sábado, 17 de enero de 2009

Descubrir la mitología griega a través de los palacios de España

Antonio R. Navarrete Orcera

La mitología griega es, sin duda, es uno de los principales y más fascinantes legados que nos ha dejado la antigua Grecia. En este trabajo nos proponemos acercarnos a ella de un modo un tanto peculiar: a través de las decoraciones pictóricas que ilustran los techos de los palacios españoles. Pues la pintura con todos sus recursos técnicos y estilísticos, ha sido uno de los mejores cauces que ha tenido la mitología para expresarse, sin menospreciar la importancia de la transmisión textual; pero es evidente que hay una deuda del texto con la imagen, que aquí queremos reconocer. Además esta pintura mitológica en palacios tiene un valor añadido –por ejemplo, frente a la pintura de caballete-: la existencia de un propietario determinado (monarquía, nobleza o burguesía) y la ubicación en un espacio fijo le da más vida y la carga de un mayor simbolismo.

Vamos a recorrer más de veinte palacios, distribuidos casi por toda la geografía nacional (Andalucía, Castilla La Mancha, Castilla y León, Madrid, Asturias, Comunidad Valenciana, Islas Baleares y Cataluña) y encuadrados en una amplia cronología (siglos XVI-XX), tratando de conjugar, en los posible, el tiempo y el espacio. Comenzaremos en la Sevilla renacentista (y siglo XVI) y concluiremos en la Barcelona modernista (y siglo XX), numerando los hitos geográficos más importantes de esta ruta mitológica. Recomendamos a los lectores pertrecharse de un buen manual de mitología clásica antes de iniciarla, pues aquí apenas podremos detenernos en esbozar los principales personajes y episodios que irán apareciendo en cada palacio. Quien desee conocer el tema con más detalle puede consultar nuestro libro La mitología en los palacios españoles (Jaén-Úbeda, UNED, 2005).

1. Sevilla. Los dioses despiden el siglo XVI en Sevilla, en el magnífico palacio renacentista denominado Casa de Pilatos, propiedad de los actuales Duques de Medinaceli. Tiene tres techos mitológicos, realizados en 1603 por Francisco Pacheco, el suegro de Velázquez. En uno se representa La apoteosis de Hércules, ascendiendo al Olimpo, rodeado de los doce dioses, con otras escenas famosas; en otro La asamblea de los dioses, reunidos en torno a una mesa, con Ganímedes de copero, y en el tercero a Prometeo, el creador del hombre. Había en Sevilla otro palacio, la casa del poeta Arguijo, de la misma época, decorado también con La asamblea de los dioses, de autor desconocido; la pintura sufrió muchos avatares y actualmente se encuentra en el Palacio de Monsalves, sede de la Consejería de Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía.

2. Granada. A sus atractivos propios, la Alhambra reúne también el de albergar pintura mitológica en una pequeña dependencia, denominada el Peinador de la Reina, que sirvió de aposento a la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, en su visita a la ciudad. En cuatro escenas se representa la historia de Faetón, el hijo de Helios, que acabó tan trágicamente. Fue pintada por los italianos Julio Aquiles y Alejandro Mayner entre 1539 y 1546.

3. Úbeda (Jaén). A estos mismos pintores, unos años antes, los vemos actuar en el palacio que Francisco de los Cobos, el que fuera secretario de Carlos V, se hizo construir en su ciudad natal. Aunque está destruido prácticamente, suponemos que debió de estar decorado con frescos mitológicos, la especialidad de estos pintores. A falta de palacio, conservamos la capilla que este mismo personaje se construyó al lado, El Salvador, cuya fachada ofrece uno de los conjuntos más completos de decoración pagana existentes en España (Hércules y el panteón olímpico).

