol. = Solón&lt;br /&gt;Teogn. = Teognis&lt;br /&gt;Foc. = Focílides&lt;br /&gt;Alc. = Alceo&lt;br /&gt;Pínd. = Píndaro&lt;br /&gt;Baquíl. = Baquílides&lt;br /&gt;Jenófan. = Jenófanes&lt;br /&gt;Herácl. = Heráclito&lt;br /&gt;Leuc. = Leucipo&lt;br /&gt;Demócr. = Demócrito&lt;br /&gt;Esop. = Esopo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ép. Clásica (V-IV a.C.)&lt;br /&gt;Esq. = Esquilo&lt;br /&gt;Sóf. = Sófocles&lt;br /&gt;Euríp. = Eurípides&lt;br /&gt;Aristóf. = Aristófanes&lt;br /&gt;Filem. = Filemón&lt;br /&gt;Menandr. = Menandro&lt;br /&gt;Heród. = Heródoto&lt;br /&gt;Tucíd. = Tucídides&lt;br /&gt;Jenof. = Jenofonte&lt;br /&gt;Antif. = Antifonte&lt;br /&gt;Hipócr. = Hipócrates&lt;br /&gt;Epic. = Epicarmo&lt;br /&gt;Plat. = Platón&lt;br /&gt;Arist. = Aristóteles&lt;br /&gt;Isócr. = Isócrates&lt;br /&gt;Demóst. = Demóstenes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ép. Helenística (III-I a.C.)&lt;br /&gt;Teócr. = Teócrito&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ép. Imperial (i-IV d.C.)&lt;br /&gt;Dion. Hal. = Dioniso de Halicarnaso&lt;br /&gt;Plut. = Plutarco&lt;br /&gt;Ps. Plut. = Pseudo Plutarco&lt;br /&gt;Luc. = Luciano&lt;br /&gt;Claud. = Claudio Eliano&lt;br /&gt;Apian. = Apiano&lt;br /&gt;Aten. = Ateneo&lt;br /&gt;Dióg. Laerc. = Diógenes Laercio&lt;br /&gt;Heridia. = Herodiano&lt;br /&gt;Epict. = Epicteto&lt;br /&gt;Sext. Emp. = Sexto Empírico&lt;br /&gt;Porf. = Porfirio&lt;br /&gt;Filóstr. = Filóstrato&lt;br /&gt;Jul. = Juliano&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-4883949429434690217?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/4883949429434690217/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=4883949429434690217' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/4883949429434690217'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/4883949429434690217'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2009/01/los-griegos-y-la-educacin-en-valores-ii.html' title='Los griegos y la educación en valores (II)'/><author><name>antonio navarrete</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00532768348938667676</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-4438590185068094737</id><published>2009-01-17T09:16:00.000-08:00</published><updated>2009-01-22T12:42:57.066-08:00</updated><title type='text'>Materiales didácticos de la American Clasical League</title><content type='html'>Antonio R. Navarrete Orcera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Actividades de mitología que aquí presentamos son una síntesis de 11 “paquetes educativos” que edita la American Classical League (Miami University, Oxford, Ohio 45056; www.aclclassics.org) sobre mitología (normalmente, uno por año y héroe). Son muy didácticos y están destinados a un público muy variado, desde primaria a secundaria. Éstos son los títulos: Activity Packet. Elementary Level (1990, 126 pp.), Activity Packet. Middle School Level (1992, 119 pp.), Activity Packet. Primary Level (1994, 89 pp.), Primary Readiness Packet (1995, 121 pp.), Intermediate/Middle School Teaching Packet (1995, 85 pp.), Heroes Teaching Packet (1995, 87 pp.), Ancient Beginning Teaching Packet (1996, 86 pp.), Underworld Teaching Packet (1997, 114 pp.), Perseus and Mythological Monster Teaching Packet (1998, 129 pp.), Transformations Teaching Packet (1999, 107 pp.), Theseus Teaching Packet (2000, 114 pp.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Hemos seleccionado lo más interesante, de texto e imágenes, y hemos reestructurado cronológicamente los contenidos, estableciendo 12 capítulos: orígenes, olímpicos, Perseo, Hércules, Jasón, Teseo, mundo subterráneo, metamorfosis; a las obras clásicas Ilíada, Odisea y Eneida, que estaban desperdigadas por los distintos paquetes, dedicamos capítulos independientes; y reservamos el último a una recreación dramatizada -en un latín fácil- de la guerra de Troya, que hemos extraído de otro libro de la misma editorial, Activities for Middle School Latin Students (2000, 40 pp.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las actividades en sí son muy variadas y creativas; algunas son similares a las que se proponen en las series de diapositivas de Visual Publications. Señalemos algunos tipos:&lt;br /&gt;- recrear determinados episodios (Pandora, Acteón, Cerbero, Hércules, Narciso, Orfeo...).&lt;br /&gt;- investigar en diccionarios o libros de mitología.&lt;br /&gt;- Emparejar una persona, lugar o cosa con su descripción.&lt;br /&gt;- Completar parentescos.&lt;br /&gt;- Razonar respuestas (disputa de Atenas, Jasón, mitología y matemáticas).&lt;br /&gt;- Suscitar debates (condición de héroe, mundo subterráneo).&lt;br /&gt;- Identificar personajes (¿Quién soy?)&lt;br /&gt;- Situar geográficamente en mapas personajes o lugares (trabajos de Hércules y Teseo, viaje de Eneas, mundo subterráneo de Virgilio).&lt;br /&gt;- Identificar citas de Ilíada, Odisea y Eneida (preferimos las traducciones de Emilio Crespo Güemes (Gredos, 2000), José Luis Calvo (Editora Nacional, 1976) y Javier de Echave-Sustaeta (Gredos, 2000)).&lt;br /&gt;- Colorear y recortar (árbol genealógico de dioses, Apolo y Dafne).&lt;br /&gt;- Ordenar cronológicamente frases de un personaje (Eco y Narciso, Jasón), recortándolos a veces (el juicio de Paris, Perseo, Odisea).&lt;br /&gt;- Juego de cartas de monstruos y héroes y de los trabajos de Hércules.&lt;br /&gt;- Sopa de letras (los crucigramas no se han podido adaptar).&lt;br /&gt;- Enigmas, palabras desordenadas, completar textos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dibujos son otro atractivo de la obra. Unos proceden de los propios “paquetes” (árbol genealógico, mapas, juegos), otros, de gran belleza (El juicio de Paris, Orfeo, Atenea y el paladio, sirenas), de Bulfinch’s Mythology Coloring Book (Running Press, Philadelphia, 1989, 121 pp.), y otros, extraídos de la cerámica (portada, nacimiento de Atenea, Poseidón, Hércules y Cerbero), de Gorgons. A Bellerophont Coloring Book (Bellerophont Books, 1993, 48 pp.) y A Coloring Book of Ancient Greek (Bellerophont Books, 1997, 48 pp.) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de actividades, a veces también se ofrece información, como los cuadros genealógicos, las introducciones a los olímpicos o las recreaciones de mitos realizadas por profesores o alumnos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta trilogía ha sido fruto de nuestra dedicación a la mitología en la enseñanza en los últimos años. Con ella sólo esperamos ser un eslabón más en la difusión y divulgación  de esta universal materia, que ha logrado poner en sintonía a tantos profesores y alumnos de España y de fuera de España. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II. EMPAREJAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empareja la persona, lugar o cosa con la descripción:&lt;br /&gt;1.  la égida   6.  Equidna/Tifón  11.  Poseidón&lt;br /&gt; 2.  Amaltea   7.  Hades   12.  Prometeo/Epimeteo&lt;br /&gt; 3.  Zeus   8.  Metis   13.  Rea&lt;br /&gt; 4.  Cronos   9.  Monte Etna  14.  Tártaro&lt;br /&gt; 5.  Cíclopes/Hecatonquiros 10.  Ninfas  15.  Titanes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_____  Los cíclopes hicieron el casco de invisibilidad para mí.&lt;br /&gt; _____  Somos los 12 hermanos y hermanas de Cronos.&lt;br /&gt; _____  Los cíclopes hicieron los rayos para mí.&lt;br /&gt; _____  Fui el señor del universo después de que gobernaran Gea y Urano.&lt;br /&gt; _____  Soy el volcán donde Tifón estaba atrapado.&lt;br /&gt; _____  Nuestros nombres significan “prevenido” y “desprevenido”.&lt;br /&gt; _____  Soy el peto de Zeus.&lt;br /&gt; _____  Somos los monstruos enviados por la madre Tierra a atacar a Zeus.&lt;br /&gt; _____  Los cíclopes me dieron un tridente.&lt;br /&gt; _____  Tengo el cuerno de la abundancia.&lt;br /&gt; _____  Soy la esposa de Cronos, la madre de Zeus, Hades, Poseidón, Hestia....&lt;br /&gt; _____  Soy el foso oscuro que retiene a los titanes.&lt;br /&gt; _____  Somos los monstruos que lucharon con Zeus contra los titanes.&lt;br /&gt; _____  Soy la primera esposa de Zeus que engañó a Cronos con la hierba mágica.&lt;br /&gt; _____  Cuidamos de Zeus niño e hicimos ruido para ocultar sus gritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empareja los siguientes dioses/as con sus símbolos:&lt;br /&gt;____1.  Zeus   A.  Casco de invisibilidad, cetro de dos puntas.&lt;br /&gt;____2.  Poseidón  B.  Búho, escudo, peto y rama de olivo.&lt;br /&gt;____3.  Hades  C.  Paloma, cisne y mirto.&lt;br /&gt;____4.  Deméter  D.  Lira.&lt;br /&gt;____5.  Hestia  E.  Rayo, águila y encina.&lt;br /&gt;____6.  Hefesto  F.  Ciervo y luna creciente.&lt;br /&gt;____7.  Ares   G. Pavo real y vaca.&lt;br /&gt;____8.  Apolo  H.  Uva, vid.&lt;br /&gt;____9.  Artemis  I.  Tridente y caballo.&lt;br /&gt;___10.  Atenea  J.  Vara, sandalias y casco alados.&lt;br /&gt;___11.  Afrodita  K.  Haz de trigo, grano y fruto.&lt;br /&gt;___12.  Hermes  L.  El hogar y el fuego.&lt;br /&gt;___13.  Dioniso  M.  Yunque y forja&lt;br /&gt;___14.  Hera   N.  Buitre, perro y armadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Facultades especiales. Poderes mágicos:&lt;br /&gt;El regalo que concedió Poseidón a su hijo Orión fue la facultad de caminar sobre el agua. Algunos otros personajes de la mitología tenían facultades especiales y poderes mágicos. Empareja al personaje con el regalo. Usarás una respuesta en más de una ocasión.&lt;br /&gt; _____ 1.  Anteo   A.  brujería&lt;br /&gt; _____ 2.  Zetes y Calais  B.  facultad de volar&lt;br /&gt;  _____ 3.  Orfeo   C.  vida eterna&lt;br /&gt; _____ 4.  Medusa   D.  canto irresistible&lt;br /&gt; _____ 5.  Argos   E.  nunca duerme&lt;br /&gt; _____ 6.  Orión   F.  coge fuerza de la tierra&lt;br /&gt; _____ 7.  Mercurio   G.  música irresistible de lira&lt;br /&gt; _____ 8.  Sirenas   H.  produce ambrosía y néctar&lt;br /&gt; _____ 9.  Prometeo   I.  convierte a la gente en piedra&lt;br /&gt;_____ 10. Amaltea J.  causa discordia con el lanzamiento de&lt;br /&gt;_____ 11. Melampo      una manzana&lt;br /&gt;_____ 12. Circe K. camina sobre el agua&lt;br /&gt;_____ 13. Pegaso L.  ve el futuro&lt;br /&gt;_____ 14. Eris M.  comprende el lenguaje de los animales&lt;br /&gt;_____ 15. Titono&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I. COMPLETAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Me sé los dioses y diosas hacia atrás y hacia delante!&lt;br /&gt;romano   griego   dominio   símbolo&lt;br /&gt;Neptuno   ____________ ___________  ____________&lt;br /&gt;____________  ____________ viajeros   ____________&lt;br /&gt;____________  ____________ ___________  cornucopia&lt;br /&gt;____________  Afrodita  ___________  ____________&lt;br /&gt;____________  ____________ luna    ____________&lt;br /&gt;____________  ____________ ___________  Cerbero&lt;br /&gt;____________  Zeus   ___________  ____________&lt;br /&gt;Juno    ____________ ___________  ____________&lt;br /&gt;____________  Atenea  ___________  ____________&lt;br /&gt;____________  ____________ artesanía   ____________&lt;br /&gt;____________  ____________ ___________  lira&lt;br /&gt;Marte    ____________ ___________  ____________&lt;br /&gt;Vesta    ____________ ___________  ____________&lt;br /&gt;____________  Dioniso  ___________  ____________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿En qué me convertí?&lt;br /&gt;Completa los espacios en blanco con la lista de palabras de abajo:&lt;br /&gt;1. En la historia de Diana y Acteón, Diana transformó a Acteón en un ____________.&lt;br /&gt;2. Afrodita transformó a Atalanta e Hipómenes en ______________.&lt;br /&gt;3. Circe, la hechicera, transformó a los hombres en ______________.&lt;br /&gt;4. Por piedad los dioses transformaron a Níobe en  ___________ que lloraba.&lt;br /&gt;5. Los dioses colgaron la imagen de Orión en el cielo como ____________, al tiempo que colgaron las imágenes de la reina Casiopea y el rey Cefeo.&lt;br /&gt;6. Cuando Deucalión y Pirra arrojaron rocas sobre sus hombros, las rocas se transformaron en ___________.&lt;br /&gt;7. Cuando Faetón murió, sus hermanas se transformaron en __________ llorando lágrimas de ___________.&lt;br /&gt;8. Cuando Cadmo sembró los dientes del dragón en la tierra, éstos se transformaron en _____________&lt;br /&gt;9. Narciso, después de permanecer junto a su imagen, se marchitó y se transformó en una _________ que lleva su nombre.&lt;br /&gt;10. Atenea transformó a Aracne en una __________ a causa de su orgullo e insolencia.&lt;br /&gt;11. Cada cosa que Midas tocaba se transformaba en __________.&lt;br /&gt;12. Siringe se transformó a sí mismo en una _________ para escapar de Pan.&lt;br /&gt;13. Dafne fue transformada por su padre en un __________ para ayudarla a escapar de _____&lt;br /&gt;14. Titono fue transformado en un ___________ porque tenía vida, que no juventud, eterna.&lt;br /&gt;15. Después de ser raptado por los piratas, Dioniso los transformó en ____________.&lt;br /&gt;16. Para proteger a Ío de la cólera de Hera, Zeus la transformó en ____________.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ámbar  constelación  delfines laurel  flor    cigarra &lt;br /&gt;Apolo  vaca   animales ciervo  oro    leones&lt;br /&gt;Personas     álamos                   guerreros  roca        araña        caña&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III. RECREAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. . ¿Piensas que Pandora representa realmente a todas las mujeres? Si Zeus hiciera hoy a Pandora, ¿qué cualidades, o regalos, le podría dar? Describe cómo podría ser hoy Pandora.&lt;br /&gt;2. Sobre la disputa por Atenas entre Poseidón y Atenea, haz dos listas en dos columnas paralelas sobre las utilidades que tienen el agua salada y el olivo, respectivamente. Al final, piensa qué regalo era mejor.&lt;br /&gt;3. Escribe un final alternativo para el mito de Artemis y Acteón. Puedes escribir la historia desde el punto de vista de Acteón o quizá como la contaría uno de sus perros, o una de las ninfas que estaban observando.&lt;br /&gt;4. Imagina que eres el hijo de una amazona. Escribe una carta persuasiva a tu madre para convencerla de que no te envíe a otro país. Sé concreto al indicar razones por las que eres digno de quedarte.&lt;br /&gt;5. ¿Qué habría sucedido si Hércules no hubiese pensado tan rápidamente y Atlas lo hubiese engañado y desaparecido? Inventa una historia con un nuevo final para el mito. Incluye unos cuantos personajes nuevos  (¿dios? ¿diosa? ¿mortal?). ¿Cómo salió bien esta vez nuestro héroe? ¿Qué pasó con Atlas? &lt;br /&gt;6. Respecto a Orfeo y Eurídice, describe brevemente qué podría haber ocurrido si se hubieran dado las siguientes situaciones: si Hades hubiese concedido a Orfeo otra oportunidad, si la serpiente hubiese picado a Orfeo en lugar de a Eurídice, si Caronte hubiera sido sordo, si a Hades no le hubiese gustado la música de Orfeo, pero sí a Perséfone, si Orfeo no hubiese mirado atrás en el último momento...&lt;br /&gt;7. Imagina que alguien ha dejado a Cerbero en tu puerta, esperando que lo cojas y lo cuides. Escribe una historia abajo. Usa palabras de acción. Describe la reacción de tu familia y amigos cuando te ven con él. ¿Te obedece o tienes que llevar una armadura especial cuando lo alimentas?&lt;br /&gt;8. Imagina que eres Eco y vuelve a contar la historia desde su punto de vista. O, si lo prefieres, vuelve a contar la historia desde el punto de vista de Narciso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV. IDENTIFICAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Soy un titán famoso. Luché del lado de Zeus porque sabía que él ganaría. Se me atribuye la creación del hombre y el haberle dado fuego para ayudarlo a sobrevivir. A Zeus no le agradó esto del todo y me castigó. Verdaderamente debo a Hércules un favor, porque me rescató de una situación muy desagradable.&lt;br /&gt;2. Soy el joven que, con ayuda de sandalias aladas, un casco de invisibilidad y una bolsa especial, venció a la Medusa. A mi vuelta con mi premio en la bolsa, vi a una bella doncella encadenada a las rocas y me enamoré de ella. La rescaté y más tarde me casé con ella.&lt;br /&gt;3. Soy hijo de Zeus y de Hera, pero no soy tan perfecto y bello como mis hermanos. Una vez me interpuse en una disputa de mis padres y Zeus me arrojó del monte Olimpo.&lt;br /&gt;4. Se ha dicho que soy el dios más amado del monte Olimpo. Soy considerado muy bello. Tengo también extraordinario talento para la música, la poseía, las matemáticas y la medicina. Me gusta tocar mi lira, que me dio Hermes.&lt;br /&gt;5. Soy conocida por tener un nacimiento raro. Algunos dicen que nací de la espuma del mar. Reconozco que el mar ha sido bueno conmigo y me ayuda a permanecer siempre joven y bella. Tengo muy poco respeto por otras mujeres; no son tan bellas como yo. Soy la esposa de Hefesto. Realmente él no me interesa, pero Zeus me hizo casarme con él. Soy la madre de Cupido.&lt;br /&gt;6. Soy muy inteligente y la mar de bromista. Cuando era un bebé, robé el ganado de vacas de Apolo. Finalmente fui cogido y, aunque me declaré inocente, no funcionó. Apolo no se enfadó mucho conmigo porque le di una lira que hice. También inventé el alfabeto, la música escrita, el boxeo, la astronomía y la balanza. Fui a todas partes y entregué muchos mensajes.&lt;br /&gt;7. Fui el último dios en llegar al Olimpo. Mi padre era Zeus, pero mi madre, Semele, era una humana. Murió antes de que yo naciera y fui criado por las ninfas de Nisa. Junto con Deméter, soy considerado el mejor amigo del género humano. Incluso compartimos las fiestas en tiempo de cosecha.&lt;br /&gt;8. Tengo tres cabezas y guardo la entrada al Hades. Meto a la gente en el Hades, pero no dejo salir a nadie a menos que me lo ordene así mi amo, el dios del mundo subterráneo, Hades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gemelos famosos ( Apolo, Artemis, Cástor y Pólux):&lt;br /&gt;1.  Soy el único que no era inmortal  _________&lt;br /&gt;2.  Nacimos en la isla de Delos  _________  y  _________&lt;br /&gt;3.  ¡Fuimos incubados!   _________  y  _________&lt;br /&gt;4.  Nuestra madre es Leda  _________  y  _________&lt;br /&gt;5.  Nuestra madre es Leto   _________  y  _________&lt;br /&gt;6.  Soy un domador de caballos  _________&lt;br /&gt;7.  Soy matador de la pitón   _________&lt;br /&gt;8.  Soy una cazadora    _________&lt;br /&gt;9.  Soy un boxeador    _________&lt;br /&gt;10. Arrojo dolorosas flechas   _________&lt;br /&gt;11. Delfos es mi lugar especial  _________&lt;br /&gt;12. Somos inseparables   _________  y  _________&lt;br /&gt;13. Amo la música    _________&lt;br /&gt;14. Ciervas tiran de mi carro   _________&lt;br /&gt;15. Nuestro padre es   _________  ,  _________  y  ________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jasón:&lt;br /&gt;1. Convertí a Jasón en un héroe. Soy.............................................................................&lt;br /&gt;2. Vi a un bello joven bajando una montaña. Me ayudó a cruzar un río. Soy..................&lt;br /&gt;3. Quería ser rey, por ello quité el trono a mi hermano. Soy............................................&lt;br /&gt;4. Guardo el vellocino de oro. Soy...................................................................................&lt;br /&gt;5. Quirón me tomó para ser un héroe. Soy.......................................................................&lt;br /&gt;6. Predije que un joven de una sandalia quitaría el trono a Pelias. Soy...........................&lt;br /&gt;7. Jasón tomó el vellocino de oro de mi ciudad. Soy rey de.............................................&lt;br /&gt;8. Engañé al rey Pelias y salvé la vida de mi hijo. Soy.....................................................&lt;br /&gt;9. Hice que Jasón perdiera su sandalia. Soy.....................................................................&lt;br /&gt;10. Mi sacrificio a los dioses olvidó incluir a Hera, y ayudó a Jasón a destronarme. Soy.............................&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V. ORDENAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Corta los siguientes recuadros y colócalos en el orden en que sucedieron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un rey cruel quiere casarse con Dánae  Perseo descubre que su madre había ido        ocultarse para evitar al rey&lt;br /&gt;49 princesas mataron a 49 príncipes  Hermes se lleva a Perseo hacia las ninfas       del norte&lt;br /&gt;Hermes arrebata a Perseo de la morada  Atenea recibe la cabeza de Medusa como&lt;br /&gt;de las tres hermanas Grayas  regalo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Linceo e Hipermestra llegaron a ser rey  Perseo arrebató el ojo compartido para&lt;br /&gt;Y reina de Argos     conseguir información&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acrisio puso a Dánae en un cuarto sellado Perseo mata accidentalmente a Acrisio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perseo vuela a la isla de las gorgonas  Zeus visita a Dánae como lluvia de oro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cefeo y Casiopea son convertidos en   Perseo llega a ser rey de Argos&lt;br /&gt;Piedra y después en constelaciones&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cruel rey induce a Perseo a matar a  Pe gaso aparece&lt;br /&gt;Medusa&lt;br /&gt;El cofre es encontrado por un pescador  Perseo y Andrómeda se casan&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perseo rescata a Andrómeda   Atenea y Hermes ofrecen ayuda a Perseo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cruel rey es convertido en piedra   Acrisio visita el oráculo&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eco y Narciso:&lt;br /&gt;_____     Eco repetía las palabras de Narciso.&lt;br /&gt;_____      Hera inventó un castigo para Eco.&lt;br /&gt; _____      La flor del narciso brotó donde Narciso se sentó.&lt;br /&gt; _____      Eco comenzó a seguir a Narciso a todas partes.&lt;br /&gt; _____      Todo lo que quedó de Eco fue su voz.&lt;br /&gt; _____      Eco perdió su corazón por Narciso.&lt;br /&gt; _____      Narciso se olvidó de comer y de beber.&lt;br /&gt; _____      Hera vino a ver a Zeus.&lt;br /&gt; _____      Narciso se consumió y murió.&lt;br /&gt; _____      Eco se marchitó.&lt;br /&gt; _____      Eco entretenía a Hera mientras Zeus se escabullía.&lt;br /&gt; _____      Eco descubrió que sólo podía repetir palabras de otros.&lt;br /&gt; _____      Narciso estaba sediento.&lt;br /&gt; _____      Hermes condujo a Narciso al mundo subterráneo.&lt;br /&gt; _____      Narciso se inclinó para beber de un estanque.&lt;br /&gt; _____      Eco se afligió cerca de la flor.&lt;br /&gt; _____      Narciso se enamoró de su imagen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI. LOCALIZAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno de los lugares marcados en el mapa están conectados con monstruos de la mitología. Después de identificar los monstruos a partir de la descripción, escribe el número del lugar donde se encuentran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   DESCRIPCIÓN    NOMBRE         SITIO&lt;br /&gt;A. Este mitad hombre, mitad toro residía en un laberinto &lt;br /&gt;en la isla de Creta&lt;br /&gt;B. Esta mujer, desfigurada por las cabezas de perro y atada &lt;br /&gt;a una roca, guardaba el estrecho de Mesina&lt;br /&gt;C. Este odioso grupo, mitad mujer y mitad pájaro fue &lt;br /&gt;espantado por los argonautas cerca de los Dardanelos.&lt;br /&gt;D. Después de serle mostrado la fea cabeza de Medusa, &lt;br /&gt;Fue convertido en las montañas del Atlas&lt;br /&gt;E. Cuando este monstruo se pone colérico bajo el monte &lt;br /&gt;Etna en Sicilia, provoca acciones volcánicas.&lt;br /&gt;F. Este grupo de bellas voces que atraía a los marineros &lt;br /&gt;a su muerte era oído por todo el Mediterráneo.&lt;br /&gt;G. El monstruo con cara de mujer, cuerpo de león, y alas &lt;br /&gt;de águila tiene un pariente aún hoy en Egipto.&lt;br /&gt;H. Según algunos, esta terrible medio mujer, medio&lt;br /&gt;Serpiente vivía cerca del río Danubio&lt;br /&gt;I. Belerofonte fue derribado de su caballo volando, &lt;br /&gt;cuando intentaba entrar en el Olimpo.&lt;br /&gt;J. Este monstruo de tres cuerpos y una cabeza vivía &lt;br /&gt;con su ganado en el extremo oeste, en el río océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL MAPA DE LOS TRABAJOS DE HÉRCULES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.  ¿Qué dos continentes se muestran en el mapa? _______________ ________________&lt;br /&gt;2. ¿Qué continente se menciona en el mapa, pero no se muestra?  _____________&lt;br /&gt;3. ¿Qué países ocupan actualmente los lugares mostrados en el mapa?  _________________&lt;br /&gt;4. Señala lo que hizo en cada uno de los lugares enumerados más abajo:&lt;br /&gt;1.  Arcadia   ______________________________________________________&lt;br /&gt;2.  Arcadia   ______________________________________________________&lt;br /&gt;3.  Argos      ______________________________________________________&lt;br /&gt;4.  Creta       ______________________________________________________&lt;br /&gt;5.  Élide       ______________________________________________________&lt;br /&gt;6.  Eritia       ______________________________________________________&lt;br /&gt;7.  Monte Atlas    __________________________________________________&lt;br /&gt;8.  Monte Ménalo   _________________________________________________&lt;br /&gt;9.  Nemea     ______________________________________________________&lt;br /&gt;10. Temiscira   ____________________________________________________&lt;br /&gt;11. Tracia        ____________________________________________________&lt;br /&gt;12. El mundo subterráneo   __________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LOS VIAJES DE TESEO&lt;br /&gt;Localiza en este mapa de Grecia los lugares donde Teseo llevó a cabo sus hazañas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Trecén (A), nacimiento de Teseo  4. Acantilados (D) entre Corinto y Eleusis&lt;br /&gt;¿Qué adversidad superó?        ¿Qué adversidad superó?&lt;br /&gt;_________________________________     ________________________________&lt;br /&gt;2.  Epidauro (B)     5. Entre Eleusis (E) y Atenas (F)&lt;br /&gt;     ¿Qué adversidad superó?         ¿Qué adversidad superó?&lt;br /&gt;     __________________________________      _______________________________&lt;br /&gt;3.  Istmo de Corinto (C)    6. La isla de Creta (G)&lt;br /&gt;     ¿Qué adversidad superó?         ¿Qué adversidad superó?&lt;br /&gt;     __________________________________      _______________________________&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VIII. DEBATIR&lt;br /&gt;CÓMO SER UN HÉROE: DEBATE&lt;br /&gt;1. ¿Qué hace a una persona ser un héroe?&lt;br /&gt;¿Es su fuerza? ¿Su valor físico? ¿Su aptitud atlética? ¿Buena presencia? ¿Sus actos excepcionales?&lt;br /&gt;2.  ¿Quién puede ser un héroe?&lt;br /&gt;¿Pueden las chicas ser héroe? ¿Deben los héroes ser conocidos nacional o internacionalmente? ¿Deben ser jóvenes los héroes? ¿Pueden ser héroes los niños?&lt;br /&gt;3. ¿Qué debe uno hacer para convertirse en héroe?&lt;br /&gt;¿Ponen los héroes siempre en riesgo sus vidas? ¿Puede uno ser un héroe haciendo el mismo tipo de cosas todos los días? ¿Debes salir en TV antes de ser un héroe?&lt;br /&gt;4. ¿Son los héroes perfectos?&lt;br /&gt;Si un “héroe” hace algo equivocado, deja de ser un héroe? ¿Deben los héroes dar siempre buenos ejemplos, ser modélicos?&lt;br /&gt;5. ¿Cuáles son las características de un héroe?&lt;br /&gt;Haz una lista de adjetivos que podrían describir a las personas heroicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IX.  RAZONAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mitología y matemáticas: rellena los espacios de abajo, paso a paso. La respuesta final será el número de patas de un arácnido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paso 1:  Divide el número de ojos de Argos por el número de vacas que robó Mercurio.&lt;br /&gt;Paso 2:  Multiplica tu respuesta por el número de cuerdas de la lira de Mercurio.&lt;br /&gt;Paso 3:  Resta el número de manzanas que arrojó Melanión (Hipómenes).&lt;br /&gt;Paso 4:  Multiplica tu respuesta por el número de cabezas que tenía Cerbero.&lt;br /&gt;Paso 5:  Resta el número de hermanas que tenía Zeus.&lt;br /&gt;Paso 6:  Divide por el número de dientes del tridente de Neptuno.&lt;br /&gt;Paso 7:  Resta el número de hermanos que tenía Zeus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_________   divididos por  _________  igual a  __________  multiplicado por _________ &lt;br /&gt;    (ojos)   (vacas)       (cuerdas)&lt;br /&gt;igual a  ________  menos  __________  igual a  _________  multiplicado por  _________&lt;br /&gt;           (manzanas)      (cabezas)&lt;br /&gt;igual a  ________  menos  __________  igual a  _________  dividido por  __________&lt;br /&gt;           (hermanas)         (dientes)&lt;br /&gt;igual a  ________  menos  __________  igual a  _________.&lt;br /&gt;           (hermanos)  (patas)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Qué palabra de la lista no tiene relación con las restantes? Explica por qué.&lt;br /&gt;Ej.  Naxos/Sicilia/Trecén/Creta = Trecén. No es una isla, las otras sí.&lt;br /&gt;1. Etra/Pasífae/Fedra/Ariadna___________________________________________&lt;br /&gt;2. Escirón/Corinetes/Minotauro/Sinis _____________________________________&lt;br /&gt;3. Fedra/Perséfone/Ariadna/Europa ______________________________________&lt;br /&gt;4. Dédalo/Minos/Dioniso/Pirítoo _________________________________________&lt;br /&gt;5. Pirítoo/Teseo/Minos/Egeo ___________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Completa las siguientes analogías, indicando las relaciones:&lt;br /&gt;Ej.  Etra : Trecén :: Pasífae : Cnossos = persona : lugar :: persona : lugar&lt;br /&gt;1. Pasífae : Minos :: Europa : ___________________________________________&lt;br /&gt;2. Sinis : árbol :: Procrustes : ___________________________________________&lt;br /&gt;3. Fedra : Teseo :: Ariadna : ____________________________________________&lt;br /&gt;4. Atenas : Grecia :: Cnossos: __________________________________________&lt;br /&gt;5. Teseo : atenienses  :: Pirítoo : ________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ENIGMA DE APOLO Y DAFNE&lt;br /&gt;Escribe la letra correcta en el espacio en blanco numerado&lt;br /&gt;PREGUNTA:  Si la hermana del tío de Apolo no era su tía, ¿qué le tocaba a él, entonces?&lt;br /&gt;RESPUESTA:    __  __  __  __ __  __  __    __  __ __  __  __  __  __&lt;br /&gt;       1    2    3    4            5    6    7             8    9           10  11  12  13  14&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Si Apolo fue gemelo de Atenea, escribe T, si no, escribe E.&lt;br /&gt;2. Si Dafne quería casarse, escribe O, si no, escribe L.&lt;br /&gt;3. Si Apolo tocaba su lira por Dafne, escribe L, si no, escribe P.&lt;br /&gt;4. Si el laurel estaba consagrado a Poseidón, escribe R, si no, escribe A.&lt;br /&gt;5. Si Ladón era un sátiro, escribe I, si no, escribe E.&lt;br /&gt;6. Si a Dafne le crecieron raíces y ramas, escribe R, si no, escribe L.&lt;br /&gt;7. Si Dafne corrió a pedir ayuda a su madre, escribe O, si no, escribe A.&lt;br /&gt;8. Si los artistas y héroes eran coronados con coronas de olivo, escribe T, si no, S.&lt;br /&gt;9. Si el padre de Dafne era un dios río, escribe U, si no, escribe E.&lt;br /&gt;10. Si Dafne persiguió a Apolo escribe H, si no, escribe M.&lt;br /&gt;10. Si Dafne fue más bien un árbol que una novia, escribe A, si no, escribe E.&lt;br /&gt;11. Si Ladón e Ínaco fueron el mismo tipo de dioses, escribe D, si no, escribe R.&lt;br /&gt;12. Si Pan y Apolo tuvieron siempre éxito en el amor, escribe R, si no, escribe M.&lt;br /&gt;13. Si Apolo comenzó a odiar a Dafne después de convertirse en árbol escribe E, si no, O. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿EN QUÉ COINCIDIMOS?&lt;br /&gt;Las siguientes listas de personajes mitológicos tienen en común haber sufrido la misma transformación. Explícala. &lt;br /&gt;Ej:   Pico/Alcíone/Pérdix:  se transformaron en pájaros.&lt;br /&gt;1. Baucis/mirmidones: __________________________________________&lt;br /&gt;2. Clitia/Jacinto/Narciso: _________________________________________&lt;br /&gt;3. Calisto/Eco: _________________________________________________&lt;br /&gt;4. Alcíone/Tisbe: _______________________________________________&lt;br /&gt;5. Galatea/Mirmidones: __________________________________________&lt;br /&gt;6. Aracne/Dríope/Clitia: _________________________________________&lt;br /&gt;7. Dafne/Dríope/Filemón: ________________________________________&lt;br /&gt;8. Orión/Calisto: _______________________________________________&lt;br /&gt;9. Filemón/Pérdix: _____________________________________________&lt;br /&gt;10. Titono/Aracne/mirmidones: ___________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Por qué llamamos a muchos teatros Apolo?&lt;br /&gt;2. ¿Por qué decimos que algo muy difícil de hacer es una tarea hercúlea?&lt;br /&gt;3. Por qué llamamos al tendón de la pierna que está encima del pie tendón de Aquiles?&lt;br /&gt;4. ¿Por qué se podría llamar a un limpiador Ajax?&lt;br /&gt;5. ¿Por qué un barco enorme (o algo grande) puede ser llamado Titanic?&lt;br /&gt;6. ¿Por qué el gas muy ligero con que llenamos los globos se llama helio?&lt;br /&gt;7. ¿Por qué llamarías a una cámara fotográfica Argos?&lt;br /&gt;8. ¿Por qué llamamos a un sonido que nos rebota un eco?&lt;br /&gt;9. ¿Por qué decimos que algo mortal es letal?&lt;br /&gt;10. ¿Por qué llamamos a una persona que nos ayuda y da sabios consejos mentor?&lt;br /&gt;11. ¿Por qué un medicamento poderoso que induce al sueño puede llamarse morfina?&lt;br /&gt; ¿Por qué llamamos a un ruido fuerte y de aviso sirena?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; X. ILÍADA, ODISEA Y ENEIDA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBRO I DE LA ILÍADA&lt;br /&gt;Empareja las descripciones con las personas, lugares y cosas.&lt;br /&gt;1. _____ Aqueos   A.  Esposa de Agamenón&lt;br /&gt;2. _____ Aquiles   B.  Jefe vulnerable de los mirmidones&lt;br /&gt;3. _____ Apolo   C.  Otro nombre de los griegos&lt;br /&gt;4. _____ Argivos D.  Un sacerdote de Apolo&lt;br /&gt;5. _____ Atenea E.  Otra forma de decir “hijo de Atreo”, i.e. Agamenón&lt;br /&gt;6. _____ Atridas F. Diosa enviada por Hera para parar la cólera de Aquiles&lt;br /&gt;7. _____ Atreo G. Amigo íntimo de Agamenón que acompañó a Criseida &lt;br /&gt;8. _____ Briseida en el barco.&lt;br /&gt;9. _____ Criseida H.  El hijo de Zeus y Leto que arrojaba coléricamente &lt;br /&gt;10. ____ Crises flechas a los griegos&lt;br /&gt;11. ____ Dánaos I.  Amigo íntimo de Aquiles&lt;br /&gt;12. ____ Héctor J.  El mejor intérprete de aves&lt;br /&gt;13. ____ Hera K.  La casa de Néstor&lt;br /&gt;14. ____ Ilión L.  La casa de Aquiles&lt;br /&gt;15. ____ Calcante M.  El rey de Troya&lt;br /&gt;16. ____ Clitemnestra  N.  El “premio” de Agamenón&lt;br /&gt;17. ____ Menecio   O.  El padre de Patroclo&lt;br /&gt;18. ____ Mirmidones  P.  El padre de Aquiles&lt;br /&gt;19. ____ Néstor   Q.  La madre de Aquiles&lt;br /&gt;20. ____ Odiseo   R.  El padre de Agamenón y Menelao&lt;br /&gt;21. ____ Patroclo   S.  el anciano y sabio consejero de los griegos&lt;br /&gt;22. ____ Peleo   T.  El “premio” de Aquiles&lt;br /&gt;23. ____ Ptía   U.  Otro nombre de Troya&lt;br /&gt;24. ____ Príamo   V.  el pueblo de Ptía&lt;br /&gt;25. ____ Pilos   W.  Hijo de Príamo, el más grande luchador troyano&lt;br /&gt;26. ____Tetis   X.  La diosa que amó y cuidó de Agamenón y Aquiles&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿QUIÉN LO HIZO?&lt;br /&gt;Empareja al mortal o al dios con la acción:&lt;br /&gt;Aquiles Apolo  Hefesto Calcante Odiseo  Tetis&lt;br /&gt;Crises  Hera  Néstor  Patroclo Agamenón Zeus&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. _____________________   llevó a Criseida junto a su padre.&lt;br /&gt;2. _____________________   envió una peste para castigar a los griegos.&lt;br /&gt;3. _____________________   regañó a Zeus por conspirar con Tetis.&lt;br /&gt;4. _____________________   estuvo enfadado en su tienda.&lt;br /&gt;5. _____________________   insistió en tomar a Briseida, el “premio” de Aquiles.&lt;br /&gt;6. _____________________   dijo a Agamenón verdades que no quería oír.&lt;br /&gt;7. _____________________   intentó rescatar a su hija de los griegos.&lt;br /&gt;8. _____________________   intentó hacer la paz entre Zeus y Hera.&lt;br /&gt;9. _____________________   acompañó a Aquiles hasta su tienda.&lt;br /&gt;10. ____________________   vino del mar a consolar a su hijo.&lt;br /&gt;11. ____________________   quería evitar la cólera de Hera.&lt;br /&gt;12. ____________________ intentó hacer la paz entre Agamenón y Aquiles con sus sabios consejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EPÍTETOS&lt;br /&gt;Homero frecuentemente usa adjetivos específicos o frases para describir los personajes en la Ilíada y en la Odisea. Estas descripciones son llamadas epítetos. Cuando leas el libro I de la Ilíada identifica el personaje que es persistentemente descrito con cada una de las frases de abajo. Algunos personajes pueden tener más de un epíteto.&lt;br /&gt;Aquiles     Agamenón  Apolo     Atenea  Briseida       Criseida        Aurora       Héctor&lt;br /&gt;Hefesto     Hera               Calcante      Leto        Néstor         Odiseo Tetis           Zeus&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. __________  la de ojos grises.   12. _________ el de arco de plata. &lt;br /&gt;2. __________  la señora de ojos de buey. 13. _________ el de pies ligeros.&lt;br /&gt;3. __________  la de hermosa cintura.  14. _________ de muchos recursos.&lt;br /&gt;4. __________  señor del rayo.   15. _________ el de fuertes manos.&lt;br /&gt;5. __________  la de pies de plata.  16. _________ el de la égida.&lt;br /&gt;6.__________   el que golpea desde lejos. 17. _________ el bien hablado.&lt;br /&gt;7. __________  la de hermoso pelo.  18. _________ diosa de níveos brazos.&lt;br /&gt;8. __________  matador de hombres.  19. _________ de rosáceos dedos.&lt;br /&gt;9. ___________ el vidente irreprochable. 20. _________ de ojos de perro.&lt;br /&gt;10. __________  el arquero   21. _________ el de cejas anchas.&lt;br /&gt;11. __________  el que amontona las nubes. 22. _________ la muchacha de oblicua mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CITAS NOTABLES (ILÍADA VI)&lt;br /&gt;Empareja cada persona con una cita:&lt;br /&gt;A. Agamenón  C. Diomedes     E. Glauco        G. Helena  I. Ama de llaves &lt;br /&gt;B. Andrómaca D. Hécuba     F. Héctor      H. Héleno  J. Paris&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_______  “¿Por qué, entonces, hijo, has venido aquí y dejado atrás el intrépido combate?”&lt;br /&gt;_______  “Ningún hombre me va a arrojar al Hades, a menos de que esté destinado, pero en cuanto al destino pienso que ningún hombre ha escapado de él una vez que toma su primera forma, ni valiente ni cobarde”.&lt;br /&gt;_______  “Querido hermano, Menelao, ¿te has preocupado tan tiernamente de esta gente? ¿Recibiste en tu casa el mejor de los tratos de los troyanos?”&lt;br /&gt;_______  “Pero justo ahora con suaves palabras mi esposa me estaba convenciendo y empujándome a la lucha, y ese camino a mí también me parece el mejor”.&lt;br /&gt;_______  “ Valeroso hijo de Tideo, ¿por qué me preguntas sobre mi generación? Como es la generación de las hojas, así es la de los hombres. El viento esparce las hojas sobre la tierra, pero el bosque retoña de nuevo con hojas en la estación de la primavera”.&lt;br /&gt;_______  “Deseo haber sido la esposa de un hombre mejor que éste, uno que supiera la modestia y todas las cosas de la vergüenza que los hombres saben. Pero el corazón de este hombre no es cosa estable”.&lt;br /&gt;_______  “Por eso ella ha ido con rapidez a la muralla, como una loca, y una nodriza acompañándola lleva al niño”.&lt;br /&gt;_______  “El brillante Eneo una vez fue huésped del irreprochable Belerofonte, en su salón, y vente días lo retuvo, y estos dos se dieron el uno al otro bonitos regalos en prueba de amistad”&lt;br /&gt;_______  “El más querido, tu propia gran fuerza será tu muerte, y no tendrás piedad de tu hijito, ni de mí, desdichada, que pronto seré tu viuda”.&lt;br /&gt;_______  “... Héctor, regresa a la ciudad, y allí díle a tu madre y a la mía que reúnan a todas las mujeres de honor en el templo de Atenea de ojos grises en lo alto de la ciudadela”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padres e hijos:&lt;br /&gt;Homero frecuentemente se refiere a sus personajes como “el hijo de ....”. Saber la relación padre/hijo te ayudará a identificar estos personajes cuando leas la Ilíada:&lt;br /&gt;PADRES    HIJOS&lt;br /&gt;1.  Admeto    ______ A.  Aquiles&lt;br /&gt;2.  Atreo     ______ B.  Patroclo&lt;br /&gt;3.  Laertes    ______ C.  Héctor&lt;br /&gt;4.  Mecisteo    ______ D. Agamenón&lt;br /&gt;5.  Menecio    ______ E.  Eumelo&lt;br /&gt;6.  Neleo    ______ F.  Diomedes&lt;br /&gt;7.  Néstor    ______ G.  Antíloco&lt;br /&gt;8.  Oileo    ______ H.  Áyax (el rápido)&lt;br /&gt;9.  Panopeo    ______  I   Néstor&lt;br /&gt;10. Peleo    ______  J.  Epeo&lt;br /&gt;11. Príamo    ______  K. Menelao&lt;br /&gt;12. Telamón    ______  L.  Áyax (el grande)&lt;br /&gt;13. Tideo    ______  M. Odiseo&lt;br /&gt;     ______  Euríalo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CITAS NOTABLES (ODISEA XI)&lt;br /&gt;A. Agamenón C. Aquiles E. Anticlea         G. Heracles    I. Un viandante &lt;br /&gt;B. Áyax  D. Arete F. Elpénor          H. Odiseo         J. Tiresias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;______ “... quema mi cadáver, y todos los enseres que tenga, y construye un túmulo por encima de las olas –marca de un marinero desconocido para los hombres que vengan”.&lt;br /&gt;______  “Hijo de Zeus Cronida era yo y, sin embargo, tenía una pesadumbre inacabable, sin término. Pues estaba sujeto a un hombre muy inferior a mí que me imponía pesados trabajos”&lt;br /&gt;______  “¿Qué aventador es ese por encima de tu hombro?”&lt;br /&gt;______ “----------------------“&lt;br /&gt;______ “Apártate de la fosa y retira tu aguda espada para que beba de la sangre y te diga la verdad”&lt;br /&gt;______ “Feacios, ¿cómo os parece este hombre en hermosura y grandeza y en pensamientos bien equilibrados en su interior? Huésped mío es y todos vosotros participáis del mismo honor&lt;br /&gt;______ “Llegados allí, detuvimos nuestra nave, sacamos los ganados y nos pusimos en camino cerca de la corriente del Océano, hasta que llegamos al lugar que nos había indicado Circe”.&lt;br /&gt;______ “Tu padre permanece en el campo, y nunca va a la ciudad, y no tiene sábanas en la cama ni cobertores ni colchas espléndidas, sino que en invierno duerme como los siervos en el suelo, cerca del hogar”.&lt;br /&gt;______ “Dirige la nave a tu tierra patria a ocultas y no abiertamente, pues ya no puede haber fe en las mujeres”. &lt;br /&gt;______ “¿Cómo te has atrevido a descender a Hades, donde habitan los muertos, los que carecen de sentidos, los fantasmas de los mortales que han perecido?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA ENEIDA: LIBRO III&lt;br /&gt;ÁRBOL DE FAMILIA TROYANO&lt;br /&gt;Rellena los espacios en blanco  con los nombres que se ajusten a las descripciones:&lt;br /&gt;Anquises  Casandra  Héleno   Palinuro&lt;br /&gt;Andrómaca  Dárdano  Teucro   Polidoro&lt;br /&gt;Ascanio  Héctor   Laomendonte  Príamo&lt;br /&gt;Astianacte &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Reyes de Troya     Hijo de Héctor&lt;br /&gt; 1.  ___________________    5.  __________________&lt;br /&gt; 2.  ___________________&lt;br /&gt; 3.  ___________________     Esposa de Héctor&lt;br /&gt; 4.  ___________________    6.  __________________&lt;br /&gt; Hijos de Príamo      Hijo de Eneas&lt;br /&gt;      7.  ___________________    11. __________________&lt;br /&gt;      8.  ___________________     Padre de Eneas&lt;br /&gt;  9. ___________________    12. __________________&lt;br /&gt; 10. __________________     Compañero de Eneas&lt;br /&gt;1. ___________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empareja a los personajes con las descripciones:&lt;br /&gt;a.  Apolo   1.  ______ hija de Dione&lt;br /&gt;b.  Atenea   2.  ______ guardián de Tracia&lt;br /&gt;c.  Juno   3.  ______ dios que tiene a Delos como la más querida.&lt;br /&gt;d.  Júpiter   4.  ______ dios que tiene a Creta como la más querida.&lt;br /&gt;e.  Marte   5.  ______ Febo, el dios arquero.&lt;br /&gt;f.  Neptuno   6.  ______ diosa de los argivos.&lt;br /&gt;g.  Venus   7.  ______ Palas, diosa de resonantes armas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿EN QUÉ PARTE DEL MUNDO ESTÁS?&lt;br /&gt;Creta  Delos  Italia  Troya&lt;br /&gt;Cumas Grecia  Sicilia  Mundo subterráneo&lt;br /&gt;1. ¿Qué otro nombre tiene Ilión?  __________________&lt;br /&gt;2. Si fueras un dárdano, ¿dónde vivirías?  ________________&lt;br /&gt;3. Si fueras un dánao, ¿dónde vivirías?  ______________&lt;br /&gt;4. ¿En qué isla está Cnossos?  ______________&lt;br /&gt;5. Si quisieras encontrar Ortigia, ¿a dónde irías?  __________ o __________&lt;br /&gt;6. Si fueras un frigio, ¿dónde vivirías?  _____________&lt;br /&gt;7. ¿Dónde está el monte Dicte?  _____________&lt;br /&gt;8. ¿Si fueras un argivo, ¿dónde vivirías?  ______________&lt;br /&gt;9. Si viste el lago Averno, ¿dónde estuviste?  _____________&lt;br /&gt;10. Si viste el río Tíber, ¿dónde estuviste?  ______________&lt;br /&gt;11. Si viste el río Éstige, ¿dónde estuviste?  ______________&lt;br /&gt;12. Si quisieras subir al monte Ida, ¿a dónde irías?  __________ o __________&lt;br /&gt;13. Si estuvieras visitando la Sibila, ¿dónde estarías?  ____________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL VIAJE DE ENEAS&lt;br /&gt;Tras leer el libro III de la Eneida traza en el mapa el recorrido que siguió Eneas, en orden: Troya, monte Ida, Antandro, Enéadas, Delos, Naxos, Pérgamo (en Creta), Estrófadas, Ítaca,  Leucate, Actium, Costa de Epiro, Butroto, Ceraunia, Lacinium, Esciláceo, Caribdis, Cíclope, Ortigia (en Sicilia), Acragas, Depranum, Cartago (libro I) y Cumas (libro VI).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBRO VI  DE LA ENEIDA&lt;br /&gt;GENTE, PUEBLOS Y COSAS&lt;br /&gt;Acates   Cumas  Lavinium  Rama dorada&lt;br /&gt;Anquises   Dárdanos  Lete   Río de fuego (Flege&lt;br /&gt;Apolo    Deífobo  Minos   tonte)&lt;br /&gt;Aqueronte   Dis   Miseno  Rómulo&lt;br /&gt;Arboledas sagradas Elísio   Orco   Sibila&lt;br /&gt;Averno   Érebo   Palinuro  Estige&lt;br /&gt;Bruto    Glauco  Pérgamo  Tártaro&lt;br /&gt;Campos de dolor  Hécate  Proserpina  Teucros&lt;br /&gt;Caronte   Hesperia  Puerta del cuerno  Tíber&lt;br /&gt;Cerbero   Lacio   Puerta de marfil Tisífone&lt;br /&gt;Cocito    Lavinia   Radamantis  Venus&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Somos otros nombres del mundo subterráneo ____________________________________&lt;br /&gt;2. Soy la sacerdotisa de Apolo en Cumas _____________________&lt;br /&gt;3. Soy hijo de Príamo; fui mutilado durante el saqueo de Troya _______________________&lt;br /&gt;4. Soy la ciudadela de Troya __________________&lt;br /&gt;5. Soy la diosa a quien la Sibila hizo un sacrificio antes de entrar en ultratumba __________&lt;br /&gt;6. Soy la futura esposa de Eneas _______________&lt;br /&gt;7. Soy el perro de tres cabezas drogado por la Sibila _______________&lt;br /&gt;8. Envié palomas a mi hijo para conducirlo a la rama dorada ________________&lt;br /&gt;9. Somos los 5 ríos del mundo subterráneo _______________________________________&lt;br /&gt;10. Soy un río de Italia ________________&lt;br /&gt;11. Soy el padre de Eneas; Eneas me sacó de Troya incendiada sobre sus hombros _________&lt;br /&gt;12. Soy un guerrero troyano que se ahogó __________________&lt;br /&gt;13. Soy un troyano, uno de los muertos sin enterrar, que fue matado por salvajes; no me ahogué ________________&lt;br /&gt;14. Somos otros nombres de los troyanos ________________&lt;br /&gt;15. Somos dos los jueces de los muertos; el tercero es Éaco _________________________&lt;br /&gt;16. Soy la sección del mundo subterráneo donde Orfeo toca su lira y donde está cantando y danzando ¬___________________&lt;br /&gt;17. Somos las dos salidas del mundo subterráneo ___________________________________&lt;br /&gt;18. Soy el padre de la Sibila ________________&lt;br /&gt;19. Soy la patria de la Sibila ________________&lt;br /&gt;20. Soy la reina del mundo subterráneo __________________&lt;br /&gt;21. Soy el primer cónsul de Roma __________________&lt;br /&gt;22. Soy una laguna cerca de la entrada al mundo subrerráneo __________________&lt;br /&gt;23. Soy una de las tres Furias; mis hermanas son Alecto y Megera _______________&lt;br /&gt;24. Soy el primer rey de Roma; mi padre es Marte ______________&lt;br /&gt;25. Las palomas condujeron a Eneas a mí _____________________&lt;br /&gt;26. Traje la Sibila a Eneas ________________&lt;br /&gt;27. Soy el primer asentamiento troyano en Italia _______________&lt;br /&gt;28. Soy la casa del mundo subterráneo de Dido, reina de Cartago, que se mató a sí misma ______________________&lt;br /&gt;29. Soy otro nombre de Plutón o Hades _________________&lt;br /&gt;30. Soy una región de felicidad en las arboledas sagradas ______________&lt;br /&gt;31. Soy el dios que habla a través de la Sibila en Cumas ______________&lt;br /&gt;32. Soy la región de Italia donde Eneas desembarcó primero ____________&lt;br /&gt;33. Llevé a la Sibila y a Eneas a través de la Estige _____________&lt;br /&gt;34. Estoy rodeado por el río del fuego; los castigos son impuestos aquí _______________&lt;br /&gt;35. Soy otro nombre de Italia ________________&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-4438590185068094737?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/4438590185068094737/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=4438590185068094737' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/4438590185068094737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/4438590185068094737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2009/01/materiales-didcticos-de-la-american_17.html' title='Materiales didácticos de la American Clasical League'/><author><name>antonio navarrete</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00532768348938667676</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-8811283898808528648</id><published>2009-01-17T09:06:00.001-08:00</published><updated>2009-01-22T12:43:51.508-08:00</updated><title type='text'>Cien libros de mitología para jóvenes (1912-2002)</title><content type='html'>Antonio R. Navarrete Orcera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este trabajo forma parte de otro más amplio, que con el título de “Manuales de mitología en España (1507-2002)” aparecerá próximamente en la revista de actualización científica Tempus (Madrid). Para esta ocasión hemos hecho una selección de aquellas obras destinadas específicamente para los jóvenes o que tienen un carácter más divulgativo; en cuanto al tiempo, nos hemos limitado al siglo XX y lo que llevamos del XXI (90 años) por la utilidad que pueda reportar. Llegar al centenar, aunque parezca sorprendente, no ha sido difícil, teniendo en cuenta la eclosión de publicaciones mitológicas en los últimos diez años, sobre todo. Para una mayor información de este período y los anteriores remitimos a nuestro citado trabajo, que recoge más de 350 reseñas.&lt;br /&gt;Ya desde el siglo XVIII se siente la necesidad de escribir tratados mitológicos para la educación de la juventud, que, por un lado, pretenden prevenirla contra la falsedad de los dioses paganos y, por otro, revelar la utilidad de la mitología para el conocimiento de la literatura y las artes. Esta finalidad moral se afianza en el siglo XIX, donde encontramos más de 20 manuales (recientemente se han reeditado dos: v. los núms. 56 y 83), que no siempre adoptan el estilo apropiado para sus destinatarios y condensan en pocas páginas los acontecimientos con un lenguaje para adultos. En claro contraste, por la misma época en el mundo anglosajón (Bulfinch, Kingsley, Hawthorne) se hacen recreaciones juveniles que exaltan los valores poéticos e imaginativos de la mitología clásica, que son los que van a dominar en épocas posteriores, en nuestro país también.&lt;br /&gt;Centrándonos en nuestra lista, aclaremos que analizamos libros publicados en España (alguno hay en París, pero de autor español) y escritos en español (o lengua autonómica) tanto por autores españoles como extranjeros traducidos, siendo la proporción muy equilibrada: 50 y 50, respectivamente. Por ciudades de edición, dominan Barcelona con 46 títulos y Madrid con 38. Por décadas, en cambio, el volumen publicado es desigual: sólo a los últimos doce años corresponden 59 títulos. En cuanto al contenido, lo habitual son los tratados que abarcan la mitología completa, pero también son frecuentes las recreaciones parciales o las adaptaciones de obras clásicas, como la Ilíada, la Odisea o las Metamorfosis; incluimos también algún diccionario. En todos los casos, veremos ilustraciones, que son el lógico complemento a obras de este tipo. &lt;br /&gt;Con este trabajo, en fin, confiamos en que el profesorado de lenguas clásicas disponga de un instrumento válido en su tarea –que no es nada fácil- de aconsejar al alumno, por ejemplo, la lectura de un libro de mitología clásica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. M. Ciges Aparicio y F. Peyro Carrió, Los dioses y los héroes: mitología popular: oriental, greco-romana, escandinava, celto-ibera, americana, Madrid, Daniel Jorro Editor, 1912, 663 pp. Se dedica fundamentalmente a la mitología clásica (pp. 49-598). Aunque los autores advierten en el prólogo que no pretenden ser eruditos, pues se dirigen al gran público, la información no puede ser más completa. Es deudor de manuales del siglo anterior, y del mismo Boccaccio, podemos decir, pues arrastra todavía al personaje ficticio de Demogorgón. Incluye numerosos dibujos de Flaxman y algunas reproducciones de relieves o esculturas clásicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Paola Fumagalli, Narraciones mitológicas, Barcelona, Montaner y Simón, 1923, 127 pp. Viñetas de Antonio Moroni y cromotipias de Ramón Capmany. Prólogo de Arturo Masriera. Es un libro dirigido a niños, de gran calidad. Está narrado como un cuento, con diálogos, y contiene un mensaje moral. Se reúnen 8 leyendas: Deucalión y Pirra, Faetonte, Psiquis, Plutón y Proserpina, Eco y Narciso, Perseo, Medea y Tántalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Carles Riba (1893-1959), La leyenda de los dioses, Barcelona, Muntañola, 1923. Las genealogías iniciales, que tan confusas aparecían en manuales anteriores, están muy bien explicadas. Consta de las siguientes partes: los orígenes, el Olimpo, meteoros celestiales, divinidades del mar, de la tierra (Baco), otras divinidades agrestes, el infierno. No incluye a los héroes. Los dibujos son muy atractivos para jóvenes. Es autor también de Poemas homéricos: las aventuras de Ulises, Barcelona, Muntañola, 1920, 47 pp.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Mario Meunier (1880-1960), La leyenda dorada de los dioses y de los héroes, Madrid, Aguilar, ¿1925?, 299 pp. Es una recreación muy amena, como un cuento, en 20 capítulos, de la mitología griega (comenzando por el Olimpo); se estudian siete héroes: Heracles, Teseo, Cadmo y Edipo, Sísifo, Glauco y Belerofonte, Perseo, los Argonautas, Dédalo e Ícaro. La guerra de Troya la tratará en otra obra posterior, Leyendas épicas de Grecia y Roma (Madrid, Aguilar, ¿1928?, 368 pp.), en la que abarca el ciclo completo y de hilo conductor le sirven las obras clásicas: Ilíada, Odisea y Eneida. En 1981 se reedita esta última obra como Leyendas de la antigua Grecia: Troya (Barcelona, Editorial Pomaire, 167 pp.), pero limitándose sólo a la guerra en sí, desde el juicio de Paris hasta la caída de la ciudad; contiene 17 grabados de Flaxman. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Estudios elementales de Mitología: 2ª, 3ª y 4ª  clase, Barcelona: Librería Católica Internacional, 1926, 136 pp. Está dividido en tres partes: dioses de primer orden (pp. 9-51), divinidades de segundo orden (pp. 52-59) y semidioses y héroes. Hace también una interpretación teológica de la mitología: las fábulas se fundan en las sagradas escrituras, que poco a poco los descendientes de Adán y Noé fueron alterando. Introduce citas textuales de la Eneida y, sobre todo, de la Ilíada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Fernán Caballero (1797-1877), La mitología contada a los niños é historia de los grandes hombres de la Grecia, Madrid, Apostolado de la Prensa, 1926. Esta obra ha tenido numerosas reediciones desde la primera de 1867 (1873, 1878, 1888, 1908; la última, que sepamos, es de 1943). Contiene tres partes: mitología (pp. 22-116), historia de los héroes y semidioses de los griegos (pp. 119-162) e historia de los hombres célebres de Grecia. En el capítulo primero la autora anima a los niños a la lectura: “Las cosas que en la niñez se aprenden no se olvidan nunca”. Sigue la interpretación moral a rajatabla: “La mitología es tan disparatada (hasta criminal) que habría caído entre nosotros los cristianos en el olvido y desprecio que merece, á no ser porque la embellecieron los afamados poetas griegos y latinos, cantándola, y los excelentes artistas atenienses con sus obras maestras”. Contiene 100 grabados, algunos tomados de pinturas famosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. Claudio Santos González, Dioses, semidioses y héroes de la mitología griega y romana, París, Cabaut y Cía, Editores, 1926, 234 pp. y 40 grabados de obras clásicas y pinturas modernas de museos famosos. Es un libro destinado a los jóvenes, claro y bien estructurado. Trata fundamentalmente de los dioses; no incluye la guerra de Troya por estar más cercana de la historia. Al final de cada capítulo hay notas que añaden más información. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. Jean Richepin, Nueva mitología ilustrada documentada y artística, literaria, Barcelona, Montaner y Simón, 1927 (2 vols.), 428 y 454 pp. En México se publica una 2ª edición en 1951-1952, 2 vols. también Es una obra monumental en tamaño y contenido. La exposición es muy clara y documentada, basada en fuentes de primera mano, y merecería una reedición. El volumen primero consta de 13 capítulos, que son pequeñas monografías, subdivididas en numerosos epígrafes, y el segundo de 12, dedicados fundamentalmente a los héroes, que se agrupan genealógicamente. Las ilustraciones es otro de los atractivos de este libro: casi 1000 (101 láminas en color), repartidas por todo el texto y procedentes de obras de arte clásicas y modernas (algunas desconocidas). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. J. Humbert, Mitología griega y romana, Barcelona: Gustavo Gili, 1928 (2º reimpr. 1943..., 21ª reimpr. 1997), 311 pp. Ha sido el manual de mitología en el que nos hemos iniciado muchas generaciones. Es completo, ordenado y de fácil lectura. En el prefacio se nos dice que está destinado para juventud, a la que una asignatura de mitología les sería muy útil en sus estudios de arte y literatura. Sigue la interpretación alegórica y moralizante de la mitología, propia de la época, pero sin abusar de ella. Fruto de ella es la supresión de determinados episodios (castración de Urano, antropofagia de Cronos, lucha por el poder: en general, la información de los primeros capítulos es confusa), la reducción de otros (Hipómenes y Atalanta, Céfalo y Procris, final de la historia de Erígone, elisión del motivo del rapto de Ganimedes. En la exposición de héroes no hay criterio genealógico o cronológico. Contiene 150 grabados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. Luis de Oteyza, Los dioses que se fueron. Mitología, Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones (Renacimiento), 1931 (2ª ed.; 1ª ed. 1929), 274 pp. Está dividido en 58 capítulos, dedicados en su mayor parte a los dioses olímpicos y a otros seres mitológicos inferiores; a los heroes, en cambio, se dedican pocos: Hércules, Cástor y Pólux, Helena, Aquiles y Eneas. Utiliza un lenguaje muy coloquial, irónico a veces, con alusiones a la actualidad. Se muestra deudor del manual mitológico de Escosura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. Alejandro Casona, Flor de leyendas, Madrid, Espasa-Calpe, 1933, 194 pp. Esta obra ha tenido muchas reediciones: en Aguilar, Espasa-Calpe (la 10ª es de 1994) y en México otras. Es una adaptación para niños de algunas obras clásicas de la literatura universal, que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1932. De los griegos adapta la Ilíada en “Héctor y Aquiles”, que se ajusta al original en contenido y estilo. Cf. Mª Pilar Hualde Pascual “‘...Soñaba con los héroes de la Ilíada’: la obra de Homero en la literatura infantil española de tema clásico (1878-1936)”, Estudios Clásicos 118 (2000), pp. 69-92.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. Santos Coco, Leyendas clásicas, Barcelona, Tipográfica-Catalana J. Pugés, 1952, 254 pp. Es una aportación claramente filológica, y más exactamente latina, realizada por un profesor de latín. Divide la obra en tres partes: 1) la religión y dioses de los griegos (pp. 13-64), 2) leyendas mitológico-históricas de los griegos (pp. 65-202), que incluye extensos textos de obras latinas, como el canto II de la Eneida, y 3) leyendas históricas romanas: Horacios y Curiacios, Lucrecia, Virginia, Androcles y el león.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13.  Gustav Schwab, Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, Barcelona, Editorial Labor, 1952 (sucesivas reimpresiones), 792 pp. La revisión de textos griegos y latinos es de Eduardo Valentí. Incluye el prólogo del autor de 1837, en el que dedica esta obra, fruto de veinte años de trabajo y experiencia, a la juventud. Es una excelente y completa recreación literaria de los mitos griegos, que ha gozado de éxito desde que se editó por primera vez. Consta de cinco partes: 1) metamorfosis y leyendas menores (mitos breves, Argonautas, Hércules, los heráclidas, Teseo, Edipo, las guerras de Tebas), 2) las leyendas de Troya, 3) los últimos Tantálidas, 4) la Odisea, y 5) Eneas. La edición española añade un apéndice, “Mitología y Teogonía”, de Julius Wolf (pp. 761-778). Se ha reeditado parcialmente como Dioses y héroes de la mitología griega, Barcelona, Editorial Juventud, 2000 (2ª ed. 2001), 249 pp: sólo se recoge dos capítulos: “Metamorfosis y leyendas menores” (pp. 15-147) y “Jasón y los argonautas” (pp. 148-249), pero la editorial piensa publicar la obra completa en entregas sucesivas. Hay algún error, como presentar a Ágave como hermana de Baco en lugar de tía, que no sabemos si procede del original o de la traducción. En esta nueva edición se han suprimido las notas, que no figuraban en el original de Schwab; las ilustraciones son también nuevas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;14. Emilio Gascó Contell, La mitología contada con sencillez, Madrid, Escelicer, 1958, 307 pp. La segunda edición, aumentada y corregida, es de 1965, con 442 pp. Trata tres mitologías: india, griega, islámica; a la griega dedica las pp. 161-234 y a la romana 235-44. Es una obra de divulgación, muy completa en información. La parte de los héroes es la más breve: Hércules, Teseo, Edipo, Cadmo, Meleagro, Argonautas, Orfeo. Al final hay un pequeño vocabulario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15. Otto Seeman, Mitología clásica ilustrada, Barcelona, ed. Vergara, 1958, 639 pp. Traducción de Eduardo Valentí. El contenido, muy completo, está dividido en 27 capítulos y éstos, a su vez, en apartados, La versión española incorpora 547 reproducciones de obras pictóricas, escultóricas, cerámica, mosaicos y arquitectura, comentadas –algunas- y seleccionadas por el historiador del arte, Carlos Cid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16. Esteban Molist Pol, Enciclopedia de la mitología, Barcelona, De Gassó Hnos, 1959, 344 pp. Agrupa las mitologías en dos grandes apartados; al primero y más amplio (pp. 15-199), “las grandes mitologías mediterráneas”, pertenecen la griega y romana, estudiadas conjuntamente. La materia se expone con detalle en tres capítulos: dioses del panteón, dioses menores y héroes. Es un libro muy completo. Termina con un vocabulario de los personajes principales. En 1966 se publica una nueva versión como Dioses, héroes y hombres: una enciclopedia de la mitología, Barcelona, Círculo de Lectores, 336 pp.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17. Rafael Ballester Escalas, Leyendas heroicas de la antigua Grecia, Barcelona, Mateu (col. clásicos cadete), 1960, 235 pp. Rafael Ballester es el autor de la traducción, adaptación y notas. Es una adaptación El viaje de los argonautas de Apolonio de Rodas (pp. 11-153), completada con otras leyendas. Se narra como un cuento y se reflexiona siempre sobre los mitos. Contiene ilustraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18. Noel Clarasó, El Amor de los dioses y de los héroes, Barcelona, Aymá DL, 1961, 251 pp. Este es el primer tomo de una serie de tres sobre las más bellas historias y leyendas de amor. Se recogen los amores más conocidos de la mitología clásica (21). La recreación es libre y es de lectura agradable. El autor afirma haberse basado en la Teogonía, Los trabajos y los días, Ilíada, Odisea y tragedias de Esquilo. Contiene 29 litografías de Juan Palet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19. Antonio C. Gavalda, Dioses, héroes y monstruos, Barcelona, Editorial Mateu, 1962, 318 pp. Es, fundamentalmente, una historia de la mitología griega (a la romana dedica las 10 últimas páginas), expuesta de forma muy completa y amena. La procedencia del campo del derecho del autor le da más mérito a la obra. La introducción está bien documentada. Incluye 10 ilustraciones de John Flaxman y 18 láminas en blanco y negro de cuadros mitológicos. Es autor también de un Diccionario mitológico, Barcelona, Sintes, 1962 (2ª ed.), 427 pp. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20. Ramón Conde Obregón, La Ilíada, Barcelona, Instituto de Artes Gráficas (col. Auriga), 1963, 266 pp. Se han hecho muchas reediciones de esta obra en distintas editoriales: Ediciones Alfha Internacional, Rialp (14ª ed., 2000). El autor, adaptador de obras famosas de la literatura, hace una fiel adaptación de la Ilíada en 73 capítulos (precedidos siempre de un resumen), que permiten seguir con facilidad el hilo de la acción. La narración, que en su mayor parte es dialogada, es clara y concisa. Tiene ilustraciones en color. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21. Luis R. Cordova Arvelo, Mitología griega y romana: sus leyendas y metamorfosis, Madrid, Ograma, 1963, 245 pp. Tiene un prólogo de José María Pemán. Dividida en seis capítulos, recoge lo primordial de la mitología: preliminares, dioses superiores, semidioses (Baco, Hércules, Perseo), dioses secundarios (aquí incluye a los restantes héroes), leyenda de la guerra de Troya y varios (siete maravillas y simbolismos). La obra, redactada en un estilo muy ameno, está dirigida a la juventud de España e Hispanoamérica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;22. Antonio Jiménez-Landi, Leyendas griegas, Madrid, Aguilar (col. El globo de colores. Mitos y leyendas), 1964, 76 pp. Es una ajustada y completa recreación de cuatro mitos: Prometeo, Perseo y Andrómeda, los trabajos de Hércules y los argonautas. En Hércules, el más amplio (pp. 23-62), se narra también la Gigantomaquia. Desmejora mucho la transcripción de nombres propios. Contiene ilustraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23. José Repollés, Las mejores leyendas mitológicas, Barcelona: Bruguera, 1969. No hay introducción y recoge varias mitologías. A Grecia le dedica la mayor parte (pp. 93-234). Distribuye el material en cinco capítulos: dioses principales, divinidades secundarias, héroes y semidioses,  otros personajes famosos, y leyendas populares griegas. Comienza con Zeus, saltándose lo anterior. A Hércules lo describe con detalle (pp. 157-70); a veces dramatiza. En 1999 se hace una reimpresión en Barcelona, Óptima, 1999, 412 pp.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24. Clément Borgal, 15 leyendas de la mitología, Bilbao, Editorial Fher, 1973. Es una recreación juvenil, que unas veces novela y otras dramatiza las historias, de forma amplia. La selección es ésta: Prometeo, Deucalión y Pirra, el rapto de Europa, Baco, el rapto de Proserpina, Orfeo, Jasón, Perseo, Belerofonte, Melampo, Tetis y Peleo, Diomedes, Filoctetes, Circe y Psique y Cupido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25. Edith Hamilton, La Mitología. Grecia, Roma y norte de Europa, Barcelona, Ediciones Daimon, Manuel Tamayo, 1976, 348 pp. Consta de siete capítulos: 1) los dioses, creación y tiempos heroicos, 2) relatos de amor y aventura, 3) los grandes héroes anteriores a la guerra de Troya, 4) los héroes de la guerra de Troya, 5) las grandes familias mitológicas, 6) los mitos de menor importancia y 7) mitología nórdica (pp. 303-314). Recrea las escenas combinándolas con la cita de autores clásicos, que comenta al inicio de cada apartado. El mito de Psique está muy bien narrado, como en general todos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;26. Antonio J. Onieva, Mitología, Madrid, Paraninfo, 1976, 211 pp. Estudia cuatro mitologías: griega (a la romana dedica sólo unas páginas), egipcia, india y escandinavo-germana. La griega (pp. 17-150) es la más amplia. La obra está dedicada a los jóvenes. Hay numerosas notas alusivas al arte y comentarios de cuadros del Museo del Prado: no en vano es autor también La Mitología en el Museo del Prado (1972).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;27.  Fernando Díaz-Plaja, Mitología para mayores, Barcelona, Plaza y Janés, 1978, 228 pp. Lo de mayores tal vez aluda a las ilustraciones (16, en blanco y negro) con desnudos, pero, en realidad, es una curiosa aportación, en clave de humor, de este prolífico autor al campo de la mitología. Comenta muy bien, con atinados toques psicológicos, los principales episodios de la mitología (20); se sirve de textos de autores clásicos y renacentistas y de algunas obras de arte.  El autor escribió también Un corresponsal en la guerra de Troya (1975).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;28. Blas Carmona, Dioses y héroes griegos, Barcelona, Labor (bolsillo juvenil), 1980 (6ª ed. 1996), 113 pp. En ocho capítulos cuenta los acontecimientos principales de la mitología griega: tres a los dioses y cinco a los héroes (Heracles, Jasón, Teseo, Edipo y rapto de Helena –no incluye la guerra de Troya). Está destinada a los más jóvenes, a partir de 10 años. Las ilustraciones (17) están extraídas de la cerámica. Como complemento de este libro, la editorial Labor publicó otro sobre Leyendas de Grecia y Roma, Barcelona, Labor, 1987, 124 pp. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;29. Jesús V. Rodríguez Adrados, Dioses y héroes: mitos clásicos, Madrid, Salvat (col. Temas Clave), 1980 (reimpr. 1983, 1984), 64 pp. Es difícil decir tanto y tan bien, y luego ilustrarlo, como lo hace el autor de este libro. Tras una introducción sobre el significado del mito, hace una referencia las fuentes literarias de la mitología clásica (incluye cuadros genealógicos) y luego pasa al estudio de los dioses y héroes, de forma equilibrada. Los dos últimos capítulos los dedica a otras mitologías. Tiene 101 ilustraciones en color, extraídas de la pintura y escultura de todas las épocas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;30.  Menelaos Stefanides, Mitología griega. La batalla de los titanes: Urano-Cronos-Zeus, Palas Atenea, Poseidón, Hestia, El mito de Perséfone: Deméter-Artemisa, Apolo y su lira: Apolo-Hermes, El trono de oro: Hefesto-Ares, La música de los dioses. Barcelona, Artes Gráficas Cobas, 1981, 32 pp. cada volumen. Es una colección de seis cuentos, en los que se recrea de forma atractiva la mitología. Cada tomo trata de dos a tres dioses. El contenido se mantiene fiel a las fuentes clásicas. Las ilustraciones, obra de Yannis Stefanides, son también muy atractivas, a color y una por página. La editorial ya no existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;31. Anisia Miranda, Mitos e lendas da vella Grecia, Sada-A Coruña, Ediciós do Castro, 1983 (2ª ed. 1985), 136 pp. Es una reedición en gallego de Mitos y leyendas de la antigua Grecia que la autora cubana publicó en La Habana en 1966. Pretende iniciar a los más jóvenes en el estudio de la mitología. Se compone de una introducción general y tres capítulos: divinidades del Olimpo (se parte de Zeus), otras divinidades y leyendas (Orfeo y Eurídice, el hilo de Ariadna, Aracne, trabajos de Hércules, Apolo y Dafne, Ulises y Penélope, Prometeo. La exposición, a base de descripciones generales, es clara. Incluye ilustraciones de corte clásico y un vocabulario de nombre propios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;32. Michael Gibson, Monstruos, dioses y hombres de la mitología griega, Madrid, Anaya, 1984 (15ª reed. 1999), 154 pp. Hay versiones gallega y catalana. Es una buena recreación de los mitos y leyendas griegas más famosas. El estilo, más narrativo que dialogado, tiene toques literarios, sin pretender alejarse de las fuentes clásicas, como revela las citas que inserta el autor, arqueólogo de afición, al final de cada capítulo. La selección de mitos es muy equilibrada: 14 de dioses y 14 de héroes y personajes de leyenda, explicándose siempre los antecedentes de cada situación. Las ilustraciones en color (22) son fascinantes y los dibujos en blanco y negro (30) que encabezan cada capítulo son del arqueólogo Giovanni Caselli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;33. Robert Graves, Los mitos griegos, Barcelona, Ariel, 1984 (9ª ed. 2001), 249 pp. Es un resumen de la obra que con el mismo título ha publicado en Alianza Editorial en dos tomos. Divide el contenido en siete capítulos: En el principio, Los dioses olímpicos, Sobre héroes, dioses y hombres, Minos y Teseo, Tebas y Micenas, Heracles, Los argonautas y Medea. Falta la guerra de Troya. Aunque esta obra ha gozado de mucho éxito, no es la más adecuada para iniciar a la juventud en el conocimiento de la mitología, pues trata de conciliar muchas versiones para dar mayor cantidad de datos, pero no se distingue entre lo que es interpretación, recreación e información; y esto mismo impide reconocer las fuentes en las que se basa nuestra tradición clásica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;34. Kerry Usher, Emperadores, dioses y héroes de la mitología romana, Madrid, Anaya, 1984 (10ª ed. 1999), 132 pp. No sólo se tratan episodios de mitología, sino también de la historia antigua de Roma, que resultan tan atractivos como los primeros. El núcleo de la obra lo constituyen la narración de la Eneida de Virgilio (pp. 32-79), tan poco recreada en nuestro país, y las historias de héroes romanos, extraídas de Ab urbe condita de Tito Livio (pp. 80-115). Al principio hay unos capítulos sobre los dioses genuinos romanos, y al final otros sobre episodios mitológicos acaecidos en Italia (Hércules y Caco, Cástor y Pólux, Vertumno y Pomona, Pico y Canente). Las ilustraciones en color (18) son igual de fascinantes que las del libro anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;35. Enrique Ortenbach, La Orestíada, Barcelona, 1984, 89 pp. Es una versión de la trilogía trágica del mismo título de Esquilo, que se divide también en tres partes: Agamnón, Las Coéforas y Las Euménides. Mantiene también la forma dialogada. Los 10 dibujos de Rosa Cortés están muy bien ambientados. Termina con un mapa de Grecia y un índice de algunos nombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;36. Josep Vallverdú, El hijo de la lluvia de oro, Barcelona, La Galera, 1984 (3ª ed. 1995), 147 pp. El autor, versado en literatura infantil y juvenil, consigue recrear el mundo mítico de los griegos con maestría y coherencia. Parece muy apropiado para niños que se inician en el tema. Consta de 17 capítulos: los dos primeros se desarrollan en Argos, los seis siguientes, la parte más extensa, se dedican a la estancia en la isla de Sérifos, en los cuatro siguientes se narra el viaje; en el cap. 13 mata a la Medusa, en el 14 encuentro con Atlas, en 15-16 con Andrómeda (no utiliza a Pegaso; ampliamente desarrollada la escena con Fineo) y en el 17 el desenlace. Las ilustraciones (16 dibujos en blanco y negro) aumentan el atractivo de la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;37. Robert Graves, Asedio y caída de Troya, Barcelona, Lumen, 1985, 132 pp. En trece capítulos se narran todos los pormenores, de forma clara y divertida, de la guerra de Troya, desde la fundación de Troya y juicio de Paris hasta el regreso de los griegos a su patria, dedicando el capítulo trece a los viajes de Ulises, con lo que se completa el ciclo épico. En 1998 se reedita como La guerra de Troya, Madrid, Unidad Editorial (biblioteca El Mundo), 95 pp., pero sin prólogo, dibujos e índice de nombres propios, y con traducción nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;38. Carlo Montella, La Ilíada y la Odisea, Madrid, Montena-Mondibérica, 1986, 156 pp. Es una recreación completa de la guerra de Troya, que sigue fielmente la Ilíada y la Odisea,  y la Eneida para los episodios finales de la guerra. La verdad es que la lectura proporciona una visión global y rápida de la guerra. Cada obra va precedida de una página con aclaraciones históricas. En la Odisea se salta episodios como los de los lestrigones, Eolo, Escila y Caribdis. Los dibujos (77), llamativos por su tamaño, son muy similares, sobre todo las escenas de guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;39. Robert Graves, Dioses y héroes de la antigua Grecia, Barcelona, Lumen, 1986, 141 pp.. Es una recreación amena destinada a los más jóvenes. Consta de 27 capítulos y un índice de nombres. Hace muchas innovaciones, en su pretensión, suponemos, de novelar y moralizar. Trata temas inusuales, como los Alóadas, Alcestis, Idas y Linceo, Melampo y Fílaco, y deja otros a medio, como Faetón, Apolo y Dafne; los héroes de Troya están ausentes. Incluye 9 dibujos en blanco y negro de Núria Salvatella, que no tienen título y a veces dificultan su identificación. En 1999 se reedita, con el mismo título, Madrid, Unidad Editorial (col. millenium), 114 pp., pero con nueva traducción  y sin dibujos ni índice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;40.  Charles Kingsley, Cuentos de hadas griegos. Los héroes, Palma de Mallorca, José J. de Olañeta, Editor, 1987, 182 pp. En esta obra, dedicada a sus hijos, el afamado escritor inglés recrea tres historias de la mitología griega: Perseo, los Argonautas y Teseo, con fantasia y calidad literaria, siendo fiel al mismo tiempo a las fuentes clásicas. A veces elimina algunos episodios poco edificantes, como el asesinato por Medea de sus hijos. Teseo es el héroe más brevemente tratado, sobre todo los acontecimientos tras el viaje a Creta. Anima a los jóvenes a la lectura para conocer a otros héroes. Las ilustraciones, 15 dibujos en blanco y negro, son los de la edición de Londres de 1928.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;41. Emilio Genest, Figuras y leyendas mitológicas, Barcelona, Editorial Juventud, 1989 (2ª ed. 1928), 255 pp. Es una exposición –apenas se hace uso del diálogo-, dirigida a los jóvenes, de los principales mitos griegos en 31 capítulos: 17 dedicados a los dioses y 14 a los héroes. Las primeras divinidades aparecen algo confusas; a veces se alteran los hechos, imaginamos que para simplificar; otras veces se anticipa el orden de aparición de algunos personajes, como Anteo, Polifemo o Procrustes. Está ilustrada con diez grabados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;42. Thomas Bulfinch, Historia de dioses y héroes, Barcelona, Montesinos, 1990 (reed. en 2001), 462 pp.. Está basada en su obra The Age of Fables (1855). Bulfinch es uno de los autores más populares de mitología en los países de habla inglesa. Redacta este manual pensando en la utilidad que puede reportar el conocimiento de la mitología para la comprensión de las obras literarias (inglesas), de las que incorpora numerosas citas. Es una recreación muy atractiva, que nos recuerda a los cuentos populares; hay claro afán didáctico y omisión de los aspectos más inmorales. La obra está organizada en 36 capítulos, que pueden leerse separadamente, pues no hay criterio cronológico o genealógico, sino que más bien los personajes se agrupan por afinidad temática. Sus principales fuentes de inspiración son las Metamorfosis de Ovidio y el ciclo épico (Ilíada, Odisea y Eneida). El prólogo es de Carlos García Gual. En 1995 se reeditó como Las leyendas de oro de la mitología clásica, Madrid, M.E. Editores, sin prólogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;43. Colette Estin/Helene Laporte, El libro de la mitología griega y romana, Madrid, Altea, 1990, 261 pp. Es un excelente libro de mitología para jóvenes, completamente ilustrado, al estilo interactivo. Podría servir incluso como libro de texto para la Cultura Clásica, pues no sólo habla de mitología sino de múltiples aspectos de la civilización griega y romana (pp. 6- 102). Los mitos de exponen de forma clara y ordenada; a la mitología romana se dedica el último apartado (pp. 212-249). Cada capítulo se despliega en dos páginas (par e impar), en las que el texto es acompañado de cinco o seis dibujos a color que reproducen con fidelidad las obras de arte clásico y moderno más conocidas (con pie explicativo de resumen); se indican las fuentes literarias y se reproducen pequeños fragmentos y citas famosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;44. Julián Martínez Isla, Mitos y leyendas griegas: I. La mirada de los dioses. II. Héroes, viajes y aventuras. III. La guerra de Troya. IV. Las aventuras de Odiseo, Alicante, Editorial Disgrafos, 1990, 118, 118, 117 y 94 pp. Es una recreación literaria de los mitos griegos, basada en las fuentes clásicas. La organización del primer tomo, basada en capítulos temáticos (el amor, las transformaciones, piedad e impiedad, el castigo de los dioses, los oráculos, el destino y mitos de los Aereo) confunde a un lector inicial, que preferiría una disposición cronológica. El tomo segundo se centra en tres héroes: Jasón, Hércules y Teseo. El tomo tercero abarca todo el ciclo épico de la guerra de Troya, y el tomo cuarto es, prácticamente, un resumen de la Odisea. Las ilustraciones (35 en total), obra de diferentes autores, son dibujos en blanco y negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;45. Remi Simon, Mitología griega. Dioses y héroes, Madrid, Ediciones SM, 1991, 71 pp. Es un libro destinado para los más pequeños (a partir de 10 años), de fácil lectura. Básicamente está dedicado a los dioses; hay algunas referencias a Europa y Cadmo. Incluye cuadros genealógicos, expresiones famosas y recomienda algunas lecturas y películas. Termina con cuatro ilustraciones en color para recortar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;46. Mª Luisa F. Suárez del Otero, Érase una vez... los dioses: la mitología para todos, Madrid, Meditor, 1991, 123 pp. La autora, licenciada en Filología Románica hace una recreación de la mitología, una paráfrasis breve, destinada a despertar la imaginación. La escribe para que se sienta por los dioses y héroes cierta curiosidad y simpatía. Tiene cuatro capítulos: 1) “en el cielo”, 2) “en el mar”, 3) “en el infierno” y  “en la tierra”. Contiene dibujos en color.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;47. Lucilla Burn, Mitos griegos, Madrid, Akal, 1992, 80 pp. Es una excelente síntesis de los principales héroes griegos (Heracles, Teseo, la guerra de Troya, Odiseo, Jasón, Perseo y Edipo). Sobre todo, el capítulo de Odiseo es muy completo (pp. 43-58). A los dioses les dedica sólo unas páginas (11-15) de la Introducción. El último capítulo, “La herencia de la imaginación”, estudia la influencia del mito en la literatura, el arte y la psicología. Las ilustraciones (45), en blanco y negro, son, en su mayoría, de la ceramica existente en el Museo Británico. Sólo hallamos un fallo: en p. 25 Etra no es la esposa de Piteo sino su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;48. Luciano De Crescenzo, Helena, Helena, amor mío, Barcelona, Seix Barral, 1992, 237 pp. (reed. Planeta 1997, 6ª 1998; Círculo de Lectores 1992). Bajo la ficción de un joven, Leonte, que va en busca de su padre, el rey de Gaudos, desaparecido hace cinco años ya en la guerra de Troya, se nos narran todos los episodios de esta contienda, desde la boda de Tetis y Peleo hasta el caballo de madera. De la Ilíada, en concreto, recrea la lucha de Menelao y Paris, la cólera de Aquiles, la escena de seducción de Hera a Zeus, la muerte de Patroclo, la muerte de Héctor, la embajada de Príamo. Se intercalan también otros mitos en el texto (Jasón y los argonautas y el jabalí de Calidón) y en las notas, y al final de añade un pequeño diccionario de mitología (pp. 229-271), con algo más de 400 entradas. Observamos algunos errores: Teseo y Pirítoo no eran hermanos sino amigos (p. 43) o Automedonte por Laomedonte (p. 138).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;49. Beatriz Dourmec, Las metamorfosis, Barcelona, Lumen, 1992, 118 pp. Es una versión para jóvenes de la conocida obra de Ovidio. Se han seleccionado 36 episodios de los 15 libros del original, que consiguen mantener bien la unidad e hilazón del relato; se llega hasta la Roma de Numa.  La exposición,que combina la narración con el diálogo, procura reflejar el estilo poético. Incluye un vocabulario de nombres propios y 10 ilustraciones en blanco y negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;50. Nathaniel Hawthorne, Libro de las maravillas para chicos y chicas, Madrid, Miraguano Ediciones, 1992, 188 pp. El autor, un norteamericano de mediados del siglo XIX, hace una deliciosa recreación de seis mitos griegos (Perseo, Midas, Pandora, Hércules, Baucis y Filemón y Belerofonte) a través de la ficción de un joven que narra, en el espacio de un año, estas historias a un grupo de niños del pueblecito de Tanglewood, que también toman parte en la acción manifestando sus opiniones. Se advierte manejo de las fuentes clásicas, aunque sus reelaboraciones sean libres. Por su estilo literario y sus principios morales es de lectura recomendable para los jóvenes. En 1998 se ha reeditado con el título de El libro de las maravillas, Barcelona, Alba Editorial (2ª ed. 2000), 222 pp., pero más lujosamente y con las ilustraciones originales Walter Crane.