4. Viso del Marqués (Ciudad Real). En pleno corazón de la Mancha se halla el magnífico y muy desconocido palacio de Viso del Marqués, propiedad de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, el marino más importante de España en el siglo XVI. Es el mayor exponente español de pintura mitológica: casi todos sus techos y bóvedas están recubiertos con escenas de la mitología clásica. Sin exagerar, podríamos decir que todo el conjunto es un manual de mitología ilustrado. Los pintores fueron también italianos: Juan Bautista Castello (el Bergamasco), la familia Peroli y César Arbasia, que trabajaron aquí entre 1575 y 1590. Detallamos algunas salas: en el vestíbulo se desarrollan las historias de Neptuno y de Perseo, con quienes el dueño trataba de identificarse; en el despacho del Conservador del Archivo se representa la historia de Apolo y Coronis, en la sala de Ulises cinco escenas de la Odisea, en la conserjería la famosa despedida de Venus y Adonis. Las galerías, de la planta baja y superior, que rodean el patio, están profusamente decoradas con grutescos, un tipo de ornamentación que se inspira en las pinturas de los antiguos edificios romanos. La escalera, con tres rellanos y cinco subidas, está también repleta de escenas mitológicas e históricas: los trabajos de Hércules y la fundación de Roma. Ya en la planta alta encontramos salas que desarrollan en sus techos ciclos completos: los amores de Júpiter y Calisto o de Júpiter e Ío y el rapto de Perséfone. Dánae, Apolo y Faetón y Dédalo e Ícaro protagonizan otras salitas.

5. Aranjuez (Madrid). El actual palacio de Aranjuez es el resultado de sucesivas remodelaciones, ordenadas por los distintos monarcas. Pero su máximo esplendor lo alcanzó durante el reinado de Carlos IV. La mayor parte de las bóvedas contienen temas alegóricos; la mitología propiamente la encontramos en las salas de la planta baja, que hoy albergan el Museo de la vida en Palacio, y, sobre todo, en los jardines y en la Casa del Labrador, recientemente restaurada, en cuyos techos distinguimos a Orfeo y Eurídice, Apolo y las Musas, El rapto de Ganímedes y El rapto de Helena, o a Neptuno, Cupido, Venus y las Gracias.

6. Madrid. La capital de España contiene también un gran elenco de palacios mitológicos. En primer lugar el Palacio Real, que impresiona por la majestuosidad de sus frescos y de su arquitectura. Carlos III fue el primer rey que lo habitó, en 1764, aún sin decorar; las bóvedas tardaron 26 años en pintarse, aunque algunas se prolongan hasta el siglo XIX; sus autores fueron los italianos Tiépolo y Giaquinto, el alemán Mengs y los españoles Bayeu, Maella y Luis López, eximios representantes del rococó y neoclasicismo. En los frescos está entremezclada la mitología con la alegoría, pues se pretende ensalzar las virtudes del monarca; los personajes más representados son Atenea, Apolo y Hércules, en mitología, y en historia los emperadores romanos Trajano y Adriano, referentes inmediatos de la monarquía hispánica. A partir del siglo XIX la pintura mitológica, que hasta ahora había estado monopolizada por la monarquía y la nobleza, consigue nuevos adeptos: la burguesía, que, enriquecida por los negocios inmobiliarios, la bolsa, la banca o el ferrocarril, se construye palacios, en consonancia con su nuevo status, y los decora con una mitología, sobre todo, de carácter simbólico, en la que brilla con especial fuerza el dios Mercurio, protector de los beneficios conseguidos con el comercio y la industria. Los palacios de Santoña, Salamanca y Linares son vivos ejemplos de ello. El primero, que curiosamente hoy es sede de la Cámara de Comercio e Industria, fue remodelado en 1874 por Juan Manuel de Manzanedo, duque de Santoña, un hombre modesto que probó fortuna en América y se enriqueció como banquero en la Habana; destaca la decoración de la escalera, que en estos nuevos palacios tratará de impresionar al visitante; en la sala noble destacan los techos de El rapto de Ganímedes, La Aurora, Mercurio y Venus y La alegoría de la Abundancia. En el Paseo de Recoletos José Salamanca, un personaje muy peculiar de su época, conocido por su actividad bursátil y por constructor del barrio que lleva su nombre, se hace también un palacio, que desde 1991 es la sede social de Argentaria; otra característica de estos palacios es que las pinturas de las salas están en consonancia con el uso destinado a ellas; las escenas son muy elegantes y originales: Hércules y Ónfale, Mercurio y Argos, Júpiter y Juno en el Olimpo, Diana cazadora, Baco, Mercurio, Psique y Cupido. A poca distancia del anterior, de cara a la plaza de Cibeles, se encuentra el palacio de Linares, mandado construir en 1873 por José María Murga y Reolid, heredero de una gran fortuna y primer marqués de Linares. Si ya la fachada impresiona, es el interior el que más lujo y belleza acumula; el marqués no reparó en gastos y recurrió a conocidos pintores del momento, que tienen en común haber pasado por Roma como pensionistas del Estado (Pradilla, Ferrant, Plasencia y Domínguez); aunque no hay un programa iconográfico único, el Amor está presente en todas las pinturas, tal vez como un ofrenda de amor del marqués a su esposa, Raimunda; algunos temas así lo indican: El tocador de Venus, El festín de los dioses, Psique conducida al Olimpo, Venua aérea y Venus anacreóntica, Travesuras de Amor, Fantasías de Céfiro; la galería alta está decorada con interesantes escenas al estilo pompeyano.