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;51. Agustín, Silvia y Manuel Cerezales, El sendero de los mitos (Prometeo. El laurel de Apolo. Los argonautas. Atalanta, la de pies ligeros. Los trabajos de Hércules. Teseo y el Minotauro. Dédalo e Ícaro: historia para un laberinto. Helena y la guerra de Troya. La cólera de Aquiles. El regreso de Ulises), Madrid, Anaya, 1993. Son diez fascículos o entregas de 31 pp. cada uno que recrean los episodios más famosos de la mitología griega. Sus destinatarios son los más jóvenes, a los que se intenta convertir en futuros lectores de literatura clásica. Los más conseguidos son los dedicados a los héroes; en Prometeo y El laurel de Apolo la recreación es tan libre que, a veces, hace irreconocible el mito –peligro que los autores reconocen en el prólogo-. Los dibujos, que están tomados de la cerámica griega, se han coloreado y dan una bella impresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;52. Luciano de Crescenzo, Los mitos de los dioses, Barcelona, Seix Barral, 1994 (2ª ed. 1996), 137 pp. Es una atractiva obra de divulgación de los mitos griegos, realizada por el famoso autor de Historia de los filósofos griegos. Se complementa con otros tomos sobre los héroes. El estilo es ágil, periodístico y salpicado de humor, pero no por ello poco profundo en el tratamiento del mito: además de referencias a otras mitologías, incorpora numerosos textos de los autores clásicos: Homero, Himnos homéricos, Hesíodo, Apolodoro, Ovidio, Higino... Los dibujos (25) imitan la cerámica griega, reflejando a veces el tono humorístico de la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;53. Alicia Esteban y Mercedes Aguirre, Cuentos de la mitología griega (I). En los cielos y en los infiernos, Madrid, Ediciones de la Torre (col. Alba y Mayo), 1994, 126 pp. Forma parte de una colección de seis libros dedicados a la mitología y, en general, a la cultura griega, para introducir a los jóvenes en el conocimiento del mundo clásico. Es una recreación libre y literaria, a modo de cuento, dialogada en su mayor parte, que distribuye los dioses y héroes en función de tres ámbitos: cielo/infierno, tierra y mar. En el primer tomo se tratan tres temas: la sucesión de las primeras generaciones de dioses (Urano, Cronos y Zeus), muy bien tratado (hasta ahora había sido poco recreado); los visitantes de los infiernos (Teseo, Heracles y Orfeo y Eurídice), y los dioses enamorados (Perséfone y Hades, Afrodita y Anquises, Eco y Narciso, Eos y Titono). Las ilustraciones (16) son dibujos en blanco y negro con una impronta picassiana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;54. Remedios Higueras, Mitos clásicos, Zaragoza, Editorial Luis Vives (Edelvives) (col. clásicos secundaria), 1994 (2ª ed. 1999), 157 pp. Es una excelente introducción de mitología para jóvenes; sin erudición, pero amena y rigurosa. A los dioses dedica pp. 27-56 y a los héroes 57-128. Tras la lectura se incluyen actividades, muy variadas y creativas. Añade también un breve diccionario (pp. 17-24) y 14 textos de autores españoles con referencias mitológicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;55. Mil años de cuentos, Zaragoza, Edelvives, 1994, 482 pp. Como indica el subtítulo, son historias para contar a los niños antes de acostarse, que se han adaptado para leerlas en voz alta. Los cuentos están clasificados por géneros, en total siete; a la mitología dedica las pp. 263-292 en 5 capítulos: Jasón y el vellocino de oro, Teseo y el Minotauro, Aprendiz de mago, Ulises y el cíclope y Los trabajos de Hércules. En cada caso se indica el tiempo para contar (diez minutos; el adulto puede ampliar o reducir la historia) y la edad (siete años generalmente). Las ilustraciones sirven para comprender ciertos pasajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;56. A. Tracia, Compedio de Mitolojía ó Historia de los Dioses y Héroes Fabulosos, Valencia, Librería París-Valencia, 1994, 211 pp. Es una reproducción facsímil de la edición de 1828 (Barcelona, talleres de Manuel Sauri y compañía; reed. 1837). En realidad A. Tracia,  anagrama de Agustín Aicart, es el autor del sumario en verso que precede cada artículo en la 2ª ed. corregida de 1929 (Barcelona, Sauri &amp; compañía, 194 pp.). Del autor original sólo sabemos las abreviaturas J. Mh. Es una breve síntesis de mitología, dividida en nueve capítulos. Hay confusión en las primeras divinidades y se incluye a Saturno y Cibeles entre los doce olímpicos. En la introducción pone de manifiesto lo absurdo y contradicciones de la mitología pagana, que sólo se salva por la gracia que aporta al arte y a la literatura. La infomación iconográfica es importante. Los tres últimos capítulos son: las metamorfosis, personajes variados y las siete maravillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;57. Luciano de Crescenzo, Los mitos de los héroes, Barcelona, Seix Barral, 1995, 185 pp. Tras un primer capítulo desmitificador sobre el héroe griego, la obra se reparte entre cuatro héroes: Jasón (el más amplio), Hércules, Teseo y Admeto (en realidad, su esposa Alcestis). Sigue contrastando la información con los textos clásicos: Hércules con Las argonaúticas de Apolonio de Rodas y la Medea de Eurípides; Hércules con la Biblioteca de Apolodoro y Las traquinias de Sófocles; Teseo con las Vidas paralelas de Plutarco, y Admeto con la Alcestis de Eurípides. Como en su obra anterior, tiene dibujos (17).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;58. H. A. Guerber, Grecia y Roma, Madrid, M.E. Editores (col. Mitos y Leyendas), 1995, 383 pp. Es un manual de mitología en plan tradicional: se exponen ordenadamente los dioses (caps. 1-18), insertándoles los episodios más conocidos, y los héroes (caps. 19-29). El último capítulo se dedica a la interpretación de la mitología desde el punto de vista filológico, alegórico y físico. Incluye numerosas citas de autores clásicos y modernos ingleses. Está redactada con un estilo claro y atractivo, por lo que es recomendable para estudiantes y público en general, como dice en el prólogo. Habría que revisar la ortografía de nombres propios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;59. Antonio Guzmán Guerra, Dioses y héroes de la mitología griega, Madrid, Alianza Editorial (col. Alianza Cien), 1995, 63 pp. Es una breve introducción a la mitología griega, que agota el espacio que le concede esta colección. La obra se divide en tres capítulos: 1) los doce dioses del Olimpo, 2) dioses y héroes (más de un centenar, expuestos alfabéticamente) y 3) hazañas colectivas. Del mismo autor es el Cuadro genealógico, al parecer del mismo año, que consiste en un desplegable, de gran tamaño, con todos los dioses y héroes de la mitología griega, distribuidos en 14 niveles, a los que se describe brevemente y se añaden ilustraciones en color extraídas de la cerámica griega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;60. Nathaniel Hawthorne, Leyendas del bosque frondoso, Madrid, Miraguano Ediciones, 1995, 216. Animado por el éxito de su libro anterior, Libro de las maravillas para chicos y chicas, el escritor hace una segunda entrega, compuesta también por seis mitos: 1) los pigmeos y Anteo, su amigo, en su lucha con Hércules, 2) el rapto de Europa y su posterior búsqueda por Cadmo y fundación de Tebas, 3) el rapto de Perséfone, 4) Teseo y el Minotauro (Ariadna no abandona Creta), 5) Ulises y Circe y 6) Jasón y el vellocino de oro (hasta el robo del vellocino).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;61. A. R. Hope Moncrieff, Mitología clásica, Madrid, M. E. Editores (col. Mitos y Leyendas), 1995, 394 pp. A diferencia de la obra H. A. Guerber, de esta misma colección, es una selección de las 39 leyendas más atractivas y conocidas de la mitología griega, casi todas relacionadas con los héroes. Están muy bien recreadas y dramatizadas; en general son de extensión breve, a excepción de las de Hércules, Jasón, Teseo, el ciclo tebano y, sobre todo, la guerra de Troya (pp. 207-58) y Ulises (pp. 271-330). A los dioses se los trata conjuntamente en la Introducción (pp. 9-66). Las últimas leyendas se reservan a personajes históricos. Ilustran el texto numerosas poesías de autores ingleses contemporáneos. Habría que revisar la ortografía de nombres propios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;62. Maria Àngels Anglada, Relatos de mitologías. Los dioses, Barcelona, Ediciones Destino, 1996, 122 pp. Es una exposición breve sobre los dioses, apta para los más jóvenes. Hay protagonismo de la Ilíada, de la que se citan varios fragmentos, como de otros autores modernos. Se hacen también algunas referencias históricas y geográficas. En p. 95 hay confusión entre la nereida Tetis, madre de Aquiles, y la hija de Urano y Gea, del mismo nombre. Las ilustraciones son siete láminas, en sepia y negro, obra de Carme Peris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;63. Maria Àngels Anglada, Relatos de mitología. Los héroes, Barcelona, Ediciones Destino, 1996, 121 pp. Se hace un repaso general por los héroes o ciclos heroicos, que habrían requerido más espacio para desarrollar sus historias, sobre todo, Hércules, Jasón y Teseo. En el cuadro de la p. 34 hay que sustituir Ino, como esposa de Esón, por Alcímeda o Polimede. Sigue introduciendo citas de autores clásicos y modernos. Las ilustraciones (8) son también de Carme Peris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;64. Alicia Esteban y Mercedes Aguirre, Cuentos de la mitología griega (II). En la Tierra, Madrid, Ediciones de la Torre (col. Alba y Mayo), 1996, 142 pp. En este segundo volumen se trata de la aparición del hombre sobre la tierra (Prometeo, Pandora, diluvio) y de las distintas estirpes a que da lugar: tebana, ateniense y argiva. Las fuentes literarias han sido: Trabajos y Días y Teogonía de Hesíodo, Prometeo encadenado de Esquilo y Bacantes de Eurípides. Los dibujos (19) son igualmente de Siro López. El tercer libro de la colección trata de Cuentos de la filosofía griega. Platón: hablando de Sócrates (1997).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;65. Lula de Lara, Cuentos mitológicos, Madrid, Anaya, 1996, 126 pp. Es una recreación para los más jóvenes en 13 capítulos, dedicados a los doce olímpicos y a Saturno. En algunos episodios hay una excesiva simplificación y un error en Apolo, cuando se afirma que fue esclavo de Laomedonte, en lugar de Admeto, tras matar a los cíclopes. Incluye 12 ilustraciones en color.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;66. René Martin (dir.), Diccionario de la mitología griega y romana, Madrid, Espasa Calpe, 1996, 553 pp. Es uno de los diccionarios divulgativos de mitología clásica más completos que han aparecido últimamente. Como en la guía de Oxford, se pretende poner de relieve la herencia clásica de nuestra cultura a través de cinco apartados: lengua, literatura, iconografía, música y cine. Las entradas de personajes se reducen a 300, lo que hace la lectura más amena. Esto, unido a las ilustraciones, a los útiles cuadros genealógicos y mapas de geografía mítica, hace la obra muy recomendable para estudiantes y lectores en general. En 1998 se reeditó como Diccionario de la Mitología Clásica, pero sin los estudios introductorios y finales de mitología ni sus índices y bibliografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;67. Jöel Schmidt, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, Larousse Planeta, 1996, 263. Es la edición española del Dictionnaire de la mythologie grecque et romaine (Larousse, 1993). Es un diccionario claro y preciso, con numerosas entradas (900), que hace fácil su manejo. Los personajes que carecen de entrada tienen referencia en el índice alfabético final. Hay muchos cuadros genealógicos intercalados en el texto. Algunos personajes incluyen un apartado de “historia del mito”, que estudia su pervivencia. No contiene ilustraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;68. Erich Ackermann, Relatos de la antigüedad, Barcelona, Editorial Óptima (col. Cuentos del mundo), 1997, 207 pp. Es una colección de 36 leyendas de Grecia, Egipto y el antiguo Oriente de temática mitológica (19) o histórica; en algunas ocasiones son selecciones o retazos de mitos como en el caso de Ulises, y no hay criterio cronológico en la disposición. La narración es fiel a las fuentes clásicas, que se analizan en detalle en el último capítulo “Comentarios”, sobre todo, las Metamorfosis de Ovidio y la Historia de Heródoto. La extensión, en general, es breve, a excepción de la historia de Amor y Psique (pp. 147-79), que sigue fielmente a Apuleyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;69. David Bellingham, Mitología Griega. Dioses y leyendas, Barcelona, Editorial Óptima, 1997, 128 pp. Es una obra, realizada por un arqueólogo, muy completa en información mitológica, que sigue las fuentes literarias clásicas: Se divide en 5 capítulos: 1) el nacimiento de los dioses, 2) los dioses olímpicos, 3) relatos de los héroes griegos (Heracles, Teseo y Perseo), 4) relatos de dioses, héroes y mortales, 5) las constelaciones. Además intercala cuatro apartados sobre escultura, pintura, arqueología y poetas griegos. Las ilustraciones es otro de sus atractivos: 125, todas en color, de las que 40 son de pintura, lo que lo convierte en un libro muy adecuado para introducirse en el tema de la trascendencia plástica de la mitología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;70. Mª Dolores Gallardo López, Mitología Clásica resumida, Madrid, Ediciones Clásicas, 1997, 173 pp. Es un resumen de su Manual de Mitología Clásica, siguiendo el mismo esquema. La autora entiende que para los estudiantes que se acercan por primera vez a la mitología –y para los lectores en general- una obra así era necesaria. Y ciertamente, con un lenguaje sencillo, consigue dar una visión clara y panorámica de toda la mitología, del difícil entramado de tanto personaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;71. Mª Sancho Menjón Ruiz, Leer Leyendas. Dioses de los mitos griegos, Zaragoza, Alcaraván Ediciones (col. Tus árboles blancos), 1997, 122 pp. Forma colección con otro libro sobre los héroes. Es un buen libro de divulgación de mitología griega, redactado con claridad y sencillez, apto también para la iniciación juvenil. En este primer tomo se estudian los dioses antiguos y olímpicos, siguiendo orden cronológico; el último capítulo a las historias de amor y desamor: Apolo y Dafne, Orfeo y Eurídice, Céix y Alcíone, Zeus e Ío, Eco y Narciso, Eros y Psique. No hay espacio para más. Algún error observamos: Delfos no es una isla (p. 64).  Incluye dibujos (12) en blanco y negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;72. María Luz Morales, La Odisea, Madrid, Anaya (col. Araluce), 1997, 159 pp. La Biblioteca Araluce trataba de poner al alcance de los niños las obras maestras de la literatura universal; las versiones de la Ilíada y la Odisea tuvieron muchas reediciones desde la primera de 1914. La autora se mantiene fiel al estilo homérico, reproduciendo algunos símiles y descripciones. El relato es lineal, en tercera persona, desde la salida de Troya hasta la llegada a Ítaca. Se han omitido algunos episodios, como la visita al Hades o el viaje de Telémaco, y se han reducido otros, como los relativos a los pretendientes. Observamos alguna errata: Agamenón como esposo de Helena, en lugar de Menelao (p. 20) o el género masculino para Escila (p. 79). Las ilustraciones son 8 dibujos en color de José Segrelles, que incorporaban la ediciones antiguas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;73. Anna Pérez i Mir y Pere Ignasi Rojas, Deús i herois de la mitologia grecorromana, Barcelona, Editorial Pòrtic, 1997, 111 pp. Es una obra de divulgación, dividida en cinco capítulos: 1) introducción general sobre el mito, 2) los dioses, 3) la guerra de Troya, 4) la caída de Troya y regreso de Ulises y 5) los héroes (Hércules, Teseo, Perseo, Belerofonte, Orfeo, Jasón, Edipo). En recuadros en negrita se van resaltando otros aspectos del mito relacionados con su pervivencia. Incluye cuadros genealógicos, índice e ilustraciones de obras de arte en blanco y negro (29).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;74.  Rosemary Sutcliff, Naves negras ante Troya. La historia de la Ilíada, Barcelona, Vicens Vives (col. Clásicos adaptados), 1997, 175 pp. Es una excelente recreación de la guerra de Troya, que abarca no sólo los episodios de la Ilíada sino también los prolegómenos (no incluye sacrificio de Ifigenia) y el desenlace. La narración es fidedigna al texto original, sólo que aquí se han suprimido los acontecimientos menos importantes y se ha despojado al estilo homérico de sus abundantes símiles y epítetos, con el fin de agilizar el ritmo; la sensación de unidad y de hilazón cronológica entre los hechos es sorprendente. Además ls obra incluye un prólogo de Carlos García Gual (con imágenes en color de obras artísticas inspiradas en la Ilíada), unas notas y glosario, obra de los traductores, y unas actividades sobre la lectura y la psicología de los personajes, obra de José Mas y María Teresa Mateu. Las ilustraciones son espléndidas: cada dos páginas se intercalan con el texto grandes dibujos en color de inspiración clásica; su autor es Alan Lee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;75. Luciano De Crescenzo, Nadie. La Odisea relatada a los lectores de hoy, Barcelona, Seix Barral, 1998, 223 pp. En el mismo tono irónico y humorístico de sus obras anteriores, el polifacético autor nos relata aquí la Odisea, siguiendo fielmente el hilo conductor del original (no en vano nos cuenta en la introducción que se ha leído para la ocasión una docena de traducciones italianas de la Odisea). Mantiene la misma estructura de cantos: añade uno para informar del destino final del héroe, que le vaticina Tiresias. En un último apartado, titulado “En contra de Ulises” reúne historias, que no están en la Odisea, que hablan de su mal proceder con personajes como Palamedes, Áyax, Diomedes o Filoctetes. Termina la obra con un pequeño diccionario de personajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;76.  Alicia Esteban y Mercedes Aguirre, Cuentos de la mitología griega (III). En el Mar, Madrid, Ediciones de la Torre (col. Alba y Mayo), 1998, 141 pp. La obra se divide en dos partes: en la primera se narran las historias de los dioses marinos (Poseidón y sus amores, Nerites y Afrodita, Tetis y Peleo) y en la segunda se recrean las aventuras del héroe marino por excelencia, Ulises, a partir de la Odisea de Homero. La introducción, acompañada de ilustraciones como las dos anteriores, trata del mar en el mito y en la historia, y podría ser útil para un público de más edad; hay también selección bibliográfica y glosario de lugares (17) y personajes mitológicos (75). Los dibujos (18) son también de Siro López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;77.  Enrique Galé Casajús, Los héroes de la Antigua Grecia, Zaragoza, Alcaraván Ediciones (col. Tus árboles blancos), 1998, 156 pp. Este volumen, redactado con la misma claridad y amenidad del primero, se dedica a la aparición del hombre sobre la tierra y su relación con Prometeo y a cinco héroes: Perseo, Argonautas, Edipo, Hércules (sólo se recrean los trabajos de las manzanas de las Hespérides y la captura de Cerbero) y Teseo (se anticipa el episodio de Dédalo e Ícaro a la muerte del Minotauro). Incluye dos mapas y 12 dibujos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;78. Antonio García Masegosa, Los amores humanos de Zeus, Vigo, Universidad de Vigo, 1998, 150 pp. El autor logra conjugar con maestría la divulgación y el rigor científico: recrea el mito en estrecha relación con los textos clásicos. Éstos se insertan en función de la argumentación y no al revés, y quedan tan bien engarzados que no se advierte el cambio de estilo. Consta de 14 capítulos: 2 introductorios y 12 dedicados a otras tantas amantes: Ío, Calisto, Europa, Sémele, las Pléyades (Maya, Electra y Taigete), Antíope, Ganimedes, Dánae, Egina, Leda, Alcmena, y más brevemente Níobe, Pluto y Laodamía. Las fuentes que más se utilizan son Hesíodo, Apolodoro, Ovidio y Luciano. Hay unos cuadros genealógicos al final. Es obra adecuada para universitarios que se inician en la mitología. Animamos al autor a que continúe haciendo nuevas entregas de este tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;79. Francisco López Salamanca, Esto es Troya, León, Everest (col. Punto de Encuentro), 1998, 56 pp. Es un texto para hacer una representación teatral, en el que la guerra de Troya es vista en clave de humor. Se invierte el mito: los griegos toman una Troya desplobada y son sitiados por los troyanos, que inventan el caballo de madera y, finalmente, los rinden; Zeus apoya a los griegos y Poseidón a los troyanos. Esta obra fue galardonada con el premio Barahona de Soto de Teatro Infantil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;80. María Luz Morales, La Ilíada o el sitio de Troya, Madrid, Anaya (col. Araluce), 1998, 133 pp. Consta de 12 capítulos, como su obra anterior, pero la distribución de contenidos es muy desigual: se comienza recreando con detalle el juicio de Paris y los primeros episodios de la Ilíada, pero a partir de la muerte de Patroclo (canto XVI) la narración se precipita inexplicablemente y en un solo capítulo se resume el resto de la historia hasta la caída de Troya. Parece seguir la traducción de Segalá e intenta mantener el sabor épico a través de sus múltlipes epítetos y comparaciones. En p. 41 aparece Tersicles en lugar de Tersirtes. Hay igualmente 8 ilustraciones de José Segrelles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;81. Rosemary Sutcliff, Las aventuras de Ulises. La historia de la Odisea, Barcelona, Vicens Vices (col. Clásicos adaptados), 1998, 170 pp. Con la misma maestría que desplegó en su obra anterior, emprende aquí la autora la recreación de la Odisea. A diferencia de Homero, que comenzaba la narración in medias res (por la mitad), ordenando los dioses a Hermes que comunicase a Calipso que debía dejar partir a Ulises para su patria, aquí el relato es más lineal y menos complejo: abarca todas sus aventuras desde la salida de Troya hasta su regreso feliz a Ítaca (no se incluye la descripción de la destrucción de Troya, que Menelao cuenta a Telémaco en Homero, porque la autora ya lo trató en su obra anterior). Igualmente la obra consta de un prólogo de Carlos García Gual y unas notas, glosario y actividades de Manuel Otero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;82. Terry Deary, Las 10 mejores leyendas griegas, Barcelona, Editorial Molino, 1999, 191 pp. Es un enfoque muy original y actualizado de los mitos griegos, que seguro divertirá a los más jóvenes. Se seleccionan 10 mitos: Zeus, Afrodita, Orfeo y Eurídice, Perseo y Medusa, Teseo y el Minotauro, Edipo, Los trabajos de Hércules, Jasón y los argonautas, La Odisea y La guerra de Troya. La narración es multiforme: a través de una carta, un cómic, un períodico, una investigación policíaca, una obra de teatro. Pero la información se amplía al final de cada capítulo con otros 10 “datos más notables”. Se incluyen algunos tests para responder. Las ilustraciones responden al tono humorístico de la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;83. D. P. de la Escosura, Manual de Mitología. Compedio de la historia de los dioses, héroes y más notables acontecimientos de los tiempos fabulosos de Grecia y Roma, Valencia, Librerías París-Valencia, 1999, 562 pp. Es una reproducción facsímil de la edición de 1845 (Madrid, F. De P. Mellado, 531 pp.). En el prologo afirma que con esta obra pretende hacer un servicio a la juventud, para lo que usará un estilo ameno y evitará temas que puedan ofender a la moral pública. Divide a los dioses –de los héroes habla menos- en cinco clases: 1) dioses mayores y consentes (12 más 8 auxiliares), 2) dioses subalternos, 3) dioses naturales, 4) semidioses o héroes, y 5) dioses alegóricos. La información es muy completa; las explicaciones alegóricas son frecuentes, así como los datos iconográficos y de culto. Termina con un apartado sobre las religiones antiguas (pp. 353-470) y una amplia “tabla analítica” (pp. 471-531). Incluye 150 láminas de bella factura, que no titula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;84. Alicia Esteban y Mercedes Aguirre, Cuentos de la magia griega. Entre brujas y fantasmas, Madrid, Ediciones de la Torre (col. Alba y Mayo), 1999, 141, pp. Magia y mitología caminan de la mano en muchos momentos, como ponen de relieve algunos personajes (Hécate, Circe, Medea), ya vistos en tomos anteriores, y que aquí vuelven a aparecer en otros episodios; a raíz de Medea se narra el mito de Jasón y los argonautas, ampliamente (pp. 57-84). También se tratan otras historias de brujas, magas y fantasmas, extraídas de la literatura (Luciano, Filóstrato, Teócrito). A los comunes glosario de lugares y personajes y selección bibliográfica (en este caso, de cultura griega), se añade un anexo sobre magia y religión, que es un repaso de la historia y la literatura griegas. Los dibujos (28) son de Siro López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;85. Michael Köhlmeir, Breviario de la mitología griega, Barcelona, Edhasa, 1999, 218 pp. Es una bella y atractiva recreación literaria de la mitología griega. Aunque no sigue el orden tradicional, la organización está muy pensada: comienza, como Homero, invocando a los cantores (Marsias, Orfeo); continúa con el rapto de Europa y la saga a que dio origen; después viene el origen de dioses y hombres; de héroes se centra en Perseo (no trata a Hércules ni a Jasón), en la raza maldita de Peleo y termina con la guerra de Troya y la figura de Ulises. Las continuas opiniones y comentarios dan también cohesión al relato. Afirma que los mitos hay que contarlos, como a él se lo hacía su padre, y que esto supone inventarlos, hacerlos tuyos “no se precisa de ningún título de profesor, porque todo aquel que los cuenta es, en el momento de la narración, un experto” (p. 218).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;86.  Geraldine McCaughream, Mitos (Perséfone y las semillas de la granada/La carrera de Atalanta. Perseo y la Gorgona Medusa. Jasón y el vellocino de oro/Aracne, la tejedora. Los doce trabajos de Hércules/Eco y Narciso. Teseo y el Minotauro/Orfeo y Eurídice/Apolo y Dafne. Dédalo e Ícaro/El rey Midas. El caballo de madera/La caja de Pandora. Las aventuras de Ulises, Madrid, Ediciones SM, 1999. Hay edición en catalán en Cruïlla (2001). Es una colección de 8 de libros de pequeño formato (48 pp. cada uno), encuadernados en pasta dura, destinados al público infantil. En cada libro se recrea uno o dos mitos, relativos, en su mayoría, a los héroes. En adaptaciones de este tipo es habitual el tono moralizante, y en este caso, además, se añade a veces el humorístico. La imaginación es en ocasiones tan desbordante, que desfigura el mito. Las ilustraciones son dibujos en blanco y negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;87. Claude Pouzadoux, Cuentos y leyendas de la mitología griega, Madrid, Espasa, 1999, 158 pp. Divide el contenido en dos grandes apartados: leyendas divinas y héroes, más un breve apéndice sobre diversos temas relacionados con la mitología (expresiones del lenguaje habitual, entre otros). La autora, profesora de griego de la universidad de Nanterre, hace una selección y adaptación muy adecuada para los jóvenes que se inician en la mitología griega. Sobre todo, los capítulos de los héroes (Jasón, Hércules, Perseo, Teseo y Edipo) están muy conseguidos. Hay notas a pie de página explicando los términos más difíciles. La transcripción de nombres propios, que parece basarse en el original francés, habría que revisarla. Incluye 26 dibujos, con cierto toque de humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;88. Jacqueline Vallon, La historia de los doce trabajos de Hércules, León, Editorial Everest (col. lecturas de la Historia), 1999, 59 pp. El librito está pensado para la educación primaria. La narración, que no incluye diálodos, es bastante fiel a las fuentes. Tras una introducción breve sobre los dioses del Olimpo, se centra en los doce trabajos, finalizando con el episodio de Neso y Deyanira. Los dibujos en color son bonitos y animan el relato (uno por página).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;89. Pierre Van Riel, Así se descubre la mitología griega y romana, Barcelona, Editorial CIMS, 1999, 197 pp. Es un estudio detallado de los dioses griegos, distribuidos en 14 capítulos; a los héroes sólo se los trata indirectamente. Los datos se despliegan a través de preguntas: en negrita introduce citas textuales, sin identificar (muchas de Hesíodo y Apolodoro). Aporta también información sobre religión y sobre representaciones artísticas clásicas. Pero a veces se anticipan, innecesariamente, hechos que luego se vuelven a repetir. El estilo no es el más adecuado para jóvenes. Hay continuos fallos en la transcripción de los nombres propios. Contiene 8 ilustraciones de obras de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;90.  El abanico, Mitología, Barcelona, Loc Team, S.L., 2000, 32. Versión española La Mythologie (Paris, 1999). Son 32 fichas desplegables como abanico, con final troquelado de una obra de arte clásica o moderna en color: en el anverso se da información general del personaje (16 dioses y 14 héroes, ordenados alfabéticamente) y en el reverso, que encabeza otra obra de arte (algunas bastante desconocidas) se añaden otros datos y se hace referencia a expresiones del lenguaje tomadas de la mitología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;91. Alicia Esteban y Mercedes Aguirre, Cuentos del teatro griego. Las leyendas de Agamenón y Edipo según la tragedia, Madrid, Ediciones de la Torre (col. Alba y Mayo), 2000, 142 pp. Se narran las leyendas de dos importantes familias, los Pelópidas y los Labdácidas, a través de las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, quienes, como si se tratara de un representación teatral, salen a escena a contar sus versiones. Incluye un glosario de lugares y personajes, un anexo muy completo sobre la tragedia griega y una selección bibliográfica. Los dibujos (13) son de Siro López..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;92. Jean-Pierre Vernant, El universo, los dioses, los hombres. El relato de los mitos griegos, Barcelona, Editorial Anagrama, 2000 (reed. 2001), 224 pp. El helenista francés Vernant hace aquí una obra magistral de mitología griega en plan divulgativo, demostrando que no es incompatible esta tarea con la de investigador, por la que es más conocido; es, pues, recomendable tanto para profanos como para especialistas. Trata de revivir el carácter oral de los mitos griegos –aunque reconoce la dificultad de escribir como se habla-, a raíz del placer que le produjo relatárselos a su nieto. El contenido se reduce a los mitos más esenciales (no sabemos si tiene pensado editar otro volumen): 1) el origen del universo, 2) guerra de los dioses, soberanía de Zeus, 3) el mundo de los humanos, 4) la guerra de Troya (al final de la línea 17 de la p. 93 debe decir Afrodita en lugar de Atenea), 5) Ulises o la aventura humana, 6) Dioniso en Tebas, 7) Edipo a destiempo, 8) Perseo, la muerte, la imagen. Los tres primeros capítulos (pp. 15-81) exponen con extraordinaria claridad la sucesión de los dioses y la creación del hombre. La guerra de Troya se reduce a los prolegómenos y a la figura de Aquiles; en cambio en Ulises comenta con detalle los episodios de la Odisea (pp. 104-53); en Dioniso y Edipo sigue a los trágicos, y Perseo es el más breve. La caracterización psicológica de los personajes, la recreación literaria, la interpretación y la coherente hilación de los acontecimientos son otros de los méritos de la obra. Termina con un glosario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;93. Émilie Beaumont y Sylvie Baussier, Mitologías, Francia, Éditions Fleurus (col. “imagen descubierta del mundo”), 2001, 124 pp. Es una buena síntesis de todas las mitologías del mundo (12), expuesta con gran claridad y destinada para los más jóvenes. A la griega se resevan las pp. 36-66 en varios capítulos: orígenes, amores de Zeus, Dioniso, Atenea, Prometeo y Pandora, diluvio, Apolo, Poseidón, Hefesto y Afrodita, Hades, Teseo, Perseo, Edipo, Jasón, Hércules y Ulises. A la romana las pp. 67-71: Eneas, Rómulo y Remo. Habría que revisar la ortografía de los nombres propios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;94. Carlos Goñi, Cuéntame un mito, Barcelona, Ariel, 2001, 253 pp. Es una aportación muy atractiva desde el campo de la filosofía. Cada capítulo (47) consta de una pequeña introducción, la exposición del mito y –lo más novedoso- un apartado de “sugerencias”, que es la interpretación que hace el autor: trata de ilustrar cada sentimiento humano con un mito; recomienda bibliografía, relacionada, generalmente, con la filosofía. Como el título indica, los mitos deben ser continuamente contados para sobrevivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;95. Charles Lamb, Las aventuras de Ulises, Barcelona, Alba Editorial, 2001, 125 pp. La primera edición de esta obra se realizó en Londres en 1808. Es una versión abreviada de la Odisea en la que no faltan los episodios fundamentales. Renuncia a la descripción de costumbres para darle más ritmo a la narración –tal vez por ello apenas usa los diálogos- y hacer una obra atractiva para los jóvenes. En el prefacio reconoce su deuda con la traducción inglesa de la Odisea de Chapman. Es una buena recreación, con valores literarios. Las ilustraciones (16), de estilo art nouveau, corresponden a la edición original.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;96. Jean Martin, Cuentos y leyendas de la Ilíada. Homero, Madrid, Espasa, 2001, 121 pp. Es una recreación modélica de una obra clásica para jóvenes. En sus 16 capítulos sigue fielmente la Ilíada, comenzando también con la invocación a las musas. Mantiene los epítetos de los personajes y algunas comparaciones, como la de las generaciones de los hombres y de las hojas. Además incluye notas a pie de página, explicativas normalmente de vocabulario, que se complementan con el amplio Glosario (pp. 97-110) y el apartado de “Homero y la Ilíada. Leyendas e historia”. Advertimos algunos errores: fumus (humo) como etimología de “funesta” (p. 19), Cronos en lugar de Cronida (p. 54) y Erix en lugar de Eris o Éride como personaje masculino (p. 116). Los dibujos tratan de imitar la cerámica griega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;97. A. Comotto, El libro de los mitos griegos. Relatos de hoy y de siempre, Barcelona, Ediciones B, 2002, 109 pp. Comotto es el adaptador y autor de las atractivas ilustraciones. Es una recreación amena, entre narración y diálogo, de 29 episodios de la mitología griega, en su mayoría protagonizados por héroes, que no están seleccionados con criterio genealógico o cronológico, lo que hace que a veces se separen episodios de un mismo ciclo (Ulises). Contiene algunas inexactitudes: la caja con los males no la creó Prometeo, las Grayas no son ninfas, el episodio del vuelo de Dédalo e Ícaro no fue anterior a la llegada de Teseo a Creta, cuando sucede el encuentro con las sirenas no habían pasado 25 años desde la caída de Troya, Yóbates no es amigo de Preto sino yerno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;98. Christina Grenier, Los doce trabajos de Hércules, Madrid, Anaya (col. Tus libros. Cuentos y leyendas), 2002, 175 pp. Es una recreación monográfica sobre el héroe. Consta de 14 capítulos: 12 dedicados a las famosas pruebas y dos a los inicios El autor, procedente de la ciencia ficción, se permite ciertas libertades y hace una mezcla de varias versiones, interesándole más el Hércules “humano y simpático”; se inspira sobre todo en el Hércules furioso de Eurípides. Hay algunas inexactitudes: Quirón no fue maestro de Teseo (p. 26), “adito” en lugar de “áditon” (p. 44), el toro de Creta no acabó desapareciendo en el mar de Atenas, “Geriones” en lugar de “Gerión”, Hércules volando en el disco solar en vez de la copa de Helios. Incluye un pequeño glosario, un mapa y dibujos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;99.  Christian Grenier, Cuentos y leyendas de los héroes de la mitología, Madrid, Anaya (col. Tus libros. Cuentos y leyendas), 2002, 173 pp. Es una recreación, entre novelada y dramatizada, de 12 mitos, referidos a héroes y ordenados cronológicamente: Filemón y Baucis (elegido por su valor ejemplar), Orfeo, Perseo (omite el episodio de Andrómeda), Teseo (comienza con la aventura de Creta), Hércules (episodio de Onfalia: ¡confusión entre Eurito y Euristeo!), Edipo (¡Yocasta espera un niño antes de que Layo consulte el oráculo de Delfos!), Antígona, Aquiles (según la Ilíada: ¡Príamo tenía cinco hijos!), Ulises (episodio del caballo: “Epeios” y “Teneos” en lugar de “Epeo” y “Ténedos”), Penélope (episodio del arco), Rómulo y Remo. Incluye apéndice, mapa y dibujos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;100.  Rosa Navarro Durán, Mitos del mundo clásico. Versión libre de las Metamorfosis de Ovidio, Madrid, Alianza Editorial (col. biblioteca juvenil), 2002, 254 pp. Ha sido un acierto la edición de esta versión libre de las Metamorfosis, al poner al alcance de los jóvenes –y del público en general- un texto que es fundamental en la transmisión de la mitología. Aunque no es una traducción, la recreación es muy fidedigna: se sigue la misma estructura que la obra original, pero sin división en libros (XV); los mitos, que suman en total 111, se suceden con la misma concatenación. Sólo se prescinde de los mitos de los libros XIV y XV por contarlos más ampliamente Homero y Virgilio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-8811283898808528648?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/8811283898808528648/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=8811283898808528648' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/8811283898808528648'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/8811283898808528648'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2009/01/cien-libros-de-mitologa-para-jvenes.html' title='Cien libros de mitología para jóvenes (1912-2002)'/><author><name>antonio navarrete</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00532768348938667676</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-161212168160505188</id><published>2009-01-17T09:03:00.000-08:00</published><updated>2009-01-22T12:45:28.406-08:00</updated><title type='text'>Otra anécdota del creador de las victorias pírricas</title><content type='html'>Cuenta Plutarco que la mano derecha de Cineas, le preguntó a Pirro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué ganaremos venciendo a los romanos?&lt;br /&gt;- Una vez vencidos los romanos, seremos dueños de toda Italia.&lt;br /&gt;- Bien, y una vez tomada Italia, ¿qué haremos?&lt;br /&gt;- Pasaremos a Sicilia y la conquistaremos.&lt;br /&gt;- Bien ¿y será el final de nuestra expedición militar tomar Sicilia?&lt;br /&gt;- Entonces pasaremos a África y conquistaremos Cartago.&lt;br /&gt;- Bien. Y después de todo esto, ¿qué haremos?&lt;br /&gt;- Y dijo entonces Pirro, echándose a reír:&lt;br /&gt;- Descansaremos largamente y habrá diarios banquetes y en agradable convivencia disfrutaremos de las charlas.&lt;br /&gt;- Llegados a este punto que esperaba, Cineas dijo:&lt;br /&gt;- ¿Y qué nos impide, si queremos, disfrutar de esos banquetes y pasar nuestro ocio en esos coloquios, supuesto que ya tenemos sin afán esas cosas a las que habremos de llegar entre sangre y grandes esfuerzos y peligros, haciendo a otros muchos males y sufriéndolos nosotros mismos también?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Plutarco, Pirro 8&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-161212168160505188?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/161212168160505188/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=161212168160505188' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/161212168160505188'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/161212168160505188'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2009/01/otra-ancdota-del-creador-de-las.html' title='Otra anécdota del creador de las victorias pírricas'/><author><name>antonio navarrete</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00532768348938667676</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-7700952518021773246</id><published>2009-01-17T08:49:00.000-08:00</published><updated>2009-01-22T12:45:49.245-08:00</updated><title type='text'>Descubrir la mitología griega a través de los palacios de España</title><content type='html'>Antonio R. Navarrete Orcera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mitología griega es, sin duda, es uno de los principales y más fascinantes legados que nos ha dejado la antigua Grecia. En este trabajo nos proponemos acercarnos a ella de un modo un tanto peculiar: a través de las decoraciones pictóricas que ilustran los techos de los palacios españoles. Pues la pintura con todos sus recursos técnicos y estilísticos, ha sido uno de los mejores cauces que ha tenido la mitología para expresarse, sin menospreciar la importancia de la transmisión textual; pero es evidente que hay una deuda del texto con la imagen, que aquí queremos reconocer. Además esta pintura mitológica en palacios tiene un valor añadido –por ejemplo, frente a la pintura de caballete-: la existencia de un propietario determinado (monarquía, nobleza o burguesía) y la ubicación en un espacio fijo le da más vida y la carga de un mayor simbolismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos a recorrer más de veinte palacios, distribuidos casi por toda la geografía nacional (Andalucía, Castilla La Mancha, Castilla y León, Madrid, Asturias, Comunidad Valenciana, Islas Baleares y Cataluña) y encuadrados en una amplia cronología (siglos XVI-XX), tratando de conjugar, en los posible, el tiempo y el espacio. Comenzaremos en la Sevilla renacentista (y siglo XVI) y concluiremos en la Barcelona modernista (y siglo XX), numerando los hitos geográficos más importantes de esta ruta mitológica. Recomendamos a los lectores pertrecharse de un buen manual de mitología clásica antes de iniciarla, pues aquí apenas podremos detenernos en esbozar los principales personajes y episodios que irán apareciendo en cada palacio. Quien desee conocer el tema con más detalle puede consultar nuestro libro La mitología en los palacios españoles (Jaén-Úbeda, UNED, 2005).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Sevilla. Los dioses despiden el siglo XVI en Sevilla, en el magnífico palacio renacentista denominado Casa de Pilatos, propiedad de los actuales Duques de Medinaceli. Tiene tres techos mitológicos, realizados en 1603 por Francisco Pacheco, el suegro de Velázquez. En uno se representa La apoteosis de Hércules, ascendiendo al Olimpo, rodeado de los doce dioses, con otras escenas famosas; en otro La asamblea de los dioses, reunidos en torno a una mesa, con Ganímedes de copero, y en el tercero a Prometeo, el creador del hombre. Había en Sevilla otro palacio, la casa del poeta Arguijo, de la misma época, decorado también con La asamblea de los dioses, de autor desconocido; la pintura sufrió muchos avatares y actualmente se encuentra en el Palacio de Monsalves, sede de la Consejería de Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Granada. A sus atractivos propios, la Alhambra reúne también el de albergar pintura mitológica en una pequeña dependencia, denominada el Peinador de la Reina, que sirvió de aposento a la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, en su visita a la ciudad. En cuatro escenas se representa la historia de Faetón, el hijo de Helios, que acabó tan trágicamente. Fue pintada por los italianos Julio Aquiles y Alejandro Mayner entre 1539 y 1546.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Úbeda (Jaén). A estos mismos pintores, unos años antes, los vemos actuar en el palacio que Francisco de los Cobos, el que fuera secretario de Carlos V, se hizo construir en su ciudad natal. Aunque está destruido prácticamente, suponemos que debió de estar decorado con frescos mitológicos, la especialidad de estos pintores. A falta de palacio, conservamos la capilla que este mismo personaje se construyó al lado, El Salvador, cuya fachada ofrece uno de los conjuntos más completos de decoración pagana existentes en España (Hércules y el panteón olímpico).