7. El Pardo (Madrid). A unos 15 kms. de Madrid se halla el emblemático palacio de El Pardo. Era la residencia de invierno de los reyes españoles, que completaban así su circuito de palacios: en primavera Aranjuez, en verano La Granja y en otoño El Escorial. Construido por Carlos V en 1543-58, sufrió un incendio en 1604, del que se salvó milagrosamente un techo de la torre suroeste, el Aposento de la Camarera, que desarrolla el mito de Dánae y Perseo en nueve escenas; las pinturas fueron encargadas por Felipe II a Gaspar Becerra. Cerca del palacio se halla una casa de campo, denominada Casita del Príncipe, que se destinaba al Príncipe de Asturias y futuro rey; fue construida en 1784 y tiene interesantes pinturas mitológicas y alegóricas. Del mismo estilo es la Casita del Príncipe de El Escorial.

8. Guadalajara. El Palacio del Infantado, iniciado en 1480, ha sido testigo de la historia de España: desde los Reyes Católicos, todos los monarcas han residido en él en su paso al norte. Pero nos interesa especialmente por la remodelación que hizo el V Duque del Infantado, Iñigo López de Mendoza, que incluía la pintura mitológica de algunos techos de la planta baja, realizada por el florentino Rómulo Cincinato. Desgraciadamente dos salas perdieron sus frescos por el bombardeo sufrido en la guerra civil (1936). Las restantes se restauraron sin mucho rigor. La más impresionante es la de Atalanta, que narra en cinco escenas la historia de esta joven cazadora, invencible en la carrera. Hay otras dos salitas con bóveda octogonal: la de los Héroes y la de los Dioses.

9. La Granja de San Ildefonso (Segovia). A 11 kms. de Segovia y 70 de Madrid, en un marco incomparable, se encuentra el palacio de La Granja, construido por el arquitecto Teodoro Ardemans entre 1720 y 1723, para retiro de Felipe V. Los frescos de las bóvedas, en su mayoría mitológicos y alegóricos, fueron encargados a los italianos Bonavia, Rusca y Fedeli; señalamos algunos: Venus pidiendo a Vulcano las armas para Eneas, El rapto de Perséfone, El rapto de Europa, Hércules niño, Belerofonte derribado por Pegaso, Regreso triunfal de Jasón y Medea. Pero la mitología no se limita a los techos, sino que, igual que sucedía en Aranjuez, adquiere volumen y dureza en las esculturas de los jardines, dispuestas casi como en una representación teatral: Neptuno, Anfitrite, Apolo, Diana, Eolo, Andrómeda, Las Gracias son algunos de sus protagonistas.