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Viso del Marqués (Ciudad Real). En pleno corazón de la Mancha se halla el magnífico y muy desconocido palacio de Viso del Marqués, propiedad de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, el marino más importante de España en el siglo XVI. Es el mayor exponente español de pintura mitológica: casi todos sus techos y bóvedas están recubiertos con escenas de la mitología clásica. Sin exagerar, podríamos decir que todo el conjunto es un manual de mitología ilustrado. Los pintores fueron también italianos: Juan Bautista Castello (el Bergamasco), la familia Peroli y César Arbasia, que trabajaron aquí entre 1575 y 1590. Detallamos algunas salas: en el vestíbulo se desarrollan las historias de Neptuno y de Perseo, con quienes el dueño trataba de identificarse; en el despacho del Conservador del Archivo se representa la historia de Apolo y Coronis, en la sala de Ulises cinco escenas de la Odisea, en la conserjería la famosa despedida de Venus y Adonis. Las galerías, de la planta baja y superior, que rodean el patio, están profusamente decoradas con grutescos, un tipo de ornamentación que se inspira en las pinturas de los antiguos edificios romanos. La escalera, con tres rellanos y cinco subidas, está también repleta de escenas mitológicas e históricas: los trabajos de Hércules y la fundación de Roma. Ya en la planta alta encontramos salas que desarrollan en sus techos ciclos completos: los amores de Júpiter y Calisto o de Júpiter e Ío y el rapto de Perséfone. Dánae, Apolo y Faetón y Dédalo e Ícaro protagonizan otras salitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Aranjuez (Madrid). El actual palacio de Aranjuez es el resultado de sucesivas remodelaciones, ordenadas por los distintos monarcas. Pero su máximo esplendor lo alcanzó durante el reinado de Carlos IV. La mayor parte de las bóvedas contienen temas alegóricos; la mitología propiamente la encontramos en las salas de la planta baja, que hoy albergan el Museo de la vida en Palacio, y, sobre todo, en los jardines y en la Casa del Labrador, recientemente restaurada, en cuyos techos distinguimos a Orfeo y Eurídice, Apolo y las Musas, El rapto de Ganímedes y El rapto de Helena, o a Neptuno, Cupido, Venus y las Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Madrid. La capital de España contiene también un gran elenco de palacios mitológicos. En primer lugar el Palacio Real, que impresiona por la majestuosidad de sus frescos y de su arquitectura. Carlos III fue el primer rey que lo habitó, en 1764, aún sin decorar; las bóvedas tardaron 26 años en pintarse, aunque algunas se prolongan hasta el siglo XIX; sus autores fueron los italianos Tiépolo y Giaquinto, el alemán Mengs y los españoles Bayeu, Maella y Luis López, eximios representantes del rococó y neoclasicismo. En los frescos está entremezclada la mitología con la alegoría, pues se pretende ensalzar las virtudes del monarca; los personajes más representados son Atenea, Apolo y Hércules, en mitología, y en historia los emperadores romanos Trajano y Adriano, referentes inmediatos de la monarquía hispánica. A partir del siglo XIX la pintura mitológica, que hasta ahora había estado monopolizada por la monarquía y la nobleza, consigue nuevos adeptos: la burguesía, que, enriquecida por los negocios inmobiliarios, la bolsa, la banca o el ferrocarril, se construye palacios, en consonancia con su nuevo status, y los decora con una mitología, sobre todo, de carácter simbólico, en la que brilla con especial fuerza el dios Mercurio, protector de los beneficios conseguidos con el comercio y la industria. Los palacios de Santoña, Salamanca y Linares son vivos ejemplos de ello. El primero, que curiosamente hoy es sede de la Cámara de Comercio e Industria, fue remodelado en 1874 por Juan Manuel de Manzanedo, duque de Santoña, un hombre modesto que probó fortuna en América y se enriqueció como banquero en la Habana; destaca la decoración de la escalera, que en estos nuevos palacios tratará de impresionar al visitante; en la sala noble destacan los techos de El rapto de Ganímedes, La Aurora, Mercurio y Venus y La alegoría de la Abundancia. En el Paseo de Recoletos José Salamanca, un personaje muy peculiar de su época, conocido por su actividad bursátil y por constructor del barrio que lleva su nombre, se hace también un palacio, que desde 1991 es la sede social de Argentaria; otra característica de estos palacios es que las pinturas de las salas están en consonancia con el uso destinado a ellas; las escenas son muy elegantes y originales: Hércules y Ónfale, Mercurio y Argos, Júpiter y Juno en el Olimpo, Diana cazadora, Baco, Mercurio, Psique y Cupido. A poca distancia del anterior, de cara a la plaza de Cibeles, se encuentra el palacio de Linares, mandado construir en 1873 por José María Murga y Reolid, heredero de una gran fortuna y primer marqués de Linares. Si ya la fachada impresiona, es el interior el que más lujo y belleza acumula; el marqués no reparó en gastos y recurrió a conocidos pintores del momento, que tienen en común haber pasado por Roma como pensionistas del Estado (Pradilla, Ferrant, Plasencia y Domínguez); aunque no hay un programa iconográfico único, el Amor está presente en todas las pinturas, tal vez como un ofrenda de amor del marqués a su esposa, Raimunda; algunos temas así lo indican: El tocador de Venus, El festín de los dioses, Psique conducida al Olimpo, Venua aérea y Venus anacreóntica, Travesuras de Amor, Fantasías de Céfiro; la galería alta está decorada con interesantes escenas al estilo pompeyano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. El Pardo (Madrid). A unos 15 kms. de Madrid se halla el emblemático palacio de El Pardo. Era la residencia de invierno de los reyes españoles, que completaban así su circuito de palacios: en primavera Aranjuez, en verano La Granja y en otoño El Escorial. Construido por Carlos V en 1543-58, sufrió un incendio en 1604, del que se salvó milagrosamente un techo de la torre suroeste, el Aposento de la Camarera, que desarrolla el mito de Dánae y Perseo en nueve escenas; las pinturas fueron encargadas por Felipe II a Gaspar Becerra. Cerca del palacio se halla una casa de campo, denominada Casita del Príncipe, que se destinaba al Príncipe de Asturias y futuro rey; fue construida en 1784 y tiene interesantes pinturas mitológicas y alegóricas. Del mismo estilo es la Casita del Príncipe de El Escorial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. Guadalajara. El Palacio del Infantado, iniciado en 1480, ha sido testigo de la historia de España: desde los Reyes Católicos, todos los monarcas han residido en él en su paso al norte. Pero nos interesa especialmente por la remodelación que hizo el V Duque del Infantado, Iñigo López de Mendoza, que incluía la pintura mitológica de algunos techos de la planta baja, realizada por el florentino Rómulo Cincinato. Desgraciadamente dos salas perdieron sus frescos por el bombardeo sufrido en la guerra civil (1936). Las restantes se restauraron sin mucho rigor. La más impresionante es la de Atalanta, que narra en cinco escenas la historia de esta joven cazadora, invencible en la carrera. Hay otras dos salitas con bóveda octogonal: la de los Héroes y la de los Dioses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. La Granja de San Ildefonso (Segovia). A 11 kms. de Segovia y 70 de Madrid, en un marco incomparable, se encuentra el palacio de La Granja, construido por el arquitecto Teodoro Ardemans entre 1720 y 1723, para retiro de Felipe V. Los frescos de las bóvedas, en su mayoría mitológicos y alegóricos, fueron encargados a los italianos Bonavia, Rusca y Fedeli; señalamos algunos: Venus pidiendo a Vulcano las armas para Eneas, El rapto de Perséfone, El rapto de Europa, Hércules niño, Belerofonte derribado por Pegaso, Regreso triunfal de Jasón y Medea. Pero la mitología no se limita a los techos, sino que, igual que sucedía en Aranjuez, adquiere volumen y dureza en las esculturas de los jardines, dispuestas casi como en una representación teatral: Neptuno, Anfitrite, Apolo, Diana, Eolo, Andrómeda, Las Gracias son algunos de sus protagonistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. Cudillero (Asturias). La Quinta de los Selga o Quinta de El Pito es un conjunto de palacio, jardines y pabellones construidos a finales del siglo XIX en la villa asturiana de Cudillero. Se enmarca dentro del estilo de los palacios que se construían en Madrid en este siglo; de hecho la decoración pictórica corre a cargo de algunos de los pintores del palacio de Linares (Plasencia, Domínguez). Perteneció a la adinerada familia de los Selga, de origen asturiano, pero residente en Madrid. Hay cuatro salas con motivos mitológicos y alegóricos en sus techos: Bacante, Psique dormida por el agua de Juvencia, La Noche, Alegoría de la Mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. Valencia. Las últimas etapas de nuestra ruta se enmarcan en el Mediterráneo. Comenzamos en Valencia por el palacio del Marqués de Dos Aguas (o Museo Nacional de Cerámica y de las Artes Suntuarias “González Martí”), que nos interesa por las reformas decorativas que hizo el VI marqués, Vicente Dasí, entre 1854 y 1867. En el salón de baile hay cuatro medallones de Venus y Cupido, en el dormitorio La Noche con Hipno y las Hespérides, en la antecámara Selene e Hipno, en el tocador Venus, Cupido y las tres Gracias. En la sala pompeyana, inspirada por la visita del marqués a las ruinas de Ponpeya, hay dos grandes lienzos con Apolo y Dafne y Narciso y Eco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. Palma de Mallorca. El palacio de Can Vivot es uno de los más interesantes de nuestra lista tanto por la cantidad como por la variedad de los temas mitológicos tratados, aunque su fachada, por la calle Zavellá, no desvele la suntuosidad del interior. Perteneció a Juan Sureda y Villalonga, uno de los pocos partidarios que tuvo Felipe V en Mallorca durante la Guerra de Sucesión, que encargó las pinturas al milanés Giuseppe Dardanone. En el salón del trono, destinado a la recepción del monarca, se evocan cuatro hazañas de Alejandro Magno. En otras salas, además de Neptuno y Anfitrite, hay numerosas escenas alusivas al amor: El rapto de Helena, El rapto de Perséfone, Venus y Adonis, Las bodas de Tetis y Peleo, El juicio de Paris, El rapto de Europa, Baco y Ariadna en la isla de Naxos, Narciso, entre otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13. San Salvador-El Vendrell (Tarragona). El famoso músico catalán Pau Casals también se sintió fascinado por la mitología clásica, como lo demuestran las pinturas murales de contenido mitológico que adquirió para decorar una sala de la villa que se hizo construir en 1909 en San Salvador, donde pasaba los veranos. Son nueve paneles parietales agrupados de tres en tres, y uno en el techo, obra de Francesc Pla i Durán (El Vigatá), el pintor catalán más importante del siglo XVIII. Desarrollan conocidas historias de amor de la mitología, algunas con triste final: Venus y Marte, Venus y Adonis, Leda y el cisne, Júpiter y Juno, Apolo y Dafne, Baco y Ariadna, Pan y Siringe, Alfeo y Aretusa. Parecen inspiradas en las Metamorfosis de Ovidio, la obra que más consultaban los pintores mitológicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14. Vic (Barcelona). Por lo que respecta a Barcelona y provincia, el gusto por la decoración mitológica en casas y palacios se introduce en el último cuarto del siglo XVIII, coincidiendo con la prosperidad económica que aportó a la ciudad la actividad industrial y mercantil. La mayor parte de las pinturas murales que veremos son obra de El Vigatá, que acabamos de mencionar. Precisamente en su ciudad natal decoró dos casas: Fontcoberta y Cortada. En la primera, en el salón principal, hallamos tres escenas, ya familiares: La caída de Faetón, Perseo y Andrómeda y Píramo y Tisbe, pésimamente restauradas a principio de siglo. En la segunda se representan, en seis escenas, Las aventuras de Telémaco de Fénelon (1699), obra entonces muy difundida; y en un dormitorio a Cibeles en un carro tirado por un león con cabeza humana (¡).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15. Barcelona. Iniciamos nuestro recorrido en la ciudad condal por la misma Rambla: al principio, a mano izquierda, en la calle Canuda, hallamos lo que hoy es el Ateneo Barcelonés, edificio del finales del siglo XVIII, como los que veremos en esta zona; El Vigatá pinta igualmente sus techos con divinidades que simbolizan la agricultura, la ciencia o el comercio, con una Diana cazadora, con una Venus y Marte y con otra escena que acaba de descubrirse y estamos intentando identificar; otro techo, La Aurora y las Horas, de gran belleza, es obra de otro pintor posterior. Unos números más abajo se encuentra el Palacio Moja, que fue adquirido en 1870 por Antonio López y López, primer marqués de Comillas, que se enriqueció en Cuba; destaca el gran salón, escenario de una intensa vida social, cuyo techo, de El Vigatá, parece aludir a las cuatro estaciones a través de divinidades; el dormitorio alberga La Noche y la escalera a personificaciones de los elementos, como Poseidón para el agua. Ya frente al puerto, en una zona privilegiada, encontramos dos edificios de corte neoclásico, también del último cuarto del XVIII: la Lonja y la Duana Nova. En la primera, en la planta noble, hay cuatro techos pintados por Pere Pau Montanya a principios del XIX, alusivos al poder de la monarquiía, al comercio y la industria, entreverados de dioses; en la última planta tiene su sede la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge, que, además de algunos cuadro mitológicos, acoge una amplia exhibición de esculturas mitológicas (algunas copias en yeso), realizadas en su mayoría por Damià Campeny, cuyo estilo nos recuerda al italiano Cánova; impresiona su Lucrecia moribunda en mármol. La Duana Nova, hoy sede de la Delegación del Gobierno en Cataluña, conserva pinturas al fresco en techo y paredes de cuatro salas, que constituyen una auténtica lección de historia de España (desde sus orígenes míticos hasta la época moderna) y de la antigua Grecia; destacamos La contienda de Áyax y Ulises sobre las armas de Aquiles y Diana y Endimión. Al norte de la ciudad hallamos un excepcional conjunto de jardines y esculturas de estilo neoclásico, denominado El laberinto de Horta, que perteneció a la familia Desvalls; está estructurado en varios niveles y contiene numerosas esculturas y relieves mitológicos: Teseo y Ariadna entregándole el hilo (a la entrada del propio laberinto), El rapto de Europa, El rapto de Anfitrite, Deucalión y Pirra, dos templetes circulares con Dánae y Ariadna y, en el último nivel, un pabellón cuyo interior está decorado con un friso de la Musas en compañía de Mnemósine y Apolo, bastante deteriorado. Barcelona cuenta también con un palacio de principios del siglo XX, el Palacio de Pedralbes, que alberga mitología; construido como morada permanente para los reyes en sus visitas a la ciudad, hoy es sede del Museo de Artes Decorativas; las pinturas, obras de El Vigatá en su mayoría, fueron traídas de otra casa barcelonesa, hoy destruida; en la planta baja hallamos a las divinidades atmosféricas Fósforo (despacho de Alfonso XIII) y Aurora (despacho de Victoria Eugenia), y en los dormitorios a Venus, Júpiter y Juno, Diana cazadora y Venus y Anquises (tema inédito en nuestra pintura)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalizamos aquí nuestra ruta, que ha procurado poner de manifiesto la riqueza artística y mitológica de los palacios de España. Nos conformaríamos con que se haya sentido como nuestro lo que es un patrimonio universal, la mitología griega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;N.B.&lt;br /&gt;Este artículo está publicado en la revista Hesperia. Culturas del Mediterráneo, 2008&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-7700952518021773246?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/7700952518021773246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=7700952518021773246' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/7700952518021773246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/7700952518021773246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2009/01/descubrir-la-mitologa-griega-travs-de.html' title='Descubrir la mitología griega a través de los palacios de España'/><author><name>antonio navarrete</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00532768348938667676</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-2623733841468293377</id><published>2007-06-26T03:51:00.000-07:00</published><updated>2009-01-09T11:24:54.553-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='psi'/><title type='text'>Psiquiatría y experimentación</title><content type='html'>El 23 de abril de 1967 el gobierno de Canadá prohibe el uso del LSD, incluso para fines científicos. Abram Hoffer (1917) y su equipo de &lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/University_of_Saskatchewan"&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Saskatchewan&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; se ve obligado a parar sus investigaciones sobre el uso de esta sustancia en psiquiatría (que tan buenos resultados había dado con alcohólicos graves).  Otros investigadores, como &lt;a title="Humphry Osmond" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Abram_Hoffer"&gt;Humphry Osmond&lt;/a&gt;&lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Abram_Hoffer"&gt;,&lt;/a&gt; tampoco pudieron seguir.&lt;br /&gt;Unos meses antes el gobierno de Lindon Johnson había prohibido la sustancia en EEUU generando el mismo parón de la investigación médica.&lt;br /&gt;¿Cuándo retomaremos este camino bloqueado? El uso del LSD y otras sustancias por la gran masa de la población llevó a una reacción histérica del gobierno que liquidó una investigación prometedora.... no sería hora de volver las cosas al punto donde fueron abandonadas. Quizá el siglo XXI esté mejor preparado para esta clase de investigaciones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-2623733841468293377?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/2623733841468293377/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=2623733841468293377' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/2623733841468293377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/2623733841468293377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2007/06/psiquiatra-y-experimentacin-brigantinus.html' title='Psiquiatría y experimentación'/><author><name>Carolus Brigantinus Barbatus</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_2Bnn2Z_Alyc/SrteNDxYmSI/AAAAAAAAHI8/IkxF789EWJc/S220/Briga1993.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-3844797291519522421</id><published>2007-06-18T00:32:00.001-07:00</published><updated>2007-06-18T00:32:46.679-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='filosofía'/><title type='text'>FILOSOFÍA Y SABIDURÍA DE ORIENTE A OCCIDENTE</title><content type='html'>1.    El servicio filosófico&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comencemos, sin más trámite, con una pregunta incómoda: ¿para qué sirve la filosofía? Una interrogante así no podría dejar de formularse en estos tiempos en los que precisamente la filosofía tiene que luchar cada día y en todos los frentes para defender su simple derecho a la existencia. Vivimos en un mundo regido por la idea de que las cosas -y las gentes- inútiles no tienen-o no deberían te-ner- cabida entre nosotros. Vivimos, o intentamos vivir, en el reino de la fun-cionalidad, en el reino de la eficiencia. Intentamos hacer de nuestras vidas algo productivo. Si no es útil, ¿qué sentido tiene permitir su existencia? Si no nos hace la vida más fácil, o más segura, o más divertida, o más cómoda, o más rentable, ¿quién, en su sano juicio, podría dedicarle un minuto de su propia vida? Nuestro mundo reposa por entero en la tranquila identidad de lo bueno, lo legítimo y lo útil. Lo inútil es una carga, un peso muerto. Algo ante lo cual es preciso perma-necer alerta y de lo que es necesario desembarazarse una y otra vez.&lt;br /&gt;La filosofía, si ha de ser una ocupación legítima, deberá decirnos, para empezar, cuál es el servicio que nos presta. ¿Simplifica la existencia, la resuelve, la hace más llevadera? ¿Nos proporciona información valiosa sobre el universo y sobre nosotros mismos? ¿Ayuda a eliminar carencias, a satisfacer necesidades, a combatir aquello que nos amenaza, a vencer nuestras debilidades? ¿Nos prolonga la vida, nos aporta nuevas fuerzas, nos hace mejores?&lt;br /&gt;Lo más fácil, para alguien que dedica buena parte de su tiempo a la filo-sofía, o que vive y come de ella, sería contestar afirmativamente a algunas o a todas estas preguntas - y a otras más. No dudaré un instante en que tal cosa sea posible. De hecho, es algo que encontraremos en casi todos los discursos que intentan justificar la presencia de las disciplinas filosóficas en el mapa de la cultu-ra en general y de los saberes universitarios en particular. Saber en qué ayuda la filosofía dentro de un mundo como el que nos ha tocado en suerte vivir no es en absoluto un saber inútil. Pero es más que probable que justificar su existencia y determinar su necesidad sean dos cosas muy distintas.&lt;br /&gt;Quizá escandalizará conocer la verdadera respuesta, la única decente: la filosofía tiene, desde luego, pleno derecho a la existencia - pero justamente porque no sirve para nada. La dignidad y la prenda más alta de la filosofía consis-te en que no es útil, no es medio o instrumento para alcanzar fin alguno. El pen-samiento no funciona si de lo único que se trata es de plantear y resolver problemas o de diagnosticar y solucionar conflictos. A pesar de haberla engendrado, la filosofía no es lo mismo que la ciencia. Y, a pesar de su innegable parentesco, tampoco deberíamos confundirla con la religión. El pensamiento es, por el contrario, aquello que ningún saber podría aplacar y ningún poder lograría poner del todo a su servicio. La imposibilidad de que la filosofía sirva y se someta a algo diferente de ella misma es lo que real y efectivamente la vuelve -o la conserva- interesante. Pero vayamos por partes.&lt;br /&gt;La filosofía es una invención relativamente moderna, dicho sea esto a pesar de que todos sabemos que tiene unos venerables veinticinco siglos de histo-ria. Es moderna no por su edad, sino por el sueño que la vio y la hizo nacer. Ese sueño, en el mundo técnico, se encuentra práctica y materialmente realizado. Posiblemente sea el sueño de todos los hombres en todas las circunstancias de su historia: en suma, es el sueño de vencer a la muerte. Ganarle el paso al paso del tiempo. La filosofía ha nacido -y acaso nace todos los días- con esa idea fija en mente.&lt;br /&gt;Sócrates, verdadero inventor del género, decía con todas sus letras que le importaba bastante poco morir: la filosofía le había enseñado a no temer a la muerte - porque la filosofía consistía precisamente en saber que sólo muere la parte mortal de cada uno de nosotros; a saber: el cuerpo. La filosofía fue inventa-da para hacer del cuerpo -de lo mortal- una especie de accesorio, un instru-mento prescindible, un útil que podría ser desechado en el momento en que ya no daba servicio. ¿Qué filósofo que se precie puede sentir miedo ante la extinción de su parte más despreciable? ¿Qué otro servicio podría aportar la filosofía al hom-bre común además de esta docta resignación ante la caducidad de todas las cosas que encontramos en la vida - de todas las cosas que pasan?&lt;br /&gt;Que pasan como una exhalación. La filosofía es un saber, pero un saber que sólo puede ocuparse de lo que es. El "ser", tal es el grandioso y nada inútil invento de la filosofía. No está nada claro qué sea eso del "ser", del "ser" así, en general; por lo pronto, tomemos nota de que lo que la filosofía quería, en su acta de bautismo, era prepararnos para la muerte. El "ser" se inventa en el mismo movimiento en que debe ser inventado algo que no muere con la descomposición del cuerpo. Por ello, el "ser" aparece al mismo tiempo que el alma. Tampoco sabemos bien a bien qué sea eso del "alma", pero bástenos imaginar a un cuerpo: todo aquello que el cuerpo no es, eso es el "alma". Nada más.&lt;br /&gt;Y nada menos. Si el alma se construye negando minuciosamente todo lo que el cuerpo es, con el ser pasa lo mismo: se construye (filosóficamente) negan-do con minuciosidad -y encono- todo lo que el pasar es. El servicio de la filosofía no es, no ha sido, en absoluto, algo insignificante. Nos ha proporcionado una seguridad, un abrigo, una esperanza, una verdad. A fin de cuentas, nos ha premiado con el bien más preciado: con la verdad una.&lt;br /&gt;¿Qué verdad? ¿En qué consiste ese gran servicio de la filosofía? Hela aquí: que nuestras pequeñas verdades -las que nos regalan los sentidos, las que nos vamos construyendo poco a poco en una vida que nos pasa como una exhala-ción- son mentiras. La verdad que, de principio a fin, nos ofrece la filosofía es que sólo lo eterno es verdad. ¿Y qué es lo eterno? No está nada claro. Pero con-formémonos con imaginar el paso del tiempo: todo aquello que el paso del tiem-po no es, eso es lo eterno.&lt;br /&gt;¡Vaya si me estoy contradiciendo! En un comienzo dije que lo más inte-resante de la filosofía era que no servía para nada; ahora digo que el invento más importante de la filosofía -es decir: el Ser, el Alma, la Verdad, lo Eterno- es el invento más útil entre todos los que el ingenio humano ha alumbrado en este mundo. El más útil porque gracias a él todo en la vida aparece como algo que podría ser utilizado, que podría servirnos de algo.&lt;br /&gt;La filosofía se nos presenta así como la verdadera matriz de todo saber, de toda técnica, de toda moral, de toda cultura. Al menos, de la nuestra. ¿Cómo sostener entonces que lo más interesante de la filosofía es que no sirve para nada?&lt;br /&gt;La contradicción no es aparente: es real, y ningún artificio retórico nos salvaría de caer en ella. La contradicción pertenece a la filosofía. Al inventar lo contrario de lo que es -de lo que pasa-, ¿podría la filosofía haber escapado a su destino? Un destino que consiste en permanecer en el umbral de la vida - imaginando una vida verdadera sobrepuesta y contrapuesta a esta vida. La filoso-fía ha intentado cicatrizar la llaga - pero para hacerlo ha de hundirse y profundi-zar la herida que ella misma es.&lt;br /&gt;La utilidad de la filosofía tiene que ver con la invención de este lugar desde el cual la vida en su fugacidad y en su irremisión podría ser juzgada. Es la invención de un no-lugar y de un no-tiempo. La gran filosofía ha ido roturando ese territorio a salvo de la descomposición y la caducidad y edificando en él sus fortalezas. En tal sentido, la filosofía sirve para lo mismo que la cultura en gene-ral: para sobreponerse a la muerte, al sufrimiento y al temblor de los individuos. Podemos imaginar a la cultura como un monumento levantado sobre las lápidas - y como un altar en el cual se bendice la interminable extinción de cada uno de los seres humanos.&lt;br /&gt;¿Es esto todo? ¿Es la cultura -la filosofía- una mera negación -imaginaria- de nuestra mortalidad? ¿Es esa su principal función, su utilidad esencial? ¿En qué se distinguiría entonces de la religión, o de la técnica?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.    De cultos, cultivos y culturas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo del rocío&lt;br /&gt;sólo es rocío, sin embargo,&lt;br /&gt;sin embargo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Issa Kobayashi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para responder estas interrogantes, repasemos rápidamente qué son las culturas. En esencia, son modos de habérselas con lo desconocido, modos de gestionar -y contabilizar- lo indisponible. La cultura es una estrategia de control, una forma de hacer habitable, aprovechable y comunicable un entorno - la forma general de domesticar una alteridad. Se trata, en el fondo, de poner lo no humano al servicio de lo humano. Para ello, cada cultura establece pactos y sacrificios, y genera e impone múltiples regulaciones. En consecuencia, "cultura" es -a la vez- un culto y un cultivo. Ellas son una red de preceptos y prohibiciones, un entramado de hábitos y cursos de acción. Y de las diversas formas que adopte esta relación con lo desconocido podrán distinguirse y caracterizarse las formas esenciales de una cultura.&lt;br /&gt;Quizá no sea posible reconocer lo propio de una cultura o de una civili-zación como la Occidental sin remitirse a lo que ella no es, sin reconocer las opciones que ella misma, en su historia, ha ido adoptando y desechando. Lo pro-pio sólo aparece en el contraste, en el trasluz de lo ajeno. Para el caso, la identi-dad de Occidente se mide por la distancia interpuesta con respecto al "mundo primitivo" y al "mundo oriental" - denominaciones ambas que sólo dan fe de un gesto -típicamente occidental- de repudio y de falsa superioridad. ¿Porqué Occidente se recorta por encima de ese fondo de sociedades sin Estado y de so-ciedades históricamente estacionarias? ¿Qué es lo que Occidente ha rechazado y qué es lo que ha abrazado para fundarse a sí mismo en su identidad-y-diferencia?&lt;br /&gt;Para acercarnos a una respuesta inicial, permítanme comparar, breve-mente, tres "filosofías" que son tres modos fundamentalmente distintos de rela-cionarnos con el mundo.&lt;br /&gt;Preguntémonos, por principio, qué es la sabiduría. ¿Es lo mismo que la religión y la filosofía? Los grandes sistemas de pensamiento que han ido mol-deando la autoconciencia de un pueblo como el chino difícilmente podrían coin-cidir con semejantes denominaciones. El confucianismo no es ni una religión ni una filosofía, sino un sistema de preceptos para la acción: una ética. El taoísmo y el budismo tampoco pueden ser reducidos al talle de lo que en Occidente se en-tiende por religión. Ambos son caminos de autoconciencia, métodos de perfec-cionamiento espiritual. No hay en ellos rasgo alguno de divinización de los pode-res y las fuerzas. Taoísmo y budismo son estrategias de autoconocimiento, no sistemas de creencias . Así, mientras que el confucianismo es una ética para el Estado, el taoísmo es una sabiduría de uso individual. Andando el tiempo, el budismo sabrá extraer de ambos sistemas los ingredientes necesarios para encon-trar y proponer una vía de mediación.&lt;br /&gt;Por otra parte, concebirlos en cuanto filosofías resulta igualmente forza-do. No es suficiente señalar su carácter sistemático-racional, o su ascenso hacia formulaciones cada vez más abstractas y de índole omniinclusiva, para empare-jarlos con lo que desde Grecia se reconoce como filosofía. La diferencia no atañe a las características externas del discurso, sino a sus presupuestos básicos. O, para decirlo con Brice Parain, la diferencia concierne a la naturaleza de la apuesta que en uno y otro caso se pone en juego.&lt;br /&gt;La filosofía emerge del fondo mitológico en un movimiento que remeda el emerger de lo humano del fondo de la naturaleza. Es, en rigor, una confianza, una voluntad, una autonomía: una separación. La filosofía (griega) nace en el útero de la mitología, y lo hace de manera independiente de -o antagónica a- la sabiduría de la India o de China. La diferencia esencial remite a esta seguridad: los griegos apuestan a "vencer a la vida con el razonamiento" . La filosofía apuesta -ya que nada lo garantiza- por la exacta correspondencia de las pala-bras con las cosas, del pensar con el ser. La apuesta griega consiste en creer que la inteligencia es capaz de resolver todos los enigmas. "La audacia era afirmar", dice Parain, "que era posible el acuerdo entre el lenguaje y lo real, a través de palabras quizá irreales" .&lt;br /&gt;En la sabiduría de China y de la India nunca se jugó semejante apuesta. Venció otra cosa, la desconfianza en el poder del pensamiento para concebir, justificar o regir la existencia. Lo esencial, para esas culturas, no consiste en acordar e identificar vida y pensamiento, sino en aprender a liberarse de la exis-tencia. En resumen, al pensamiento asiático no le faltó un presupuesto ontológico fuerte ni, mucho menos, cierto rigor discursivo, sino "la ambición de la conquista y la apuesta metafísica" . En Oriente falta la filosofía - porque sobra la sabidu-ría.&lt;br /&gt;Por lo mismo, la filosofía define a Occidente (y viceversa): una apuesta - convertida en empresa.&lt;br /&gt;La sabiduría es, fundamentalmente, lo mismo que una estética: remite a un ámbito que el lenguaje -y la técnica- no pueden profanar, es decir, identifi-car y poner a su servicio. El arte no dice qué sea lo real - tan sólo puede, me-diante metáforas o insinuaciones, mediante símbolos e indicaciones, aludir a ello. La sabiduría quizá solo enseña una y otra vez lo mismo: que las cosas exceden siempre a las palabras, que la experiencia no cabe en fórmulas de buen o mal vivir. En particular, el taoísmo apunta a lo real - pero no abriga la esperanza de conquistarlo. Sólo confía en que el pensamiento termine disuelto en su silencio. Las palabras - ellas nunca alcanzan ni someten a lo real. "Una montaña" dice esta sabiduría, "es una montaña y no es una montaña". Ninguna fórmula -ni verbal ni numérica- puede tocar directamente a la esencia de lo real o influir en sus nervaduras. La sabiduría de Lao Tsé establece que "no basta trabajar para ganar el mundo".&lt;br /&gt;La sabiduría del Tao excluye al Uno. Todo es dual. Los principios fuerte y débil, diurno y nocturno, paterno y materno, celeste y terrestre, forman, en su oposición complementaria, en su relatividad y dinamismo, un ciclo eterno que no conoce ni el principio ni el final. Las fuerzas no se oponen en términos morales -la luz nunca es "mejor" que la oscuridad-, y su juntura conflictiva no conoce el reposo ni el fin. El Tao no es ni el origen ni la meta: es el paso, el camino. Y es también la soledad. "La doctrina taoísta", explica Chantal Maillard, "se presenta (...) como la adversaria del confucianismo por cuanto que desprecia lo que éste aprecia: las normas sociales, la etiqueta, las costumbres; evita lo que éste procura: la erudición, el conocimiento histórico, la prevención del futuro, y niega lo que éste asume: el deber del gobierno por parte del sabio" .&lt;br /&gt;El Tao es el camino de la lucidez que no se doblega ante lo necesario.&lt;br /&gt;Tao designa lo que no admite signo. La estrofa LXIX del Tao Te Ching así lo manifiesta: "Hay una cosa confusamente formada/anterior al cielo y a la tierra./¡Sin sonido y sin forma!/de nada depende y permanece inalterada,/se la puede considerar el origen del mundo./Yo no conozco su nombre,/la denomino dao" . Ese Tao es un nombre que no dice aquello a lo que apunta. "El nombre que puede ser nombrado", sentencia la estrofa XLV, "no es el nombre permanen-te. Lo que no tiene nombre es el principio de todos los seres" . No hay manera de allanar el camino al misterio profundo que constituye "la llave de las transforma-ciones de los seres". La dualidad cielo/tierra es lo originario, y esta escisión es previa a todas las cosas. Es irreductible al lenguaje.&lt;br /&gt;Al Ser, al Mundo "no lo piensa quien lo piensa" .&lt;br /&gt;En consecuencia, el Tao es un modo de designar la ausencia de ser. No remite a un principio absoluto -y pleno- que sería el Ser, o el Bien, o Dios, o el Todo. "Entender el Tao es entrar en la oscuridad" . La apuesta de Occidente ha sido, según veíamos, la (eficaz) concordancia del lenguaje con las cosas. Necesi-ta, en consecuencia, postular la plenitud -la ocupación- del ser. Pensar la esen-cia de las cosas en términos de vacío y nulidad simplemente prohibe la posibili-dad de manipularlas. Es la exigencia, el deseo de dominar la existencia lo que rige a la filosofía (y a la religión). Y como el deseo nos mantiene atados a las manifestaciones, a los aspectos de las cosas, sólo con la suspensión del deseo es posible captar la -hueca, vacía- esencia del Tao.&lt;br /&gt;La acción y el conocimiento quedan, en esta experiencia, sensiblemente debilitados en cuanto fuentes de poder o en cuanto valores. "Los conocimientos son la superficie del dao,/y el principio de la necedad" . El afán de conquista aparece en toda su inanidad. "El que actúa fracasará, el que aferra algo lo perde-rá" . Ni la actividad ni la sujeción al proyecto salvan a los hombres de su fugaci-dad. Por el contrario, el Tao los predispone a una recuperación de la simplicidad, la inocencia, la espontaneidad y la ignorancia propias de los niños. A los niños se les ha enseñado a saber, a convertir todo en un rito, a ser rectos, a ser buenos, a ser virtuosos, a ser útiles. Se les ha apartado del Tao. Se les ha moralizado.&lt;br /&gt;En cuanto se desentiende de salvar al mundo, el Tao no es una moral, sino una sabiduría. Una estética.&lt;br /&gt;Si, en lugar de favorecer su crecimiento, llega a hacerse más importante el ajuste de los individuos dentro de sus colectivos, la representación del mundo tenderá a moralizarse. Esto significa que el conocimiento racional coincidirá con las exigencias de la virtud. Las exigencias prácticas se rigen por una necesidad elemental de tener y mantener bajo control. Ahora bien, ¿quién puede cumplir con esta exigencia? Las pasiones son fuerzas que sólo la razón -es decir: la ley- se halla en posición de encauzar. La razón opera sobre las pasiones de diversos modos. Uno de ellos es el rito. Allí encuentran aquéllas un medio de expresión que no pone en peligro los supuestos del orden (público). De lo que se trata es de codificar las transgresiones. No hay que violentar a la naturaleza, sino regularla.&lt;br /&gt;Tal es la esencia del confucianismo. Hay que pisarle la cola al tigre - acostumbrándolo a ello sin suscitar -ni permitir- su rebelión.&lt;br /&gt;La inteligencia queda así reducida a la capacidad de juicio moral; en par-ticular, la distinción de lo bueno y lo malo pasa por el reconocimiento de la nece-sidad de la (auto)renuncia. Lo perfecto, en el código de Confucio, es la obedien-cia: la observancia del deber. La naturaleza humana coincide exactamente con su opuesto: la "humanidad" no es otra cosa que la negación de la naturaleza.&lt;br /&gt;Esta negatividad se encuentra ciertamente emparentada con la filosofía occidental. Someter la naturaleza al proyecto -sujetar la espontaneidad del ser al mando de la ley- es, desde Grecia, uno de los rasgos definitorios de toda la empresa filosófica. Sin embargo, a Confucio le preocupa sobremanera el cambio. El orden sólo puede garantizarse en la inmovilidad absoluta, y por ello aconsejará la estricta observancia de un código en el cual cada designación conserve su nexo con la cosa designada. "Que el príncipe sea príncipe; el ministro, ministro; el padre, padre; el hijo, hijo" . La única garantía del orden es la univocidad de las designaciones - y la rectificación de los nombres. Lo cual, simple y llanamente, veda toda posibilidad de progreso. En la sistematización de Confucio, el orden es estacionario - o no será.&lt;br /&gt;Se observará, al margen, que Confucio reúne en un solo código lo que en Occidente ha exigido dos instancias: una ciencia del buen gobierno (Maquiavelo, o el Estado) y un recurso a la humildad y la obediencia (Cristo, o la Iglesia) . Eso es justamente lo que Occidente reconoce como su "legado inmortal". Confu-cio es el verdadero precursor del "humanismo" . Precursor, también, de una definición política del animal humano. De lo que se trata es de que todas las leyes -las naturales y las de los hombres- coincidan en la garantía de ajuste del indi-viduo en su orden social. "Los antiguos", se lee en La Gran Ciencia, "deseando ilustrar la virtud más alta por todo el imperio, primero ordenaban bien sus propios Estados. Deseando ordenar bien sus Estados, primero regulaban sus familias bien. Anhelando armonizar bien a sus familias, primero se cultivaban bien ellos mis-mos. Deseando cultivarse a sí mismos, primero enmendaban sus corazones. De-seando enmendar sus corazones, primero trataban de ser sinceros con sus pensa-mientos. Deseando ser sinceros en sus pensamientos, primero extendían al máxi-mo sus conocimientos.&lt;br /&gt;En esta extensión del conocimiento descansaba la investigación de las cosas. Investigadas las cosas, el conocimiento se completaba. Completados sus conocimientos sus pensamientos eran sinceros. Sinceros sus pensamientos, sus corazones se corregían. Rectificados sus corazones, sus personas eran cultivadas. Cultivadas éstas las familias eran reguladas, sus Estados gobernados con rectitud. Gobernados sus Estados con rectitud, todo el imperio se hallaba tranquilo y fe-liz" .&lt;br /&gt;La lógica y la moral aparecen, en el confucianismo, en tierna confusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.    La necesidad de hacerse obedecer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora abandonemos a los chinos y volvamos a ese magnífico invento griego que es la filosofía. En su núcleo, según hemos visto, se encuentra la esperanza -y la exigencia- de hacer que coincidan las palabras con las cosas. A esta coinciden-cia los griegos la pensaban bajo la palabra logos, que para nosotros viene a coin-cidir más o menos con la palabra "razón". ¿Qué es la "razón"? Permítasenos expresarlo así: la razón es un radio. Es decir: el camino más corto entre el centro y el límite. Aún hoy, la razón se deja definir como una necesidad básicamente económica: explicar el mayor número de cosas con el menor número de supues-tos y de conjeturas.&lt;br /&gt;La transición del mito a la filosofía puede seguirse como este progresivo y nunca completamente alcanzado reemplazo del mundo politeísta de las fuerzas por el mundo monoteísta del principio único. La multiplicidad -el "politeísmo" mítico- es el correlato de los sentidos. La unidad -el "monoteísmo" filosófi-co- es el correlato de la razón.&lt;br /&gt;Este "paso" de lo múltiple sensorial a lo único racional, ¿es un progreso o, al contrario -como sostendrá un Nietzsche-, una degeneración o un debili-tamiento de la fuerza? Este "paso" es, a la vez, el progresivo abandono de lo concreto y la correspondiente entronización de lo abstracto. ¿Con qué propósito? Fundamentalmente, para fijar la esencia de una cosa -lo que esa cosa tiene de propio- y no distraerse con sus transformaciones.&lt;br /&gt;Y, ¿para qué queremos que las cosas se estén quietas? ¿Para qué se les extirpa su agitación y extravío? La respuesta parece obligada: para que, converti-das en útiles, nos puedan obedecer.&lt;br /&gt;Y, ¿para qué queremos que nos obedezcan? Se dirá: para sobrevivir. Tal vez sea necesario agregar que la obediencia de las cosas, su servidumbre, tiene un efecto secundario que llega a hacerse prioritario. El dominio que mediante el saber alcanzamos sobre las cosas -y sobre las personas- puede, según se ha dicho, llegar a persuadirnos de que es posible escapar a la muerte y al dolor, que podemos encontrar un sitio a resguardo del destino.&lt;br /&gt;Las dos grandes invenciones de la filosofía antigua son las ideas de ar-khé y de physis. Se refieren al principio de algo y a su actualización. En términos cibernéticos: se refieren al programa y a la posibilidad de "correrlo". El abando-no del politeísmo y su reemplazo por el monoteísmo expresa el triunfo de la vo-luntad de dominio sobre la experiencia trágica. Si se siguiera pensando en térmi-nos de "dioses", ¿cómo asegurar su obediencia? Los griegos sustituyeron a la voluntad divina por el libre juego de la fuerza - y ésta, para obedecer a la volun-tad humana, tiene que pensarse en un sentido impersonal.&lt;br /&gt;En el mito, las fuerzas son plurales, pero están sacralizadas. "Todas las cosas están llenas de dioses", mantendrá el primer filósofo. En la filosofía se encuentran ya desprovistas de prohibiciones, pero todo termina concentrándose en una fuerza única, eterna, abstracta, monopólica. Una fuerza oculta. La verdad está siempre escondida (Heráclito dixit), no se halla al alcance de los sentidos. Por lo tanto, no está al alcance de cualquiera. Rechazar la verdad que captan los sentidos es también un rechazo de la capacidad del hombre común para encontrar la verdad.&lt;br /&gt;Retomemos ahora, para terminar, nuestra interrogación inicial. El servi-cio de la filosofía depende de lo que esta apuesta garantiza. No podemos decir que, en el mundo actual, esta promesa esté frustrada o aparezca todavía por cum-plirse. Sólo que no ha sido la filosofía, propiamente, quien ha alcanzado semejan-te cumplimiento. Ha debido transformarse en otra cosa: ha debido cristalizar en el mundo de la ciencia, de la técnica y de la política. La promesa de la filosofía la han cumplido las ciencias.&lt;br /&gt;La pregunta por la utilidad de la filosofía se transforma entonces en la pregunta por el lugar que ahora le corresponde a la filosofía.&lt;br /&gt;En el mundo moderno, la pregunta por el qué cede inexorablemente su sitio al para qué. Ya no qué es, sino para qué sirve. La filosofía tiene fama de ser una ocupación inútil y hasta insensata. En el mundo circuncidado por la técnica y la política la filosofía no encuentra fácilmente su sitio. En el ruidoso mundo de la información, ¿cómo escuchar el silencio? ¿Cómo dar abrigo a la fragilidad de la palabra que huye? ¿En qué discurso se encarna la pluralidad del lenguaje? ¿Cómo decir el paso, la pérdida, la eternidad del instante?&lt;br /&gt;Por una parte, vuelve a alzarse un sueño de ecumenismo. La filosofía (es decir: Occidente) debe abrirse a una síntesis con lo que ella no es: Oriente, Áfri-ca, el mundo arcaico. Síntesis de lo Mismo con (su) Otro. Promesa de reconcilia-ción, de unificación, de pacificación. "En nuestros días", se puede leer en un libro de texto, "el sueño de la razón debe apuntar hacia la búsqueda de una nueva civi-lización: la del nuevo milenio, que debiera ser la síntesis de la cultura europea con las de Asia y las de África" . Este sueño consiste en recuperar el sueño de la razón: no abandonarlo, no soñar otra cosa. Recobrar la razón: volver a la filoso-fía.&lt;br /&gt;Pero, ¿es la filosofía una respuesta a preguntas nacidas fuera de ella misma, fuera del horizonte que ella, al emerger, abre al pensamiento?