10. Cudillero (Asturias). La Quinta de los Selga o Quinta de El Pito es un conjunto de palacio, jardines y pabellones construidos a finales del siglo XIX en la villa asturiana de Cudillero. Se enmarca dentro del estilo de los palacios que se construían en Madrid en este siglo; de hecho la decoración pictórica corre a cargo de algunos de los pintores del palacio de Linares (Plasencia, Domínguez). Perteneció a la adinerada familia de los Selga, de origen asturiano, pero residente en Madrid. Hay cuatro salas con motivos mitológicos y alegóricos en sus techos: Bacante, Psique dormida por el agua de Juvencia, La Noche, Alegoría de la Mañana.

11. Valencia. Las últimas etapas de nuestra ruta se enmarcan en el Mediterráneo. Comenzamos en Valencia por el palacio del Marqués de Dos Aguas (o Museo Nacional de Cerámica y de las Artes Suntuarias “González Martí”), que nos interesa por las reformas decorativas que hizo el VI marqués, Vicente Dasí, entre 1854 y 1867. En el salón de baile hay cuatro medallones de Venus y Cupido, en el dormitorio La Noche con Hipno y las Hespérides, en la antecámara Selene e Hipno, en el tocador Venus, Cupido y las tres Gracias. En la sala pompeyana, inspirada por la visita del marqués a las ruinas de Ponpeya, hay dos grandes lienzos con Apolo y Dafne y Narciso y Eco.

12. Palma de Mallorca. El palacio de Can Vivot es uno de los más interesantes de nuestra lista tanto por la cantidad como por la variedad de los temas mitológicos tratados, aunque su fachada, por la calle Zavellá, no desvele la suntuosidad del interior. Perteneció a Juan Sureda y Villalonga, uno de los pocos partidarios que tuvo Felipe V en Mallorca durante la Guerra de Sucesión, que encargó las pinturas al milanés Giuseppe Dardanone. En el salón del trono, destinado a la recepción del monarca, se evocan cuatro hazañas de Alejandro Magno. En otras salas, además de Neptuno y Anfitrite, hay numerosas escenas alusivas al amor: El rapto de Helena, El rapto de Perséfone, Venus y Adonis, Las bodas de Tetis y Peleo, El juicio de Paris, El rapto de Europa, Baco y Ariadna en la isla de Naxos, Narciso, entre otras.

13. San Salvador-El Vendrell (Tarragona). El famoso músico catalán Pau Casals también se sintió fascinado por la mitología clásica, como lo demuestran las pinturas murales de contenido mitológico que adquirió para decorar una sala de la villa que se hizo construir en 1909 en San Salvador, donde pasaba los veranos. Son nueve paneles parietales agrupados de tres en tres, y uno en el techo, obra de Francesc Pla i Durán (El Vigatá), el pintor catalán más importante del siglo XVIII. Desarrollan conocidas historias de amor de la mitología, algunas con triste final: Venus y Marte, Venus y Adonis, Leda y el cisne, Júpiter y Juno, Apolo y Dafne, Baco y Ariadna, Pan y Siringe, Alfeo y Aretusa. Parecen inspiradas en las Metamorfosis de Ovidio, la obra que más consultaban los pintores mitológicos.

14. Vic (Barcelona). Por lo que respecta a Barcelona y provincia, el gusto por la decoración mitológica en casas y palacios se introduce en el último cuarto del siglo XVIII, coincidiendo con la prosperidad económica que aportó a la ciudad la actividad industrial y mercantil. La mayor parte de las pinturas murales que veremos son obra de El Vigatá, que acabamos de mencionar. Precisamente en su ciudad natal decoró dos casas: Fontcoberta y Cortada. En la primera, en el salón principal, hallamos tres escenas, ya familiares: La caída de Faetón, Perseo y Andrómeda y Píramo y Tisbe, pésimamente restauradas a principio de siglo. En la segunda se representan, en seis escenas, Las aventuras de Telémaco de Fénelon (1699), obra entonces muy difundida; y en un dormitorio a Cibeles en un carro tirado por un león con cabeza humana (¡).

15. Barcelona. Iniciamos nuestro recorrido en la ciudad condal por la misma Rambla: al principio, a mano izquierda, en la calle Canuda, hallamos lo que hoy es el Ateneo Barcelonés, edificio del finales del siglo XVIII, como los que veremos en esta zona; El Vigatá pinta igualmente sus techos con divinidades que simbolizan la agricultura, la ciencia o el comercio, con una Diana cazadora, con una Venus y Marte y con otra escena que acaba de descubrirse y estamos intentando identificar; otro techo, La Aurora y las Horas, de gran belleza, es obra de otro pintor posterior. Unos números más abajo se encuentra el Palacio Moja, que fue adquirido en 1870 por Antonio López y López, primer marqués de Comillas, que se enriqueció en Cuba; destaca el gran salón, escenario de una intensa vida social, cuyo techo, de El Vigatá, parece aludir a las cuatro estaciones a través de divinidades; el dormitorio alberga La Noche y la escalera a personificaciones de los elementos, como Poseidón para el agua. Ya frente al puerto, en una zona privilegiada, encontramos dos edificios de corte neoclásico, también del último cuarto del XVIII: la Lonja y la Duana Nova. En la primera, en la planta noble, hay cuatro techos pintados por Pere Pau Montanya a principios del XIX, alusivos al poder de la monarquiía, al comercio y la industria, entreverados de dioses; en la última planta tiene su sede la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge, que, además de algunos cuadro mitológicos, acoge una amplia exhibición de esculturas mitológicas (algunas copias en yeso), realizadas en su mayoría por Damià Campeny, cuyo estilo nos recuerda al italiano Cánova; impresiona su Lucrecia moribunda en mármol. La Duana Nova, hoy sede de la Delegación del Gobierno en Cataluña, conserva pinturas al fresco en techo y paredes de cuatro salas, que constituyen una auténtica lección de historia de España (desde sus orígenes míticos hasta la época moderna) y de la antigua Grecia; destacamos La contienda de Áyax y Ulises sobre las armas de Aquiles y Diana y Endimión. Al norte de la ciudad hallamos un excepcional conjunto de jardines y esculturas de estilo neoclásico, denominado El laberinto de Horta, que perteneció a la familia Desvalls; está estructurado en varios niveles y contiene numerosas esculturas y relieves mitológicos: Teseo y Ariadna entregándole el hilo (a la entrada del propio laberinto), El rapto de Europa, El rapto de Anfitrite, Deucalión y Pirra, dos templetes circulares con Dánae y Ariadna y, en el último nivel, un pabellón cuyo interior está decorado con un friso de la Musas en compañía de Mnemósine y Apolo, bastante deteriorado. Barcelona cuenta también con un palacio de principios del siglo XX, el Palacio de Pedralbes, que alberga mitología; construido como morada permanente para los reyes en sus visitas a la ciudad, hoy es sede del Museo de Artes Decorativas; las pinturas, obras de El Vigatá en su mayoría, fueron traídas de otra casa barcelonesa, hoy destruida; en la planta baja hallamos a las divinidades atmosféricas Fósforo (despacho de Alfonso XIII) y Aurora (despacho de Victoria Eugenia), y en los dormitorios a Venus, Júpiter y Juno, Diana cazadora y Venus y Anquises (tema inédito en nuestra pintura)

Finalizamos aquí nuestra ruta, que ha procurado poner de manifiesto la riqueza artística y mitológica de los palacios de España. Nos conformaríamos con que se haya sentido como nuestro lo que es un patrimonio universal, la mitología griega.


N.B.
Este artículo está publicado en la revista Hesperia. Culturas del Mediterráneo, 2008