&lt;br /&gt;La contradicción que advertíamos al principio de esta exposición reapa-rece nuevamente. Por un lado, la filosofía ha procurado servir a las necesidades de supervivencia de toda una civilización. Por otro lado, la filosofía se abre hacia todo aquello que, en lugar de garantizar la mera supervivencia, expone lo humano a lo que no puede en absoluto ser puesto a su servicio. En cuanto a lo primero, la filosofía ha cumplido; en cuanto a lo segundo, ni siquiera se trata de una promesa.&lt;br /&gt;Porque no se trata (solamente) de supervivencia. El servicio que ha pres-tado la filosofía no es, según se puede concluir, nada despreciable. Pero su digni-dad, su necesidad, aparecen ya en otra parte. Aparecen justamente en su indepen-dencia respecto del mundo de la utilidad y del trabajo. La filosofía no es ya un instrumento para juzgar la vida y poner bajo nuestro control infinidad de objetos y procesos de la naturaleza. No es un medio para alcanzar la "emancipación" del género humano. No es el discurso de una verdad que se encuentra por encima de la fugacidad de la existencia. La filosofía es extraña porque se ocupa de la extra-ñeza (profunda) de todas las cosas.&lt;br /&gt;Lo cual significa que la filosofía, como la cultura, es inerradicablemente equívoca. Se encuentra rajada entre la voluntad de ley y la experiencia trágica. Se encuentra atravesada por la doble exigencia de saber y de pensar. Se encuentra desgarrada entre la sabiduría y la técnica. Está partida entre la vocación de servi-cio y la soberanía absoluta. Entre la divinidad y lo demoníaco. Entre la poesía y la policía.&lt;br /&gt;¿Estamos en el punto en que el servicio de la filosofía -y la filosofía del servicio- consisten en hacer dentro del mundo humano un lugar a lo que por ser no-humano podría salvarnos de nuestro propio ensimismamiento? ¿Servirá la filosofía para ayudarnos a desviar la mirada desde nuestro propio ombligo hacia todo lo que nos estamos perdiendo? ¿Será el mayor servicio del pensamiento el hacer que nos percatemos de que no todo ha de ser convertido en medio de asegu-ramiento, en garantía de dominio, en condición de sujeción? En suma, ¿dejará la filosofía de servir como estrategia maestra de domesticación de la existencia?&lt;br /&gt;Pero lo más seguro es que todas estas preguntas resulten perfectamente inútiles. Acaso sólo aspiren a armarnos de paciencia, virtud de la que han hecho gala y que he de agradecer sinceramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos apéndices&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Oriente y Occidente: la estética&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuál es, por ejemplo, la estructura básica del arte en Occidente? Desde Platón y Aristóteles lo sabemos: la mímesis. Aunque no se trata de una reproducción de lo que aparece y se da a los sentidos. La mímesis platónica es la re-presentación de la Idea. Es la visibilización de lo invisible. Y en Aristóteles, el arte es la escenifi-cación no de la "realidad", sino de sus tipos inmanentes. "En definitiva," -observa a este respecto Tomonobu Imamichi- "el principio clásico del arte en Occidente es la imitación real de lo irreal, es decir, de la forma invisible contem-plada por los talentos geniales. Por consiguiente, se debe estar en posesión de dos herramientas para realizar una obra de arte: por un lado, el poder espiritual para ver la forma invisible que debe ser representada, y, por otro, una técnica poderosa para poder ser representada" . Mímesis de lo irreal que gradualmente cede el paso a la mímesis de lo real. De Teofrasto a Daguerre hay una continuidad esen-cial en la representación. Justamente, la invención de la fotografía expone al arte -en particular, a la pintura- a una profunda reconsideración. Una reconsidera-ción que termina siendo una vuelta al origen. Lo importante no es ya la imitación de lo real, sino la expresión de lo invisible: la intimidad, el pathos del artista. En resumen, el arte, en Occidente, hace sitio a eso que los sentidos apenas adivinan.&lt;br /&gt;La estética oriental no es mimética. Desde su inicio, es expresiva. Por supuesto que hay imitación, pero se encuentra subordinada al principio expresivo. Oriente parte de la expresión y se aproxima a la mímesis en un trazo que invierte el movimiento del arte en Occidente. Pero deberá hacerse notar que persiste una profunda diferencia entre ambos mundos. Lo que expresa el arte de Oriente no es, como sí ocurre en Occidente, la subjetividad. El arte oriental expresa la absorción del sujeto en el todo; el arte occidental, la afirmación del sujeto frente al todo. Y lo mismo puede señalarse a propósito de la mímesis; Occidente imita no la natu-raleza, sino la acción o la figura humana en un trasfondo natural, mientras que en Oriente lo humano pasa a un segundo término: la referencia es, esencialmente, la naturaleza. La naturaleza no domada por el hombre.&lt;br /&gt;En esta distinción puede seguirse bordando y filtrando la naturaleza de Occidente. La poética oriental se rige por una voluntad de fusión. "Hacerse uno con las cosas: esa es la realización, la reunificación de lo desatendido y lo disper-so. En una palabra: tomar conciencia" . Pero para alcanzar esa fusión es menes-ter no la apropiación, sino el desasimiento. La conciencia no es asegurarse o cerciorarse, sino abandonarse. Aprender, para esta estética, es ser aquello en que la conciencia se posa. Occidente concibe el saber -el aprendizaje- como un poder creciente sobre las cosas. En Oriente, la negatividad de la conciencia no se vuelca sobre las cosas, sino que se vuelve contra sí misma: "La pretensión debe dar paso al vacío, porque 'la forma es el vacío, y el vacío, la forma'" . La fusión a la que apunta la estética oriental no es la absorción del objeto en y por el sujeto, sino la disolución de semejante polaridad. Matsúo Basho define así la pintura: "Dibuja bambúes durante diez años, hazte un bambú; después olvida todo lo que sepas de bambúes mientras estás dibujando" .&lt;br /&gt;Asunción de la fugacidad: y rebeldía dolorida. O también: gratitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;b) Las puertas de Oriente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El antes de esta decisión -fundamentalmente política- que es la filosofía, ¿está en Oriente? Heidegger no ha llevado su interrogación más allá de Grecia. Llega a la Grecia anterior a la filosofía, pero no se remonta hasta el territorio de los mitos. En contraste, Max Weber amplía el campo de observación. Lo propio de Occi-dente es, según su análisis, la generalización del principio de razón como criterio decisorio en prácticamente todas las esferas de la acción social. La racionaliza-ción burocrática es el modo propio en que Occidente ejerce la dominación, dis-tinguiéndose en ello de los modos tradicionales -mágico-rituales- y carismáti-cos -profético-revolucionarios- de legitimación del dominio. Occidente es, en tal sentido, la pérdida -progresiva e inexorable- de lo sagrado. Pérdida, al menos, de su poder de verdad y de su poder de legitimación política. Occidente es el territorio en el que la razón técnica ejerce su monopolio en cuanto acceso a la verdad y en cuanto forma de dominación. En una palabra: Occidente o el desen-canto del mundo.&lt;br /&gt;El Capital (monopólico), el Estado (burocrático) y la Ciencia (como téc-nica) son los núcleos que caracterizan y rigen todo el movimiento histórico de esa entidad -por otro lado sumamente proteica- que es Occidente. Triple cristali-zación económica y sociopolítica cuyo pivote (y resultado) es la subjetividad concebida en cuanto autocercioramiento. El desencanto del mundo determina, para el sujeto, una suerte de hechizamiento e hinchamiento del sí mismo. La autoconciencia -el ego cogito cartesiano- llega a ser la fuente única de toda verdad. El sujeto moderno se capta sólo a sí mismo y queda literalmente blindado contra el afuera, contra el más allá del propio límite subjetivo. Como señala Eu-genio Trías, "dominamos el mundo desde la subjetividad, pero, en compensación, somos incapaces de 'captar algo', es decir, de abrirnos a la comprensión de aque-llo que proviene de fuera de la subjetividad, de aquellos mensajes, signos, señales o portentos que proceden del 'fuego del cielo' y que no pueden ser anticipados, previstos ni programados por nuestro dominio subjetivo del mundo" . El mundo regido y hegemonizado por la voluntad de dominio excluye la gracia y la dona-ción.&lt;br /&gt;Grecia es el embrague, la "bisagra" que une y separa a Oriente y a Occi-dente. La subjetividad se provee de una tekhne merced a la cual se vuelve posible dominar la inspiración -la irrupción del afuera en el adentro- y ponerla al servicio de una "causa común": de la polis. La subjetividad se provee a sí misma de un "alma" que, a partir de Sócrates, es lo primero y lo último que debemos interrogar. El saber es, esencialmente, un saberse a sí mismo. La técnica de la autoafirmación y del autocercioramiento - al servicio de la política.&lt;br /&gt;Occidente es el camino de esa clausura (epistémica y política) de lo Otro del sujeto. Y de su nostalgia, también, y de sus retornos fantasmáticos. La parme-nídea identidad del ser y del pensar deja fuera justamente todo lo que el sujeto no es - que no reconoce como "suyo". Sólo es aquello que es pensable. Aquello que "es" del pensamiento. Lo Otro del sujeto (epistémico y político) ya es de él. Blindaje contra todo aquello que exceda -o impugne- al pensamiento.&lt;br /&gt;Oriente, al parecer, no ha cerrado tras de sí la puerta que se abre hacia esa alteridad radical y constitutiva. El fundamento del pensar no es pensamiento: el origen del yo no soy yo. La raíz permanece oculta e inaccesible al pensamien-to. El fondo no tiene fondo: es abismo inconmensurable, abertura impenetrable, caos. Es, también, silencio. Inaccesible al entendimiento, pero expuesto al deseo. Es "lo místico". Oriente habita en esa abertura, en esa fisura que para Occidente sólo es, en el límite de su propia subjetividad y de su propio discurso, trascenden-cia pura. Lo místico es "lo propio" de Oriente, mientras que el mundo de la subje-tividad dominadora -lo propio de Occidente- es lo otro.&lt;br /&gt;La dualidad Oriente-Occidente se nos aparece entonces como una pola-ridad ineliminable. ¿Podría imaginarse una mezcla de estas opciones fundamenta-les que son también distintos destinos civilizatorios? ¿No es precisamente esa (trans)fusión lo que en buena medida caracteriza a todo lo new age? El mundo de la técnica remite -incluso por razones estrictamente comerciales- al mundo donde la técnica ya no encuentra su sentido: allí donde ella ya no manda. ¿Para qué sirve la técnica si no para llevarnos de vuelta al punto (ciego) del que partió? El "tenso y difícil diálogo" entre Oriente y Occidente está ganado de antemano por Occidente: entre otras cosas, porque la idea misma de un "diálogo" obliga a Oriente a hablar en una lengua que no es la propia. El diálogo sólo es posible si se suprime el símbolo y se le reemplaza con el concepto. ¿Piensa conceptualmente el Oriente? ¿Podría Occidente retroceder en su camino hasta volver a pensar simbólicamente?&lt;br /&gt;La concepción de Oriente como el territorio de inmanencia de lo sagrado ¿es, ella misma, "oriental"? Difícilmente. Oriente sólo tiene sentido como aquello que Occidente ha debido excluir y suprimir para poder ser lo que es. En este as-pecto, Hegel tenía toda la razón: Oriente subsiste en Occidente sólo como mo-mento recordado y superado. La razón no puede "retornar" hacia ello para alcan-zar otro estatuto. ¿Querría volver al símbolo para hacerse "más racional"? ¿Que-rría hacerlo para dejar de ser razón y hundirse en el mito? ¿Qué clase de "co-nexión" puede haber entre la ratio Occidental y la mystos Oriental que no desem-boque en la sublime patraña de la new age o, a lo hippie, en nuevas formas de superstición y cretinismo?&lt;br /&gt;El "viaje a Oriente" se revela así como una reedición tardía del mito de la "infancia recuperada" o de la "eterna juventud". Un nuevo gesto del Bautista: bañarse en la fuente del origen para purificarnos del mal. Para huir de esta prisión que es la profanación del mundo. Para "volver a Dios". Si Occidente es la tierra del exilio, Oriente es la "patria" original de la humanidad. "El hombre que vive el exilio occidental", continúa Trías, "poseído por el ala tenebrosa del ángel, debe encontrar el rastro celestial de ese otro lado de sí, de ese doble 'angélico' de sí mismo que es el ala luminosa, la que orienta esa Quête, esa búsqueda espiritual de dirección a la patria oriental" . ¿Puede la filosofía, sin dejar de serlo, recobrar esa lengua primordial, ese "oriente" que es nuestro verdadero patrimonio en cuanto humanidad, esa inmanencia de lo sagrado que para nosotros los occidenta-les sólo es trascendencia y separación?&lt;br /&gt;Advirtamos que esta recuperación del Oriente perdido es una recupera-ción de Occidente - y para él. El mismo sueño cristiano-hegeliano de la reconci-liación -espiritual- de los fragmentos. El logos apofántico de los griegos ha revelado sus insuficiencias. Y por ello es preciso volver sobre nuestros pasos y re-instaurar el diálogo-recuperación de Oriente merced a lo que Eugenio Trías bautiza como un logos simbólico. ¿Más allá de la técnica, en el antes de la filoso-fía y la política? Escasamente. El diálogo de Oriente y Occidente, así concebido, sigue siendo política y sigue obedeciendo a la voluntad de dominio. Se sigue apostando por la conjunción: la "y" copulativa presupone la posibilidad de la fusión y el traspaso -sin restos- de contenidos. Presupone y persigue la univer-salización de esos contenidos - es decir, permanece en la órbita ecuménica de Occidente, en su voluntad de reducir el ser al tamaño del logos .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SERGIO ESPINOSA PROA&lt;br /&gt;sproa52@hotmail.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-3844797291519522421?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/3844797291519522421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=3844797291519522421' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/3844797291519522421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/3844797291519522421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2007/06/filosofa-y-sabidura-de-oriente.html' title='FILOSOFÍA Y SABIDURÍA DE ORIENTE A OCCIDENTE'/><author><name>Carolus Brigantinus Barbatus</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_2Bnn2Z_Alyc/SrteNDxYmSI/AAAAAAAAHI8/IkxF789EWJc/S220/Briga1993.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-3764839935946029359</id><published>2007-05-13T23:35:00.000-07:00</published><updated>2007-05-13T23:42:21.122-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Unamuno'/><title type='text'>El humanismo de Unamuno</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Sergio Espinosa Proa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;UNO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Casi en su lecho de muerte, a fines de 1936, Miguel de Unamuno confiaba a Nicos Kazantzakis, aquel griego obsesionado con la figura de Cristo: “No soy ni fascista ni bolchevique; soy un solitario”. Es muy posible que personalmente lo haya sido; mucho más difícil será conceder que su pensamiento sea verdaderamente el de un espíritu marcado hasta la médula por la soledad. Me temo que sus lamentos, sus lances, sus sueños y sus aborrecimientos son los de todo un pueblo. Un pueblo y una historia que —llegado el momento— se sienten amenazados por sus propios (aun si torvamente deseados) engendros. Es la voz de una civilización que asiste entre el espanto y la indiferencia a su propia consumación y a su propio desahucio. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Vamos a ver. El hombre al que con descomunal desparpajo se opone Unamuno es la caricatura arquitectónica, gélida y abstracta, generada por la razón científica decimonónica. A ese adefesio del positivismo le enfrenta lo que para él es un hombre “completo”, un hombre de verdad, el de carne y hueso, un humilde, batallador y sufriente mortal. Atisbos o ecos del existencialismo. Y de un existencialismo, lo veremos, tan metafísico como el de Sartre o el de Kierkegaard; es decir, en eso acabaremos, la metafísica de otro humanismo &lt;i&gt;más &lt;/i&gt;(y no, según cabría esperarse de un verdadero filósofo, de &lt;i&gt;lo otro &lt;/i&gt;del humanismo).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El combate de Unamuno, decimos, y ello a pesar de su proclamación de ser en sí mismo “una especie única”, no es el de un solitario. Es el de toda la civilización cristiana. No contrapone al descarnado sujeto de la razón técnica una realidad más compleja y más libre, sino, enésima vuelta de tuerca, la indestructible figura de ese animal aterrorizado, dolorido, consternado y resentido por la finitud propia y ajena. Mortal, sí, pero inasumible en cuanto tal. La soledad unamuniana es la soledad del alma cristiana cuyo problema &lt;i&gt;único&lt;/i&gt;, de creerle al (inmortal) vasco, es la salvación. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Es evidente que la razón científica no ayuda mucho en esta empresa. Más bien la obstruye. Pues no se trata de justificar racionalmente la existencia de Dios o la inmortalidad del alma-y-cuerpo ni la del Sentido Último de la Vida, sino de &lt;i&gt;quererlo&lt;/i&gt;. “No sé, cierto es; tal vez no pueda saber nunca, pero &lt;i&gt;quiero&lt;/i&gt; saber. Lo quiero, y basta”. Esto, que anota en &lt;i&gt;Mi religión, &lt;/i&gt;resume en este respecto la posición de Unamuno. Podemos preguntarnos, al margen de cada línea, si a esta bravata le corresponde el ya en nuestro tiempo extremadamente deteriorado rótulo de “filosofía”. Por lo pronto, la posición es de una franqueza que roza el histrionismo. Es, como muchos críticos (y amigos) lo han hecho notar, &lt;i&gt;quijotesca&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Pero lo importante es, para nosotros, en este recodo del tiempo, hacer notar que la lucha de Unamuno se entabla con y contra Dios, el Dios del cristianismo, a fin de afirmar lo humano. Muy bien, pero ¿&lt;i&gt;qué &lt;/i&gt;humano? “Que busquen ellos, como yo busco”, continúa escribiendo en el apunte citado; “que luchen, como lucho yo, y entre todos algún pelo de secreto arrancaremos a Dios, y, por lo menos, esa lucha nos hará más hombres, hombres de más espíritu”. Unamuno nunca sabe a ciencia cierta quién es ni qué exactamente quiere, pero conoce a la perfección qué personajes le patean el hígado. La mojigatería, la pereza, la superficialidad, el dogmatismo y el acartonamiento son los signos que por todas partes lee entre los hombres. El inicio del siglo XX contempla la eclosión de un mundo de pedantes, de oportunistas, de &lt;i&gt;señoritos&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Nada tan distinto del paisaje del inicio de nuestro XXI.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;DOS&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;  &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Bien, payasadas y poses aparte (aunque son de lo más simpático de Unamuno), lo que Don Miguel defiende es &lt;i&gt;un cierto tipo&lt;/i&gt; de ser humano. Al resistir el proceso de abstracción al que “lo humano” en la modernidad se ha sometido, uno se adhiere con espontánea naturalidad. Bravo, por fin un hombre de pelo en pecho, un hombre &lt;i&gt;de verdad&lt;/i&gt;. Ser humano, o, mejor dicho, ser un hombre, no es un mero dato biogenético. &lt;i&gt;Se llega&lt;/i&gt; a ser un hombre, ser un hombre es una conquista y jamás una dádiva no pedida. Ser un hombre, en suma, y dando un paso delante de Kant, es ser &lt;i&gt;lo que se quiere&lt;/i&gt; ser.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   “&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Cúmplenos decir, ante todo”, leemos en &lt;i&gt;Del sentimiento trágico de la vida, &lt;/i&gt;“que la filosofía se acuesta más a la poesía que no a la ciencia”. Sentencia que hará feliz a no pocos filósofos de este siglo incipiente. Al menos a todos aquellos que, en su misma ladera, se han cansado de reservar al pensamiento un estatuto desfalleciente y servil. “Acostarse” a la poesía tiene algo de audaz y sexy, algo que la filosofía desde años casada con Dama Ciencia ya tenía desconsoladamente perdido. Pero, una vez más, ¿con &lt;i&gt;qué&lt;/i&gt; poesía hay que acostarse? ¿Qué cosa de la poesía es lo que solivianta y resucita a la filosofía?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Veremos enseguida algunos rasgos de la vena poética del filósofo que aquí recordamos. Mientras tanto señalemos brevemente que la &lt;i&gt;Carta sobre el Humanismo&lt;/i&gt; de Heidegger nos mostró con entera nitidez —en su (aun si elíptica) recusación del existencialismo sartreano— hasta dónde resulta impracticable y hasta risible un ateísmo “humanista”. Suprimir (teatralmente) a Dios para erigir un altar al Hombre difícilmente será un gesto de soberanía. Reconozcámoslo: será siempre lo contrario. Creo que algo similar podrá aplicarse a toda la operación unamuniana. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Según es sabido, el primer gesto de Unamuno consiste en someter el concepto de lo humano a una reducción. Lo “humano” no es —no debe ser— ni un adjetivo ni un sustantivo abstracto. Lo humano es siempre &lt;i&gt;un caso específico&lt;/i&gt; de ser hombre. El giro se produce en dirección al singular concreto, al —permítaseme la irremediable cita— “hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere —sobre todo muere—, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye (…)”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://docs.google.com/RawDocContents?docID=ajjmf6ckvc84_32gb8z9q&amp;justBody=false&amp;amp;revision=_latest&amp;timestamp=1179124501609&amp;amp;editMode=true&amp;strip=true#sdfootnote2sym" name="sdfootnote2anc"&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;. Un ser, en suma, que no viene deducido de ningún universal. Un &lt;i&gt;existente finito&lt;/i&gt;, diríase en jerga fenomenológica. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El segundo gesto es, y éste justifica en realidad al anterior, el de una aproximación afectiva. El hombre “en general” no existe, pero &lt;i&gt;cada uno&lt;/i&gt; de los hombres es “un hermano”. Los dos movimientos parecen descender del cielo de la abstracción pero de inmediato “lo humano” vuelve a sublimarse. Si somos hermanos es porque El Eterno es Nuestro Padre. A mí, lo confieso, esta hermandad en primer lugar me asquea. Por lo demás, ¿qué hacer con un hermano (o con un Padre) que jamás escucha? Y, en relación con Unamuno, ¿qué esperar de un hombre que dice luchar contra sí mismo para llegar a ser sí mismo pero que de antemano y hasta el final se parapeta sin esperanza dentro de sí mismo?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Lo humano no puede sostenerse en su vapor conceptual, pero &lt;i&gt;tampoco&lt;/i&gt; puede hacerlo sin él. Ni siquiera la ferocidad de Unamuno ha conseguido mantener al “hombre de carne y hueso” en un horizonte existencial concreto. &lt;i&gt;Ningún hombre&lt;/i&gt; ha llegado a ser su “hermano” —a no ser como figura retórica. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   “&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Me he despertado soñando, soñé que estaba despierto, soñé que el sueño era vida, soñé que la vida es sueño”. Unamuno busca al hombre real, pero no puede hallarlo nunca. Lo tiene enfrente y no puede verlo. ¿Por qué? Porque &lt;i&gt;este&lt;/i&gt; hombre “de carne y hueso” no es un hombre si no es &lt;i&gt;al mismo tiempo&lt;/i&gt; una abstracción andante. De carne y hueso y no un pedazo de pescuezo, como cantamos de niños, sino con un pedazo que no es ni carne ni hueso. La terquedad consiste en cegarse a la posibilidad de comprender que “este” hombre, por el solo hecho de hablar, es &lt;i&gt;todos&lt;/i&gt; los hombres, es &lt;i&gt;cualquier&lt;/i&gt; hombre, es un “yo”, es… nadie. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Me parece que Pedro Cerezo acierta cuando reconoce que el “temple de ánimo” de Unamuno es la angustia, y una angustia emanada de una existencia &lt;i&gt;cercada&lt;/i&gt; por el no-ser. Verdaderamente, para el cristiano, en su ya largo periplo, el no-ser es temible y se le ha expulsado fuera de sí. Ser nadie es lo peor, ser nada es horripilante. Concedido, pero eso es no darse cuenta que el “corazón” o, mejor dicho, el “alma” es justamente ese no-ser o esa nada habitando &lt;i&gt;en su propio interior&lt;/i&gt;. El humanismo de Unamuno es en tal virtud, y por exigencia sistemática, un antropocentrismo radical. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Y, tendré que justificarlo, lo que echa a perder toda su obra no es que sea radical, sino que, si no llega al final, es por no poder no ser antropocéntrica. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;  &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;TRES&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;En la vuelta de página que a su modo es cada época, una imagen o una palabra nos lleva de los cabellos. Es incluso un mal aliento, o un mal presagio. Alguien o algo no nos sirve de aguafiestas, sino que nos explica porqué no todo es como quisiéramos. Porqué no todo es ni puede ser una fiesta. Hemos inventado algo, hemos descubierto algo, hemos comprendido finalmente algo. No importa, no será en ningún caso suficiente. Cada conquista nos aleja de nuestro deseo profundo. Quizá debido a que ese deseo es en lo profundo deseo de alejarnos del deseo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;En este movimiento contradictorio nacen la filosofía, la religión, la poesía. No las ciencias y las técnicas, que son inteligencia servil. Útil, es decir: menor. En el fondo, seguimos siendo humanos. Muy listos, sin duda. Pero por ello mismo muy dados a las lamentaciones y los berrinches. Si por la inteligencia captamos nuestra falta de eternidad, por ella misma nos embarcamos en enloquecidas y hasta vascongadas empresas de negación de esa falta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El único problema que se plantea cada persona, tarde o temprano, sea chico o sea grande (sobre todo si ya comienza a escuchar pasos en la azotea) es el siguiente: ¿estaré o no estaré aquí siempre? Problema filosófico, sin duda. Es decir: si no leo a los filósofos, una pregunta de esa calaña seguramente jamás me habría asaltado. Supongamos que la respuesta es un grosero: “No”. “No, no estaré aquí eternamente”. Sólo parecen legítimas dos respuestas de compañía. Una: que no esté aquí eternamente me echa a perder la vida. Dos: que no esté aquí eternamente me permite valorar sin coartadas la vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Si hago de estas preguntas una profesión, lo más probable es que termine escribiendo (ya no digo publicando, y mucho menos vendiendo) varios libros. No por hacer de ella profesión podré resolverla. Al contrario. Se convertirá en mi &lt;i&gt;modus vivendi&lt;/i&gt;. Con lo cual encontrar una respuesta se convierte en una verdadera amenaza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Con esto quiero decir que la pregunta por la inmortalidad es una pregunta viciosa y perversa. Circunstancia que, por lo demás, la torna inmediatamente interesante. Al darme cuenta de que no estaré aquí para siempre me doy cuenta que quiero estar aquí para siempre. ¿De verdad? ¿No será que quiero estar aquí para siempre sólo porque me han dicho que si no estoy siempre es porque alguien igual que yo o muy parecido a mí —es decir, mi ascendencia toda— hizo algo muy muy malo? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Puesto en sintonía, concederé, si bien no de muy buena gana, que lo que yo quiero es ser, seguir siendo, es decir, no morirme. No ya. Pero, y aquí se abre el abismo de (la) verdad, lo que quiero es seguir siendo en la exacta medida en que estoy dejando de ser —eso que soy. Si muero, seré sin vuelta de hoja lo que soy. Un cuerpo, una cosa, un organismo, un individuo, una existencia finita. Un parásito. Un ser que depende de millones de otros seres. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;De inmediato, la afirmación de mi vida se convierte en su contrario.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;A ver si se puede decir con más (quizá menos) claridad. Soy un ser cuya afirmación de sí depende de la negación —abstracta y concreta, productiva e improductiva— de lo que no soy. Mi vida es inmediatamente la muerte —de aquello que me sirve para vivir, pero que no soy. Me alimento, me visto, me desplazo, me limpio, me desalojo, me pongo a trabajar… Para lograr todo eso, qué espanto, tengo que matar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El “ser para la muerte” (&lt;i&gt;Sein zur Tod&lt;/i&gt;) heideggeriano otorga indeleble fórmula a esta inescamoteable imbricación. La afirmación de un ser se hará siempre y en cualquier circunstancia a expensas de otro ser. Que no haya vida sin muerte significa que la vida de cada ser —en su unidad y en su continuidad— depende de privar de la vida a otro ser.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Está feo, pero, ¿hay algo malo en eso? ¿Es malo que los leones se coman a las gacelitas? ¿Es malo que las gacelitas se coman a las hierbitas? ¿Es malo que las hierbitas se coman a las piedritas? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;No, no es malo. Es “natural”. Eso lo saben los hombres, en la cúspide de las cadenas tróficas. Pero las cosas cambian por completo si preguntamos: ¿es malo que un hombre mate para vivir? ¿Es malo que &lt;i&gt;yo&lt;/i&gt; mate para seguir viviendo? Preguntas que, girando en las cabezas, dan origen a la pregunta: ¿es malo que &lt;i&gt;yo&lt;/i&gt; me muera un día?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; page-break-after: avoid;" align="right" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Puedo decir: sí, es malo. Pero igualmente puedo no decirlo. Con razón o sin ella, con el corazón o sin él. Que yo muera un día puede que no tenga nada qué ver con el bien y con el mal. Quizá —y &lt;i&gt;esto &lt;/i&gt;es lo trágico— el sentido de mi vida consista íntegramente en &lt;i&gt;suspender el juicio&lt;/i&gt; de si es bueno o malo morirse un día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; page-break-after: avoid;" align="right" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;CUATRO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; page-break-after: avoid;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Ahora bien, el cristiano simplemente no puede adaptarse a ello. Si su existencia es resultado de un juicio —el Juicio de Dios—, no puedo imaginármelo resignándose a dejar de ser un día. Pero esto ocurre porque &lt;i&gt;ya decidió&lt;/i&gt; que era bueno o malo existir. Y bueno, precisamente por eso cree en Dios, porque es el juicio trasladado a ese no-lugar absoluto que es el no ser antes y después de qué él mismo (en cuanto individuo, en cuanto organismo) sea. El lugar del juicio absoluto (el que me sirve para decidir que es bueno vivir y que es malo morir) es ese lugar que existe como resultado de la negación absoluta de la justicia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;i&gt;Nadie&lt;/i&gt; puede estar allí. Pero yo, que juzgo mi mortalidad como producto de un pecado, como resultado de un mal, &lt;i&gt;necesito a alguien&lt;/i&gt; que me hable desde ese sitio. Bueno, que me “hable” seguramente es mucho pedir. Necesito &lt;i&gt;confiar&lt;/i&gt; en que alguien —el Summum Esse— está (ha estado y estará) allí &lt;i&gt;por siempre&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Considero —ya se veía venir— que esta exigencia es injusta. Injusta no conmigo y mi insufrible “yo” (y el de todos los demás), sino con la vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Y considero también que “el problema” de Don Miguel de Unamuno —y lo que nos da siempre de qué hablar— es que su obra es la formulación más patética —pero también, o, por lo mismo, la menos autoengañosa— de esta injusticia vital y existencial que constituye el cristianismo en su totalidad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   “&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Irle a uno con la embajada de que se haga otro, es irle con la embajada de que deje de ser él”, escribe en el más filosófico de sus ensayos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://docs.google.com/RawDocContents?docID=ajjmf6ckvc84_32gb8z9q&amp;justBody=false&amp;amp;revision=_latest&amp;timestamp=1179124501609&amp;amp;editMode=true&amp;strip=true#sdfootnote3sym" name="sdfootnote3anc"&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;. Exactamente. Se agradece en todo momento la claridad norteña. Traduzcamos. La inmortalidad del alma es el blindaje que el cristianismo ha edificado en torno de los seres humanos. “Yo” consiste en la inverosímil obcecación de seguir siendo “yo” hasta cuando mi cuerpo —no “mi”, sino &lt;i&gt;el&lt;/i&gt; cuerpo que me sostiene y soporta como &lt;i&gt;corpus&lt;/i&gt;— se encuentre desperdigado a los cuatro vientos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Lo propio del sentimiento y de la experiencia del cristianismo —lo comprendemos sin dobleces desde San Pablo y desde Hegel— reside en la negación de la muerte. Pero esta negación —y esto es mérito de Pascal, de Kierkegaard y de Unamuno— en absoluto es “natural”. De hecho, esta negación es &lt;i&gt;el origen de todo lo que de artificial hay en el hombre&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Volvamos (sin pretender resolverla) a la pregunta moral: ¿es bueno o es malo que el hombre sea un animal artificial? Hay que preguntar una y otra vez, pero sólo para escapar aunque sea momentáneamente de su fuerza gravitatoria. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;CINCO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   “&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Conócete, mortal, mas no del todo…” Tal es el “secreto”. La idea es pregnante porque (Epicuro &lt;i&gt;dixit&lt;/i&gt;) de la muerte no es posible, en rigor, saber nada. El secreto del mortal es su mortalidad. Pero la fuerza (y la debilidad) de nuestros artificios amenaza el secreto. Unamuno se “vela” ante él. Pero lo guarda &lt;i&gt;porque no puede soportarlo&lt;/i&gt;. Allí radica toda la diferencia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;La diferencia consiste menos en resignarse ante la inevitabilidad del fin que reconocer en ese límite la posibilidad más alta —la más profunda— de ser humanos. El humanismo de Unamuno, como el de Sénancourt, es un humanismo del rechazo a la mortalidad. Este rechazo no es trágico, es rechazo a lo trágico. Sólo en ese rechazo se puede esperar que alguien grite a su Dios inexistente: “pues si tú existieras, / existiría yo también de veras”. ¿Qué clase de existencialismo es este de un existente que por ser finito se sitúa en posición de juez de su propio existir? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Por decirlo sin ambages: este ultracatolicismo nordibérico quiere pasar como “cosmovisión trágica de la vida” sin parar mientes en que lo trágico consiste en que no hay cosmovisión posible. Su noción de lo trágico procede sin duda de un hegelianismo deteriorado. No se trata de enfrentar dos fuerzas que nunca se comprenden pero que son igualmente positivas. Lo trágico es el desencuentro permanente entre fuerzas múltiples que luchan consigo mismas, que luchan y se afirman en su no ser.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Se comprende el dilema Unamuno (y Agustín, y Pascal, y Kierkegaard): Dios es una Idea, Dios es &lt;i&gt;el&lt;/i&gt; verbo. Pero su ser lingüístico &lt;i&gt;no alcanza&lt;/i&gt; para otorgar a su portador un viático a la eternidad. El hombre de carne y hueso sufre por eso mismo: porque &lt;i&gt;no es solamente&lt;/i&gt; un soplo, una palabra, una Idea… Todo ocurre, fijémonos, de modo contrario. Si ese Dios existiera, o, más bien dicho, &lt;i&gt;por el extraño hecho&lt;/i&gt; de que Dios existe justamente como personificación de lo inmortal, yo no puedo existir “de veras”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El cristiano imagina que lo trágico es la existencia a la vez anudada y disociada de un cuerpo y de un alma. Es trágico ser algo que decae y fenece —y al mismo tiempo algo que se eleva y se sostiene en la visión de lo no mortal. Pero considera trágica esa escisión porque, según lo hemos anticipado, es incapaz de afirmar su existencia sin un juicio previo. Es un problema lógico: sé que yo muero, pero en el instante mismo en que lo digo escapo un poco de esa muerte. Pues “yo” muere pero no muere &lt;i&gt;propiamente&lt;/i&gt;. ¿Y qué? La muerte no es algo que se encuentre en mano de yo alguno. Seguramente yo puede matar o ser muerto, pero yo, hágale como quiera, &lt;i&gt;no puede&lt;/i&gt; morir. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El cristianismo cumple el prodigio que ninguna otra religión había logrado (porque no se trataba de eso). El problema de las religiones politeístas (o uno de ellos) era que los dioses &lt;i&gt;no podían&lt;/i&gt; morir. El Dios judío tampoco, vaya absurdo. Sólo el Dios del Nuevo Testamento ha acumulado el poder suficiente como para tocar la muerte, como para &lt;i&gt;darse la muerte&lt;/i&gt; (en su Hijo). Ese sí que es poder. Quizá demasiado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Que este Dios se mate —que conozca el secreto— en su Hijo provoca en el existente finito una exaltación casi sacrílega. Esa muerte es la única forma de matar (a) la muerte. Pero entonces Dios no sostiene más al existente finito, sino que se yergue delante y por encima de él con una violencia excesiva. Tanto fulgor lo acaba cegando. El existente finito “ve” a Dios y a la vez queda infinitamente desconectado de él. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;           &lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Tu ensangrentada huella  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;             &lt;br /&gt;&lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;por los mortales campos encamina. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;hacia el fulgor de tu eternal estrella; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;hay que ganar la vida que no fina, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;con razón, sin razón o contra ella.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El precio —esto es lo decisivo— el precio de la vida eterna es impagable. La solución del cristianismo es una solución lógica, pero en su potencia deja a la propia lógica necesariamente en suspenso. Este Dios es el Dios más potente de la historia humana porque ha llegado incluso a juntar en sí mismo el poder de morir. Sólo que al morir —aquí, una vez más, lo decisivo— torna imposible (a) la muerte. A ese Dios &lt;i&gt;sólo estando muerto&lt;/i&gt; podría conocérsele. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Así espero a que me muera &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;para verlo, pues única soporta &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;la muerte a la verdad nuda y entera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El Dios-que-muere posee un movimiento que eleva al existente finito a una altura nunca antes alcanzada. No hay más. Al parecer, es un Dios creado &lt;i&gt;para hacer justicia&lt;/i&gt; a ese existente. Pero posee al mismo tiempo, y de manera ineliminable, un movimiento que vuelve a arrojar al cieno más fétido a su creatura. Es un quiasmo. Un quiasmo que suscita una doble locura, una “paradoja”, un delirio de direcciones encontradas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Sólo muerto puedo conocerlo, pero, muerto, ¿qué queda de mí para poder conocerlo? Nada. Una dicha que es desdicha, una luz que sólo es tiniebla. “Toda vida a la postre es un fracaso”, llora Unamuno, y ese llanto viene de haber visto demasiado. El poeta ve que la vida es un engaño, pero al llegar a su fin también descubre un engaño en &lt;i&gt;la otra&lt;/i&gt; vida. Tendríamos que dar un paso más: &lt;i&gt;desde el fin&lt;/i&gt;, desde el límite mismo de la vida, el poeta comprende —pero si este poeta persiste en su cristianismo no podrá o no querrá hacerlo— que la vida es un engaño &lt;i&gt;sólo en virtud de que ha podido ser juzgada desde “la otra” vida&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;SEIS&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El “hombre de carne y hueso” que defiende Unamuno retorna una y otra vez a su guarida metafísica. Uno se pregunta si en algún momento atinó a salir de ella. Pues lo que según todo esto nos hermana no es la mortalidad, sino la imposibilidad congénita de afirmarla. Se le aplicará al “hombre Unamuno” su propio soneto: “Esa tu queja, / siendo egoísta como es, refleja / tu vanidad no más”. Podemos estar de acuerdo en eso de que “sólo el dolor común nos santifica”, pero no sin advertir que el dolor metafísico derivado de la conciencia de la finitud es un invento de cierto pueblo. Y una invención emanada no precisamente de la fuerza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;El pueblo al que pertenece Unamuno se ha colocado en una posición original y finalmente insostenible. Insoportable. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por si no hay otra vida después de ésta, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;haz de modo que sea una injusticia &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;nuestra aniquilación; de la avaricia &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;de Dios sea tu vida una protesta. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Será, por tanto, la escritura unamuniana, una herejía &lt;i&gt;consentida&lt;/i&gt;. La posición conquistada es la de un &lt;i&gt;juicio infinito&lt;/i&gt;. Si no es posible &lt;i&gt;saber&lt;/i&gt; con absoluta certeza, hagamos posible &lt;i&gt;querer&lt;/i&gt; con toda la fuerza. Pero, querer ¿qué? ¿La vida eterna? “Feliz es solamente aquel que experimentó el vértigo hasta el estremecimiento de todos sus huesos”, escribe Georges Bataille, “y que ya sin medir para nada su caída de pronto recobra el inesperado poder de convertir su agonía en una alegría capaz de paralizar y transfigurar a quienes la encuentren”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://docs.google.com/RawDocContents?docID=ajjmf6ckvc84_32gb8z9q&amp;justBody=false&amp;amp;revision=_latest&amp;timestamp=1179124501609&amp;amp;editMode=true&amp;strip=true#sdfootnote4sym" name="sdfootnote4anc"&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Unamuno no sería —que en gran parte lo es, admitámoslo— otro predicador más si no fuera por la claridad y la animosidad de su lamento. El cristiano se desespera entre la esperanza de &lt;i&gt;otra vida&lt;/i&gt; y la nostalgia ante &lt;i&gt;lo que esta vida es&lt;/i&gt;. Quizá no se trate de desear la eternidad futura. Quizá lo que padece el alma cristiana es la nostalgia ante &lt;i&gt;aquello que ocurre&lt;/i&gt;. Esta nostalgia se percibe en palabras como las que siguen: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es revivir lo que viví mi anhelo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;y no vivir de nuevo vida nueva. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Pero “revivir lo ya sido” significa que no pude vivirlo en cuanto tal en su momento. Y no lo pude hacer porque previamente me habían enseñado a despreciar &lt;i&gt;esta&lt;/i&gt; vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Despreciable sólo a condición de tragarme enterito el —productivo— engaño consistente en poder vislumbrar primero y ocupar después el lugar capaz de burlar a la muerte. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Un doble y poderosísimo engaño, pues. El mismo Dios que me ha hecho desear la vida eterna me ha enseñado —y forzado— cada instante a despreciarla. Gracias a Él he aprendido a “devorar las horas sin paladearlas”. De ahí que lo de Unamuno, su “fiero desacato” sea un sacrilegio consentido. Lo es no porque no “convenza a nadie”, sino porque él mismo está privado del poder de romper el círculo encantado que se cierra entre Dios y el Hombre. Entre &lt;i&gt;ese &lt;/i&gt;Dios y &lt;i&gt;ese &lt;/i&gt;Hombre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Finalmente. El famoso hombre de carne y hueso de Unamuno no tiene en verdad nada que ver con el concepto abstracto de “Humanidad”, pero tiene todo que ver con el concepto más restringido aunque igualmente abstracto de “Cristiandad”. El cristiano es un hombre, sin duda, pero &lt;i&gt;esa clase&lt;/i&gt; de hombre que —digámoslo en síntesis— ha perdido la capacidad de existir sin juzgar. Que sufra, que goce, que sueñe, que espere, que llore o que celebre… que muera, sobre todo que muera, &lt;i&gt;le parece obra de una gigantesca injusticia&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Lo paradójico es que esa injusticia sólo puede concederse arribando al lugar desde el cual podría revertirse. Sólo que &lt;i&gt;llegando allí&lt;/i&gt;, ya nada podría modificarse. Dios ha muerto, sí, pero sólo para extraer del mortal su “fiero desacato” —que es su mortalidad misma, su límite, su finitud absolutamente inocente. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;Por mi parte, y para cerrar de una buena vez este desvaído comentario, diré que el hecho de que Dios haya abandonado a su Hijo en la hora nona es lo único que del cristianismo me parece en verdad perdonable. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El resto, como muy bien declaró Unamuno con su peculiar insistencia, es pura vanidad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;  &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.49in; margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;  &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;   &lt;a class="sdfootnotesym" href="http://docs.google.com/RawDocContents?docID=ajjmf6ckvc84_32gb8z9q&amp;justBody=false&amp;amp;revision=_latest&amp;timestamp=1179124501609&amp;amp;editMode=true&amp;strip=true#sdfootnote1anc" name="sdfootnote1sym"&gt;1&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9pt;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family:Worchester-Regular;"&gt; Ponencia presentada en el &lt;i&gt;I Simposio Internacional “Unamuno y nosotros”&lt;/i&gt;, Facultad de Filosofía, Universidad Autónoma de Querétaro, Querétaro, 21 de noviembre de 2006&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;p class="sdfootnote-western" style="text-indent: 0.2in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="sdfootnote-western" style="text-indent: 0.2in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;a class="sdfootnotesym" href="http://docs.google.com/RawDocContents?docID=ajjmf6ckvc84_32gb8z9q&amp;justBody=false&amp;amp;revision=_latest&amp;timestamp=1179124501609&amp;amp;editMode=true&amp;strip=true#sdfootnote2anc" name="sdfootnote2sym"&gt;2&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9pt;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family:Worchester-Regular;"&gt; Miguel de Unamuno, &lt;i&gt;Del sentimiento trágico de la vida&lt;/i&gt;, Editorial Óptima, Madrid, 1997, p. 47&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="sdfootnote-western" style="text-indent: 0.2in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;a class="sdfootnotesym" href="http://docs.google.com/RawDocContents?docID=ajjmf6ckvc84_32gb8z9q&amp;justBody=false&amp;amp;revision=_latest&amp;timestamp=1179124501609&amp;amp;editMode=true&amp;strip=true#sdfootnote3anc" name="sdfootnote3sym"&gt;3&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9pt;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family:Worchester-Regular;"&gt; &lt;i&gt;Ibíd.&lt;/i&gt;., p. 54&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="sdfootnote-western" style="text-indent: 0.2in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;a class="sdfootnotesym" href="http://docs.google.com/RawDocContents?docID=ajjmf6ckvc84_32gb8z9q&amp;justBody=false&amp;amp;revision=_latest&amp;timestamp=1179124501609&amp;amp;editMode=true&amp;strip=true#sdfootnote4anc" name="sdfootnote4sym"&gt;4&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9pt;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family:Worchester-Regular;"&gt; &lt;span lang="es-ES"&gt;Georges Bataille, “La práctica de la alegría ante la muerte”, en &lt;i&gt;La conjuración sagrada. Ensayos 1929-1939&lt;/i&gt;, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2003, p. 254. El párrafo continúa: “La existencia mística de aquel para quien la ‘alegría ante la muerte’ se ha convertido en violencia interior no puede hallar en ningún caso una beatitud satisfactoria en sí misma, comparable a la del cristiano que saborea anticipadamente la eternidad. El místico de la alegría ante la muerte no puede ser considerado como un acorralado, porque está en condiciones de reírse con total liviandad de cualquier posibilidad humana y conocer cualquier encanto accesible: sin embargo la totalidad de la vida —la contemplación extática y el conocimiento lúcido &lt;i&gt;que se producen en una acción&lt;/i&gt; que no puede dejar de volverse riesgosa— es su destino, tan inexorablemente como la muerte para un condenado”. Por mi parte, me habría gustado muchísimo ver a Unamuno reír &lt;i&gt;de verdad&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;&lt;span style="font-size: 9pt;font-size:85%;" &gt;Universidad Autónoma de Zacatecas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="right" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="color:#0000ff;"&gt;&lt;u&gt;&lt;a href="mailto:sproa52@hotmail.com"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family:Toledo-Xlight;"&gt;sproa52@hotmail.com&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-3764839935946029359?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/3764839935946029359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=3764839935946029359' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/3764839935946029359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/3764839935946029359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2007/05/el-humanismo-de-unamuno.html' title='El humanismo de Unamuno'/><author><name>Carolus Brigantinus Barbatus</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_2Bnn2Z_Alyc/SrteNDxYmSI/AAAAAAAAHI8/IkxF789EWJc/S220/Briga1993.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-1245938748445507660</id><published>2007-04-26T07:07:00.000-07:00</published><updated>2007-05-02T03:36:24.642-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Leibniz'/><title type='text'>CONVERSACION ENTRE EL MARQUES DE PIANESSE,...</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;b&gt;... MINISTRO DE ESTADO DE SABOYA, &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Y EL PADRE EMERY, EL EREMITA, &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;b&gt;LA CUAL HA PROVOCADO UN GRAN &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;b&gt;CAMBIO EN LA VIDA DE DICHO MINISTRO, &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;b&gt;O &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;DIÁLOGO ACERCA DEL EMPEÑO QUE SE DEBE PONER EN LA PROPIA SALVACIÓN&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote1sym" name="sdfootnote1anc"&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="center" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="center" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="center" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%; color: rgb(204, 0, 0);" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Introducción y notas: Lourdes Rensoli Laliga, Universidad Europea de Madrid&lt;/span&gt; &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Traducción: Quintín Racionero Carmona, Universidad Nacional de Educación a distancia/ Lourdes Rensoli Laliga &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Publicado en: &lt;i&gt;Revista de Humanidades&lt;/i&gt;. Universidad Andrés Bello, Vol. 12, dic.2005, pp. 123-163, bajo el título “G. W. Leibniz contra el escepticismo: nueva traducción de un diálogo”. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Puede afirmarse sin reparos que estamos frente a una obra clave de Leibniz, quien, además de esmerarse en la belleza y elegancia de su construcción y de su estilo, aborda en ella varios problemas constantes en su pensamiento, coordinados por la correspondencia entre fe y razón, y entre metafísica y moral. Forma parte de la polémica leibniziana contra el escepticismo, mal que puede atacar aun a los más virtuosos y de más claro entendimiento. En este diálogo se desarrollan las ideas esbozadas en el Diálogo entre Teófilo y Polidoro&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;i&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote2sym" name="sdfootnote2anc"&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; y se caracteriza muy nítidamente a los personajes: el sabio de fe inconmovible, y el hombre de mundo, culto y bienintencionado, pero casi convencido de la ineficacia de toda empresa de envergadura en favor del bien común. Los argumentos del Marqués, contagiado por el escepticismo, especialmente religioso y moral, son rebatidos por Émery desde el plano científico y metafísico y el arte del razonamiento, tanto como desde el plano existencial y moral. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;Esas mismas ideas serán abordadas, desde una perspectiva práctica y organizativa en la &lt;/i&gt;Memoire pour les personnes éclairées et de bonne intention &lt;i&gt;(1692). Constituye así un modelo de controversia en la que el contrario es convencido mediante la apelación a varias ramas del pensamiento, que encuentran su unidad en la correspondencia entre fe y razón y el consiguiente nexo entre metafísica y moral, pero también en la refutación de los argumentos de algunos pensadores escépticos relevantes, cuyas citas Leibniz no duda en manipular para hacerlas concordar con sus principios. Niega también la concepción platónica acerca de la filosofía como preparación para la muerte para sostener en su lugar una idea de la filosofía como terapia moral, guía para la vida o &lt;/i&gt;Methodus Vitae&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;i&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote3sym" name="sdfootnote3anc"&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, función en la que se advierten resonancias espinocistas&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;Parece posible además trazar un paralelo entre este diálogo y &lt;/i&gt;Le Livre du gentil et des trois sages&lt;i&gt;, de Raymond Llull (también se aprecian elementos comunes con la obra de Abélard &lt;/i&gt;Diálogo entre un filósofo, un judío y un cristiano&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote4sym" name="sdfootnote4anc"&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;)&lt;i&gt;. Llama particularmente la atención la obra de Llull, por cuanto el esquema en ambos casos es muy similar: un hombre honesto, de gran talento y de vastos conocimientos, de vida meritoria--más por fidelidad a la tradición moral y por intuición que por verdadera convicción sobre principios cuya fundamentación desconoce o se cuestiona-- pero de poca o ninguna fe religiosa, que nadie le ha transmitido o que se ha vuelto insegura a causa de incertidumbres y desengaños, se deja vencer, llegado a cierta edad, por el desánimo provocado por la hipocresía y los vaivenes humanos y sociales, pero también al plantearse el sentido de la vida y la cercanía cada vez mayor de la muerte. Duda del valor de sus conocimientos y de sus buenas acciones, cree haber perdido su tiempo en conquistar saberes que se extinguirán con él, y es reconfortado y transformado por alguien que lo convence de la existencia de Dios y/o de Su bondad, justicia y misericordia, con lo que todas las vidas cobran sentido aunque, en el caso de Leibniz, éste último papel corresponda siempre a un sabio cristiano, de profunda piedad, y en el de Llull a tres, representantes de cada una de las religiones del Libro. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Una traducción previa de este importante escrito al español fue hecha por el difunto Prof. Ezequiel de Olaso&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote5sym" name="sdfootnote5anc"&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;a partir de una de las versiones incompletas del original, únicas disponibles entonces&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;i&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote6sym" name="sdfootnote6anc"&gt;&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt; . Esa es la razón por la que, pese a su alta calidad, no recoge el opúsculo leibniziano más que parcialmente. Aparecida ya la versión definitiva de este tratado, es posible ofrecerlo a especialistas y estudiosos íntegramente en español. &lt;/i&gt; &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;L.R.L.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;.......................................................................................................................&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;El Marqués de Pianesse es muy conocido en el ámbito mundano. Émery Stahl era un cumplido gentilhombre alemán, capacitado para llegar muy lejos en la corte. Pero en buena hora Dios lo sacó de ella: tomó una decisión extraordinaria, sobre todo para un hombre joven habituado a los placeres y que poseía bienes acordes con su condición, y fue la de dejarlo todo e ir en busca de un eremitorio en las montañas de Suiza. Allí vivía en la más absoluta simplicidad, tenía siempre el alma elevada al Cielo, y hasta sus momentos de descanso no tenían sino a Dios como objeto. Pues se complacía en contemplar las maravillas de la naturaleza: estudiaba las cosas simples, de las cuales sabía extraer admirables esencias, y todos aquellos grandes conocimientos que lo habían hecho brillar en el mundo, expurgados de cuanto tenían de profanos, no le resultaban sino otras tantas representaciones diversas de la belleza y grandeza de Dios, de la que estaba prendado. Había tenido un maravilloso talento para las matemáticas y querido probar si podría imitar la exactitud de éstas en las materias más relevantes&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote7sym" name="sdfootnote7anc"&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Entre [sus] papeles se encontraron algunas cosas a este respecto que un día podrán publicarse. Practicaba grandes actos de caridad hacia los pobres, e incluso llegó a suministrarles remedios cuyos efectos fueron maravillosos. Tales éxitos resultaban contrarios a su deseo de permanecer oculto. Pues su eremitorio hacía gran ruido en los ámbitos mundanos y mucha gente creía que poseía la famosa piedra filosofal. Príncipes y grandes señores iban a verlo para satisfacer su curiosidad, pero él los desengañaba muy pronto, porque no les hablaba más que de Dios y de la virtud, lo cual hacía con tanto ardor y fuerza, que no hubo ninguno que no fuera tocado hasta el alma, y algunos tomaron y pusieron en práctica vigorosas resoluciones para romper todas las cadenas de las consideraciones humanas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;El Marqués de Pianesse fue de esos. Había ido a ver a nuestro Eremita con ese espíritu mundano que no busca más que novedades. Desde el principio resultó fascinado por la dulzura de sus hábitos y sorprendido por la austeridad de su vida. Sostuvieron juntos muchas conversaciones, en las que el Marqués salió adelante hábilmente, pues poseía una gran vivacidad de espíritu, pero trataba los asuntos de piedad de un modo muy ligero. Esto causó gran pena al Eremita, que lo estudiaba cuidadosamente para conocer su lado débil y atacarlo por ahí. Muy pronto notó que el Marqués hablaba con frecuencia de la vanidad de todas las cosas del mundo, y aunque esto pareciera favorable a la piedad y al retiro, el Eremita, que era sutil, se percató de que el Marqués lo tomaba de modo muy distinto y de que estaba infectado por el escepticismo, como es común entre la gente encumbrada, y odiaba toda dedicación a cosas que no concernieran visiblemente a los sentidos y al interés inmediato. De este modo, tenía una gran propensión a incluir, también entre muchas investigaciones vanas, una extraordinaria preocupación por las cosas celestiales, y creía sin duda que bastaba con guiarse por ejemplos y atenerse a la costumbre.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Habiéndole tomado el pulso lo bastante, y convencido de que no era ahí donde residía su mal, el Eremita llevó la conversación hacia las ciencias, y dijo que tenemos motivos de dar gracias a Dios por tanto medios como nos ha dado para conocerlo y amarlo. Replicó el Marqués que siempre había creído que no sabemos casi nada, que los matemáticos eran más bien curiosos que útiles, salvo aquellos que tienen esta [ciencia]&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote8sym" name="sdfootnote8anc"&gt;&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; como profesión, que la medicina estaba mal atendida, la moral llena de fantasías, la teología sujeta a difíciles controversias; que su opinión era dejar las investigaciones sobre la naturaleza a los curiosos de profesión, no seguir en moral sino la costumbre, y en materia de fe, a la Iglesia; que había visto muchos personajes de gran reputación, pero que nunca había visto ninguno capaz de hacerlo creer que tuviesen un conocimiento de Dios y de la naturaleza realmente superior al común; que con frecuencia veía muchos melindres y alardes de tal; que se hacían monstruos de algunas pequeñas curiosidades o de ciertas austeridades capaces de deslumbrar al hombre vulgar, pero que en el fondo todos éramos igualmente ignorantes, cuando se trataba de cualquier cosa de importancia. En fin, que esperaba estar desengañado al respecto y que estaba firmemente convencido de que, si había una persona en el mundo capaz de hacerlo cambiar de opinión, sería aquella a quien tenía el honor de hablar. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Todo esto lo hacía con el propósito de obligar al Eremita a revelarse un poco, pues el Marqués esperaba ver una exhibición, puesto que le habían hecho pasar al Eremita por un Adepto&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote9sym" name="sdfootnote9anc"&gt;&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Pero éste imprimió un giro total al caso: hizo saber al Marqués que no se atribuía a sí mismo nada que estuviese por encima de lo común, salvo la aplicación, pues opinaba que los hombres no difieren más que por eso. En esto consiste principalmente la gracia que los distingue, porque puede decirse que la naturaleza los ha favorecido a todos por igual. Pues Dios dota de atención a aquellos que quiere retirar de la corrupción pública. No necesita de revelaciones ni de milagros para con ellos&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote10sym" name="sdfootnote10anc"&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Tampoco es necesario que tengan conocimientos más sobresalientes que el común, ni sobre la naturaleza ni sobre Dios. Pues las semillas de las verdades más importantes están en el alma del último de los campesinos, de modo que sólo es preciso reunirlas y cultivarlas con cuidado. Es decir, no se pueden considerar las cosas a la ligera; hay que tomar una inviolable resolución de remitir todo a un fin que es el de perfeccionarse; y, como si se tratase de obtener un cargo o de lograr cualquier otra gran fortuna, hay que mostrar la misma solicitud que se ve entre los prudentes del siglo, acordes con sus fines. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;-- No poseo otro secreto (dijo él) que enseñar a aquellos que buscan, no pequeñas curiosidades, sino algo grande y sólido. Pues si yo tuviese panaceas y tinturas&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote11sym" name="sdfootnote11anc"&gt;&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, que no las tengo, las consideraría como nada a cambio de la medicina universal de las almas. No me sorprende entonces, Señor, que menospreciéis todos los apegos, porque os imagináis que no existen más que cosas sorprendentes y extraordinarias que lo ameriten. Pues éstas sólo se encuentran raramente, o puede ser que nunca, del modo como las queréis. Y yo, que creo que las cosas ordinarias como el fuego y el agua son las más eficaces, me imagino que lo que existe de extraordinariamente útil no consiste sino en el uso y en la aplicación. Veamos los &lt;i&gt;Elementos&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote12sym" name="sdfootnote12anc"&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; de los geómetras. Nada hay más simple que los axiomas y las preguntas que se encuentran al comienzo de este libro. Y sin embargo, su sola combinación ha producido tantas verdades sorprendentes. Es entonces en esto en lo que la costumbre difiere de la razón: aquellos que la siguen no profundizan en nada. Son semejantes a un escolar que se contentara con leer los axiomas de Euclides sin pasar a los teoremas que se extraen de ellos, o a un escéptico que se burlase de los geómetras que se jactan de conocimientos extraordinarios y que no tienen ninguno, que no extraigan de verdades tan elementales y tan triviales que uno se avergonzaría de comunicarlas en grupo. Vos, Señor, por el contrario, no queréis sino novedades clamorosas, &lt;i&gt;signa et prodigi&lt;u&gt;a&lt;/u&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote13sym" name="sdfootnote13anc"&gt;&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Pero cuando no se os dicen más que cosas ordinarias y se os hace ver que debéis tener por vos mismo el cuidado de extraer de ellas alguna cosa de importancia para vuestra perfección, aunque se os muestre el método para ello y uno se ofrezca para abriros el camino, os cansáis. Sin embargo, ese es el orden de las cosas. Es la Providencia la que así lo ha establecido. Nada se sabría si no se supiera a partir de los principios, que son siempre fáciles. Un hombre que conociera de memoria las bellas proposiciones de los geómetras sin conocer sus demostraciones habría recargado su memoria, pero no habría perfeccionado su espíritu en lo más mínimo. Es lo mismo con respecto a la ciencia de Dios y del verdadero camino. No se os puede decir más que cosas ordinarias, pues hay que comenzar por los principios fáciles que admitís, pero si os aplicáis, se producirá en vos un feliz cambio del cual quedaréis muy sorprendido. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;El Marqués de Pianesse&lt;/i&gt;: Dudo mucho que la razón pudiera establecer cualquier cosa sólida en las cuestiones prácticas, pues en moral no hay más que la costumbre, y la fe en materia de religión, que pudiera seguirse. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;El Eremita:&lt;/i&gt; Distinguís la costumbre y la fe en apariencia, pero del modo como los tomáis, me parece que vuestra fe no es sino una especie de costumbre en materia de culto. Si hubiérais nacido mahometano&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote14sym" name="sdfootnote14anc"&gt;&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, diríais otro tanto. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;Pianesse:&lt;/i&gt; Doy gracias a Dios por lo que soy. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;Eremita:&lt;/i&gt; Un musulmán no lo haría&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote15sym" name="sdfootnote15anc"&gt;&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;Pianesse:&lt;/i&gt; ¡Qué queréis que haga uno! Dios concede su Gracia a quien quiere. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Sin duda. Y también a aquellos que la desean. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; El desear mismo es una gracia de Dios.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Pero si el desear no consiste más que en una fuerte resolución de aplicarse a lo que atañe a la Salvación, es inútil buscar la fuente de la voluntad. Pues lo que se puede desear preferentemente de Dios y de la naturaleza no sería suficiente, si no hubiera necesidad más que de voluntad o de atención para ser feliz o inexcusable. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Esa aplicación que recomendáis sería útil, si hubiera apariencia de sacar provecho de las búsquedas. Pero la experiencia hace ver que no existe nada tan inútil, y aunque se quiera abandonar la costumbre, para meditar y para seguir una pretendida razón, uno se perdería de inmediato en un laberinto de disputas. Pues veo que los hombres casi nunca quedan de acuerdo, que no hay medio de salir de las dudas y que las meditaciones mismas no sirven más que para confundirnos. Me parece que la naturaleza no nos ha hecho para disfrutar de la verdad, sino para regularnos por las apariencias. Es por esto por lo que hace largo tiempo que he tomado la resolución de no inquietarme más por esos pretendidos conocimientos y me contentaré con seguir una forma de vida fácil y libre de todas las reflexiones que abruman. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E: &lt;/i&gt;Tened cuidado, Señor, de que no os descuidéis demasiado y no ofendáis a Dios, que no os ha dado ese espíritu penetrante para que sólo os sirva para observar la superficie de las cosas. Creo que más adecuado sería confesar nuestra pereza, que la naturaleza sin duda nos ha hecho para un fin más noble que las bestias, que se siguen entre sí ciegamente hasta precipitarse las unas sobre las otras. Por lo tocante a la incertidumbre que creéis encontrar por doquier, os podría revelar su causa y su remedio, si lo aceptáis.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Tendría un gran placer en ello. Pues lo que avanzáis acerca de un remedio contra la incertidumbre me parece una paradoja, y las paradojas agradan cuando una persona de espíritu como vos les da un cierto aspecto de bella apariencia. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E: &lt;/i&gt;Estoy muy lejos de ese humor que se complace en las paradojas, y no expongo más que cosas de las cuales estoy convencido. No será sin duda para contribuir al placer que recibís de la novedad por lo que intentaré satisfaceros, sino que sacaré provecho de vuestra inclinación para volveros más atento. He aquí la causa de la incertidumbre y de las disputas sin fruto; del remedio hablaremos después. Hay comodidades e incomodidades, bienes y males en todas las cosas del mundo, sagradas y profanas. Es esto lo que perturba a los hombres. Es esto lo que hace nacer esa diversidad de opiniones, al mirar cada uno los objetos desde un cierto ángulo. No hay sino muy pocos que tengan la paciencia de mirar el otro lado del asunto hasta ponerse en el lugar de su adversario&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote16sym" name="sdfootnote16anc"&gt;&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;; es decir, que quieran, con la misma aplicación y con espíritu de juez desinteresado, examinar el pro y el contra a fin de ver de qué lado debe inclinarse la balanza&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote17sym" name="sdfootnote17anc"&gt;&lt;sup&gt;17&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Pues se necesitaría bastante tiempo para ello, y nuestras pasiones o distracciones no nos lo dan. Ordinariamente estamos imbuidos de un cierto espíritu de contradicción y nos vanagloriamos de no escuchar nada, o no encontramos nada que criticar. Nos esforzamos sobre todo en oponernos aparentemente a aquello que los hombres ordinarios acostumbran a juzgar o a desear. De tal modo, todo lo volvemos problemático, y puesto que nos complacemos en las disputas, ¿por qué nos sorprendemos si todo es discutible por aquellos que se detienen en consideraciones ligeras? Además de que ordinariamente no se razona para sacar provecho sino para divertirse. Vos mismo, Señor, habéis dicho que queréis seguir la costumbre, y sin embargo decís que os complacéis en las paradojas, lo cual no supone seguirlas. Los sentimientos singulares nos otorgan una elevación imaginaria por sobre los otros; nos sentimos pesarosos de hablar como la gente vulgar, aunque seguimos el torrente de la corrupción general. Esto es porque no buscamos sino hablar y parecer bien y nada más. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Cuando damos con una réplica justa o ingeniosa con qué dejar perplejo a quien nos ha comunicado alguna proposición, aun cuando sea ésta útil y bien fundada, solemos contentarnos con tal victoria y pasamos a otras materias sin examinar quién tenía razón en el fondo--al menos mientras no se trate de algo que nos interese--, pues nos sentimos muy a gusto con un fracaso que, con algunos visos de razón, acaricia en realidad nuestra pereza con alguna apariencia de razón. Todo esto viene de que no tratamos la mayor parte de las cuestiones más que por juego y como descanso, en vez de llegar a una conclusión que pudiera tener alguna influencia en la práctica de nuestra vida; del mismo modo que los estudiantes de filosofía discuten sobre las virtudes, vicios y pasiones, sin que esto les afecte en manera alguna.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; ¿Queréis acaso que uno vaya a romperse la cabeza con mil cosas de escasa importancia? ¿No basta con que cada cual siga su vocación y el camino que ha tomado en la vida tras una deliberación madura? El resto debe servir más para divertirnos que para afligirnos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Basta, sin duda, que cada uno siga su vocación; pero corresponde a nuestra vocación esforzarnos por comprender nuestra vida y por ratificar nuestro juicio en las materias importantes que pueden hacer cambiar nuestra manera de actuar. ¿Creéis acaso que Constantino el Grande habría tomado nunca la decisión de hacerse cristiano, o que Carlomán, tío de Carlomagno, habría abandonado el trono para no ocuparse más que de su salvación, si no hubieran hecho más que reflexiones superficiales? Me diréis que Constantino el Grande vio un milagro y que Carlomán se excedió, quizás hasta os burlaréis de la simplicidad de su época. Estoy de acuerdo con vos en que el cuidado de los negocios y el celo en la piedad no son incompatibles; así la acción de Carlomán no es siempre un ejemplo que haya que seguir. Pero por lo que se refiere al milagro que empujó a Constantino a convertirse al Cristianismo, no es cosa bien comprobada, y si lo estuviera, creo que la voz de Dios, que nos habla en nuestro interior, tiene que tener tanto poder sobre los espíritus como la visión de un prodigio que asombra al hombre vulgar. Por esto desearía que los hombres se decidieran a veces a hacer una especie de retiro espiritual, con el fin de considerar con calma su estado presente y su porvenir, para así tomar alguna resolución rigurosa, no para abandonar el mundo, sino para librarse de esta indiferencia peligrosa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Creedme, ha habido muchos que se han dejado llevar con frecuencia por estas reflexiones; pero viendo que esto no les ha producido más que una turbación en el espíritu que envenena la dulzura de la poca vida que nos ha concedido la naturaleza, las han abandonado, al ver que cuanto más se piensa, más se confunde uno. Yo he sido de estos soñadores; pero Montaigne y La Vayer&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote18sym" name="sdfootnote18anc"&gt;&lt;sup&gt;18&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; me han curado de esta especie de enfermedad.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; ¡Ah, Señor! ¿Qué me decís? Ese es el auténtico modo de ahogar todo sentimiento cristiano y hundirse en el abismo de un lamentable escepticismo. Yo no podría leer estos dos autores sin sentir piedad por su ceguera y por los males que causan en las almas. Le doy gracias a Dios, no porque haya recibido de El más talento que los demás, pues con gusto lo cedería, y confieso que es una desgracia corriente el que precisamente los que tienen más espíritu y saber tienen menos devoción; pero yo he recibido de Dios una gracia que valoro más que todas las otras y que muchas gentes no aceptarían, y es que estoy penetrado por las santas verdades y que oigo retumbar en mi oído esa voz que nos llama al juicio. Por eso no me ocupo de nada en lo que no encuentre algo que corregir y no hay cuidado alguno que no me proporcione ocasión de relacionarlo todo con la gloria de este Dios que amo. Vos no podríais creer, Señor, cuánta dulzura encuentro en este modo de vivir, y si los hombres tuvieran ordinariamente alguna experiencia de ello, muchas gentes envidiarían mi felicidad. Estoy convencido de que el mundo es una especie de ciudad, tan bien ordenada como es posible, de la que el Señor tiene la sabiduría y la fuerza soberanas&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote19sym" name="sdfootnote19anc"&gt;&lt;sup&gt;19&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. ¿Cómo podría yo no amar a tal maestro, que es la bondad misma y que no me deja nada que desear? Pues si tengo la suerte de mantenerme hasta el final en estos sentimientos, tan fáciles por su gracia y tan razonables, tendré asegurada una felicidad que sobrepasa toda imaginación; y si me alejo de Dios, por poco que sea, no veo más que miseria en la condición de los hombres. Es por esto por lo que no me asombro de que aquellos que no profundizan bastante no lleguen de buen grado a reflexiones serias; pues ellas les darían una imagen muy desgraciada de su estado, sin hacerles ver remedio alguno. Un esclavo encadenado en una galera hará esfuerzos por alejar sus pensamientos de su desgracia, y quien espera el suplicio a la salida de la prisión se hundirá en una especie de estupidez para no sentir los tormentos por anticipado. Pero aquellos primeros cristianos, que esperaban la corona del martirio, encontraban placer en sus cadenas y cuando pensaban que iban a entrar en la Gloria tras pasar algunos momentos dolorosos. Estaban muy lejos de hablar como Montaigne, que pretende que se vaya a hundirse en la muerte con la cabeza baja y sin pensar en ella, o lo menos posible&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote20sym" name="sdfootnote20anc"&gt;&lt;sup&gt;20&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Creo que me concederéis que quien tiene estos sentimientos generosos y está satisfecho con el porvenir puede hacer reflexiones compatibles con la dulzura de la vida y osaría decir que no se podría saborear todo lo bueno de ella, sin estar persuadido de lo que acabo de explicar; pues no estamos en una prisión que nos da mil pesares&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote21sym" name="sdfootnote21anc"&gt;&lt;sup&gt;21&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, y, al salir de allí no esperamos suplicios aún mayores que los que suelen sufrir los criminales. Pues aquellos a quienes se les corta la cabeza no sienten casi nada al morir, y la mayor parte de los que mueren en su lecho sufren tormentos de agonía que superan a menudo los que se les hace padecer a los criminales. Pero hay todavía algo que temer más allá de la muerte. Pues pese a cualquier esfuerzo que hiciéramos por disociarnos de los cuidados del porvenir, no está en nuestro poder impedir que nos vengan de pronto pensamientos enojosos, que nos hacen preocuparnos, a pesar nuestro, por lo que será de nosotros, y que sirven de admonición a los que son corregibles y de castigo a los malvados, pues esta amargura es saludable para los unos e insoportable para los otros. Pero los que no sienten nada deben considerarse aún más desgraciados, porque Dios no les concede siquiera la gracia de advertirles. Es sin embargo cierto que los que no escuchan su voz son más dignos de castigo que aquéllos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Vuestro discurso me cansa y me incomoda, y si hubiera previsto que ibais a desembocar ahí, me hubiera guardado mucho de daros ocasión.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; ¿Cómo es posible, Señor, que os moleste que se os proponga una manera de vivir con una satisfacción sin igual de la que podéis esperar todo y no temer nada?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Vos me pintáis un terrible cuadro de la vida y de la muerte y para tranquilizarme me hacéis castillos en el aire; pues todas esas bellas promesas se esfumarán cuando se las examine sin prevención, y con frecuencia he oído decir esas cosas a hipócritas o visionarios. Esto hace que evite esas discusiones inútiles tanto como puedo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Por mi parte sostengo que uno de los más grandes pecados es desviar con toda intención el espíritu de la atención necesaria. Eso es apagar lo que queda de la luz divina, es oponerse a la gracia naciente, es acercarse mucho al pecado contra el Espíritu Santo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Son grandes palabras, pero no tengo costumbre de dejarme deslumbrar por su brillo. Creo que basta con haber examinado las cosas una vez de cerca para tomar una resolución, y cuando la decisión está hecha hay que atenerse a ella, sin confundir más el espíritu; de otro modo se sufrirá constantemente, flotando entre el miedo y la esperanza&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote22sym" name="sdfootnote22anc"&gt;&lt;sup&gt;22&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Respondo con una comparación en una materia que os es familiar. Imaginaos que estáis situado en un bastión que se ha tomado al enemigo; se tienen razones para temer que haya una mina escondida debajo; la buscáis en vano, y, cansado de buscar, os veis obligado a descansar, pasara lo que pasara finalmente. No dejaríais de pasar muchos momentos muy malos en esa inquietud, y el menor ruido os produciría un miedo mortal, a menos que fuerais muy brutal o estuvierais muy endurecido, o dotado de un natural excelente a toda prueba, o si estuvierais acostumbrado a superar las pasiones por medio de la razón. Pues es cierto que la razón os ordenará distraer el espíritu de este cuidado inútil que no resuelve nada y que os impide el reposo. Pero esta misma razón no quiere que dejéis de pensar en algún nuevo modo de aseguraros y haríais muy mal en rechazar la más mínimas nuevas perspectivas en un asunto de esta importancia, so pretexto de que ya os habéis ocupado bastante de ello, y que no hay que inquietarse más. Es cierto que tendríais el derecho de hablar así, si estuviérais seguro de haber hecho todo cuanto un hombre puede hacer, y si tuviérais un método que os asegurara que no habéis dejado atrás nada. Esto os eximiría de todas las investigaciones futuras, lo que es posible en efecto cuando se trata de buscar esta mina; pero me habréis de confesar que sóis demasiado escéptico como para creer que es posible encontrar un método semejante para las cuestiones más alejadas de los sentidos. Sin embargo, ¿no es extraño que pretendáis dispensaros de todo cuidado porque el azar no ha favorecido vuestros primeros esfuerzos y porque estáis desanimado? Con seguridad, si se tratara de excavar en la tierra para buscar esta mina peligrosa, no seríais tan negligente, y os preocuparía el que la pólvora os pudiera arrancar brazos y piernas, haciéndoos arrastrar un resto de vida peor que la muerte. Y sin embargo, cuando se trata de la miseria o de la felicidad suprema, afectáis una falsa tranquilidad que un día os costará cara.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Pero de eso se sigue que no podría ya hacer otra cosa, si es que hay que buscar perennemente, o si hay que escuchar siempre a los que se entrometan a darnos lecciones.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Dais un nombre odioso a mis advertencias salvíficas. Mas no temáis que haya demasiada gente que os quiera hacer la corte en este sentido. Conocen demasiado su mundo. No seréis perturbado por esa parte. Vuestros negocios no deben servir de pretexto. Pues esta hora que vamos a emplear, si tengo la suerte de haceros consentir, ¿podría causar daño a vuestras ocupaciones por grandes que pudieran ser?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Sois muy acuciante y hay que daros esa satisfacción. Pues os considero lo bastante como para no querer pasar ante vos por un obstinado, pero sólo a condición de que no me importunéis más en lo sucesivo con esas cosas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E: &lt;/i&gt;Esta condición es inicua, pues, ¿pretendéis que soy yo quien ha encontrado justamente este momento favorable que Dios os ha quizás guardado? Sabed que un solo golpe no derriba un árbol y pensad que exigís de mí algo que iría directamente en contra de vuestros intereses y que ni depende de mí el prometerlo ni de vos aceptarlo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Después de hacer cierta violencia a la resolución que había tomado de no involucrarme más en discusiones de este tipo, habéis despertado en mí cierta curiosidad por escuchar lo que diréis. Pero tened buen cuidado en no afirmar más que lo que sea sólido. Sabéis que yo soy cristiano, gracias a Dios. Pero quiero que os remontéis hasta la fuente y que hagáis como si estuvierais con un hombre que no os acepta nada, ni siquiera lo que cree en el fondo de su alma. Pues, ya que me habéis tratado de escéptico, tomaré el personaje y las armas para haceros arrepentir de ello.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Lo que decís, Señor, lejos de intimidarme, me produce placer. Pues hay pocos, de los que se precian de pertenecer al gran mundo, que no tengan necesidad alguna vez de algo que reconforte sus creencias, y prefiero con mucho que contestéis hasta aquello que creéis de corazón, que ver que me otorgáis algo, a modo de ventaja, para sacar después algún provecho.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P: &lt;/i&gt;Pues bien, entremos en materia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Siempre he reconocido que el escepticismo es la fuente de la incredulidad y del poco apego a las cosas espiritua­les que observo en las gentes del mundo. Pues se imaginan que la mayor parte de las cosas que se debaten en las cátedras son pura fantasía. Han observado con frecuencia que los que predican hablan según sus intereses y a pesar de todo no son los más convencidos; han visto que se mezclan cantidad de absurdos y debilidades entre las enseñanzas de piedad; han descubierto muchos falsos devotos, y, cuando se los refuta, la vivacidad ordinaria en las gentes que siempre han figurado en las compañías les proporciona una ventaja sobre los que han tomado partido por la devoción, que se apartan o que se les aparta del siglo y cuya humilde simplicidad es desarmada muy pronto por el aire imperioso y despreciativo de los otros, que sólo con impaciencia toleran que se vaya a perturbar sus placeres o negocios. Si quisieran llevar a término la indagación, quizás podrían finalmente orientarse; pero su ligereza o distracción no les permite aplicarse, y, habiendo reconocido por una infinidad de ejemplos que es fácil discutir todo aquello que no se refiere a los sentidos, creen que no hay nada seguro, y se persuaden fácilmente de que los dogmas positivos no son sino efectos de algunos hipócritas hábiles o de algunos espíritus melancólicos, a los que la naturaleza o la fortuna han quitado o prohibido los placeres que censuran en los otros.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="text-indent: 0.5in; margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;He reconocido en varias reuniones que se habrá ganado mucho cuando se haya hecho renacer el ansia de buscar la verdad, que la desesperación de encontrarla había abolido.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Habéis dado justamente con el punto en el que soy más sensible. Pues muy a menudo he reconocido que todos somos ignorantes en la medida en que somos; que todos nuestros razonamientos no están fundados más que en suposiciones, que carecemos de principios para juzgar las cosas, que no hay regla alguna de verdad, que cada uno posee un sentido particular, y que no hay en éste casi nada de común. ¿De dónde vendrían si no todas las discusiones, que han hecho decir a un antiguo que los relojes coinciden más que los filósofos?&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote23sym" name="sdfootnote23anc"&gt;&lt;sup&gt;23&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; ¿De dónde vendría el que todas las discusiones no desemboquen en nada, que no veamos nunca que un hombre hábil ceda ante otro, y que incluso muchas personas, de las que creo que buscan la verdad sinceramente, no se encuentren casi nunca en el camino?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Quizás no sea difícil desarrollar todo esto. Pues suponga­mos, por placer, que se pudiera encontrar la verdad, que se pudiera establecer principios irrefutables, que hubiera modo de hallar un método seguro para extraer de ellos las consecuencias importantes, y que Dios mismo nos enviara esta nueva lógica desde el cielo. Estoy sin embargo seguro de que no por esto dejarían los hombres de embrollarse, de la manera en que lo hacen ordinariamente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Si me hicierais ver esto, ya sería algo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Esto es fácil de ver, Señor: os pregunto si no me concedéis que hay medios de cerciorarse de las soluciones que se dan en Geometría.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Lo admito.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Y, a pesar de ello, hay gentes que se confunden extrañamente, testigos de lo cual son esas pretendidas cuadraturas del círculo o duplicaciones del cubo. De modo que estoy seguro de que tendríamos una geometría tan incierta y tan refutada como la metafísica, si hubiera más escritores semejantes a un tal Bertrand de la Coste&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote24sym" name="sdfootnote24anc"&gt;&lt;sup&gt;24&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; y a un buen hombre que conocí en Paris, que llamaba a su libro '&lt;i&gt;Haec nova novis&lt;/i&gt;' y que prometía nada menos que ofrecer la cuadratura del círculo, la duplicación del cubo y el movimiento perpetuo, todo a la vez. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Eso es cierto, y admito que a veces nos sucede que poseemos buenos principios y no nos servimos de ellos. Pero, ¿cómo sabremos si los que tenemos son buenos y si los utilizamos correctamente?. Pues la geometría está bastante verificada por los sentidos y por los acontecimientos, cuyo auxilio nos es inútil en las materias espirituales y que miran al futuro.&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; La naturaleza ha sido con nosotros más generosa de lo que creemos y tenemos otros medios para juzgar las cosas. Si hubierais tenido ocasión de profundizar en geometría, habríais visto que sus principios no dependen de la experiencia, sino de ciertas proposiciones de la razón soberana, que también tienen lugar en otras materias, pues, por ejemplo, si hubiera una balanza perfectamente ajustada de ambos lados&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote25sym" name="sdfootnote25anc"&gt;&lt;sup&gt;25&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, y cargada en una y otra parte de dos globos exactamente iguales y de la misma materia, ¿no estaréis de acuerdo en que permanecería en equilibrio, una vez puesta?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Lo concedo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; ¿Y cómo habéis establecido semejante juicio?, os pregunto. ¿Os hace falta una experiencia para aseguraros, o, no hay más bien una luz interior que os obligue a rendiros en este punto?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Es cierto que me apostaría a ello todo lo que tengo de valioso y, sin embargo, confieso que no recuerdo haber hecho nunca tal experiencia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Pero reflexionad un poco y decidme por qué juzgáis tal.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Es que veo claramente que no es posible encontrar la razón de alguna diversidad, cuando todo es semejante de una y otra parte.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Eso es; os aseguro que hay muchos otros principios de los que nos servimos a diario en el razonamiento sin haberlos obtenido de la experiencia, y sin embargo el éxito los verifica, y no hay hombre con sentido común que no se rinda a ellos, cuando no se trata de una disputa vana sino de una cuestión de práctica y de interés. ¿Quién hay que no esté bien convencido de que los romanos han sido los maestros de una gran parte del universo, de que hay un Papa en Roma, de que habrá un invierno y un verano el año que viene? Pues aunque nada de esto se pueda demostrar absolutamente, es sin embargo tan seguro que apostaríamos nuestra vida a ello, como la arriesgamos todos los días, ciertamente, sobre principios aun menos seguros. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; Tenemos por cierto que lo que ha sucedido siempre, en la medida en que recordamos, como por ejemplo el cambio de día y noche, seguirá sucediendo&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote26sym" name="sdfootnote26anc"&gt;&lt;sup&gt;26&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. &lt;i&gt;Item &lt;/i&gt;que no hay apariencias de que aquellos que no han podido concertar sus relaciones entre ellos pudieran hacerlo en un gran número de pequeñas circunstancias. Es de este modo como juzgamos que hay una ciudad en el mundo que se llama Costantinopla. Este principio de nuestra religión es de la misma naturaleza: que no se podría hacer un gran número de predicciones justas y bien fundamentadas de las revoluciones que vendrán después de algunos siglos&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote27sym" name="sdfootnote27anc"&gt;&lt;sup&gt;27&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, a menos de ser un profeta enviado por Dios. Y hay muchos otros axiomas semejantes.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Todas estas cosas son bien ciertas. Pero hay muchas otras que no lo son, y por las que los hombres se enfrentan. Considerad solamente las animosidades de los teólogos, las incertidum-bres del derecho, las contradicciones de los médicos, la diversidad de costumbres y de máximas, y seréis de mi opinión. Quizá vos mismo confesaréis que no hay que esperar ponerles fin.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; ¿Qué me daríais, Señor, si os mostrara un método, seguro para terminarlas siempre, siguiendo principios de una prudencia incontestable?.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Os daría mi palabra de escucharos siempre con toda la atención de la que un hombre es capaz.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Eso sólo se le debe a Dios, y, si me la concedéis a mí, no será más que para haceros atento a Dios. ¿No es cierto que poseemos el arte de juzgar las consecuencias?.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Es cierto, cuando están reducidas en forma.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Pero, ¿no es siempre fácil reducirlas?.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Creo que sí; esto se practica en las Escuelas, pero sin fruto alguno.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; No Señor, no se practica en ellas. Se comienza, o mas bien, se hace como si se comenzara, pero no se llega hasta el final y no se considera suficientemente que la forma no consiste en ese aburrido 'quicumque', 'atqui', 'ergo'.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; ¿Y en qué entonces?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Se trata de que todo razonamiento sea expresado en proposiciones precisas, suficientes, de forma que no haya nada que reemplazar, despojadas de palabras inútiles tanto como se pueda; en fin, ordenadas y ligadas de manera que produzcan siempre la conclusión por la forma y no por la materia; es decir, igual en este caso que en cualquier otro. Esto, digo, es un argumento en forma, aunque no se observen el orden y el procedimiento de la Escuela. Pues un encadena­miento o sorites, un dilema o enumeración de todos los casos, en fin, toda demostración matemática formulada con rigor, incluso un cálculo de álgebra, una operación de aritmética, son argumentos en forma, lo mismo que los silogismos corrientes de tres términos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Esto me sorprende; pero lo encuentro razonable y empiezo a ver que, si tuviéramos la paciencia o la ocasión de servirnos de este rigor, podríamos examinar todo con orden y método. Pues en fin, veo bien que todo argumento puede ser reducido en forma, es decir, transformado en preciso y simple, y, cuando ya lo es, se puede juzgar infalible y distintamente si falta algo a la integridad o a la conexión de las suposiciones. Pero veo aún una dificultad aquí; pues, aunque todas las suposiciones sean puestas en forma, la dificultad sigue estando íntegramente del lado de la materia, es decir, si las proposiciones que hemos empleado son verdaderas o falsas, y si tienen necesidad de pruebas, o si deben ser consideradas como principios.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Os proporcionaré un medio seguro para activar la investigación: es no admitir nada que sea mínimamente dudoso, sin que sea probado en la misma forma.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Pero con frecuencia uno se equivoca al tomar por cierto o dudoso lo que no lo es.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; He aquí el remedio: hay que decir, si es necesario, que toda proposición necesita prueba, cuando sea susceptible de la misma. Ahora bien no hay más que dos tipos de proposiciones que son imposibles de probar: las primeras son aquellas cuya contra­ria implica contradicción; pues ¿de qué serviría mi prueba si la misma conclusión puede ser verdadera o falsa? Las otras son aquellas que consisten en una experiencia interior que no puede ser rectificada por indicios o testigos, ya que nos es inmediatamente presente y no hay nada entre ella y yo; como son las proposi­ciones: 'soy', 'siento', 'pienso', 'quiero tal o tal cosa', pero decir 'lo que siento subsiste fuera de mí', 'lo que pienso es razonable', 'lo que quiero es justo': esto no es tan seguro.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Si no empleáis otros principios sino los que acabáis de decir, no habrá modo de estar en desacuerdo con ellos; pero me cuesta comprender cómo principios que me parecen tan limitados y estériles nos pudieran proporcionar tantas cosas que pretendemos saber.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Os respondo que estos principios no son tan limitados como parecen. Pues por el principio de contradicción se demuestran todos los axiomas, cuya verdad aparece por la sola explicación de los términos, pues de otro modo habría contradicción en los términos. Y las experiencias interiores nos proporcionan el medio para juzgar las cosas que subsisten fuera de nosotros. Pues cuando las apariencias que sentimos en nosotros mismos se siguen correctamente, de modo que a partir de ellas se puede hacer predicciones con éxito, es de esta forma como distinguimos las vigilias de lo que llamamos los sueños&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote28sym" name="sdfootnote28anc"&gt;&lt;sup&gt;28&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Y sabiendo además por los axiomas que todo cambio debe provenir de alguna causa, llegamos así al conocimiento de las cosas que subsisten fuera de nosotros.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Vuestras respuestas me dan una satisfacción que no había esperado. Ahora bien, si los principales axiomas estuvieran ordenados y demostrados a la manera de los geómetras, es decir, en forma y con rigor, y si las experiencias estuvieran bien ordenadas y ligadas con los axiomas, creo que se podrían formular con ello elementos admirables del conocimiento humano, y distinguir lo verdadero, lo probable y lo dudoso. Me imagino incluso que esta empresa no estaría por encima de las fuerzas de algunas personas hábiles. Pues veo muy bien que, en las materias en las que no es posible ir más allá de la probabilidad, sería suficiente demostrar el grado de probabilidad y mostrar de qué lado debe inclinarse necesariamente la balanza de las apariencias.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Esto sería de desear. Pero, volviendo a mi propósito, no pido tanto por el momento, y puesto que reconocéis que existe un medio para asegurarse de lo que se debe juzgar de las cosas a partir de las apariencias, contentémonos con servirnos de este rigor en lo que se refiere a la cuestión de la miseria o la felici­dad suprema. Pues, ya que es posible, como hemos reconocido, de ahí se sigue que todo hombre con sentido común se debe servir de este método irrefutable, no en todas las cosas, pues esto no es posible, puesto que el tiempo no sería suficiente, pero al menos en los aspectos más importantes de la vida, y sobre todo cuando se trata de la soberana dicha o de una miseria sin límites. ¿No es una cosa deplorable ver que los hombres han tenido ya en sus manos largo tiempo, un procedimien­to admirable para evitar razonar erróneamente, y que no se han servido de él porque ciertos pedantes habían abusado ridículamente de una invención tan hermosa? ¿Es entonces necesario que el género humano lleve la carga de su necedad y hay que privarse de un medio capaz de darnos la paz de la vida, por complacer a aquellos cuyo aire caballeresco no podría soportar ni la lógica, ni ninguna otra aplicación seria? Sé que muchas personas de juicio quedarían sorprendidas de lo que aquí avanzo en favor de la lógica y de los razonamientos en forma y con rigor, y creo incluso que muchos, que no me conocieran, podrían tener aquí ocasión para formarse una mala opinión de mí. Pero creo que podría satisfacerlos si se tomaran la molestia de escucharme bien. No ignoro que suponen por lo común que los errores raramente provienen del descuido de la forma, y muestran algunas otras de sus fuentes, con las que no estoy en desacuerdo, pero no me privo de mostrar que no son más que consecuencias escondidas, del descuido de la forma y que, sin dar otros preceptos para garantizar esta última, no sería necesario sino suficiente exactitud y paciencia para observar la forma con rigor. Pero entiendo la forma de un modo algo distinto del común, como ya he explicado más arriba. Euclides ha razonado en forma, en mi opinión, al menos de ordinario; ¿por qué no seguir entonces este mismo rigor, es decir, esta simplicidad de las proposiciones depuradas, este orden o encade­namiento de razones, este cuidado de no omitir nada bajo pretexto de entimema y de colocar todas las proposiciones que se emplean, ya sea expresamente o por remisión? Esto es lo que ha hecho tan exactos a los geómetras; y no hay nada de todo esto que no se pueda aplicar en cualquier otra parte. Consideremos, os lo ruego, cuánta ha sido la aplica­ción de un Euclides o de un Apolonio, qué paciencia, qué larga serie de razones. Y sin embargo el fruto de estos trabajos inmensos no ha sido más que la solución de un número bien reducido de problemas, útiles a la verdad, pero de los que la China, este reino tan floreciente, ha prescindido desde hace tantos siglos. Y nosotros, que nos vanagloriamos de ser cristia­nos, no tenemos el valor de emprender un trabajo mucho más fácil y corto, que nos reafirmaría en la verdadera religión, y nos propor­cionaría el medio para convencer incontestablemente a las personas razonables: la más plena satisfacción del espíritu que sobrepasa­ría todo lo que hay de deseable aquí abajo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Es cierto que esta manera de razonar con rigor nos llevaría finalmente a la meta; pero temo que nos arrepintamos, pues quizá encontraríamos todo lo contrario de lo que pretende­mos. Acordaos de que hablo como escéptico, que tiene derecho a sospechar que lo que se dice de la Providencia y de la fe no sean más que bellas quimeras. Temo que esta indagación demasiado exacta nos descubra el absurdo de ellas, si quizás al final de la historia se encuentra que todo es en vano y que hubiera sido mejor equivocarse felizmente, conservando una ligera esperanza, que algunas veces nos consuela un poco, que encontrarse con la desesperación, buscando la certeza.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; He aquí el último esfuerzo del escepticismo moribundo. Esta desconfianza no es en absoluto mejor que la desesperación. En vano se quiere engañar a la conciencia, y es un crimen no emplear todas sus fuerzas para conocer el propio deber. Si hay alguna Providencia, ¿creéis acaso que Dios se contenta con semejante razón?. Si el temor de ofender a un gran príncipe contiene a los más temerarios, ¿osaremos nosotros exponernos a actuar contra las leyes del Monarca del universo, que las podría hacer cumplir sin ninguna duda de una manera capaz de infundirnos terror a nosotros, que no somos más que pequeños gusanos de tierra? Este temor está bien fundado, mientras no estemos seguros de que no existe tal monarca; y la más mínima sospecha de una desgracia tan grande como su cólera, debe afectar a la persona prudente. Pero hay mucho más que sospechas, puesto que todas las apariencias están a favor de la Providencia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Hay sin embargo más dificultades de las que el vulgo piensa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; ¿No estáis de acuerdo con respecto al orden admirable de las cosas?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; No por completo. Admiro la producción de las cosas, pero no puedo aceptar su destrucción. Todo cuerpo orgánico en sí mismo está admirablemente bien hecho, pero esta multitud de cuerpos que chocan entre ellos produce un extraño afecto. ¿Hay algo tan duro como ver que el más fuerte se impone sobre el débil, que la justicia y el poder no coinciden nunca y que en todas partes domina un cierto azar que se burla de la sabiduría y de la equidad?.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Os respondo que todo lo que nos parece extraño será recompensado de una manera que aún nos resulta invisible. Esto mismo es conforme al orden de la Providencia, de otro modo no tendría mérito alguno. Sin embargo la existencia de la Providencia se deduce en gran medida de lo que habéis admitido; pues, ya que una parte de las cosas está bien ordenada, de [modo] que es casi imposible no reconocer en este orden una sabiduría infinita, es igualmente imposible creer que esta Providencia no se extiende a todo. Pondrá cuidado en formar el más pequeño de los insectos con un ingenio absolutamente divino&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote29sym" name="sdfootnote29anc"&gt;&lt;sup&gt;29&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;; habrá ochenta mil animales visibles en una sola gota de agua, y no habrá ni uno cuya estructura no supere la destreza de las invenciones humanas&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote30sym" name="sdfootnote30anc"&gt;&lt;sup&gt;30&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. En fin, el más pequeño de los átomos estará lleno de cuerpos dinámicos y, en consecuencia, maravillosamente bien formado. ¿Y cómo será entonces posible que esta Providencia, que ha cuidado la parte más pequeña, haya descuidado el todo, y lo que es lo más noble en el universo, es decir, los espíritus?&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote31sym" name="sdfootnote31anc"&gt;&lt;sup&gt;31&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Me rendiría fácilmente, si pudiérais librarme de algunos escrúpulos importantes que me detienen. Sostenéis que es la Providencia la que forma por ejemplo todo lo que se encuentra tan felizmente unido en la constitución de los animales. Esto sería razonable, si no se tratara más que de algún caso particular. Pues cuando vemos un poema, no dudamos de que lo ha compuesto un hombre; pero cuando se trata de toda la naturaleza, hay que razonar de otro modo. Lucrecio, siguiendo a Epicuro, recurría a varias excepciones que hicieron gran daño a vuestro argumento tomado del orden de las cosas: Pues, dice, los pies no están hechos para andar; sino que los hombres andan porque tienen pies&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote32sym" name="sdfootnote32anc"&gt;&lt;sup&gt;32&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Y si preguntáis de dónde procede que todo concuerde tan bien en la máquina del animal, como si se hubiera hecho expresamente, Lucrecio os dirá que la necesidad hace que las cosas mal hechas perezcan y que las cosas bien hechas se conserven y que sólo ellas aparezcan. Así, aunque hay una infinidad de cosas mal hechas, no &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;podrían subsistir entre las otras.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Estas gentes se equivocan visiblemente, pues en definitiva no vemos nada hecho a medias. ¿Cómo desaparecerían tan pronto las cosas mal hechas, y cómo escaparían a nuestros ojos armados del microscopio? Por el contrario, encontramos mucho de lo que emocionarnos de puro asombro, a medida que penetramos en el interior de la naturaleza. Aparte de que hay bellezas que en nada sirven para que una especie se mantenga y aparezca más bien que otra. Por ejemplo, la estructura admirable de los ojos no dará a una especie la ventaja de existir con preferencia a otra. ¿De dónde viene el que todos los animales que tienen alas posean una mecánica sorprendente?, ¿de dónde el que no haya una especie de ave que tenga los diseños de las alas mal hechos o en la que un ala esté bien y la otra mal formada?. Pues los que tienen las alas bien formadas no tendrían nada que favoreciera su formación más bien que la de los otros, si no recurrimos a la Providencia. Ved la diferencia que hay entre un animal magullado por algún accidente y la especie más imperfecta, y me concederéis que la naturaleza no hace nada que no sea maravilloso. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Si acepto incluso que todo está bien hecho en el mundo en el que estamos, ¿qué diríais de esta afirmación de Epicuro, según la cual hay y ha habido un número infinito de mundos de todas las formas, entre los cuales era necesario que hubiera también algunos bien hechos, o que se han ido arreglando poco a poco? No es entonces una gran maravilla si nos encontramos justamente en un mundo de una belleza aceptable&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote33sym" name="sdfootnote33anc"&gt;&lt;sup&gt;33&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Os confieso que ese es el último parapeto del Epicureísmo refinado; pero os haré ver tan claro como el día que eso no es sostenible, pues hay todas las apariencias del mundo de que las cosas no son menos bellas ni menos acordes en las otras regiones del universo que en ésta. Estoy de acuerdo en que esta ficción no es imposible, hablando en términos absolutos. Es decir, no implica contradicción, cuando no se considera más que el razonamiento presente, tomado del orden de las cosas (aunque hay otros que la destruyen absolutamente). Pero es tan poco creíble como suponer que una biblioteca entera se haya formado un día por un concurso fortuito de átomos, pues siempre hay más elementos a favor de que la cosa se haya hecho por una vía ordinaria, que de suponer que hayamos caído justamente en este dichoso mundo por azar. Si me hallara transportado a una nueva región del universo, en la que viera relojes, muebles, libros, edificios, empeñaría osadamente todo lo que tengo a que esto sería la obra de alguna criatura racional, aunque sea posible, hablando en términos absolutos, que no sea así, y que se pueda suponer que hay quizás un país en la extensión infinita de las cosas, en la cual los libros se escriben por sí solos&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote34sym" name="sdfootnote34anc"&gt;&lt;sup&gt;34&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Sería sin embargo uno de los más grandes azares del mundo y sería preciso haber perdido la razón para creer que el país en el que me encontrara es precisa­mente ese país posible en el cual los libros se escriben por azar, y no se podría, sin estar ciego, seguir más bien una suposición tan extraña, aunque posible, como lo que se ejecuta dentro del curso ordinario de la naturaleza. Pues la posibilidad de una es tan pequeña respecto de la otra como lo es un grano de arena respecto de un mundo. Pues la posibilidad de esta suposición es como infinitamente pequeña, es decir, moralmente nula, y, en consecuencia, hay certeza moral de que es la Providencia quien gobierna las cosas. Hay aun otras demostraciones de esto que son absolutamente geométricas, pero no caben tan fácilmente en un discurso íntimo. Y lo que acabo de decir debe bastar a mi presente propósito y a vuestros anhelos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Todavía no habéis ganado y queda una dificultad por vencer que me parece muy grande. Estoy obligado a confesaros que hay infinitamente mayor evidencia a favor de una sabiduría que todo lo gobierna, que de un azar autor de tantas bellezas y de tantas máquinas admirables. Pero como no conocemos el derecho del universo, ni las leyes de ese gran Monarca, que no tiene más regla que su voluntad, ¿cómo podremos sacar de ahí consecuencias más favorables para nosotros que para el resto de las criaturas? ¿Se rebajaría este gran Dios hasta el punto de trastornar el orden de las cosas por amor a nosotros que no somos a su mirada sino como la mínima mota de polvo con la que juega el viento? Vemos que todo cambia, que todo se destruye, ¿cómo estaríamos nosotros exentos de ello?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Hay dos extremos a evitar cuando se trata de las leyes del universo. Pues unos creen que todo funciona con una necesidad mecánica, como en un reloj; otros están convencidos de que la soberanía de Dios consiste en una libertad sin norma. El justo medio está en considerar a Dios no sólo como el primer principio y no sólo como un agente libre, sino en recono­cer además que su libertad se determina por su sabiduría y que el espíritu del hombre es un pequeño modelo de Dios, aunque infinitamente por debajo de su perfección&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote35sym" name="sdfootnote35anc"&gt;&lt;sup&gt;35&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Cuando se tiene esta idea de Dios, es posible amarlo y honrarlo. Pero cuando se le concibe en términos demasiado metafísicos, como un principio de emanación al que el entendimiento no conviene sino equívocamente, o como un no-sé-qué-ser que es causa no sólo de las cosas sino también de las razones y que en consecuencia no se atiene a razón(es) cuando actúa&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote36sym" name="sdfootnote36anc"&gt;&lt;sup&gt;36&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, no se podría tener hacia El ni amor ni confianza. Pues si nada es justo en sí mismo, o si la voluntad del más poderoso es la regla de la justicia, no habría entonces diferencia alguna entre un tirano y un rey. Se le temerá, pero no se le amará. Pues es posible que sienta placer en hacernos miserables; puede ser que los que hacen aquí abajo los mayores males le sean los más agradables, y que las gentes de bien no sean a su ojos más que endebles criaturas sin vigor. Si esto es así, os confieso que la Providencia no os serviría de nada: sería en efecto un demonio quien gobernaría el mundo. Pero esto no es posible. La sabiduría y la justicia tienen sus teoremas eternos, al igual que la aritmética y la geometría: Dios no los ha estable­cido por su voluntad, sino que los contiene en su esencia y los sigue. Pues sería también necesaria una sabiduría diferente para establecerlos bien, o habría que confesar que es por un puro azar por lo que El los ha establecido más bien así que de otro modo. Si fuera éste el caso, la fortuna no sería menos dispensadora de las gracias de Dios que lo fue de las del Emperador Segismundo, quien, para recompensar a un viejo servidor le dio a escoger entre dos cajas cerradas, de las cuales una estaba llena de oro y la otra de plomo&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote37sym" name="sdfootnote37anc"&gt;&lt;sup&gt;37&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; ¿Y si alguien no encontrara esto tan absurdo como vos pensáis?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Habría medio de convencerlo, pues los teoremas de la justicia, de la sabiduría y de la belleza soberanas son demostrables de un modo geométrico y se reducen al principio de contradicción, de forma que el contrario está implicado en los términos. Ahora bien, podemos con derecho juzgar por estas admirables invenciones de esa mecánica de la que Dios se ha servido, ya que El sabe encontrar las construcciones más simples, al modo de los grandes geómetras; es decir, los medios que producen el mayor efecto con el mínimo de dificultad; y he aquí el único principio de la sabiduría, del que depende incluso la justicia y sobre el cual se funda nuestra felicidad.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; No veo bien esa conexión, y no me percato de cómo pasáis del orden que hay en las cosas físicas al que deseamos en las morales.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; ¿Qué, Señor? Véis que el más pequeño de los nervios tiene su función en el cuerpo; al igual que la más pequeña de las cuerdas en un gran navío; y sabéis que un hábil geómetra no traza ninguna línea que no sirva para la demostración que realiza, ¿y dudaréis de si el alma del hombre pertenece a este orden? Esa alma, que es una especie de pequeño Dios, que gobierna un mundo aparte, y que resuena de algún modo, y que representa en sí misma este gran mundo. A veces se dice de un difunto: "Era un hombre capacitado pero, ¿de qué le ha servido, si está muerto y todo este prodigioso montón de hermosas ciencias ha perecido en un momento, como si jamás hubiera existido?". Nuestra ignorancia nos hace hablar así. Si comprendiéra­mos los resortes de la Providencia, veríamos que nada se pierde, que todo se emplea de la más bella manera posible, que es incompatible con el orden de las cosas el que nuestras almas perezcan e incluso que se pierda alguna perfección adquirida en esta vida. Jesucristo dice admirablemente, como de costumbre, que &lt;i&gt;todos los cabellos de nuestra cabeza están contados&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote38sym" name="sdfootnote38anc"&gt;&lt;sup&gt;38&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;, y que un vaso de agua fresca con que hayamos aliviado la sed de un miserable será recompensado&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote39sym" name="sdfootnote39anc"&gt;&lt;sup&gt;39&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Juzgad si las otras virtudes y perfecciones serán olvidadas, si no tenemos motivo para considerarnos felices, y si no debemos aplicarnos a conocer y amar a este benefactor soberanamente amable. Pues Dios, si es aquello que no puede dejar de ser, ha tenido sin duda en cuenta principalmente a este tipo de criaturas capaces de conocerlo y amarlo, por cuanto ha formado las otras. Y ya que El mismo es un espíritu, y que todo ha sido hecho para los espíritus, estoy seguro de que los espíritus han sido bien ordenados, con preferencia respecto a todas las demás cosas, a las que sobrepasan infinitamente en nobleza, por cuanto expresan la perfección de su Creador de una forma muy distinta al resto de las criaturas, incapaces de esta elevación. Siendo esto así, es entonces imposible que las cosas hayan sido hechas de una manera de la que un espíritu pudiera quejarse con razón. De otro modo, Dios no habría sido, o tan perfecto como para percatarse de este defecto, o tan poderoso como para remediarlo. De ahí concluyo lo que ya había avanzado al comienzo: que el mundo es una ciudad compuesta por todos los espíritus sometidos al gran Monarca del universo; que esta ciudad está formada según la última perfección posible; que no hay nada que desear en principio, por los que lo aman, y que ellos mismos, si Dios les ofreciera la opción de inventar algo para su satisfacción, no podrían jamás elevarse, por medio de su imaginación y sus deseos, a la felicidad que ha sido preparada para ellos&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote40sym" name="sdfootnote40anc"&gt;&lt;sup&gt;40&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Estoy muy emocionado por las bellas cosas que decís. Pues finalmente, no encuentro nada que replicar. Vos arrasáis con todos mis escrúpulos, y siento una alegría tanto más grande cuanto menos esperada. Ahora me parece que soy una de las criaturas más felices; yo, que antes condenaba mi miseria y que no intentaba apartar[me] de la indagación de la verdad sino para no pensar más en ello.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Es cierto que somos felices si queremos; pues, aunque no pudiéramos desear el bien sin que Dios nos ayudase, siempre sería cierto que nuestra felicidad depende de nuestra voluntad, sea cual sea la causa de donde venga esta voluntad, y he aquí todo lo que se puede desear en la naturaleza. A menos que quisiéramos ser felices por necesidad, lo que sin duda no es posible dentro del orden de las cosas; de otro modo Dios lo hubiera hecho. Pero no vayamos a complicarnos aquí en cuestiones más curiosas que necesarias, que puedan aparecer, sobre las que ya he satisfecho en otra ocasión a un amigo en una conversación de la que he escrito algo que podría enseñaros un día&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote41sym" name="sdfootnote41anc"&gt;&lt;sup&gt;41&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Pero de momento quiero ir más lejos, pues no he entrado en esta materia sólo para regalaros esa alegría interior cuyos signos veo, sino para conduciros al bien que la hará durar. Habéis experimentado el miserable estado de los hombres que no están penetrados por estas verdades; sabéis que una amargura recóndita contamina todos los placeres por medio de los cuales intentan engañar su tristeza; la sola idea de la muerte les parece espantosa, y los más precavidos no disponen de otro remedio que la paciencia, ni otro consuelo que la necesidad, a la que piensan que es una locura oponer­se. Pero bien decía uno de los antiguos que no vale nada aquel soldado que ejecuta con tristeza las órdenes de su capitán. Hay que seguirle con alegría; y para estar contento, no sólo hay que soportar, sino además aprobar lo que sucede. Ved lo que le debéis a Dios, y dad a conocer, si no a los demás, al menos a vuestra conciencia, que ahora sois otro hombre. Erais un esclavo de la necesidad y os habéis convertido en ministro de Dios, de un Dios que os ama y al que amáis, de un Dios que todo os lo tiene en cuenta, que hace todo lo que podáis desear con prudencia, y que no os abandonará jamás, si vos no sóis el primero en ignorarlo. Vuestra felicidad es una de las máximas fundamentales de su Estado, grabadas en tablas de diamante; pero es preciso que vuestro compromiso sea sincero; pues no se puede engañar a este Dios, que escudriña los repliegues más ocultos del corazón.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Os confieso que experimento un cierto ardor que me era hasta ahora desconocido, y que el estado en que me encuentro ahora me parece tener algo de sobrehumano. Pero sabéis que los hombres están sujetos a las impresiones de los sentidos, que su memoria es débil, y que los propios santos han sentido a veces enfriarse su fe. Añadid entonces a la obligación infinita que ya tengo con vos, el medio de asegurar mi felicidad presente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Hay que unir dos medios: la oración y la práctica&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote42sym" name="sdfootnote42anc"&gt;&lt;sup&gt;42&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Por oración entiendo toda elevación del &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;alma a Dios, es decir, una búsqueda perpetua de las razones sólidas de lo que os hace ver a Dios Grande y amable. Pues las meditaciones que no están apoyadas en razones no son más que imaginaciones arbitrarias que se desvanecen a la menor sensación. Acostumbraos a encontrar por todas partes algún motivo que provoque un acto de culto y de amor, pues no hay nada en la naturaleza que no nos proporcione ocasión para hacerle un himno. Alabad su nombre en todo lo que suceda; cuando veáis la prosperidad de los malvados, considerad que Dios los guarda o para ser objetos de su misericordia, o para ser víctimas de su justicia; que no hay ningún mal que no deba servir a un bien mayor&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote43sym" name="sdfootnote43anc"&gt;&lt;sup&gt;43&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Cuando las cosas sucedan contrariamente a como vos las hubiérais querido, creed que Dios os está dando ocasión para ejercitar vuestra virtud, y que os habéis equivocado. Pues uno puede equivocarse al seguir las reglas de la prudencia, ya que no sería posible pensar en todo ni estar informado sobre todo. Por esto, protestad siempre en vuestro interior de que nada queréis sino por provisión y hasta que Dios se explique desde lo Alto. Acostumbraos sobre todo a observar que hay órdenes, vínculos y bellas progresiones en todas las cosas, y cómo no podríamos tener aún en esta vida suficiente experiencia sobre esto en los asuntos de moral y política, y de teología. Pues Dios pone a prueba nuestra fe en confusiones aparentes, que El sabrá hacer perfectamente concordantes en un futuro feliz. Haremos bien entre tanto en ejercitarnos y afirmarnos algunas veces mediante experiencias sensibles de la grandeza y sabiduría de Dios, que se descubren en esas armonías maravillosas de la matemática y en esas máquinas inimitables inventadas por El, que aparecen ante nuestros ojos en la naturaleza; pues ésta conspira excelentemente con la gracia, y las maravillas físicas son un alimento apropiado para mantener sin interrupción ese fuego divino que inflama las almas bienaventuradas, pues es ahí donde se ve a Dios a través de los sentidos, mientras que en otras partes no se le ve más que por medio del entendimiento. He observado con frecuencia que los que no son conmovidos por estas bellezas no son tampoco sensibles a eso que se debe llamar verdaderamente amor de Dios. Pues bien sé que muchos no tienen una verdadera idea de él. Pero si meditáis sobre lo que acabo de decir, no podréis equivocaros en esto. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; Queda hablaros de la práctica exterior, que es la consecuencia infalible de un interior sincero. ¿Cómo es posible estar penetrado por estas grandes verdades, y continuar al mismo tiempo en una languidez que tiene algo de incredulidad? Jamás un hombre con sentido común se ha lanzado cuando ha creído ver un precipicio. ¿Quién no intentaría evitar a un león que viniera lleno de furia? ¿Dónde hay un cortesano inteligente que no respete la mirada de un Señor severo o que no intente hacerse agradable a un príncipe capaz de hacer su fortuna? No es entonces posible encontrar un hombre que ame verdaderamente a Dios y que no haga ningún esfuerzo por complacerlo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Lo que decís es cierto, pero creo que con frecuencia aquellos que tienen buena voluntad se quedan como en suspenso por no conocer bien la voluntad de Dios.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; Comencemos por esos Mandamientos que no están sujetos a ninguna disputa, e intentemos también poco a poco aclararnos sobre los otros. Pues nadie hay que ponga en duda que la caridad nos esté recomendada más que todo el resto. Atengámonos entonces a esto y creamos en Nuestro Señor que todo lo ha resumido en este precepto y en la ley y los profetas&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote44sym" name="sdfootnote44anc"&gt;&lt;sup&gt;44&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Pero acordémonos de que la verdadera caridad comprende a todos los hombres, hasta a nuestros enemigos, no sólo cuando están vencidos, sino cuando con más fuerza nos ofenden. Considerémoslos como furiosos, de los cuales tenemos piedad cuando hacen todos los esfuerzos para perjudicarnos y que nosotros rechazamos sin odio. Todos los malvados son miserables, en efecto, y no merecen ser odiados. Son hombres, están hechos a imagen de Dios. Alguna desgracia ha habido en su educación o en su modo de vivir que los ha vuelto como desesperados. Serían realmente susceptibles de la más alta perfección, si tuviéramos siempre ocasión de corregirlos. Trabajemos entonces en ello cuanto podamos, y consideremos que la más grande conquista es la de un alma, puesto que no hay nada más noble en la naturaleza. Y como ordinariamente son la opresión y la miseria las que hacen a los hombres tan pérfidos y malhechores, y las que les producen dureza de alma, intentemos prevenir la desespera­ción de tantos desgraciados que gimen. No busquemos gloria alguna en estas hazañas, que no son mayores que los temblores de tierra, los estragos de las aguas y otras desgracias públicas. Consideremos que de nada servirá figurar ventajosamente en la historia y ser desgraciados como personas. Pues, no nos equivoquemos en esto: el Señor es un juez justo. Experimentaremos los males que hemos causado, y los experimentaremos en toda su intensidad. Nada escapa a su memoria. El orden de las cosas, la armonía universal y esta especie de necesidad que exige que todo sea reparado, piden venganza a Dios, no sólo por las almas perdidas y la sangre derramada, sino incluso por la menor fechoría. Por otra parte, regocijémonos si Dios ha hecho algún bien por medio de nosotros, sobre todo a las almas. Nos tendrá bien en cuenta, no sólo el acontecimiento, sino hasta una buena voluntad sin efecto, si ha sido sincera y ardiente. No obstante, sostengo que la dicha de aquellos a quienes Dios ha dado tanto la voluntad como el éxito resplandecerá con ventaja algún día en esa feliz tierra de recompensa: &lt;i&gt;Qui ad justitiam erudierunt multos fulgebant quasi stellae&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote45sym" name="sdfootnote45anc"&gt;&lt;sup&gt;45&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Pero sobre todo sostengo que no hay criatura más dichosa que un hombre de Estado que ha usado bien su poder, y que ha hecho algo grande por la gloria de Dios y por el bien público. Esto os concierne, Señor, pues no podríais negar el gran poder que tenéis. Pensad bien en esto y recordad siempre que tenéis una cuenta muy grande con Dios. Pues si dejáis escapar alguna ocasión de hacer el bien, Dios la demandará de vuestras manos. Vuestra pereza, vuestra frialdad y vuestras escrupulosidades afectadas, a la moda del siglo, no la pagarán. Sobre todo, tened cuidado de no absteneros de algunas empresas loables, por temor a que se burlen de vos. Esto sería desconocer a Dios de alguna manera, y exponerse a otro desconocimiento, realmente terrible, en ese gran día. Mejor sería hacerle el sacrifi­cio de nuestra gloria, y, trabajando en su honor, cargar sobre nosotros la vergüenza de un éxito discutible, después de haber seguido las luces que Dios nos haya dado: asegurémonos de que no nos dará ocasión de arrepentirnos. Por eso, cuando haya alguna apariencia de obrar bien, pongámonos a la obra, sin esperar todos los signos de un éxito infalible. que quizás no se alcanza jamás&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote46sym" name="sdfootnote46anc"&gt;&lt;sup&gt;46&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Todo lo que es hermoso es difícil. Cada vez que se ha hecho alguna gran cosa, no ha habido apenas apariencias al principio, pero algún poderoso genio, que Dios había armado de coraje, se ha abierto paso a través de todas las dificultades, y su mérito ha sido tanto mayor. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Me diréis, "¿para qué esa exhortación? Pues no veo en el presente ocasión de hacer nada grande para la gloria de Dios". Por mi parte, nada sé de eso. No entro en vuestros asuntos de Estado, pero estoy convencido de que con frecuencia encontraríamos motivos para mostrar nuestro celo, si quisiéramos estar atentos a las ocasiones para sacar provecho de ellas. Pero queremos servir a Dios a nuestra comodidad, y Dios no se dignará aceptar de nosotros esa ofrenda de servicios tan poco diligentes. Concluyamos en fin, y si os parece bien, convengamos algunas reglas entre nosotros por las que nos regiremos en el futuro.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Apruebo plenamente este consejo, y encuentro que es necesario siempre algo notable que nos impulse a diario. Doy ya mi asentimiento a todo lo que os parezca bien y os concedo toda la autoridad como legislador.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;E:&lt;/i&gt; No acepto más que el poder de comunicaros mi proyecto. Primeramente, creo que todo hombre celoso de su salvación debe buscar un compañero de estudio, quiero decir de este estudio salvífico. Para esto es necesario un amigo fiel, desinteresado, de recta intención y que tenga más apego a vuestra persona que a vuestra condición, que sienta alguna simpatía hacia vos, sobre todo del lado espiritual; en fin, en el que podáis encontrar consuelo y provecho al mismo tiempo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; En segundo lugar, hay que hacer un proyecto por escrito que sirva de regla para el resto de nuestra vida, que estará muy reducido a algunas grandes máximas que habrá que tener siempre en cuenta. Este proyecto será semejante a las instrucciones que se acostumbra a dar a los ministros públicos. Pues una instruc­ción debe llegar hasta los detalles y contener resoluciones sobre las situaciones más importantes y ordinarias que se puedan presentar. Nunca se deben violar estas resoluciones sino por una razón de mucho peso, y cuando suceda algo totalmente extraordinario. Pero tampoco hay que decidir nada si no es por una causa. He conocido muchos consejos que los padres han dado a sus hijos en forma de testamento y he visto bien pocos que hayan preferido darse lecciones a sí mismos, antes que a los otros.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; En tercer lugar, hay que examinarse cada día sobre la base del propio proyecto para ver en qué se ha fallado y en qué se ha tenido éxito. Hay que actuar de modo que se note todos los días una enmienda visible. Y para llegar a esto, hay que hacerse algunas veces nuevos reglamentos y dictarse castigos irremisibles.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; En cuarto lugar, hay que repartir el propio tiempo sin mucho apremio. Son necesarios días de despachos, días de visitas, días libres (es decir que servirán para despachar cantidad de incidentes varios), días de descanso, días de retiro. Es necesario dedicar una parte de cada día a Dios y a la meditación, y a ese examen del que acabo de hablar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; En quinto lugar, hay que tener un registro de todo lo que pueda servir, hasta de los pensamientos útiles; hace falta un diario para las cosas pasadas, un libro memorial para las futuras, o las que quedan por hacer, papeles sueltos para anotar al vuelo lo que se presente de memorable en la lectura, en la conversación, en el trabajo o en la meditación. Y se podrá ordenar todo esto según las materias en un compendio. Será también conveniente tener un Enchiridion, o libro manual, en el que los conocimientos más importantes de los cuales tenemos necesidad estén registrados, con el fin de aliviar nuestra memoria en las entrevistas (y vendría muy bien escribirlo en cifras). Y como hay cosas que es preciso saber de memoria, sería posible asegurarse por medio de versos, para lo cual los burlescos serían admirablemente apropiados. Pero no es éste el lugar para extenderse más sobre este punto.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; En sexto lugar, hay que buscar todos los medios imaginables para moderar las pasiones, que pueden turbar el uso de la razón. Es por esto por lo que es preciso acostumbrarse a no enfadarse por nada, a no montar jamás en cóle­ra, a evitar toda tristeza, lo que es posible cuando se está bien convencido de nuestras grandes verdades. Por lo que se refiere a la alegría, sólo ha de ser moderada e igual; pues una gran efusión del espíritu va seguida de una tristeza natural, y hace gran daño a la salud. Después de una alegría moderada no hay pasión más bella y más útil que la esperanza, o, más bien, esta alegría igual y duradera no consiste sino en una esperanza bien fundada, porque las otras alegrías son pasajeras y la de la esperanza es continua. He observado que no hay nada como la esperanza que sostenga tanto el ánimo como la curiosidad. Tan pronto como es abatida por las penas, por la vejez, por las enfermedades, por las reflexiones importunas sobre la miseria y sobre la supuesta vanidad de las cosas humanas, adiós a las empresas nobles, a las bellas investigaciones. Pero os he dado una receta infalible para conservar para vos este gran bien, que proporciona el sosiego en esta vida y el sabor anticipado de una mejor.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; En séptimo lugar, hay que ejercitar una verdadera caridad hacia los demás. He aquí en qué consiste, en mi opinión: no basta con no odiar a nadie, sean cuales sean los defectos que pueda tener, sino que hay que amar también a cada cual según las buenas cualidades que le queden, pues no existe hombre alguno que no las tenga en gran número. No sabemos qué juicio Dios ha hecho sobre él: puede ser muy distinto del nuestro, pues somos engañados por las apariencias. Sin embargo, os es lícito inclinaros del lado de la suposición, y tener muy mala opinión de los demás, mientras se trate de precaveros, especialmen­te en materias de importancia, en las que hay que fiarse lo menos posible. Pero en cambio, hay que tener buena opinión de todos en la medida en que la razón pueda permitirlo, cuando se trata de su bien y de su socorro. He aquí la conformidad entre la serpiente y la paloma&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote47sym" name="sdfootnote47anc"&gt;&lt;sup&gt;47&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Por lo demás, no tengáis la vanidad de creer que Dios os considera más que a cualquier otro; no busquéis vuestros beneficios atrevidamente a costa del prójimo; poneos en el lugar de los desdichados, y considerad lo que pensaríais, si estuvierais en éste&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote48sym" name="sdfootnote48anc"&gt;&lt;sup&gt;48&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Trabajad por contentar a todo el mundo y, si es posible, actuad de forma que nadie se separe de vos triste ni insatisfecho. Id más lejos e intentad hacer el bien incluso aunque no se reconozca en lo más mínimo, o muy poco, e incluso cuando no se sepa que proviene de vos. Pues debéis actuar bien por el puro placer de haber hecho el bien. Si no es éste vuestro talante, aún no amáis a Dios como es preciso, pues el signo del amor de Dios existe cuando se actúa por el bien general con un ardor supremo y por la pura atracción del placer que se encuentra en ello, sin otro interés; como os deleitaríais vos al ver un rostro hermoso, al oir [un] concierto bien concebido, al ver derrotado a un malvado insolente, y elevado a un miserable inocente, aunque no tengáis en ello interés alguno. He aquí el auténtico espíritu de caridad tal como nace de un amor sincero hacia Dios, fuente de todas las bellezas. Considerad que Dios os ha puesto en un jardín que debéis cultivar. Aunque conozcáis vuestra debilidad, debéis sin embargo actuar siguiendo las luces y las fuerzas que El os ha prestado. Y si hay alguna falta en lo que se refiere a vuestra voluntad, cuidaos del resentimiento. Pues Dios no os exige sino el corazón, por cuanto El se ha reservado el resultado. Entonces no os desaniméis jamás cuando los buenos consejos no tengan éxito. No dejéis de volver a empezar con el mismo celo, si bien con la prudencia que conviene al caso. Dios es el maestro, pero es un buen maestro: ni uno de vuestros esfuerzos se perderá, por cuanto los habéis consagrado a su servicio, aunque aparente no haberlos aceptado. Es por esto por lo que os ocuparéis de hacer una memoria de todo lo que se podría desear para el bien público. Y si estáis en un cargo en el que tengáis poder, no os dejéis detener por las consideraciones sobre vuestro interés o vuestra reputación. Pues no debéis considerar vuestros bienes y vuestra gloria sino como medios que Dios ha puesto en vuestras manos para servirlo con más energía. No los prostituiréis indebidamente, pues esto sería tornar inútiles las gracias de Dios. Pero tampoco los escatimaréis cuando se trate de Su servicio. Incluid en esa memoria lo que acabo de decir, no sólo vuestros deseos, sino también los de los otros, cuando los encontréis razonables. Escuchad atentamente los motivos que puedan tener y sopesadlos bien, pues cuando tengáis muchas cosas por hacer en vuestra lista, preferiréis las más ciertas, las más seguras, las más necesarias, y las más útiles. Pero cuando una proposición tenga alguna de estas ventajas y no las otras, es entonces cuando tendréis necesidad de esa lógica que distingue los grados de apariencias de los bienes y los males, para elegir los más factibles y los más dignos de ser realizados. Pero debe bastaros una apariencia mediocre de un gran bien que no implique peligro. Y como tenéis en vuestras manos asuntos de Estado y gozáis de crédito ante un gran príncipe, que tiene reputación de sabiduría, servíos bien de ello, y no os desalentéis jamás cuando vuestra buena voluntad y vuestras proposiciones no sean aceptadas. El príncipe es una imagen de Dios de un modo más particular que los otros hombres&lt;/span&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;a class="sdfootnoteanc" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote49sym" name="sdfootnote49anc"&gt;&lt;sup&gt;49&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;. Ahora bien, os he aconsejado más arriba no relajaros cuando parezca que Dios no favorece vuestros esfuerzos. Es lo mismo en proporción respecto de un príncipe. El tiene temas de reflexión en los que vos no pensáis. Conservad íntegro para él vuestro celo y trabajad para su servicio e incluso para su satisfacción no sólo con fidelidad sino aun con alegría. Esta sumisión y esta adhesión quizás producirán al cabo algún buen efecto. Dios tiene en su mano el corazón de los príncipes; quizás os hará encontrar un momento favorable y una situación del espíritu en los que lograréis más con una palabra dicha al vuelo de lo que antes habíais podido mediante exquisitos razonamientos. Dios da a los hombres la atención, y la atención lo hace todo. Una esperanza tan grande debe entretanto consolaros de todos los fracasos que podríais afrontar. Un príncipe, investido de esa gran autoridad que Dios le ha puesto en sus manos, no debe ser considerado como un hombre sino como una poderosa criatura, semejante a una montaña o al océano, cuyos movimientos extraordinarios pueden provocar extraños efectos en el cambio del orden de las cosas. ¿No véis que puede mover ejércitos y pueblos al menor guiño de un ojo?, ¿que se atraviesan montañas y se desvía el curso de ríos cuando él firma algún billete con un poco de líquido negro? ¿Y cometéis la injusticia de pretender que un ser tan poderoso deba ceder a vuestros menores esfuerzos? Si fuese tan fácil de gobernar, eso se encontraría muy mal. Es por esto por lo que, aunque estéis convencido de la importancia de lo que tenéis que proponerle, no debéis impacientaros si no está de acuerdo con vuestras razones. ¡Las cosas tienen tantas facetas! Quizás él las mira desde otro ángulo y vos no podéis ni debéis pretender que las examine siempre a fondo. Sin embargo, volved repetidamente sobre ello con diligencia y sumisión, y, si un día encontrárais ante vuestro señor un momento tan favorable como el que yo he encontrado hoy con vos, ¡Dios mío, cuánto bien procura­ríais al mundo! &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; Cuando un gran príncipe, libre de las debilidades y ligerezas vulgares, se aplica por completo al bien público, y cuando es conmovido por reflexiones semejantes a las nuestras, a las que las almas nobles se adaptan fácilmente, es entonces cuando hay que creer que Dios mismo se implica en ello y que hay motivo para esperar grandes consecuencias. Os acordaréis de que he dicho más arriba que no hay perfección adquirida que se pierda, incluso con la muerte. Cuanto más sabio y poderoso se sea, más se sentirán un día los efectos de ello. Esto es cierto también con respecto al poder de los príncipes, pues tienen ya aquí abajo grandes ventajas hasta para el otro mundo, si su corazón está vuelto hacia Dios y utilizan su poder para servirle. Pero, si permanecen en la indiferencia, o también, si encaminan sus fuerzas al mal, serán tan grandes objetos de la cólera de Dios, como lo han sido de su bondad. Pero dejemos ahora a los príncipes, aunque no haya podido ni debido abstenerme del tema. Pues como vos tenéis casi tanto acceso al príncipe, como yo lo tengo ahora a vos, era mi deber animaros a tan bellos propósitos. Y puedo decir que esta consideración ha sido una de las más poderosas para empeñarme en acosaros hasta que Dios me ha concedido un éxito más allá de mis expectativas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;P:&lt;/i&gt; Os juro, querido amigo, que vuestras enseñanzas me han tocado el corazón de una manera que hasta ahora me era desconocida. Debo esa transformación a la bondad de Dios, que conozco ahora mejor que nunca. Si El me otorga vida y éxito, pondré en práctica vuestros consejos, y me veréis trabajar en ello desde mañana. Me recomendáis con razón un compañero de estudios sagrados: ¿podría escoger para eso otro sino vos? Elaboraremos juntos ese gran proyecto, que debe poner en orden mis asuntos y mi espíritu en reposo. Trabajaremos también en organizar mi tiempo, en hacer esas memorias que me harán siempre pensar en lo que podría hacer por Dios y por el bien público. Siento un increíble placer cuando me represento las cosas que acabáis de explicar, y cuando considero como me habéis convencido de esta feliz paradoja de la felicidad y de la grandeza humanas. Pues os confieso que hasta ahora odiaba la naturaleza, la cual consideraba autora de nuestra miseria. Persuadido como estaba de que todos nuestros cuidados no eran sino vanidades, esto me producía una aversión indecible contra todas las reflexiones serias. Y aún me asombra cómo habéis hecho para vencerla. Sea lo que sea, doy gracias a Dios que me ha apartado de un precipicio que ahora veo como un abismo espantoso. Y cuando considero el feliz estado en que ahora me encuentro, me siento todo transportado de amor hacia el autor de todos los bienes. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; Dios mío, abrid los ojos a todos los hombres y hacedles ver las mismas cosas que yo veo: les sería imposible no amaros. Pero Vos tenéis vuestras razones para no conceder a todos la misma gracia y yo las adoro. Pues estoy seguro de que no se puede cambiar nada en el orden que Vos habéis establecido, sin destruir su belleza soberana. Es por eso por lo que apruebo todo lo que habéis hecho, pero como aún no os habéis declarado sobre el futuro en lo que a mí respecta, haré lo que juzgue más conforme a vuestra voluntad. Proclamaré en todo momento vuestra gloria y me dedicaré a considerar y a hacer considerar a los otros las razones de la eterna sabiduría, pues las obras de vuestras manos hacen reflexionar sobre aquellos que son tan afortunados como para encontrar placer en la contemplación de la naturaleza de las cosas. Además, la propagación de la verda­dera religión, la unidad de vuestra Iglesia, el alivio de las miserias públicas serán los objetos de mis deseos. Haré que se trabaje incesantemente en esas demostraciones irrefutables de la verdadera religión, pues veo los medios para obtenerlas, y en ellas intentaremos combinar lo sólido con lo conmovedor. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; No me queda sino una cosa que desear, y es que me concedáis la gracia, Dios mío, de transmi­tir a muchos otros los impulsos que siento en mí, y sobre todo a aquellos que tienen el mayor poder para obrar el bien. En cuanto a vos, querido amigo, ya que estas santas reflexiones se han convertido en hábito en vos, cuidad de inflamarme cada vez más, día a día, durante el tiempo que mis ocupaciones me permitan permanecer cerca de vos, a fin de trabajar a los efectos de nuestros proyectos y para organizarlo todo antes de mi partida. Desearía arrancaros de aquí; pero si esto no es posible, no dejaré de reencontrarme con vos. Sin embargo, vuestras cartas representarán para mí a vuestra persona, a la que querré siempre como el instrumento del que Dios se ha servido para llamarme a la vida.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="de-DE"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;i&gt;Bibliografía y abreviaturas:&lt;/i&gt; &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="de-DE"&gt;- AA: G. W. Leibniz: &lt;i&gt;Sämtliche Schriften und Briefe&lt;/i&gt;, hrsg. von der Preussischen, bzw. der Deutschen Akademie der Wissenschaften zu Berlin. Darmstadt, 1923 ss., Leipzig, 1938, Berlin, 1950 ss.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="de-DE"&gt;- Andreu I: &lt;i&gt;Methodus Vitae&lt;/i&gt;, Vol. &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;I, edición de Agustín Andreu. Valencia:UPV, 1999. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;- &lt;i&gt;La Biblia&lt;/i&gt;. Edición Reina-Valera. &lt;span lang="fr-FR"&gt;México. Sociedades Bíblicas Unidas, 1990. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- Descartes (1972) : Descartes, R.: &lt;i&gt;Discours de la méthode&lt;/i&gt;. Edition par A. Robinet. Paris : Noveaux Classiques Larousse, 1972. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="pt-PT"&gt;- Descartes (1996) : R Descartes: &lt;i&gt;Oeuvres,&lt;/i&gt; eds. &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;Par Ch. Adam &amp; P. Tannery. Paris:Vrin, Vols. &lt;/span&gt;VI, IX, 1996. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;- Diógenes Laercio (2000): &lt;/span&gt;Diógenes Laercio: &lt;i&gt;Vidas de filósofos ilustres&lt;/i&gt;. Trad., prólogo y notas por J. Ortiz y Saínz. Barcelona: Iberia, 2000. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;- Erdmann (1959):&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;i&gt;Leibnitii Opera philosophica quae exstant latina, gallica, germanica omnia&lt;/i&gt;&lt;b&gt;,&lt;/b&gt; hrsg. v. J. Erdmann. &lt;span lang="fr-FR"&gt;Berlin, 1840 (reimp. Aalen : Scientia, 1959). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- FC-1: F. de Careil.&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;i&gt;Lettres et opuscules inédits de Leibniz&lt;/i&gt;, précédées d'une introduction par A. Foucher de Careil. Paris: Librairie philosophique de Ladrange, 1854. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- &lt;i&gt;Gesta romanorum&lt;/i&gt;, hrsg. v. W. Trillitzsch. &lt;/span&gt;&lt;span lang="de-DE"&gt;Leipzig: Insel, 1973. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="de-DE"&gt;- GP (1965):&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;i&gt;Die philosophischen Schriften von Gottfried Wilhelm Leibniz&lt;/i&gt;, hrsg. von C. I. Gerhardt. Berlin, 1875-90; reimpr. Hildesheim : Georges Olms, 1965 (7 vols.). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="de-DE"&gt;- Grua (1948):&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;i&gt;G. W. Leibniz. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;Textes inédits d'aprés les manuscrits de la Bibliothèque Provincial de Hanovre&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;, publiés et anotés par Gaston Grua, 2 Vols. Paris: Presses Universitaires de France, 1948. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- Klopp : G. W. Leibniz : &lt;i&gt;Werke&lt;/i&gt;, hrsg. v. O. Klopp. Hannover 1864-84. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- Leibniz (1954): G. W. Leibniz : &lt;i&gt;Principes de la nature et de la grâce fondés en raison. Principes de la philosophie ou Monadologie. Lettres inédits&lt;/i&gt;&lt;b&gt;,&lt;/b&gt; publiés et presentés. par A. Robinet. &lt;/span&gt;Paris: Presses Universitaires de France, 1954. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;- Leibniz (2000): G. W. Leibniz: &lt;i&gt;Discurso sobre la teología natural de los chinos&lt;/i&gt;. Traducción, Introducción y notas de L. Rensoli. Buenos Aires: Biblioteca universal Martin Heidegger, 2000. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;- Lucrecio (2002): &lt;/span&gt;Tito Lucrecio Caro: &lt;i&gt;De la naturaleza de las cosas&lt;/i&gt;. Introducción de A. García Calvo. Traducción del Abate Marchena. Notas de D. Plácido. &lt;span lang="fr-FR"&gt;Barcelona: Folio, 2002. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="line-height: 150%;" align="justify" lang="fr-FR"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;- Monad. : G. W. Leibniz : &lt;i&gt;Principes de la philosophie ou Monadologie&lt;/i&gt;. En : Leibniz (1954). &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- NE: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;a- G. W. Leibniz : &lt;i&gt;Nouveaux Essais sur l’Entendement Humain&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span lang="de-DE"&gt;AA, VI, VI. Hrsg.von A. Robinet und H. Schepers (durgesehener Nachdruck der Erstausgabe von 1962), 1990. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;b- G. W. Leibniz: &lt;i&gt;Nuevo tratado sobre el entendimiento humano&lt;/i&gt;. Trad. de E. Ovejero y Mauri, prefacio de L. Rensoli. &lt;/span&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1987. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- Montaigne (1962): M. de Montaigne: &lt;i&gt;Oeuvres Completes.&lt;/i&gt; Edition A. Thibauded et M. Rat. Paris: Gallimard, 1962. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- Olaso (1982): G. W. Leibniz: &lt;i&gt;Escritos filosóficos&lt;/i&gt;. Edición de E. de Olaso. Notas de E. de Olaso y R. Torretti. &lt;/span&gt;Traducciones de R. Torretti, T. E. Zwanck y E. de Olaso. &lt;span lang="fr-FR"&gt;Buenos Aires: Charcas, 1982. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- PNG : G. W. Leibniz : &lt;i&gt;Principes de la nature et de la grâce fondés en raison&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;En : Leibniz (1954). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;- Rensoli/Deusto,1996: L. Rensoli: &lt;/span&gt;"Inconsciente, sueño y muerte en la concepción filosófica de G. W. Leibniz". &lt;i&gt;Letras de Deusto&lt;/i&gt;, Vol. 26, Nº 73, octubre-diciembre/1996, pp. 153-173. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;- Spinoza (1996): B. Spinoza: &lt;i&gt;Etica&lt;/i&gt;, edición de Vidal Peña. Madrid: Alianza, 1996. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;- Théodicée (1969):&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;i&gt;Essais de Théodicée&lt;/i&gt;, ed. J. Brunschwig. Paris: Garnier-Flammarion, 1969. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-ES"&gt;   &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;- Voragine (1925): Jacobo de Voragine : &lt;i&gt;La Légende dorée&lt;/i&gt;, CLXX, trad. et préface par Teodor de Wyzewa. &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;Paris. En español: Vorágine (1982): Jacobo de Vorágine: &lt;i&gt;La leyenda dorada&lt;/i&gt;. Traducción del latín: J. M. Macías, 2 Vols. Madrid: Alianza Editorial, 1982. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0in; line-height: 150%;" align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote1anc" name="sdfootnote1sym"&gt;1&lt;/a&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;    Escrito de 1679. Ha sido traducido a partir de: &lt;/span&gt;AA VI, 4, C, pp. 2245-2283, que corrige ediciones anteriores. &lt;span lang="es-ES"&gt; Las expresiones entre corchetes se deben generalmente a la reconstrucción del texto en la AA. Sólo cuando hayan sido agregados por L. Rensoli, quien ha editado este trabajo y colaborado con Quintín Racionero en su traducción, para dar coherencia al texto en español, se aclarará en una nota como: Cfr.: L.R.L.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote2anc" name="sdfootnote2sym"&gt;2&lt;/a&gt; También de 1679. Cfr.: AA VI, 4, C, pp. 2227-2240. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote3anc" name="sdfootnote3sym"&gt;3&lt;/a&gt; Así lo caracteriza A. Andreu en la Introducción a: Andreu I.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote4anc" name="sdfootnote4sym"&gt;4&lt;/a&gt; No se olviden los vínculos existentes a su vez entre esta obra y la de Yehuda Halevy &lt;i&gt;El Cuzary&lt;b&gt;, &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;nexos que merecen una investigación específica, así como el radio de su influencia en Leibniz.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="fr-FR"&gt;     &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote5anc" name="sdfootnote5sym"&gt;5&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Olaso (1982), pp. 218-251. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote6anc" name="sdfootnote6sym"&gt;6&lt;/a&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt; Las versiones parciales, bajo los títulos de &lt;i&gt;Dialogue entre un habile politique et un ecclésiastique d’une pieté reconnue&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Conversation du Pianese ministre d’Estat de Savoye, et du Pére Émery Eremite,=qui a esté suivie d’un grand changement dans la vie de ce ministre ou Dialogue de l’application qu’on doit avoir à son salut (los dos trazos = aparecen en el original)&lt;/i&gt;, fueron publicadas respectivamente en: &lt;i&gt;Die Leibniz-Handschriften der Königlichen öffentlichen Bibliothek zu Hannover&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span lang="de-DE"&gt;Beschrieben von Eduard Bodemann &lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Mit Erg. u. Reg. von Gisela Krönert u. Heinrich Lackmann, sowie e. Vorw. von Karl-Heinz Weimann&lt;/span&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;Hildesheim: Olms, 1966, I,VI,4 y &lt;i&gt;Trois dialogues mystiques inédits de Leibniz&lt;/i&gt;, introd. et ed. par J. Baruzi. Paris: &lt;i&gt;Revue de Métaphysique et de Morale&lt;/i&gt; 13 (1905), reimpr. Paris: Vrin, 1985. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote7anc" name="sdfootnote7sym"&gt;7&lt;/a&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt; Nótese la aplicación a un caso particular de la idea que Leibniz hace suya desde temprano, según la cual, si el cultivo de las ciencias comienza por alejar de Dios, en etapas más avanzadas acerca profundamente a El. &lt;/span&gt;&lt;span lang="it-IT"&gt;Cfr.: &lt;i&gt;Confessio naturae contra Atheistas&lt;/i&gt; (1668), 1. AA, VI, I, pp. 489-493. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="it-IT"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote8anc" name="sdfootnote8sym"&gt;8&lt;/a&gt;     Cfr.: L.R.L.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote9anc" name="sdfootnote9sym"&gt;9&lt;/a&gt;&lt;span lang="it-IT"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt; Adepto al hermetismo o alquimista, según se les solía llamar por entonces.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote10anc" name="sdfootnote10sym"&gt;10&lt;/a&gt; No se olvide el interés del racionalismo, y específicamente de Leibniz, por establecer una correcta interpretación de los milagros, inclusive su misma posibilidad y existencia. Ya Descartes había manifestado interés precisamente por la alquimia, y también por experiencias en el campo de la óptica, con el fin de comprobar el alcance y naturaleza de los llamados milagros. Cfr.: Descartes (1972), p. 37 (ff. 2). Leibniz , quien también practicó la alquimia y hurgó en otras disciplinas herméticas con idénticos fines, vuelve una y otra vez sobre ello en la &lt;i&gt;Théodicée&lt;/i&gt; (1969), Discours, 3; I, 54; II, 207, 248-249, 354-355. &lt;span lang="fr-FR"&gt;En dicha obra (II, 207), Leibniz expresa algo que concuerda con la idea del texto: &lt;i&gt;“Je crois même que les miracles n’ont rien en cela qui les distingue des autres événements”&lt;/i&gt; (p. 242). &lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote11anc" name="sdfootnote11sym"&gt;11&lt;/a&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt; Alusión a su infundada fama de Adepto (véase la nota anterior). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote12anc" name="sdfootnote12sym"&gt;12&lt;/a&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;    Se refiere a la conocida obra de Euclides. &lt;/span&gt;&lt;span lang="pt-PT"&gt;Cfr.: AA, p. 2248. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote13anc" name="sdfootnote13sym"&gt;13&lt;/a&gt;&lt;span lang="pt-PT"&gt;     Cfr.: Mateo, 24, 24; Marcos, 13, 22. &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;La frase tiene un matiz admonitorio, por cuanto Jesús advierte que tales señales y prodigios serán hechos por falsos profetas con el fin de confundir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote14anc" name="sdfootnote14sym"&gt;14&lt;/a&gt;     Leibniz emplea la denominación del Islam más frecuente en su época, que lo asocia con su profeta y no con su esencia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote15anc" name="sdfootnote15sym"&gt;15&lt;/a&gt;     En esta respuesta subyace la idea del fatalismo que en Europa, en la época de Leibniz, se atribuía al Islam en bloque (el llamado &lt;i&gt;fatum mahometanum&lt;/i&gt;), de modo que la vida de cada hombre estaba rígidamente predeterminada y no había lugar para la Gracia. Cfr.: &lt;i&gt;Théodicée,&lt;/i&gt; Préface.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote16anc" name="sdfootnote16sym"&gt;16&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;Otro tema constante del pensamiento de Leibniz, especialmente en religión y en política. Cfr.:&lt;i&gt; La place d’autruy&lt;/i&gt;. AA, IV, III, pp. 903-904. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote17anc" name="sdfootnote17sym"&gt;17&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt; Se trata de la idea de la razón como &lt;i&gt;juez de las controversias&lt;/i&gt;, fundamental para Leibniz, quien escribe entre 1679 y 1681: “&lt;i&gt;Controversia controversiarum est quaestio de judice controversiarum, a qua aliarum decisio, executio, fructus effectusque pendet”&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;Commentatiuncula de Judice Controversiarum&lt;/i&gt;. AA, VI, I, pp. 548-559 (cita en la p. 548). &lt;i&gt; &lt;/i&gt;Véase también: &lt;i&gt;De Judice Controversiarum&lt;/i&gt;. &lt;span lang="fr-FR"&gt;AA, VI, IV, C, pp. 2155-2167.&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="fr-FR"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote18anc" name="sdfootnote18sym"&gt;18&lt;/a&gt;     Se trata de Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) y de La Mothe Le Vayer (1588-1672). Cfr.: Théodicée, II, 253-254.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote19anc" name="sdfootnote19sym"&gt;19&lt;/a&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt; Nótese que la idea del mundo, sobre todo humano, como &lt;i&gt;ciudad de Dios&lt;/i&gt; acompañará a Leibniz hasta el final de su vida, según puede comprobarse a lo largo de la Théodicée, y en Monadologie, 85-86.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote20anc" name="sdfootnote20sym"&gt;20&lt;/a&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;     La idea, con un sentido muy diferente al que Leibniz le atribuye, aparece en el ensayo "Que philosopher, c'est apprendre à mourir". &lt;/span&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;Essais, Livre I, Ch. XX. En: Montaigne (1962). El texto dice: "Le remede du vulgaire, c'est de n'y penser pas. Mais de quelle brutale stupidité luy peut venir un si grossier aveuglement?" (p. 82). Y más adelante expresa: "aprenons à le soutenir de pied ferme, et à le combattre (...) n'ayons rien si souvent en la teste que la mort" (p. 85). &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;Montaigne discute también el posible mérito del valor ante la muerte, incluyendo la actitud de los primeros cristianos y el suicidio por honor o por evitar ciertos males, en: "Coustume de l'isle de Cea" (&lt;i&gt;Essais&lt;/i&gt;, Liv. II, Ch. III). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote21anc" name="sdfootnote21sym"&gt;21&lt;/a&gt;     Nótese el rechazo a la idea platónica sobre el cuerpo como cárcel del alma y del mundo como caverna. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote22anc" name="sdfootnote22sym"&gt;22&lt;/a&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;     Nótese una vez más la influencia de Spinoza, quien considera el miedo y la esperanza como tristeza y alegría inconstantes y siempre vinculadas y nocivas para el hombre si se extienden más allá de ciertos límites. Cfr.: &lt;i&gt;Etica &lt;/i&gt;(1996), III, prop. LIX, defs. XII-XV, pp. 238-239. Evitar estas oscilaciones emocionales y sus causas morales constituye otra preocupación permanente de Leibniz. &lt;/span&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;La frase se repite con pocas variantes los NE, II, XXI, 59, y en la obra de 1716: &lt;i&gt;Discours sur la théologie naturelle des chinois, &lt;/i&gt;16-a. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote23anc" name="sdfootnote23sym"&gt;23&lt;/a&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt; El símil de los relojes que coinciden (por obra de un hábil relojero) será empleado por Leibniz en años sucesivos para explicar su teoría de la concomitancia entre alma y cuerpo, como ocurre en su &lt;i&gt;Seconde éclairssement du nouveau système de la nature et de la communication des substances&lt;/i&gt; (1696). &lt;/span&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;Erdmann (1959), pp. 133-134.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote24anc" name="sdfootnote24sym"&gt;24&lt;/a&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;     Se trata de: Bertrand de la Coste: &lt;i&gt;Démonstration de la quadrature du cercle, qui est l'unique connaissance et principal sujet de toutes les mathématiques&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;Hamburg, 1677. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote25anc" name="sdfootnote25sym"&gt;25&lt;/a&gt;     El símil de la balanza, de origen gnóstico, ya había aparecido en los escritos de Leibniz en el tratado &lt;i&gt;Ad Stateram iuris de gradibus probationum et probabilitatum&lt;/i&gt; (1676?). AA, VI, IV, A, pp. 440-441.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote26anc" name="sdfootnote26sym"&gt;26&lt;/a&gt;     Al final de su vida, Leibniz precisará ese punto de vista y opinará que, en las afirmaciones empíricas, los hombres &lt;i&gt;no obran sino como bestias&lt;/i&gt;. Cfr.: PNG, 5. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote27anc" name="sdfootnote27sym"&gt;27&lt;/a&gt;     La idea sobre próximas revoluciones nada deseables se vuelve certeza hacia el final de la vida de Leibniz. Cfr.: NE, IV, XVI, 4. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote28anc" name="sdfootnote28sym"&gt;28&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;     Esta es otra de las preocupaciones permanentes de Leibniz. El criterio de distinción entre sueño y vigilia se retoma en obras de madurez como los NE, II, XXIX, 1, 5; IV, II, 14; IV, XI, 8, 12, en los que se discute el tema más ampliamente que en tratados breves como en Monad., 20 o PNG&lt;b&gt;.&lt;/b&gt;, 12, 14. Cfr: Rensoli/Deusto,1996.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote29anc" name="sdfootnote29sym"&gt;29&lt;/a&gt;     La AA (VI, 4, p. 2265, 23f.) presenta una segunda versión que nos parece importante incluir aquí (entre corchetes): "...divino; [y sin embargo el nervio más pequeño tendrá su uso, al igual que la cuerda más pequeña en un navío]".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote30anc" name="sdfootnote30sym"&gt;30&lt;/a&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt; Cfr.: &lt;i&gt;Considerations sur la doctrine d’un Esprit Universel Unique&lt;/i&gt; (1702). &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;GP, VI, pp. 529-538.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote31anc" name="sdfootnote31sym"&gt;31&lt;/a&gt;     La AA refiere esta idea a Mateo, 10, 30 ("vuestros cabellos están todos contados", que Leibniz cita a menudo, y también dentro de este texto, véase la nota nº 31). Más bien parece una alusión a Mateo,&lt;b&gt; &lt;/b&gt;6, 30 ("si la hierba del campo (...) Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?"). Véase también: Lucas, 27-28.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote32anc" name="sdfootnote32sym"&gt;32&lt;/a&gt;     Cfr.: Lucrecio: De rerum natura, IV, 824 f. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote33anc" name="sdfootnote33sym"&gt;33&lt;/a&gt;     Cfr.: Diógenes Laercio: &lt;i&gt;De&lt;/i&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;i&gt;vitis clarorum philosophorum&lt;/i&gt;, Libri X, X, 45, 73-82; Tito Lucrecio: De rerum natura, II, 1048-1066 (Cfr.: AA, VI, 4, p. 2267). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote34anc" name="sdfootnote34sym"&gt;34&lt;/a&gt;     El tema se retoma y desarrolla en "De rerum originatione radicali" (1697). GP, VII, pp. 302-308.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote35anc" name="sdfootnote35sym"&gt;35&lt;/a&gt;     Cfr.: Monad., 83-84; PNG, 14; Théod, 147.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote36anc" name="sdfootnote36sym"&gt;36&lt;/a&gt;     Esta crítica parece dirigida contra Spinoza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote37anc" name="sdfootnote37sym"&gt;37&lt;/a&gt;     La anécdota se registra, relacionada con Segismundo, en: Tschudi: &lt;u&gt;Chronicon Helveticum&lt;/u&gt;, 2 Bd., Basel, 1734-36, Bd. 2, p. 129 (Nota de la AA, p. 2270). El tema de la adecuada elección de cofre aparece sin embargo en la obra de Juan Damasceno (S. VII-VIII) &lt;i&gt;Barlaam y Josafat&lt;/i&gt;, conocida en la Europa medieval sobre todo a través de una versión latina del S. XI, y recogida también en la &lt;i&gt;Legenda aurea&lt;/i&gt;, pp. 663-676; la elección aparece en la p. 667), aunque el número de los cofres se eleva a 4. En la colección &lt;i&gt;Gesta romanorum&lt;/i&gt; (historia nº 251, pp. 510-514), la elección se produce entre tres cofrecillos, de modo similar a como la presenta W. Shakespeare en "El mercader de Venecia". &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote38anc" name="sdfootnote38sym"&gt;38&lt;/a&gt;     Cfr.: Mateo, 10, 30; Lucas, 12, 7. En la nota de la AA figuran Lucas, 12, 7 y Mateo, 25, 35-40, pero el segundo caso no concuerda con esta cita, sino con la segunda parte de la frase (véase nota siguiente). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote39anc" name="sdfootnote39sym"&gt;39&lt;/a&gt;     Cfr.: Mateo&lt;b&gt;,&lt;/b&gt; 10, 42; Marcos, 9, 41. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote40anc" name="sdfootnote40sym"&gt;40&lt;/a&gt;     El mundo como &lt;i&gt;Ciudad de Dios&lt;/i&gt; es otra de las ideas que Leibniz desarrolla hasta el fin de su vida y constituye el principio de construcción de una obra fundamental como la &lt;i&gt;Théod&lt;/i&gt;. Igualmente aparece en.: &lt;i&gt;Monad.&lt;/i&gt;, 88-90; PNG, 15, 18. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify" lang="es-ES"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote41anc" name="sdfootnote41sym"&gt;41&lt;/a&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;     La AA (p. 2272) identifica al amigo con Niels Steensen (+1686), luterano danés convertido al Catolicismo, y después Vicario Apostólico de Hannover entre diciembre de 1677 y 1680, autor de obras científicas y teológicas, como &lt;i&gt;Ad Novae philosophiae reformatorem de vera philosophia epistola&lt;/i&gt;. Firenze, 1675, quien sostuvo con Leibniz una discusión acerca del problema de la libertad. De ahí habría surgido la &lt;i&gt;Confessio Philosophi&lt;/i&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;según la AA (VI, 3, 7, p. 115), que toma la referencia de G. Grua. &lt;/span&gt;&lt;span lang="fr-FR"&gt;Leibniz dice de él que "d'un grand physicien il devint un théologien médiocre" (&lt;i&gt;Théod.&lt;/i&gt;, I, 100). &lt;/span&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;Sería posible establecer un paralelo entre las consecuencias, para Leibniz tan diferentes, de las conversiones de Steensen y del P. Emery. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote42anc" name="sdfootnote42sym"&gt;42&lt;/a&gt;     Alusión a la máxima &lt;i&gt;Ora et labora&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote43anc" name="sdfootnote43sym"&gt;43&lt;/a&gt;     Estas ideas se resumen, entre otras obras de madurez en el tratado &lt;i&gt;De Causa Dei&lt;/i&gt; (1710). En: &lt;i&gt;Théod.,&lt;/i&gt; ed. cit.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote44anc" name="sdfootnote44sym"&gt;44&lt;/a&gt;     Cfr.: Mateo, 7, 12; 22, 39-40. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote45anc" name="sdfootnote45sym"&gt;45&lt;/a&gt;     La traducción de esta frase es: "Quienes conduzcan a muchos a la justicia brillarán como estrellas". En el texto bíblico se dice sin embargo: "Los justos resplandecerán como el sol". La falta de coincidencia se debe a que Leibniz empleaba la &lt;i&gt;Vulgata&lt;/i&gt; como fuente de citas en latín. Cfr.: Mateo, 13, 43. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote46anc" name="sdfootnote46sym"&gt;46&lt;/a&gt;     Cfr.: &lt;i&gt;Discours sur la génerosité&lt;/i&gt; (FC-1, pp. 166-172). En la &lt;i&gt;Memoire pour les personnes éclaires et de bonne intención &lt;/i&gt;(FC-1, pp. 274-292), se resumen—como ya se ha dicho--las ideas religiosas y morales tratadas en la &lt;i&gt;Conversation...&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote47anc" name="sdfootnote47sym"&gt;47&lt;/a&gt;     Cfr.: Mateo, 10, 16 (Cfr.: AA). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote48anc" name="sdfootnote48sym"&gt;48&lt;/a&gt;     Leibniz apela una vez más al principio del &lt;i&gt;lugar del otro&lt;/i&gt;. Cfr.: &lt;i&gt;La place d'autruy&lt;/i&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;   &lt;p class="western" style="margin-bottom: 0in;" align="justify"&gt;     &lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a class="sdfootnotesym" href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=7409556798248673056&amp;amp;postID=1245938748445507660#sdfootnote49anc" name="sdfootnote49sym"&gt;49&lt;/a&gt;     Leibniz desarrolla ampliamente esta idea en la &lt;i&gt;Lettre sur l’Education d’un Prince&lt;/i&gt; (AA, IV, III, pp. 542-557) y en el &lt;i&gt;Portrait du Prince&lt;/i&gt; (1679), Klopp, IV. Su fuente bíblica neotestamentaria está en: Romanos, 13, 1. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/p&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-1245938748445507660?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/1245938748445507660/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=1245938748445507660' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/1245938748445507660'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/1245938748445507660'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2007/04/1-conversacion-entre-el-marques-de.html' title='CONVERSACION ENTRE EL MARQUES DE PIANESSE,...'/><author><name>Carolus Brigantinus Barbatus</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_2Bnn2Z_Alyc/SrteNDxYmSI/AAAAAAAAHI8/IkxF789EWJc/S220/Briga1993.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7409556798248673056.post-4623511562465171939</id><published>2007-04-26T06:59:00.000-07:00</published><updated>2007-04-26T07:02:14.093-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='editoriales'/><title type='text'>Opinatio y Filosofia</title><content type='html'>Nuestro web magazine OPINATIO &lt;www.opinatio.com&gt;, mantiene todo su fondo de artículos de Filosofía, Lógica, Religión, etc, tal como puede consultarlos el lector en la página web; pero también utiliza este medio, el blog, para llegar más rápido al mundo de Internet. Así que desde ahora, abril 2007, aquí se podrán consultar los nuevos artículos que se publiquen con esta temática&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7409556798248673056-4623511562465171939?l=opinatiofilosofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/feeds/4623511562465171939/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7409556798248673056&amp;postID=4623511562465171939' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/4623511562465171939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7409556798248673056/posts/default/4623511562465171939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://opinatiofilosofia.blogspot.com/2007/04/opinatio-y-filosofia.html' title='Opinatio y Filosofia'/><author><name>Carolus Brigantinus Barbatus</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_2Bnn2Z_Alyc/SrteNDxYmSI/AAAAAAAAHI8/IkxF789EWJc/S220/Briga1993.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
